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“La Caída De La Heredera” Ella Lo Tenía Todo, Hasta Que La Verdad La Dejó Sin Nada.

“La Caída De La Heredera” Ella Lo Tenía Todo, Hasta Que La Verdad La Dejó Sin Nada.

Status: En proceso
Genre:Hija rica en bancarrota / Diferencia de edad / Apoyo mutuo
Popularitas:4.8k
Nilai: 5
nombre de autor: @maryurisve

Kendra Barreto es la joya de la familia Barreto, para satisfacer la ambición de su madre, traicionó a su hermana menor Keila y aceptó un matrimonio vacío, sin embargo, el destino le impuso a un guardián que no puede ser comprado: Axel García, un exmilitar con un pasado oscuro y que no puede doblegarlo a su antojo.
Lo que comenzó como una noche de debilidad entre la heredera y el guardaespaldas se convirtió en su ruina y, a la vez, en su salvación, con el nacimiento de su hijo Bennet, se descubre el fraude: el niño no es hijo del esposo de Kendra sino de Axel.
Repudiada por todos y perseguida por una madre dispuesta a todo para ocultar el escándalo, abandonará su mundo y huirá, y en su carrera desesperada por la supervivencia, descubrirá que el hombre que la mira con desconfianza es el único capaz de salvarla, y que, para proteger a su hijo, tendrá que aprender a luchar con uñas y dientes, lejos de los lujos que una vez la definieron.

NovelToon tiene autorización de @maryurisve para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo IV: El robo de la esperanza

El trayecto hacia el auditorio fue silencioso, mientras Kendra revisaba sus correos de la empresa con mucha eficiencia, Keila repasaba mentalmente su discurso de grado, e Ifigenia solo observaba por la ventana con una apatía absoluta como si ese evento solo se tratara de una pérdida de tiempo.

—Para tener esa cara de amargura, hubiera sido preferible que te quedaras en casa —soltó Andrés con sarcasmo.

—Y así podrías haber traído a tu “hermanita” —replicó Ifigenia, con una voz cargada de veneno.

—Ella, por lo menos, sí tenía interés en venir, no como tú, que parece que tuvieras dolor de estómago.

Andrés desde el asiento del copiloto, evitó seguir con la discusión, miraba por la ventana y en el fondo lamentaba que Anabella no estuviera allí en lugar de su esposa, pero las entradas para la ceremonia eran limitadas.

—Mi tía vendrá por su cuenta; yo le conseguí un pase —intervino Kendra con una indiferencia fingida.

Todos volvieron el rostro para observarla, sorprendidos por sus palabras, la verdad es que Kendra sabía que no podía tener un buen gesto con su hermana que no hiciera enojar a su madre por eso.

De forma discreta le hizo un regalo indirecto a Keila y era su manera de asegurarse de que la única persona que realmente la amaba estuviera presente en su gran día.

Keila obtuvo la mención cum laude en Literatura y a pesar de su aspecto excéntrico y personalidad reservada, gozaba de la admiración de todos en su facultad; sin embargo, eso no conmovió a Andrés e Ifigenia los cuales permanecieron durante toda la ceremonia como dos figuras de piedra.

—No sé de qué sirve una carrera tan inútil como esa —le advirtió Andrés con frialdad al terminar— Te recuerdo que, a partir de ahora, estás por tu cuenta.

Kendra sintió un leve estremecimiento en su corazón porque sabía cuánto esfuerzo le había costado a su hermana menor obtener su grado, pero fiel a su costumbre permaneció en silencio porque ese no era su problema.

—¿Cuánto más va a tardar esta ceremonia? —preguntó Ifigenia, consultando su reloj con una impaciencia insultante.

—Por favor, mamá... quiero escuchar el discurso de mi hermana —la cortó Kendra, sorprendiéndose a sí misma.

Desde su asiento Kendra observó con una mezcla de admiración y asombro a su hermana menor, porque en ese podio ella se veía deslumbrante y envuelta en una seguridad que no le conocía, hablaba con tanta firmeza y convicción que todos estaban conmovidos debido a sus palabras.

—Habla puras tonterías —murmuró Ifigenia.

