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La Dulce Villana

La Dulce Villana

Status: En proceso
Genre:Época / Villana / Viaje a un mundo de fantasía / Reencarnación / Mundo de fantasía
Popularitas:11.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydi Nina

La dulzura la llevó a la muerte.
En su segunda vida, aprendera a disfrutar del miedo ajeno, a sonreír mientras destruye y a usar el deseo como castigo. Convertida en la Villa jugara con sus presas como con una hoja afilada: lenta, precisa e inevitable.


La dulzura fue su condena. La villanía, su salvación.

NovelToon tiene autorización de Leydi Nina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El príncipe, el té y la peligrosa costumbre de sonreír demasiado

El salón oriental siempre había sido un monumento al exceso. Columnas tan gruesas que podrían sostener el ego de un rey, cortinas bordadas con oro suficiente para alimentar a un pueblo entero durante años, y ese aroma constante a té caro mezclado con ambición vieja.

Ese día, sin embargo, el aire estaba distinto.

No más pesado.

Más expectante.

Entré con paso tranquilo, el vestido cayendo con la precisión de alguien que no se ha vestido sola jamás, aunque en mi cabeza estuviera repasando mentalmente todos los puntos débiles de la nobleza presente. Espalda recta, barbilla ligeramente elevada, expresión neutra.

No ansiedad.

No nervios.

Nada que pudiera oler como debilidad.

El príncipe heredero Alaric Argent ya estaba allí.

Por supuesto que lo estaba.

De pie junto a la mesa principal, rodeado de sonrisas interesadas y risitas estratégicamente colocadas. Alto, impecable, perfectamente consciente de cada mirada que se posaba en él. Vestido con colores sobrios pero caros, como alguien que no necesita llamar la atención porque ya la posee por derecho divino.

Cuando me vio, su sonrisa cambió.

No se amplió.

Se afiló.

—Lady Lithya Svensson —dijo, avanzando hacia mí—. Me alegra que haya aceptado mi invitación.

Hice una reverencia exacta. Ni más profunda de lo necesario —no soy súbdita— ni tan breve como para resultar descortés.

—Su Alteza —respondí—. Me informaron que rechazarla habría sido… imprudente.

Un destello divertido cruzó sus ojos.

—Espero que no haya sido solo por obligación.

—Prefiero no mentir durante el té —repliqué—. Suele dar indigestión .

Rió. Una risa sincera, para su desgracia.

Nos sentamos frente a frente. El servicio apareció de inmediato: porcelana fina, infusiones traídas de países cuyo nombre nadie recordaba, dulces perfectamente alineados como si el caos no existiera fuera de esas paredes.

—He oído mucho sobre usted —comentó mientras servían el té.

Ahí estaba.

La frase universal del chisme aristocrático.

—Espero que no todo —respondí—. Algunos rumores carecen de creatividad.

—Otros dicen que ha cambiado.

Sonreí con la comisura de los labios.

—Morir tiende a hacer eso —pensé.

—El tiempo hace estragos en todos —dije.

Me observó con atención, como si intentara ver qué versión de mí encajaba mejor en su mundo.

—Se dice que entrena con armas —añadió.

—Se dice que usted sonríe incluso cuando no está contento —repliqué—. Supongo que ambos disfrutamos de los rumores.

Silencio breve.

Interesado.

Bien.

—¿Le incomoda la idea de una mujer armada? —pregunté con suavidad.

—Me intriga —admitió.

—Entonces imagínese lo que puede hacer la intriga bien utilizada.

El príncipe bebió un sorbo de té, evaluando. No me subestimaba. Eso lo hacía peligroso… y atractivo. Pero no era el tipo de peligro que yo buscaba.

—Antes no eras así —dijo de pronto.

Ah.

La frase que siempre precede a la decepción masculina.

—Antes casi me ahogo en un lago —respondí—. He decidido priorizar mi supervivencia sobre la nostalgia.

Su expresión se tensó apenas.

—Sigues siendo mi prometida.

—Por ahora —corregí—. Y prometida no significa disponible sin previo aviso.

Lo vi retroceder un milímetro invisible.

Golpe directo al orgullo.

