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Bajo La Máscara De La Venganza.

Bajo La Máscara De La Venganza.

Status: Terminada
Genre:Venganza / Mafia / CEO / Completas
Popularitas:4.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

En un mundo donde la traición y el deseo son moneda corriente, una mujer se alza entre las sombras para reclamar su lugar en el trono del poder, desatando una tormenta de venganza y seducción.

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Capítulo 01

La lluvia en la Ciudad de México no era una bendición, era un castigo. Caía con una furia metálica contra los ventanales blindados del ático de Clara Mendoza, oscureciendo las luces de los rascacielos de Reforma hasta convertirlas en manchas difusas de acuarela. Clara, vestida con un albornoz de seda negra que se ceñía a su cuerpo como una segunda piel, sostenía una copa de cristal de baccarat con un whisky que llevaba intacto quince minutos.

En el mundo de los negocios legales, ella era la "Dama de Hierro de la Logística", la mujer que había levantado un imperio de transporte desde la nada. Pero en el mundo de las sombras, donde el asfalto quema y la sangre es la única moneda que no se devalúa, ella era "La Sombra". Nadie veía su rostro en las reuniones de alto nivel del Consejo; solo su lugarteniente hablaba en su nombre. Ella era un mito, una leyenda urbana que infundía terror por su eficiencia quirúrgica.

Y sin embargo, esa noche, la mujer más poderosa de la ciudad sentía un frío que no tenía nada que ver con el aire acondicionado.

La puerta del ático se abrió con el sonido familiar de la cerradura electrónica. Julián entró, sacudiendo su paraguas, luciendo ese traje de diseñador que ella misma le había regalado por su aniversario. Julián era su socio, su mano derecha en la superficie y el hombre que, durante tres años, había compartido su cama y sus silencios.

—Qué noche tan infernal —dijo Julián, dejando las llaves sobre la consola de mármol. Se acercó a ella con esa sonrisa de medio lado que siempre lograba desarmarla—. ¿Sigues despierta, mi amor? Pensé que estarías descansando para la firma del contrato de mañana.

Clara no se movió. Siguió mirando hacia la tormenta, su reflejo en el cristal devolviéndole una imagen de serenidad gélida, aunque por dentro sus entrañas se retorcían en un nudo de bilis y decepción.

—El contrato de la terminal norte —murmuró Clara, su voz era un hilo de seda peligroso—. Un movimiento audaz, Julián. Casi tan audaz como lo que hiciste esta tarde en el puerto de Veracruz.

Julián se tensó. Fue apenas un milisegundo, un ligero cambio en la frecuencia de su respiración, pero para alguien entrenada en detectar la mentira como Clara, fue tan ruidoso como un disparo.

—¿Veracruz? No sé de qué hablas. Estuve en la oficina de contabilidad todo el día, Clara. Sabes cómo se ponen los auditores con el cierre de trimestre.

Clara finalmente se giró. Sus ojos, oscuros y profundos como pozos de petróleo, se clavaron en los de él. Caminó lentamente, el roce de la seda contra sus piernas era el único sonido en la habitación. Se detuvo a centímetros de él, percibiendo el perfume que ella misma le había elegido, mezclado ahora con un rastro casi imperceptible de humo de cigarrillo barato... el aroma de los hombres de los Beltrán, sus rivales directos.

—Mientes tan bien que a veces olvido que yo te enseñé todo lo que sabes —dijo ella. Dejó la copa sobre la mesa de centro y sacó un pequeño dispositivo de su bolsillo. Presionó un botón y una grabación de audio comenzó a reproducirse.

La voz de Julián, clara y sin rastro de afecto, llenó la habitación: *«Mañana, después de la firma, Clara entregará los códigos de acceso a las rutas marítimas. Una vez que los tenga, ella es prescindible. Los Beltrán pueden quedarse con el excedente de la carga, yo solo quiero el control de la empresa legal. Ella no lo verá venir... cree que la amo».*

El silencio que siguió a la grabación fue ensordecedor. Julián palideció, su máscara de amante devoto se desmoronó, revelando a un hombre consumido por la ambición y el miedo. Intentó dar un paso hacia ella, extendiendo las manos en un gesto desesperado.

—Clara, puedo explicarlo... eso fue una trampa, ellos me obligaron, yo...

—¡Cállate! —El grito de Clara no fue alto, pero tuvo la fuerza de un latigazo. Sus ojos se llenaron de unas lágrimas que se negó a dejar caer. El dolor de la traición era una puñalada física en su pecho—. Me has mirado a los ojos cada mañana después de dormir conmigo, sabiendo que estabas vendiendo mi cabeza a esos carniceros. ¿Cuánto valgo para ti, Julián? ¿Unos cuantos muelles? ¿Un sello de propiedad?

—¡Es que nunca es suficiente para ti! —estalló Julián, la culpa transformándose en una ira defensiva—. Eres una sombra, Clara. Vives en la oscuridad, rodeada de secretos. Yo quería una vida real, quería el poder que tú ostentas pero que escondes como si fuera un pecado. Estoy harto de ser el "novio de la empresaria" mientras tú mueves los hilos de todo el país desde las sombras.

Clara soltó una carcajada amarga, una que nació desde lo más profundo de su decepción.

—Lo escondo para protegernos, imbécil. Para protegerte a ti. Pero te dejaste seducir por la superficie, por el brillo del oro que los Beltrán te prometieron. No te das cuenta de que ellos te usarán para llegar a mí y luego te desecharán como la basura que estás demostrando ser.

