Te daré un millón de dólares por pasar 30 días con tu mujer- dijo con ese tono altanero que lo caracteriza desde el primer día que lo escuche hablar.
Debes estar loco- contesto mi esposo sin dudar un solo segundo.
Acepto- dije recibiendo las miradas de todos los presentes. Quizás nadie lo entendería pero era la única manera de salvarla y darle todo aquello que luego de la operación necesitaría.
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capitulo 35
Narra Nicolás
no esperaba esa pregunta, sabía que estaría enojada, pero no había querido pensar en la posibilidad de que me abandonará, yo podía darle todo lo que me pidiera, incluso si ella decidía quedarse a mi lado y cortar conexión con los rusos lo haría. No me importaba el poder, no me interesaba el territorio, las quería a ellas a mi lado, madre e hija. Pero falle, la use al principio y no reflexioné en cuanto la dañaría.
No podía quedarme allí, viendo como derramaba lágrimas por lo que se acaba de enterar, esos ojos solamente debían tener el brillo de la felicidad, una felicidad que yo le había arrebatado.
Solté sus manos y me fui de aquella habitación como un cobarde, porque jamás podría responderle aquello. Mi madre y mi padre me lo habían advertido, pero en mi mente ella era una mujer más. Que irónico qué jamás lo fue, mis manos tiemblan y sé que no es de frío, es mi propia bronca, pero hacía mi mismo. Bajo las escaleras a una velocidad increíble, no puedo estar bajo su mismo techo, no quiero estar aquí. Por primera vez en mi vida no sé adonde voy a ir, pero quiero que sea lejos.
Mi madre se cruza y me dice algunas palabras que no entiendo, pero contesto asintiendo, se dio cuenta de que debe dejarme salir. En su mirada veo lástima y me enerva muchísimo más porque tiene razón por mirarme así, soy un estúpido.
Antes de salir de la casa escucho como Hannah ríe desde la cocina con Maria, seguramente estén preparando el postre para la tarde. No quiero perder todo eso, pero tampoco sé cómo recuperarlo.
Guillermo me espera junto al auto, hombre astuto, debió presentir qué saldría de allí. Me subo y le doy la dirección del único lugar en el que sé que voy a poder descargar todo esto que siento. No dice una sola palabra y arranca llevándome a mi destino, un viejo casino que pertenece a la familia desde hace muchas generaciones.
Mi padre ese día iba a estar allí con el contador y era la única persona a quien necesitaba en este momento. Todos me saludaban al ingresar en el lugar, pero a nadie le devolví el saludo. Estaba perdido en mis pensamientos, cuando abrí la puerta y sorprendí a todos los que estaba dentro de la habitación.
lárguense- una orden corta y precisa, mi voz demostraba autoridad aunque por dentro me moría lentamente.
Mi padre lo entendió, cerró los libros y les dijo a todos que se fueran, rodeo el escritorio y se acercó a mí. Por primera vez en años me abrazo y me permití derramar un par de lágrimas en su hombro, lo necesitaba. Sentía como sus brazos apretaban con fuerza mi espalda y más lágrimas caían. No hubo un té lo dije y agradecí en silencio por eso, en cambio, como si fuera un niño pequeño sobaba mi pelo dejándome descargar todo aquel dolor que mi corazón sentía.
Luego de un rato nos soltamos y él se dirigía a una pequeña barra y sitio dos Whisky. Me entregó un vaso y nos sentamos en un sillón que había cerca de una pared.
Me va a dejar- le dije sin que él preguntara nada.
Lamento mucho eso hijo ¿estás seguro de que no puedes hacer nada?- miraba su vaso y giraba el contenido como pensando en todas las posibilidades.
No, padre, ya no puedo hacer nada- suspiré con pesar, no quería perderlas.
Creo que no crie a ningún cobarde. Mírame a los ojos Nicolás Tomasolli y dime si no existe ninguna posibilidad de que puedas recuperarla- su orden la acate al instante, si mi padre decía mi nombre completo era porque estaba enojado, suspiro al ver mi expresión de duda -escúchame bien hijo, una cosa es que no haya nada por hacer y otra muy diferente es que no sepas qué hacer. ¿Recuerdas cuando me contaste este plan tuyo y te advertí que no te enamoraras y que fueses claro con ella para que no se enamorara de vos? No era una simple advertencia, era el hacerte entender que el corazón es frágil cuando se trata de sentimientos y el de ella lo era aún más, su inestable matrimonio sumado a la enfermedad de su hija la hacían una mujer fuerte por fuera, pero débil por dentro. Sé que Ana cambio mucho de ti, aunque siempre creí que más que amor era un capricho solamente porque sabías que con tu madre no la aceptábamos, pero Cassidy es diferente, eres diferente cuando estás con ella y ahora veo que es como lo imagine, ambos se aman de verdad, pero hijo si no sabes que hacer para que reconozca tu error y te perdone, entonces quizás no la mereces- lo mire fijamente enojado ¿cómo se le ocurría decir que no la amaba o que no la merecía? -tranquilo, no te enojes, pero sabes muy en el fondo de tu corazón que tengo razón. ¿Le pediste perdón por todo esto?- mierda, abrí mis ojos todo lo que mis párpados pudieron, en todo este tiempo no solo no había tenido el valor de decirle la verdad, sino que encima no había sido capaz de pedirle disculpas.
No, aún no lo he hecho- agache la cabeza y me sentí un idiota, hasta explicándole todo el asunto parecía que quería excusarme de mis actos, pero en ningún momento me atreví a mirarla a los ojos y decirle cuanto lo lamentaba.
Entonces hijo, empieza por ahí y luego deja que todo se vaya dando de forma natural. Demuéstrale que vale ella y la pequeña en tu vida y quizás solo quizás puedas recuperar su confianza en ti, sé que te ama, lo veo cada vez que te mira de reojo no soy idiota y también sé que darías hasta lo que no tienes por ellas, pero no es a mí a quien tienes que demostrárselo- puso su mano en mi hombro para darme fuerzas y vaya que las necesitaba.
Mi padre nunca había sido de palabras, pero esta vez sus consejos eran lo que más necesitaba y vaya que me los había dado, por fin tenía en mente algo que quizás podría gustarle a las dos y hacerle entender a Cass que era la mujer con quien quería compartir el resto de mis días.
Luego de charlar con mi padre, baje las escaleras y me dirigí al auto, tenía que arreglar esto hoy mismo, no quería que pasara más tiempo ella sin saber la verdad. Guillermo se dio cuenta enseguida de mi cambio de actitud, solamente me sonrió antes de entrar al auto. Era hora de volver a casa, mientras trazaba un plan para Cass.