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La Niñera De La Mafia

La Niñera De La Mafia

Status: Terminada
Genre:Mafia / Posesivo / Enfermizo / Completas
Popularitas:8.4k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

La niñera de la mafia

Su esposo la envió a trabajar a una mansión con la esperanza de que muriera y así cobrar su seguro de vida. Pero el destino tenía otros planes para ella.

Contratada como cuidadora personal de un mafioso ciego, malhumorado y temido por todos, pronto descubrirá que convivir con ese hombre será mucho más peligroso de lo que imaginaba.

Él no puede verla, pero ella está a punto de convertirse en su mayor obsesión.

Y cuando la mafia descubra quién se atrevió a ponerle las manos encima a su mujer, será demasiado tarde para arrepentirse.

NovelToon tiene autorización de valeria isabel leguizamon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 6

—Bien, si me mandaste a llamar es por algo. Dime, ¿te duele algo? —preguntó Valeria.

Damián permaneció en silencio.

Estaba acostumbrado a que los demás adivinaran lo que necesitaba antes de que tuviera que pedirlo. Su padre contrataba médicos, sirvientes y especialistas para resolver cualquier problema. Nadie esperaba que él explicara sus molestias, y mucho menos que admitiera que necesitaba ayuda.

Pero Valeria no parecía dispuesta a marcharse sin una respuesta.

—¿Damián?

—Me duele la cabeza —murmuró finalmente.

—Bien. Voy a buscar un analgésico.

Ella se dio la vuelta y salió de la habitación.

Damián escuchó sus pasos alejarse por el pasillo. Frunció el ceño, molesto consigo mismo por haberla llamado solo para decirle aquello. Podría haberle pedido a cualquiera de los empleados que consiguiera los medicamentos.

Sin embargo, había querido que fuera ella.

Y no tenía la menor idea de por qué.

Unos minutos después, Valeria regresó con un vaso de agua y el medicamento que le habían indicado para ese tipo de dolor. Comprobó la dosis con las instrucciones que le habían dejado y se acercó a la cama.

—Toma.

Damián extendió la mano, encontró el vaso y tomó el analgésico sin protestar.

Valeria lo observó con sorpresa.

—Vaya.

—¿Qué?

—Nada. Estoy disfrutando de este momento histórico.

—¿Qué momento histórico?

—El día en que Damián, terror de los sirvientes y enemigo declarado de los platos de comida, tomó sus medicamentos sin iniciar una guerra mundial.

—Puedo devolverte el vaso a la cabeza.

—Y yo puedo envolverte otra vez en una sábana. No me provoques.

Damián apretó los labios.

Aquella mujer no tenía ningún respeto por su autoridad.

Lo peor era que empezaba a acostumbrarse a sus tonterías.

Valeria dejó el vaso sobre la mesita y se acercó un poco más.

—Ven.

Damián giró el rostro hacia ella.

—¿Qué quieres?

—Que vengas, genio. ¿Qué otra cosa voy a querer?

—Estoy sentado en mi propia cama.

—Y yo estoy intentando ayudarte. Inclina un poco la cabeza.

Él vaciló, desconfiado.

—¿Para qué?

—¿Quieres que te siga doliendo?

Damián no respondió.

Con evidente desgana, inclinó ligeramente la cabeza en su dirección.

Valeria se colocó detrás de él y apoyó las manos sobre su cabeza. Comenzó a masajearle las sienes con movimientos suaves, procurando no ejercer demasiada presión.

Al principio, Damián permaneció rígido.

No estaba acostumbrado a que alguien lo tocara sin miedo, sin lástima y sin esperar algo a cambio. Incluso cuando los médicos lo examinaban, todo se limitaba a preguntas, instrumentos y tratamientos.

Pero las manos de Valeria eran cálidas.

Sus movimientos eran tranquilos.

Y, por alguna razón, no le resultaba desagradable tenerla tan cerca.

—¿Así te duele menos? —preguntó ella.

—Un poco.

—Entonces deja de fruncir el ceño. Parece que estás planeando asesinar a alguien.

—Siempre estoy planeando asesinar a alguien.

—¡Qué horror! ¿No te cansas de ser tan dramático?

Damián estuvo a punto de contestar, pero las manos de Valeria se desplazaron suavemente por su cuero cabelludo, masajeando con cuidado.

Su respiración comenzó a volverse más pausada.

Los hombros dejaron de estar tan tensos y la expresión de su rostro se relajó.

El dolor no desapareció de inmediato, pero poco a poco empezó a disminuir. El analgésico aún necesitaba tiempo para hacer efecto, aunque el masaje parecía aliviar parte de la tensión que sentía.

Valeria continuó unos minutos más.

—¿Mejor?

—Sí.

—¡Milagro! Debería cobrarte por mis servicios.

—¿No te pago ya?

—Me pagas por cuidarte, no por soportar tu mal carácter. Eso último merece una bonificación especial.

Damián soltó una pequeña exhalación que casi parecía una risa.

Casi.

Valeria sonrió, satisfecha con su trabajo.

—Bueno, parece que no tendré que llamar a un médico para que te saque el mal humor de la cabeza.

—Eres muy buena —comentó él de pronto.

Las manos de Valeria se detuvieron por un instante.

Damián no solía hacer cumplidos. En realidad, sospechaba que, si alguien le pidiera mencionar tres cosas agradables sobre otra persona, acabaría amenazándolo antes de llegar a la segunda.

Por eso, incluso él pareció sorprendido de haber pronunciado aquellas palabras.

—Si sigues así, vivirás —añadió con solemnidad.

Valeria soltó una carcajada.

