El nuevo Capo de la Camorra ha quedado viudo y no tiene intención de hacerse cargo de su hija, ya que su mayor ambición es conquistar el territorio de La Cosa Nostra. Por eso contrata una niñera para desligarse de la pequeña que solo estorba en sus planes. Lo que él no sabe es que la dulzura de su nueva niñera tiene el poder de derretir hasta el corazón más frío, el de sus enemigos e incluso el suyo.
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Fierecilla indomable (+21)
Gabriele
–¿Cuál es la puta noticia? –pregunto ofuscado.
–No sabía, mi amigo, que estar excitado te pone de mal humor –dice con una sonrisa que quisiera golpear fuera de su cara.
–No lo hace, que me interrumpan, sí.
Levanta sus manos en señal de rendición. –Lo siento, mi amigo. No se volverá a repetir.
–No me mientas, Dante, y ya dime qué mierda pasa con el Cártel, quiero volver con Sofía –digo mirando mi reloj con impaciencia. No quiero darle la oportunidad de que cambie de opinión.
Dante mira la bragueta a medio cerrar de mi pantalón y levanta una ceja.
–Seré rápido, creo que tu amigo quiere acción esta noche –molesta–. El Líder del Cártel murió.
–Mierda –digo y golpeo la pared–. Estaba cerca de cerrar el acuerdo con él. ¿Qué pasó? ¿La policía lo encontró?, ¿le dispararon?
–Cáncer –responde.
–Nunca dijo nada.
Se encoge de hombros. –Algunos hombres somos orgullosos y no reconocemos nuestras debilidades a otros. Como tú con la hermosa Sofía. Ten cuidado, mi amigo, no debes mostrarles a los demás que Sofía y Mía te importan.
–Lo sé –siseo–. ¿Qué haremos?
–Su hija tomó su lugar.
–¿Una mujer?
–Sí, imbécil, una mujer. Es el siglo veintiuno –devuelve divertido.
–Lo sé, pero los mexicanos siempre han sido más… –Callo al no encontrar la palabra correcta.
–¿Machistas?
–Eso.
–Sí, pensé lo mismo. Ya hablé con ella, es dura. Me dejó claro que todo lo que había avanzado con su padre vale mierda, que ahora ella es la que toma las decisiones.
Paso la mano por mi rostro, sintiéndome inquieto. –Mira, amigo, es una mujer, haz lo que sabes hacer bien, usa tu magia y endúlzala, pero consigue el trato.
Sonríe y se le marcan esos hoyuelos que un tipo tan peligroso como él no debería tener.
–Ve con tu chica, yo me encargo de la mía –dice.
–Gracias –digo sinceramente–. Por todo.
–¡Ya vete de aquí! Ya no puedo reconocer a mi amigo, esa mujer te ha cambiado mucho.
No digo nada porque sé que es verdad.
Corro a mi habitación, pero Sofi no está ahí. Voy a la de Mía y tampoco está. Maldita sea.
Entro a su habitación y de nuevo no hay nadie. Cuando quiero bajar a la cocina, escucho la ducha del baño.
Entro sin golpear y allí está ella, desnuda bajo la cascada de agua. Es una puta belleza.
Me saco el pantalón y los zapatos y me meto a la cabina con ella.
Se gira y me sonríe.
–¿Todo bien?
–Todo solucionable –contesto–. ¿Segura que ese parche puede mojarse?
Pone sus ojos en blanco. –Segura.
Se afirma en mi pecho y suspira. –Necesitaba esto –dice despacio.
Beso la cima de su cabeza. –Yo también.
Le quito la esponja y comienzo a lavar su cuerpo con cuidado. Sofía suspira cuando paso la esponja entre sus fantásticos pechos. Beso su cuello y luego comienzo a lavarla con mis manos.
–Quiero hacer algo por ti –susurra.
Se gira y muerde sus labios antes de arrodillarse frente a mí.
