Clara Robles murió la noche en que dio a luz.
El Alpha Adrián De la Vega, el hombre que juró amarla, le arrebató a su cachorro para salvar a Valeria, la falsa hija del linaje Robles. Antes de cerrar los ojos, Clara descubrió la verdad: ella era la verdadera hija de Luna Elena, la heredera de sangre que todos habían dejado sufrir.
Pero la Diosa Luna le dio otra oportunidad.
Al despertar años antes de su tragedia, Clara ya no quiere amor, promesas ni un segundo vínculo impuesto. Quiere salvar a su madre, recuperar su lugar y hacer pagar a Valeria, Mireya y Adrián por todo lo que le quitaron.
Lo que no esperaba era cruzarse con Gael De la Vega, el temido Alpha del Umbral: frío, peligroso, marcado por una maldición de sangre... y unido a ella por un antiguo pacto de luna.
Adrián quiere recuperarla.
Valeria quiere robarle el destino otra vez.
Pero esta vez Clara no será la loba sacrificada.
Esta vez será la Luna que todos debieron temer.
NovelToon tiene autorización de ReWorld para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 5
Capítulo 5
—Vestido blanco, bordado azul, sin joyas grandes —dijo Clara—. Es lo más sencillo que tengo.
Valeria apretó los dientes.
La gente seguía mirando a Clara.
Eso era lo que no soportaba.
—No me contestes. Eres igual que Mireya, con esa cara de mosquita muerta. Te pasas el día pegada a mi mamá. ¿Qué buscas?
Clara bajó la mirada.
Busco a mi madre.
Busco quitarte todo lo que robaste.
Busco que tú y Mireya paguen.
Pero cuando levantó el rostro, su expresión era tranquila.
—Tú casi nunca estás en casa. Mamá Elena se aburre, se entristece. Yo también soy hija de la manada Robles. No hago nada malo al acompañarla.
Los invitados que entraban a la residencia de la manada Chávez empezaron a murmurar.
Valeria sintió las miradas y se encendió más.
Una joven con vestido verde, Patricia Juárez, amiga de Valeria, soltó una risa seca.
—¿Hija de la manada? Tú eres hija de una mujer de rama menor. No te pongas al nivel de la Luna Elena.
Clara la miró sin miedo.
—En una manada Alpha, la Luna del linaje principal es madre reconocida de todos los hijos del linaje. No importa quién los haya parido.
Se acercó a Valeria lo suficiente para que solo ella escuchara la última frase.
—Mientras mamá Elena me quiera, soy su hija.
Valeria se estremeció.
Por primera vez sintió que esa niña flaca podía quitarle algo de verdad.
—Tú...
Antes de que pudiera responder, otra muchacha se acercó a Clara y le tomó el brazo.
—Clara, ¿qué traes puesto? Te queda fatal. Ven, te ayudo a cambiarte.
Era Mónica Rivas.
En la otra vida, Clara le había dicho amiga.
Mónica siempre sonreía mientras la hacía quedar mal. Le recomendaba ropa oscura, peinados viejos, palabras torpes. Todo para que Valeria brillara más.
Clara retiró el brazo.
—A mí me gusta.
Mónica se quedó incómoda.
—Pero tu piel es morena. Te van mejor los tonos café, los más oscuros. Yo no te haría daño.
Clara sonrió.
—Qué raro. Tú pareces más morena que yo y no te veo usando café.
Mónica escondió las manos dentro de las mangas.
—¿Cómo me dices eso? Somos amigas.
—¿Sí?
La mirada fría de Clara hizo que Mónica se quedara sin palabras.
—Voy entrando —murmuró, y se escabulló.
—¡Clara!
Una joven corrió hacia ella con una sonrisa abierta. El viento le levantó el fleco.
Regina Suárez venía corriendo hacia ella. Para todos era Regina; para Clara, seguía siendo Regi, la amiga que había perdido en la otra vida.
Clara sintió que los ojos se le llenaban de agua.
En la otra vida, creyó las intrigas de Mónica y se alejó de Regina. Cuando quiso buscarla, ya era tarde. La noticia llegó como una sombra: Regina había muerto joven, apagada en silencio.
—Regina.
La muchacha tropezó.
Clara vio el pie de Valeria moverse.
—¡Regina!