—¡A estas alturas no sé si quiero vivir!

La reacción de Damián fue inmediata.

Se giró hacia ella y, al encontrar su mano, la sujetó con firmeza.

—No digas eso.

Su voz había perdido la habitual aspereza.

Por un momento, sonó genuinamente nervioso.

Valeria dejó de reír.

—¿Qué?

Damián pareció darse cuenta de lo que estaba haciendo. Bajó la mirada hacia las manos unidas y la soltó como si acabara de tocar algo que quemaba.

Su rostro se endureció.

—Lo digo porque me eres útil. No pienses nada raro.

Valeria lo miró en silencio.

Después, una sonrisa traviesa apareció en sus labios.

—Por supuesto.

Damián frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

—Nada, nada. Comprendo perfectamente. Soy una herramienta indispensable para tu supervivencia.

—Exactamente.

—Una herramienta con nombre, apellido y un hombro mordido.

—Valeria…

—Y con unas manos maravillosas, según cierto paciente que acaba de elogiarme.

—¡Cállate!

Ella volvió a reírse.

Damián se cruzó de brazos, intentando recuperar la dignidad que aquella mujer parecía empeñada en arrebatarle cada día.

No iba a admitirlo.

Ni bajo tortura.

Pero cuando Valeria se apartó para recoger el vaso, él sintió un impulso absurdo de pedirle que se quedara un poco más.

No lo hizo.

En cambio, preguntó:

—¿Vas a volver después?

Valeria se volvió hacia él.

—¿Necesitas algo más?

Damián tardó unos segundos en responder.

—No. Solo quiero que estés disponible.

Ella levantó las cejas.

—¡Ah, claro! Su majestad necesita tener a su humilde servidora a su disposición las veinticuatro horas del día.

—Puedo pedirle a mi padre que te despida.

—Y yo puedo contarle que ya tomas tus medicamentos sin montar un espectáculo. Estoy segura de que se sentirá orgullosísimo de ti.

Damián apretó la mandíbula.

Aquella mujer era peligrosa.

No porque supiera manejar un arma, tuviera conexiones criminales o pudiera enfrentarse a sus enemigos.

Era peligrosa porque parecía capaz de decirle cualquier cosa a la cara y después marcharse tan tranquila, sin comprender que él se quedaba pensando en sus palabras durante horas.

Valeria caminó hacia la puerta.

—Descansa. Volveré más tarde para comprobar cómo sigues.

Damián levantó ligeramente la cabeza.

—Valeria.

Ella se detuvo.

—¿Sí?

Él abrió la boca, pero las palabras no salieron como esperaba.

Quería darle las gracias por el masaje.

Quería disculparse por haberla mordido.

Y quizá, aunque jamás lo reconocería, quería escuchar otra vez su risa.

Sin embargo, terminó diciendo:

—No llegues tarde.

Valeria sonrió.

—Como ordene, señor gruñón.

La puerta se cerró.

Damián se quedó solo en la habitación, con la cabeza menos dolorida y una extraña sensación en el pecho.

Se llevó una mano a la frente.

¿Qué demonios le estaba pasando?

Solo era su cuidadora.

Una mujer escandalosa, insolente y demasiado habladora.

Una mujer que se reía incluso cuando él la amenazaba.

Una mujer que lo había abrazado cuando estaba sufriendo y que, al día siguiente, había regresado como si nada hubiera cambiado.

Damián se hundió un poco más en las almohadas.

—Me es útil —murmuró para sí mismo—. Solo por eso.

Y, por primera vez en mucho tiempo, deseó que el día pasara rápido.

Porque Valeria había prometido volver.

Y él quería comprobar que cumpliría su palabra.

1
Herrera
Ahora sí es tu amor que conveniente para ella cuando lo dejo en sus peores momentos
Herrera
Está mujer si es cínica volver justo cuando el recupero la visión
Herrera
Bueno esperemos que ahora todo esté bien y ellos puedan disfrutar de su amor
Herrera
Ya deberían haber atado todos los puntos y darle de baja a ese imbécil
Herrera
Este hombre no tiene escapatoria Pero es demasiado lento el proceso
Herrera
Este hombre ya se ganó todos los escalones al infierno
Herrera
Ya el principe de las tinieblas me está dejando mal sabor este mafioso es muy lento
Herrera
Con ese esposo así no necesitas más enemigos
Herrera
Ver a su amada allí tendida le dió ganas de seguir adelante con el tratamiento para poder ver
Herrera
Damian estás jodido hermano Nicolás te contesta igual que Valeria 😂😂😂😂😂😂
Herrera
Nicolás estaba atento por qué si no hubiera sido un desastre
Herrera
aunque creo que es Iván con Teresa
Herrera
Tienen enemigos dentro de la gente que trabaja para ti y estás pudiendo que no acuses a nadie 😂😂😂
Herrera
Este mafioso es muy calmado quiere pruebas 😂😂😂 y así le dicen el principe de las tinieblas
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
Quien te diga que eres importante para ella eso ya es mucho
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
La doña y Nicolás son terribles quieren extorsionar al principe de las tinieblas😂😂😂😂😂
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
jajajajaja, eso es muy gracioso el hijo celoso de la madre por qué le quita el tiempo con su cuidadora 😂😂😂😂😂
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
Está doña es a todo terreno hasta quiere joder al hijo Pero a lo bien 😂😂😂😂
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
Para Damián es difícil aceptar lo que siente por todo lo que ha pasado en su vida
Karla(⁠^⁠^⁠)^⁠_⁠^(⁠T⁠T⁠)
Que capítulo más bonito, si todas las suegras fueran así
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