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Mi hijo es del tío de mi ex

Mi hijo es del tío de mi ex

Status: En proceso
Genre:Romance / Venganza / Madre soltera / Embarazo no planeado / Hijo/a genio / Mujer despreciada / Amante arrepentido
Popularitas:168
Nilai: 5
nombre de autor: Camila Robles

n plena boda, la mejor amiga de Lucía Herrera expone sus fotos íntimas. Su prometido la llama zorra, la golpea y le arranca el vestido de novia… para casarse con la traidora.
Cinco años después, Lucía regresa con sus mellizos, Mateo y Sofía, sin saber quién es su padre. Hasta que se cruza con Adrián Valdés, un poderoso CEO que parece la versión adulta de Mateo.
—Quiero a mis hijos conmigo.
—No voy a separarme de ellos.
Mateo se planta frente a él. Sofía se aferra a la mano de su madre.
—¡No se meta con mi mami, imbécil! ¡Primero tendrá que vérselas conmigo!
Pero el padre de los mellizos también es el tío de su ex. Y para no perder a sus hijos, Lucía acepta casarse con él por contrato.
Esta vez, vuelve a la familia Valdés por la puerta grande.
El hombre que la echó de su propia boda tendrá que llamarla tía.

NovelToon tiene autorización de Camila Robles para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4

Capítulo 4. ¡Me besó a la fuerza!

—Ay, mocoso. Ni tu mamá sabe quién es tu papá. Deja de pensar en eso. Ya tienes una madrina. Algo es algo, ¿no?

Camila le dio un toquecito en la frente. ¿El pequeño acababa de rechazarla?

—¡No me importa! ¡Mami dijo que volvimos para encontrar a mi papá!

Mateo seguía haciendo pucheros.

Al ver aquella carita de mejillas regordetas, Camila no pudo contenerse y le plantó un beso.

—¡Pero qué cachetitos tan suavecitos tienes!

Mateo abrió mucho los ojos, horrorizado.

—¡Mami! ¡Ella… ella me besó a la fuerza!

Lucía había criado sola a los mellizos. Mateo había tenido poco contacto con otras personas. Era muy apegado a ella y se resistía a que los demás se le acercaran.

—¿Un besito y ya me acusas de aprovecharme de ti? —Camila soltó una carcajada.

Lucía también se rio y rescató al niño de los brazos de su amiga.

—Es tímido con los desconocidos. Dale unos días para que se acostumbre a ti y ya verás.

Camila alzó las cejas.

—Muy bien. ¡Te doy un día para acostumbrarte a mí! —decretó con aire autoritario.

Mateo resopló, se volvió y se abrazó a su madre, muy digno.

Las dos mujeres volvieron a reírse.

Camila los hizo pasar a su departamento. No era grande, pero tenía dos habitaciones y para ella sola resultaba más que suficiente.

Lucía y los mellizos ocuparían la otra habitación, donde los niños dormirían con ella. Camila conservaría la suya.

—Como sabía que llegaban hoy, compré un montón de cosas. ¡Voy a prepararles un banquete de bienvenida! —anunció Camila, sonriente, después de ayudarlos a acomodar el equipaje.

—Mami, tengo hambre —dijo Mateo con una vocecita lastimera.

—Está bien. Ustedes jueguen aquí un rato. Su madrina y yo vamos a cocinar.

Lucía sentó a los mellizos en el sofá de la sala.

—¡Vayan, vayan!

Al instante, el pequeño sonrió y le dio un beso sonoro en la mejilla.

Camila empezaba a entenderlo. El mocoso era listo. Tal como había dicho Lucía, solo jugaba con la gente que conocía; a los demás apenas les hacía caso. ¿Eso era ser reservado o hacerse el inaccesible?

Lucía no era así. ¿Habría heredado ese carácter del padre cuya identidad desconocían?

Mateo y Sofía se quedaron en la sala jugando con bloques, mientras las dos amigas entraban en la cocina.

Camila miró hacia la sala, rozó a Lucía con el codo y bajó la voz.

—Sofía es igualita a ti, pero Mateo no se te parece demasiado. Seguro salió a su papá. Y viendo esa carita, apuesto a que el padre está guapísimo.

A Lucía le vino a la mente el hombre de expresión fría que había visto en el aeropuerto.

Ahora que lo pensaba, tenía una elegancia innata, aunque también esa frialdad que mantenía a todo el mundo a distancia.

—¿Luci? ¿En qué piensas?

Camila agitó una mano frente a sus ojos.

Lucía reaccionó de golpe y apartó la mirada un instante.

—En nada. ¿Qué dijiste?

—Que tu hijo seguro se parece a su papá y que su papá debe estar muy guapo.

—No digas tonterías. ¡Se parece a mí!

—¿No te gustaría que su padre estuviera guapo? Mejor todavía, cien veces más guapo que Nicolás. Así, por lo menos, habrías salido ganando en algo.

Camila se arrepintió apenas lo dijo. Se volvió hacia Lucía y, tal como temía, vio que se le había apagado la expresión.

—¿Todavía no has podido olvidar a Nicolás?

Lucía negó con la cabeza.

—No es eso.

—Me alegro. ¡Es un desgraciado que no supo ver lo que tenía delante!

Camila cambió enseguida de tema.

—Tengo buenas noticias. Mandé tu currículum y mañana ya puedes presentarte en tu nuevo trabajo.

—¿Tan rápido? —Lucía la miró, sorprendida.

—Ya eres una diseñadora con cierto nombre. Encontrarte una empresa era cuestión de minutos.

Al día siguiente, Lucía se presentó en su nuevo empleo.

Después de marcharse de Puerto Claro, cinco años atrás, se había instalado en Estados Unidos. Tras el nacimiento de los mellizos había retomado sus estudios y se había especializado en diseño de interiores.

Entró al edificio del Grupo Altamar y estaba a punto de preguntar en recepción en qué piso quedaba Recursos Humanos cuando oyó un revuelo a su espalda.

En cuestión de segundos, los empleados se alinearon en dos filas junto a la entrada. La solemnidad del ambiente hacía pensar que esperaban a alguien de enorme importancia.

Unos guardaespaldas vestidos de negro abrieron las puertas de cristal. Entró un hombre alto, de presencia imponente y facciones tan marcadas como si las hubieran tallado. No necesitaba enojarse para intimidar. Los empleados a su alrededor se tensaron bajo aquella expresión severa.

Lucía se volvió hacia el hombre al que todos rodeaban con tanta deferencia y se quedó de piedra.

¿Él…?

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