—Ellos me darán el lugar que me corresponde —siseó Julián, intentando recuperar algo de dignidad.

Clara dio un paso atrás, cruzando los brazos. De repente, la mujer herida desapareció. La calidez que alguna vez hubo en su hogar se evaporó, dejando paso a la líder de la mafia que nadie quería conocer en persona.

—Tu lugar, Julián, está donde yo decida.

En ese momento, tres sombras se materializaron desde los rincones oscuros del ático. Eran sus hombres de confianza, tipos que no hacían preguntas y cuyas manos estaban curtidas en mil batallas. Julián retrocedió, tropezando con el sofá, dándose cuenta demasiado tarde de que nunca estuvo en control de nada.

—Clara, por favor... somos socios. Tenemos un pasado —suplicó, su voz ahora un chillido lastimero.

—El pasado murió en el momento en que grabaste esa conversación —respondió ella con una frialdad absoluta. Se acercó a la ventana una vez más, dándole la espalda—. No voy a matarte, Julián. Al menos, no hoy. Eso sería demasiado fácil. Quiero que vivas lo suficiente para ver cómo destruyo todo lo que crees que vas a ganar. Quiero que sientas el miedo de saber que en cualquier rincón, en cualquier sombra, puedo estar yo.

—¡No puedes hacerme esto! —gritó él mientras los hombres lo agarraban por los brazos.

—Sáquenlo de aquí —ordenó Clara sin girarse—. Quítenle todo. Las cuentas, las propiedades, la ropa de marca. Déjenlo en la calle, en el territorio de los Beltrán, con una nota que diga que ya no me sirve. Veamos cuánto dura su alianza cuando sepan que no tiene nada que ofrecer.

Los gritos de Julián se fueron apagando mientras era arrastrado fuera del ático. Cuando la puerta se cerró, el silencio regresó, pero era un silencio distinto. Era el silencio de la guerra.

Clara se acercó a su escritorio de caoba y abrió un cajón oculto. Sacó un arma, una Smith & Wesson de plata con la empuñadura grabada, y la dejó sobre la mesa. A su lado, colocó una fotografía de ella y Julián en la playa, tomada el verano pasado. Con un movimiento lento y deliberado, prendió un encendedor y quemó la esquina de la foto, observando cómo el fuego consumía el rostro del hombre que amaba.

—La máscara se cayó, Julián —susurró para sí misma, mientras las cenizas caían sobre el mármol—. Ahora vas a conocer a la mujer que realmente soy.

Se sentó en su silla de cuero, sintiendo el peso de su imperio sobre sus hombros. La traición dolía, sí. Sentía un vacío en el estómago que amenazaba con devorarla, una sensación de abandono que recordaba a la niña que alguna vez fue, antes de que el mundo del crimen la endureciera. Pero debajo de ese dolor, estaba naciendo algo más fuerte: una sed de justicia que no se detendría ante nada.

Tomó su teléfono satelital y marcó un número que solo usaba en emergencias extremas.

—Habla La Sombra —dijo cuando contestaron al otro lado—. Cancelen el contrato de la terminal norte. Inicien el protocolo de purga en el sector de logística. Y busquen a Gabriel... dígale que la alianza que propuso hace un año vuelve a estar sobre la mesa. Es hora de limpiar la casa.

Colgó el teléfono y se levantó. Caminó hacia el espejo del pasillo y se observó. Se quitó el albornoz y se puso un vestido sencillo, oscuro, y se recogió el cabello en un moño tenso. El rostro que le devolvía el reflejo era el de una mujer que acababa de perder su corazón, pero que había recuperado su voluntad.

La venganza, pensó, no era un impulso; era una estrategia. Y ella era la mejor estratega que este negocio había visto jamás.

Salió al balcón, dejando que la lluvia le mojara el rostro. El agua fría parecía lavar los restos de la debilidad que Julián había sembrado en ella. Mañana, el mundo despertaría pensando que Clara Mendoza seguía siendo la empresaria exitosa. No tenían idea de que la tormenta que arreciaba sobre la ciudad no era nada comparada con la que ella estaba a punto de desatar sobre sus enemigos.

La ciudad brillaba bajo la lluvia, ajena al hecho de que su reina acababa de declarar la guerra total. Clara apretó los puños, sintiendo el poder fluyendo por sus venas de nuevo. No más amor, no más confianza ciega. Solo poder. Solo control.

Bajo la máscara de la empresaria, la líder de la mafia había despertado. Y esta vez, no tendría piedad de nadie.

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Mar Sol
Clara está confiada en que está vez va a resultar su plan, ella es astuta, espera no haya errores.
Equipo Motorola
excelente felicitaciones escritora, muy diferente a todo lo recurrente, solo me quedo la duda de Julian, osea, no murió jajaja
Mar Sol
Al igual que Julián, hay otra persona que no sabe de lealtad, la ambición es tan fuerte que no le importó vender información a los enemigos de Clara.
Mar Sol
¡¡Que interesante!! ¡¡esto apenas va a empezar!!
Mónica Aulet
Que fuerte!!
Mónica Aulet
Y que se queme todo!!!!
Mónica Aulet
Impresionante ,la verdad que me tiene atrapada la historia.
Irma Ruelas
❤️😍😍😍😍😍😍
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