Regina cayó al suelo. Se lastimó la muñeca y un adorno de cabello se rompió contra la piedra.
—Me duele...
Clara la ayudó a levantarse.
Antes de que pudiera revisar la herida, Valeria le dio una bofetada a Regina.
El sonido seco detuvo las conversaciones cercanas.
—¿Estás ciega? —Valeria señaló el pasador de obsidiana roto—. Rompiste algo mío. Paga.
Regina se llevó una mano a la mejilla.
—¿Cuánto?
Clara sintió que Regina le apretaba la manga, rogándole en silencio que no se metiera.
La posición de Clara en la manada Robles ya era difícil. Regina no quería empeorarla.
Valeria levantó cinco dedos.
—¿Cinco monedas? —preguntó Regina.
Valeria soltó una carcajada.
—Cincuenta. Ni una menos.
Regina palideció.
—No tengo tanto. Valeria, ¿podría...?
—Claro. Ponte de rodillas y ladra como perra. Entonces lo olvido.
La gente miró.
Nadie intervino.
Para ellos, no valía la pena ofender a la hija favorita de la manada Robles por una muchacha sin poder.
Regina tragó saliva.
—Está bien.
Cuando sus rodillas iban a tocar el suelo, Clara la jaló hacia arriba.
—No.
—Clara, por favor. No te metas.
—Esto no fue tu culpa.
Valeria alzó la barbilla.
—¿Ahora vas a defenderla?
—Tú la hiciste tropezar y luego tiraste el pasador para culparla.
—Mientes.
Clara señaló el dobladillo del vestido de Regina.
—Tiene la marca de tu zapato. Si enseñas la suela, todos lo verán.
Valeria plantó ambos pies en el piso.
—Soy tu hermana mayor. ¿Te atreves a dudar de mí?
—¿Te atreves a mostrar la suela?
Las jóvenes alrededor ya no ocultaban la curiosidad.
Valeria sintió que la cara le ardía.
—No debí traerte. Vete ahora mismo.
Una risa baja llegó desde un vehículo de escolta detenido junto a la entrada.
Todos giraron.
Los guardias se inclinaron de inmediato.
—Alfa Gael.
Clara levantó la vista y se encontró con unos ojos que parecían sonreír sin hacerlo.
El hombre de la noche.
El ladrón de la ventana.
El corazón le dio un golpe.
Gael De la Vega bajó del vehículo de escolta con calma. A su lado venía su hermano menor de linaje, Mateo De la Vega, guantes de cuero en las manos y sonrisa de quien disfrutaba los problemas ajenos.
El aire cambió apenas puso un pie en el suelo. No levantó la voz, no mostró colmillos, pero su aura de Alpha hizo que varios bajaran la cabeza sin darse cuenta.
Valeria cambió de expresión al instante.
Se acercó con voz suave.
—Alpha Gael, mi mamá ha preguntado por usted. Hace mucho no visita la manada.
Gael ni siquiera la miró bien.
—Haces mucho ruido.
Valeria se congeló.
—Aquí se celebra a la Matriarca Carmen Chávez —añadió Gael—. No es tu patio para humillar gente.
Mateo se ajustó un guante de cuero.
—La joven Robles debería disculparse. Antes de que el banquete empiece con mal sabor.
Valeria se puso blanca.
La autoridad de Gael no era como la de Adrián. No buscaba agradar. Pesaba. Olía a bosque frío, a territorio marcado, a peligro contenido.
Tuvo que caminar hasta Regina.
—Lo siento.
Regina negó rápido.
—No pasa nada.
—No necesito tu lástima —escupió Valeria, y entró casi corriendo.
Clara y Regina se miraron.
Regina soltó el aire.
—Qué suerte que apareció el Alpha Gael. ¿Por qué nos ayudaría?
Clara bajó la mirada para ocultar la confusión.
—La manada Chávez es respetada. Tal vez no quiso que arruinaran la gala de aniversario de la Matriarca Carmen.
No era toda la verdad.
Pero era lo único que podía decir.
Elena y Rodrigo
😍😍😍😍
CAÍDA, es cuando "se queda con una mano adelante y otra atrás", "chiflando en la loma" sin perro que le ladre, junto con su madre e hija.🤷♀️🧐😈😈😈😈