La parte racional de mi cerebro quiere decirle que se levante, que esa posición no puede ser buena para su herida, pero la parte de mí que está ardiendo por ella me dice que mantenga mi puta boca cerrada y eso es lo que hago.
Me acaricia como le enseñé en la piscina y luego me toma con su preciosa boca.
Tomo su cabello en mi mano para verla bien.
–Sin dientes –le advierto cuando me roza con ellos–. Quiero solo tus labios y lengua.
Sofía cubre sus dientes con sus labios y agarra mi trasero para mantener el equilibrio.
Comienza a subir y bajar al principio con torpeza, pero cuando se acostumbra a mi tamaño hace el movimiento con más confianza.
Quiero tomar su cabeza con fuerza y follarle la boca como he soñado hacer todo este tiempo, pero decido darle un tiempo más. Sobre todo, porque lo estoy disfrutando mucho.
Cierro los ojos cuando consigue meterlo todo en su boca.
–Sofí necesito moverme –mascullo antes de comenzar a mover mi cadera.
Tomo con más fuerza su cabello y me dejo llevar. Sus ojos se llenan de lágrimas, pero no me detiene. Me encanta su aguante.
Entro y salgo de su preciosa boca, una, diez, treinta veces, disfrutando de cada segundo.
–Pídeme que termine en tu boca –le ordeno con un gruñido cuando siento mi inminente orgasmo quemando mi espalda baja.
–Termina en mi boca –dice entrecortadamente.
–Pídemelo, por favor –siseo.
–Per favore, Gabriele, termina en mi boca –ruega como una buena niña y es mi perdición.
Gruño cuando llego al clímax.
Esta mujer va a acabar conmigo.
La levanto y la beso, sin dejarla terminar de tragar, pero no me importa el desastre que estemos haciendo la necesito. Necesito su sabor combinado con el mío en mi boca. La afirmo en la pared de mármol y me como su boca. Pruebo cada espacio, cada hendidura. No me alejo ni siquiera por aire. ¿Cómo puede ser posible que no pueda tener suficiente de su boca?, ¿cómo puede ser posible que me excite con solo besarla?
Todo en ella me encanta.
Sofí se aleja y respira con dificultad. Luego pasa su lengua por sus labios y sonríe. –Tú también sabes bien.
La tomo entre mis brazos, al estilo nupcial, y la saco del baño. No me detengo en su cama, sigo caminando y abro la puerta.
–Oye, ¿qué haces?
–Te llevo a mi cama, dónde perteneces, fierecilla, y esta vez no dejaré que te vayas.
Estira su mano. –Espera, el monitor –pide y tengo que retroceder unos pasos para que pueda cogerlo.
Salgo de la habitación y camino hacia la mía.
–¿Te duele la herida?
–No –responde mientras acaricia mi rostro–. No quiero que te contengas –pide.
–No está en mi naturaleza.
Sonríe y acerca mi rostro a ella. Pasa su nariz por mi mejilla y mi barbilla, en una tierna caricia, y luego muerde mi labio.
Apoyo mi frente en la suya. –Di que eres mía –le ruego.
–Nop –devuelve de inmediato con una sonrisa.
Gruño en respuesta. Es una fiera indomable.
Ya en mi habitación la acuesto en mi cama y observo cada milímetro de ella. Quisiera marcar mi nombre por todo su cuerpo, quisiera dejar una marca indeleble en su piel para que el mundo sepa que me pertenece.
–¿Cuándo aceptarás que eres mía?
–Un treinta de febrero quizá –responde.
–No tienes idea de lo que me estás haciendo, ¿no?
–Podría acusarte de lo mismo, Capo –devuelve–. Me estás volviendo loca.
Sacudo mi cabeza, irritado, es ella la que me está volviendo loco a mí.
Me recuesto con cuidado sobre ella y la beso con fiereza, queriendo dominar su boca contestona. Necesito su sumisión total y eso es lo que pienso obtener.
Esta noche.