Y en ese preciso instante entendí algo fundamental:

👉 No había venido por cariño.

👉 Había venido a recuperar control.

Y yo no tenía ninguna intención de devolvérselo.

---

El ataque no fue inmediato.

Las nobles nunca atacan de frente.

Primero observan.

Luego sonríen.

Después esperan el momento exacto en que crees que estás a salvo.

La recepción menor comenzó una hora después del té. Un evento “informal”, lo que en lenguaje noble significa: perfecto para destrozar reputaciones sin testigos oficiales.

Yo estaba conversando con la duquesa Elowen —una mujer mayor, afilada como una aguja y lo suficientemente inteligente como para no odiarme— cuando sentí el cambio en el aire.

Ese murmullo específico.

Ese silencio parcial que anuncia espectáculo.

—Oh, Lady Lithya —dijo Lady Clarisse, acercándose con su abanico como arma secundaria—. Justo hablábamos de usted.

Claro que sí, querida.

Siempre lo hacen.

—¿Bien o mal? —pregunté—. Para saber si debo agradecer o defenderme.

Algunas risas ahogadas.

—Solo comentábamos —continuó— lo rápido que ha captado la atención del príncipe.

—Debe ser mi habilidad para no fingir estupidez —respondí—. Suele destacar.

Un murmullo recorrió el salón.

—No es apropiado —intervino otra dama— sobresalir de esa manera sin méritos claros.

—¿Méritos como cuáles? —pregunté con curiosidad genuina.

—Gracia. Dulzura. Modestia.

Ah.

El manual completo para mujeres decorativas.

—Interesante —dije—. ¿También aplica para los hombres?

Silencio incómodo.

Clarisse apretó el abanico.

—Nos preocupa su reputación.

—Qué alivio —respondí—. Temí que fuera la suya.

El ambiente se tensó.

—Quizá debería recordar su lugar —dijo finalmente, con una sonrisa tensa.

Error fatal.

Dejé la taza sobre la mesa con cuidado calculado.

—Mi lugar —dije con calma— es exactamente donde estoy.

La miré a los ojos.

—Y si eso incomoda… tal vez el problema no sea mi posición, sino su miedo a perder la suya.

El salón quedó en silencio absoluto.

El príncipe intervino entonces, con voz serena.

—Creo que ya es suficiente.

Clarisse palideció.

—Lady Lithya no ha sido irrespetuosa —añadió—. Solo honesta.

Eso fue peor que cualquier reprimenda.

Clarisse se retiró humillada.

Yo bebí mi té.

—Las sonrisas no siempre alcanzan, Su Alteza —comenté.

Me miró con algo nuevo en la mirada.

Respeto.

Interés.

Y una amenaza silenciosa.

Y mientras el murmullo regresaba lentamente, lo supe con absoluta claridad:

👉 Ya no soy una pieza decorativa.

👉 Soy una variable incómoda.

👉 Y en este juego, eso equivale a guerra social.

Las víboras habían probado sangre.

Y yo…

estaba empezando a disfrutarlo 😌🐍🔥

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1
valeska garay campos
se lee interesante 🤔
María Alejandra Ramírez González
excelente pero no es bonito el corte tan brusco de la historia
Limaesfra🍾🥂🌟
si que es intenso y apasionado..el ya decidio, sera su archiduquesa💃
Limaesfra🍾🥂🌟
🐍🐍aplastadas
Limaesfra🍾🥂🌟
golosa
Limaesfra🍾🥂🌟
chau chau princes😝😛🤣🤣🤣🤣
Limaesfra🍾🥂🌟
chau chau princes😝😛🤣🤣🤣🤣
Limaesfra🍾🥂🌟
🤣🤣🤣🤣 eso Lythia
Lorena Itriago
menos mal que no habría más besos jajajaja
Leydi Nina: menos mal jajajaja
total 1 replies
Gladys Padrón
me encanta
Leydi Nina: Muchas gracias por tu comentario 😊
total 1 replies
Teté chan
Y Lo Repito es Perfecta /Plusone/
Teté chan
es perfecta
Teté chan: sigue escribiendo te estaré leyendo 😊😊😊😊😊😊
total 2 replies
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