Sahara es una chica dulce y amable, que para salvar la vida de su hermana tuvo que entregarse a un mafioso; pero ella se equivocó, da todo por una familia egoísta y esa decisión cambia su vida, ahora ella tiene que empezar a vivir sola, a valerse por si sola, sus problemas empiezan con esa desicion.
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CAPITULO 33. ¿TE PUEDO CREER?
Sahara se le quedo mirando, no solo la había sorprendido con lo bien que hablo de ella a los pequeños, sino que también era amorosos con los pequeños, ver a los tres juntos era lo más hermoso que jamás había visto; pero más le hacía feliz ver a sus hijos contentos, disfrutando de su padre como tanto lo habían deseado.
Sahara pensaba en cómo darle las gracias a Nil por lo que había hecho, pero en ese momento lo escucho decir.
• Lín, Lía, quiero decirles, que en unos días nos iremos a Francia, vamos a vivir como familia, sus padres van a estar juntos como debió haber sido desde el principio, tendrán una verdadera familia y yo voy a protegerlos a los tres; yo voy a hacer un buen padre y un esposo, van a tener la familia que tanto han deseado, mañana seré yo quien los lleve a la escuela, iré a recogerlos junto con su mamá, van a poder presumir a su familia. Quiero que vallamos de compras, deben tener ropa nueva, quiero que tengan todo lo que siempre han soñado; yo haré todo lo que ustedes dos me pidan, vamos a hacer que las cosas cambien y mi princesita va a ser una reina.
Sahara en ese momento le puso mala cara, como podía decir todo eso, tomar esas decisiones sin siquiera preguntarle, vivir juntos, mudarse a Francia y vivir como una pareja, eran cosas que en ningún momento le pregunto si ella lo quería; pero por más que quería callarlo, negarse a lo que decía, no pudo, sus pequeños estaban que gritaban de emoción, sobre todo Lía, que empezaba hacer planes, a decir como esos niños que la molestaba, iban a dejar de decirle que ella no tenía papá, a dejar de jalarle el pelo o de aventarla, cosas que ella no sabía.
Ella nunca supo que sus pequeños estaban siendo molestados en la escuela y a pesar de que Lín trato de callarla, de evitar de que su hermanita dijera todo eso, Lía no se cayó, estaba tan emocionada de tener a su padre, que no pensaba ocultar nada más; Sahara estaba que su corazón se hacía pedazos, por el dolor de saber todo lo que sus pequeños estaban pasando en la escuela, no entendía como no se dio cuenta, en ese momento su pensamiento se llenó de pésima madre, quería preguntarle, saber todo, pero su garganta estaba atragantada con su tristeza que no pudo pronunciar palabra sin ponerse a llorar.
Nil al ver a Sahara mira sus ojos cristalinos se podía ver lo triste que estaba por todo lo que su pequeña estaba diciendo y él no quería verla así, quería verla feliz, en ese momento hizo que sus pequeños se metieran a bañar, a la niña la metió a su recamara y a su niño lo metió a la otra recamara, los dos se metieron a la tina. 30 minutos después de que llegaron al hotel, Penny llego con ropa para los pequeños y para Sahara, estaban en la recamara donde estaba el niño, cuando llego.
Sahara tomo la ropa y en el momento que miro la ropa para ella, se sintió molesta, en ese momento estallo, enfurecida le dice.
• Ya es suficiente, tú siempre queriendo imponer tu voluntad, como te atreves a manejar mi vida a tu manera; dime en qué momento, me preguntaste ¿si yo quería irme a vivir a Francia?, que yo sepa en ningún momento, cuando dije que estaba de acuerdo en vivir juntos, nunca y sabes ¿por qué?, eso es porque nunca me los preguntaste. Señor, usted debe de entenderlo bien, su responsabilidad es con sus hijos, no conmigo, no tiene que comprarme ropa y no tiene que verme como su mujer, solo soy la mamá de sus hijos; puedo entender que no tengo ninguna decisión en lo que va a pasar y que como sea voy a tener que irme con usted, si quiero estar con mis hijos, pero quiero aclarar, que no pienso permitir que usted, me compre nada. Yo pienso trabajar y hacerme cargo de mis propios gastos, por favor no me humilles más, entiendo que tú eres el padre perfecto, que puedes darle todo a mis niños, que puedes protegerlos, no que yo falle en todo; pero por favor, ya no me recalques más mis fallas, si esta es tu manera de echarme en cara en todo lo falle con mis niños, ya lo entendí, no hace falta que me tortures más.
Nil la miraba tan alterada, tan decaída, pero lo que más le dolía era verla llorar, en ese momento de desesperación lo único que se le ocurrió fue abrazarla y aunque ella en su momento se quiso negar, él no la dejo; Penny al ver lo que pasaba, se salió de la recamara, para darles un poco de privacidad, esperando que Nil no la regara más con ella.
Sahara al sentirse entre sus brazos, empezó a llorar, tenía tanto tratando de ser fuerte, de no sentir nada, todo para que sus hijos estuvieran bien y felices, que en ese momento ya no pudo más; entre sentirse protegida, pero a la vez ese hombre que se imponía sobre ella estaba siendo que sus emociones surgieran, como una estampida, que iban de la paz, alegría y tristeza.
Nil sentía tristeza de verla así y solo pensaba en que tenía que hacer algo, para que ella dejara de sentirse insegura, tenía que lograr que confiara; él se estaba destrozando el cerebro pensando en que podía decirle y en ese momento le dice.
