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Dueño De Todas, Esclavo De Una

Dueño De Todas, Esclavo De Una

Status: En proceso
Genre:Romance
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: liligacaño

A sus 36 años, Alessandro De Luca es el heredero del imperio de moda más importante de Italia. Dueño de una prestigiosa agencia de modelos con sedes en Milán y Colombia, vive rodeado de lujo, poder y mujeres. Es un hombre frío, arrogante y mujeriego. Ninguna mujer ha logrado conquistar su corazón.
Desde niño, su padre decidió su futuro. Lo comprometió con Bianca Conti, una reconocida modelo italiana e hija de su mejor amigo y socio de la empresa. Para Alessandro, Bianca nunca ha sido el amor de su vida, solo la mujer perfecta para mantener la imagen de la familia ante la alta sociedad.
Antes de entregarle el control absoluto del imperio familiar, su padre le impone una última condición:
—Si quieres convertirte en el único dueño del Grupo De Luca, tendrás que casarte con Bianca. De lo contrario, jamás recibirás la presidencia ni la totalidad de la herencia.
Lo que Alessandro desconoce es que Bianca nunca ha permanecido a su lado por amor. La fortuna de su familia ha desaparecido y están

NovelToon tiene autorización de liligacaño para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4: Un hombre sin límites

Alessandro De Luca despertó cuando los primeros rayos del sol atravesaron las cortinas de su apartamento.

Giró la cabeza hacia el otro lado de la cama y encontró a Bianca profundamente dormida. Su prometida apenas se movió mientras él se levantaba con cuidado para no despertarla.

Entró al baño, tomó una ducha fría y, frente al espejo, acomodó su cabello con la misma perfección que lo caracterizaba. Vestido con un elegante traje italiano, salió de la habitación.

En la cocina preparó un desayuno ligero: frutas frescas, café negro y un vaso de jugo natural. Mientras revisaba algunos correos en su teléfono, terminó de comer.

Antes de salir volvió a mirar hacia la habitación.

Bianca seguía dormida.

Sonrió apenas, tomó las llaves de su automóvil y abandonó el apartamento rumbo a la sede principal del Grupo De Luca.

Como cada mañana, la recepción de la empresa estaba llena de empleados, diseñadores y modelos que iban y venían entre reuniones y sesiones fotográficas.

Apenas Alessandro cruzó las puertas de cristal, varias modelos lo saludaron con una sonrisa.

—Buenos días, Alessandro.

—Buenos días, chicas.

Él respondió con su habitual encanto. Sabía perfectamente el efecto que causaba en las mujeres y nunca hacía el menor esfuerzo por ocultarlo.

Entre todas apareció Luna, una de las modelos más cotizadas de la agencia.

Con paso seguro se acercó hasta él.

—Hola, Ales.

—Hola, hermosa.

La joven sonrió.

—Escuché que mañana viajas a Colombia.

—Así es. Estaré unos días allá.

Luna hizo un pequeño puchero.

—Entonces me vas a dejar abandonada otra vez.

Alessandro soltó una risa divertida.

—Solo serán unos días.

Ella dio un paso más cerca.

—¿Y no te gustaría que saliéramos esta noche? Podríamos tomar algo, bailar... despedirnos como se debe.

Él la observó de arriba abajo sin disimular.

—Me encanta la idea.

—¿A las nueve en la misma discoteca de la otra vez?

—Perfecto.

Luna sonrió satisfecha.

—Entonces nos vemos, corazón.

Antes de alejarse, Alessandro tomó suavemente su rostro y dejó un breve beso sobre sus labios.

—Hasta la noche.

Ella se marchó con una sonrisa de victoria mientras varias modelos observaban la escena con cierta envidia.

Alessandro simplemente siguió caminando hacia los ascensores.

Mientras subía al último piso no pudo evitar sonreír.

No necesitaba conquistar mujeres.

Ellas llegaban solas.

Su fama, su dinero y su atractivo hacían el resto.

Al llegar a la presidencia, su secretaria ya lo esperaba.

Mara era una mujer de curvas pronunciadas, cabello oscuro y una actitud tan provocadora como peligrosa.

—Buenos días, señor De Luca.

Ella le dedicó una sonrisa cargada de picardía.

Alessandro respondió exactamente igual.

—Buenos días, Mara. Hoy estás especialmente hermosa.

La secretaria bajó la mirada con falsa timidez.

—Gracias... usted tampoco se queda atrás.

Ambos sabían perfectamente que aquellas palabras no eran simples cumplidos.

Entre ellos existía un juego constante de miradas, insinuaciones y coqueteos.

Un juego que, más de una vez, había terminado detrás de la puerta cerrada de aquella oficina.

Mara entró llevando una carpeta llena de documentos.

Se inclinó ligeramente sobre el escritorio para dejarlos frente a él.

El ajustado vestido rojo que llevaba marcaba cada una de sus curvas.

Alessandro desvió la vista apenas unos segundos.

Demasiados pensamientos comenzaron a cruzar por su cabeza.

Justo cuando estaba a punto de decir algo...

La puerta volvió a abrirse.

—Buenos días, Alessandro.

Era Vittorio De Luca.

El padre de Alessandro.

Mara dio un paso atrás de inmediato.

—Buenos días, señor De Luca.

Vittorio apenas la miró.

—Mara, por favor, déjanos solos.

—Sí, señor.

Ella salió rápidamente de la oficina.

El silencio duró unos segundos.

Vittorio observó fijamente a su hijo.

—¿Hasta cuándo vas a seguir acostándote con tu secretaria?

