En el reino de , una serie de secretos y decisiones prohibidas comienzan a sacudir los cimientos de la familia real. Lo que parece una vida perfecta dentro del palacio esconde amores imposibles, alianzas inesperadas y peligros que amenazan con cambiar el destino del reino para siempre.
Mientras las tensiones aumentan y un enemigo oculto mueve sus piezas desde las sombras, los miembros de la corona deberán enfrentarse a sus propios sentimientos, a las expectativas de la sociedad y a las consecuencias de sus elecciones.
Entre romance, intriga, traiciones, sacrificios y momentos inolvidables, Valdoria se convierte en el escenario de una historia donde el amor y el deber chocan constantemente, y donde una sola decisión puede cambiar el futuro de todos.
NovelToon tiene autorización de cindy angulo montoya para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
El peso de la corona
A la mañana siguiente, el castillo despertó entre el movimiento de sirvientes y preparativos para la llegada de los duques del norte. El Festival de Invierno estaba cada vez más cerca y la familia real debía aparentar estabilidad frente a todos los nobles invitados.
Isabella desayunaba junto a su tía Emilia en un pequeño comedor reservado para los visitantes cuando un sirviente apareció.
—La reina Beatriz desea verlas en el salón principal.
Emilia intercambió una mirada preocupada con Isabella.
—Compórtate con prudencia —susurró antes de levantarse.
Cuando llegaron al salón, la reina ya estaba allí acompañada por Elena, la hija mayor después de Esteban. A diferencia del resto de la familia, Elena parecía amable y tranquila.
—Duquesa Emilia —saludó Beatriz—. Necesito ayuda con la organización del festival. Usted conoce bien las costumbres de la nobleza antigua.
—Será un honor ayudar, majestad.
La reina entonces miró a Isabella.
—Y tú acompañarás a Elena durante los preparativos.
Isabella se sorprendió.
—Como ordene, majestad.
Aunque Beatriz mantenía una actitud fría, en realidad quería observar más de cerca a la joven Montenegro. Sabía que Alejandro se había incomodado con su presencia desde el primer momento.
Horas después, Isabella caminaba junto a Elena por los jardines mientras revisaban listas de invitados y decoraciones.
—No pareces feliz aquí —comentó Elena.
—No estoy acostumbrada a la vida en el castillo.
La princesa sonrió ligeramente.
—Nadie en esta familia es realmente feliz aquí.
Las palabras hicieron que Isabella la observara con curiosidad.
—¿Ni siquiera el príncipe Esteban?
Elena soltó una pequeña risa.
—Mi hermano actúa como si nada le importara, pero lleva años peleando con mi padre. Desde niño sintió que nunca sería suficiente para él.
Antes de continuar la conversación, Esteban apareció montando un caballo negro por los jardines.
—¿Hablando mal de mí? —preguntó divertido.
—Siempre llegas en el peor momento —respondió Elena.
El príncipe bajó del caballo y se acercó a Isabella.
—¿Ya decidiste dejar de odiarme?
—Ni siquiera lo conozco lo suficiente para odiarlo.
—Eso sonó peor de lo que esperaba.
Elena negó con la cabeza cansada.
—Intento ayudar con el festival y ustedes parecen niños pequeños.
Mientras discutían, un carruaje llegó al castillo. Del interior descendieron el duque Mauricio de Verania y su hija Camila, una joven elegante conocida por su interés en convertirse en futura reina.
Al ver a Esteban, Camila sonrió inmediatamente.
—Príncipe, cuánto tiempo sin verlo.
Esteban pareció incómodo.
—Camila.
Isabella observó la escena en silencio.
—La hija del duque lleva años obsesionada con casarse con Esteban —susurró Elena discretamente.
Camila se acercó tomando el brazo del príncipe con confianza.
—Mi padre organizó una cena esta noche. Espero que puedas asistir.
—Veré si tengo tiempo —respondió él intentando soltarse.
La joven entonces observó a Isabella de arriba abajo.
—¿Y ella quién es?
Antes de que alguien respondiera, Alejandro apareció acompañado por Arturo Belmonte.
—Ella es Isabella Montenegro, invitada de la corona.
Camila cambió su expresión al escuchar aquel apellido.
Muchos nobles todavía recordaban el escándalo relacionado con la caída de los Montenegro.
El rey miró seriamente a Esteban.
—Necesito hablar contigo ahora.
El príncipe suspiró fastidiado antes de seguir a su padre hacia el interior del castillo.
Isabella observó cómo ambos desaparecían por el pasillo principal sin imaginar que aquella discusión cambiaría muchas cosas dentro de la familia real.