• Sahara, tienes que dejar de pensar así, yo nunca he querido hacerte sentir mal, solo quiero que tú y mis hijos tengan todo, no creo que eso sea malo, tú eres mi mujer, lo normal es que tu hombre te compre ropa, joyas y te de todo lo que tu desees; pero algo que no quiero es que tú te sientas triste, yo estoy orgulloso de ti, has hecho de todo para cuidar a nuestros hijos y darles una buena vida, claro a tus posibilidades, aunque tu debiste hablarme, desde cuando hubiéramos estado como familia, nadie hubiera sufrido, pero no te culpo de nada, solo lo digo, son errores, que yo te perdono y te puedo asegurar que nuestros hijos ni cuenta de dan de esas cosas, así que no sufras.
Sahara se separa de él, lo mira a los ojos y molesta le dice.
• Tu ¿me perdonas?, como puedes decir algo así, es cierto que yo no te marque, que no te dije nada sobre el embarazo, sobre tus hijos; pero hasta donde yo sé, tú tampoco me buscaste después de esa noche, debiste asegúrate de que no hubiera consecuencias de lo que hicimos, porque eso no solo fue mi responsabilidad, también era tuya. Yo tuve que hacer de todo para poder cuidar de mis niños, mi embrazo fue la cosa más difícil de mi vida, traerlos al mundo en ese departamento estando sola ha sido mi peor miedo y desde el día que nacieron solo me he dedicado a ellos, mientras que tu ¿Dónde estabas?, yo no recuerdo que te hayas acercado a mí, para preguntarme sobre las consecuencias de nuestros actos; tu, debiste buscarme o mínimo investigar, ese día contigo cambio mi vida y he tenido que sufrir las peores cosas de mi vida, acaso es tan malo pedir un poco de dignidad para mí, un poco de comprensión.
Nil le dolía verla así y a pesar de todas sus palabras, él solo se quedó con que ella tenía miedo o a lo menos fue lo que entendió; él no podía seguir permitiendo que ella sufriera y tenía que hacer de todo para que los tres fueran felices a su lado, en ese momento toma su rostro la mira directamente a los ojos y seductoramente le dice.
• Sahara, olvidemos el pasado, a quien le importa de quien fue la culpa, nuestros hijos están bien gracias a que tu hiciste de todo por su bien, solo tenemos que preocuparnos de lo que va a pasar de aquí en adelante; yo voy a hacer todo para que mis hijos y tu estén bien, tú eres mi mujer, déjame ser la persona que sostenga nuestra familia, pero sobre todo la persona que te cuide, que te haga feliz. Esto último solo te lo pido como protocolo, porque la verdad así va a hacer, tú eres mi mujer eso nadie lo va a cambiar y en dos días nos vamos a casar, antes de irnos a Francia, mis hijos van a llevar mi apellido, todo va a cambiar para bien.
Sahara se le quedo mirando, estaba en shock con todo lo que le decía, entre confiar y sus inseguridades, su mente termino quedando en blanco, sin saber que contestar o cómo reaccionar; Nil tomo ese silencio como una aceptación y en ese momento, sin poder evitarlo se acercó a su rostro, pego sus labios a los de ella, empezó a besarla con una pasión, bajo sus manos por su cuello, por sus brazos, bajando hasta llegar a su cintura, las paso hasta tocar su espalda baja y unas de sus manos las deslizo hasta tocar su sentaderas, las acaricio de una manera sensual.
Nil estaba costumbrado a tocar mujeres que siempre traían vestidos sensuales y de telas delgadas; pero esta vez se sintió molesto, el pantalón que traía era grueso y áspero, su blusa también era un poco gruesa, nada suabe, en ese momento solo deseaba quitarle esa ropa, ya no era tanto para estar con ella, si no para que no trajera algo tan áspero, que seguro solo dañaba su delicada piel. Ella se dejó llevar por ese beso tan apasionado, por sus caricias y lo que más la hizo dejarse llevar fueron esas palabras que le dijo; poco a poco fueron llegando a la cama, Nil parecía tener tentáculos en lugar de manos, la acariciaba de arriba abajo, la deseaba demasiado, quería volver a tenerla.
Sahara al momento de sentir la cama pegando con sus piernas, se sorprende y trata de alejarse, pero él no la deja alejarse; los dos respiraban agitadamente, él tenía sus manos justo a la altura de su espalda baja, en ese momento, con una voz entrecortada y agitada le dice.
• Sahara, no te niegues, eres mi mujer, tenemos dos hijos maravillosos y yo te deseo, tú también me deseas, puedo sentirlo, tu cuerpo reacciona a mis caricias, tus labios responden a mis besos; yo creo que no hay nada de malo que te entregues al padre de tus hijos, al hombre que siempre va a estar en tu cama, que va a estar a tu lado, no tenemos que complicarnos la vida, solo déjate llevar y planemos nuestro siguiente hijo.
Sahara se sintió confundida, sus palabras eran lo que tanto deseaba escuchar del hombre que hubiera querido como su esposo; pero también había palabras que no le gustaban, esa imposición sobre ella le molestaba y todo esto hacía que su mente entrara en caos, sin saber que hacer, sin saber que era lo que estaba bien o mal, su subconsciente le gritaba espera, llévala con calma, pero su mente decía, es el papá de tus hijos que importa estar una vez más con él. Ella trataba de razón de poner en orden sus ideas, pero estaba tan agotada, tan cansada, que su razón estaba ya dormida, no había dormido en toda la noche cuidándolo, era un subir y bajar de emociones, ya no podía, no sabía qué hacer, no sabía si podía creer en él.