Alessandro levantó una ceja.

—¿De qué hablas?

—No me hagas perder el tiempo. Sé perfectamente lo que ocurre en esta oficina.

Alessandro soltó una pequeña risa.

—No exageres.

—No estoy exagerando.

Vittorio apoyó ambas manos sobre el escritorio.

—Bianca puede enterarse en cualquier momento y eso sería un problema muy serio.

Alessandro cruzó los brazos.

—¿Qué deseas, papá?

—Sé que mañana viajas a Colombia.

—Sí.

—Quiero revisar contigo todos los documentos y asegurarme de que dejas la empresa organizada antes de irte.

—Ya casi está todo listo.

—Perfecto.

Vittorio hizo una pausa antes de continuar.

—Y otra cosa...

Cuando estés en Colombia, compórtate.

No quiero fotografías tuyas apareciendo en redes sociales acompañado de una mujer diferente cada noche.

Los padres de Bianca tienen demasiada influencia como para permitirnos un escándalo.

Alessandro sonrió con indiferencia.

—No te preocupes.

—Sí me preocupo.

Eres un hombre comprometido.

Cuando te cases, Bianca no va a aceptar este estilo de vida.

Anoche me alegró saber que dormiste con ella.

Alessandro simplemente guardó silencio.

No tenía intención de discutir.

Cambió el tema y ambos continuaron revisando contratos, balances y proyectos pendientes para el viaje a Colombia.

Mientras tanto...

A más de nueve mil kilómetros de distancia...

Bogotá recibía un nuevo amanecer.

El avión acababa de aterrizar cuando Valentina Benítez descendió con una mezcla de emoción y nervios.

Apenas cruzó la salida del aeropuerto vio a Juliana Rojas esperándola con los brazos abiertos.

Las dos corrieron a abrazarse.

—¡Amiga!

—¡Juli!

Las lágrimas aparecieron inmediatamente.

—Qué alegría verte.

—Yo también te extrañaba muchísimo.

Juliana la observó unos segundos.

—¿Qué pasa? Tienes los ojos hinchados.

Valentina suspiró.

—Me dio muy duro despedirme de mis papás.

—No te preocupes. Pronto podrás visitarlos. Ahora ven, vamos al apartamento.

Subieron al automóvil de Juliana y emprendieron el camino.

Durante el trayecto hablaron de sus vidas, de la agencia de modelos y de las oportunidades que Bogotá podía ofrecerle.

Al llegar, Valentina quedó maravillada.

El apartamento era amplio, moderno y estaba ubicado en una de las mejores zonas de la ciudad.

—Es hermoso.

Juliana sonrió.

—Ahora también es tu casa.

Valentina la abrazó.

—Gracias por recibirme.

En serio.

Mientras consiga dónde vivir te ayudaré con los gastos.

—Ni se te ocurra preocuparte por eso.

Primero instala tus cosas.

Después desayunamos y me cuentas qué más te pasa.

Porque esa tristeza no es solo por tus papás.

Las dos se sentaron frente a la mesa.

Entonces Valentina respiró profundamente.

—Dani terminó conmigo.

Durante varios minutos le contó toda la historia.

Las palabras que él le había dicho.

Las humillaciones.

La forma en que menospreció a su familia.

Cuando terminó, Juliana negó con la cabeza.

—Siempre te dije que ese hombre no te convenía.

Se cree superior a todo el mundo.

Además, tiene fama de mujeriego.

—Él siempre decía que eran chismes.

—¿Y tú le creías?

Valentina bajó la mirada.

—Estaba muy enamorada.

Todavía me duele.

Espero que la distancia me ayude a olvidarlo.

Juliana tomó su mano.

—Lo hará.

Créeme.

Después cambiaron de tema.

Hablaron durante horas sobre la entrevista que tendría al día siguiente en la empresa, la forma correcta de desfilar, cómo responder frente a los directivos y todo lo que debía demostrar para conseguir el trabajo.

Más tarde prepararon el almuerzo juntas.

Después de comer, Juliana se arregló para asistir a una sesión fotográfica en la agencia.

Valentina permaneció en el apartamento practicando las recomendaciones que había recibido.

También llamó a sus padres para tranquilizarlos.

Les aseguró que había llegado bien y que al día siguiente asistiría a la entrevista.

Ellos no podían sentirse más orgullosos de verla persiguiendo sus sueños.

En Milán, el reloj marcaba las ocho de la noche.

Alessandro terminó su jornada laboral, se duchó en el baño privado de su oficina y cambió el traje por un atuendo más informal.

A las nueve en punto llegó a la misma discoteca donde había quedado de encontrarse con Luna.

Ella ya lo esperaba.

La música envolvía el ambiente mientras compartían tragos, reían y conversaban como si fueran una pareja.

Después llegaron los bailes.

Las miradas.

Las caricias discretas.

Y los besos.

Para Alessandro aquello era una rutina.

Disfrutaba de la compañía femenina, pero nunca ofrecía promesas.

Cuando la madrugada comenzó a acercarse, ambos abandonaron el lugar y se dirigieron a un hotel de lujo.

Alessandro tenía una regla muy clara: ninguna mujer, aparte de Bianca, cruzaba la puerta de su apartamento.

Horas después, cerca de las cuatro de la mañana, salió del hotel completamente solo.

Regresó a su apartamento para descansar apenas unas horas.

A las ocho de la mañana partiría rumbo a Colombia, sin imaginar que aquel viaje cambiaría el rumbo de su vida para siempre.

1
Genesis Paez
Que historia tan mala, pura habladera de paja
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