Esta fue la primera vez en mucho tiempo que Andrés se sintió conmovido por esta hija, a pesar de que no quería sentirse apegado a ella, pero no podía evitar recordar a la niña de cinco años que cuidaba con tanto afecto.

—¡Ya cállate de una vez por todas! —espetó Andrés, con una molestia que nacía de la culpa y la frustración.

Kendra aplaudió con una efusión inesperada cuando Keila terminó su discurso, sin embargo, no le pasó por alto que un hombre muy atractivo observaba a su hermana con un interés que rayaba en la fascinación, así que Kendra enarcó una ceja con una sonrisa pícara, curvó sus labios.

—¿Qué es lo que acabo de ver? — se preguntó Kendra a sí misma con diversión.

Ese día Kendra conoció a René Romero de 28 años, un hombre de 1,90 mts de estatura, rubio, ojos verdes que destilaban mucha inteligencia y un profesor muy apreciado en la facultad de economía, pero lo que realmente llamó la atención de Kendra fue que él no dejaba de buscar a Keila con la mirada.

—Mucho gusto, mi nombre es Kendra Barreto — dijo ella, extendiéndole la mano con una coquetería calculada.

—¿Eres la hermana de Keila? —preguntó René, sorprendido por la belleza imponente de la mujer frente a él.

—Sí, soy su hermana mayor—respondió Kendra suavizando su tono de voz.

Kendra le mostró su mejor rostro, además de que tenían varios temas en común, mientras Axel la observaba en la distancia pensando en que esa pretenciosa coqueta se encontraba en modo de cacería.

—Inocente … pobre amigo, no sabe lo que le espera—murmuró Axel para sí mismo, observando desde la periferia cómo René caía en la trampa de Kendra.

Con mucha sutileza, Kendra comenzó a tejer una red de mentiras en torno a René, entre risas, y comentarios casuales soltaba comentarios sobre los terribles defectos de su hermana, pintándola como una joven inestable y de carácter difícil.

—Tenía una imagen muy diferente de tu hermana —admitió René, cuya fascinación inicial empezaba a transformarse en duda.

—No eres el primero que se deja engañar por las apariencias —respondió ella.

Kendra estaba manipulando a René, envenenando su percepción de Keila y haciendo que el interés que sentía por su hermana poco a poco se terminara, al final intercambiaron sus números de teléfono con la promesa de volver a verse y quitándole la oportunidad a Keila, antes de siquiera tuviera una oportunidad.

Más tarde cuando terminó la ceremonia y mientras Axel conducía a Kendra hacia la empresa, el silencio en el interior del vehículo se volvió asfixiante.

La indignación que Axel contuvo durante todo el evento traspasó su profesionalismo, porque no podía borrar de su mente la imagen de Keila, sola y despreciada, mientras su hermana mayor le robaba incluso la posibilidad de un romance.

—¿Señorita Barreto sabe que cuando tomas lo que no es tuyo, tarde o temprano terminas perdiéndolo? —advirtió Axel, mirándola fijamente a través del retrovisor.

Kendra se tensó en el asiento trasero y por un segundo la audacia de ese hombre la dejó sin palabras, y en el fondo una punzada de culpa la golpeó porque sabía que estaba actuando mal, evidentemente René estaba interesado en su hermana, sin embargo, su necesidad patológica de competir y eclipsar a Keila, había sido más fuerte que cualquier ética, pero, no iba a permitir que un simple empleado la cuestionara.

—Dedícate a conducir, Axel... —replicó ella, inyectando veneno en cada sílaba—Además, no es como si tú tuvieras una vida perfecta para venir a darme lecciones de moral.

Axel apretó el volante porque sabía que era la verdad, su vida era un completo desastre, ese día decidió solicitarle el divorcio a Marisol, por suerte no había bienes ni hijos, así que, en teoría, el proceso debería ser sencillo... o eso era lo que él quería creer.

Axel llamó a Marisol, y solo después de treinta intentos fallidos, fue que ella se dignó a atender, con una voz cargada de una falsa fatiga.

—Necesitamos hablar—sentenció Axel, sin dejar espacio a réplicas.

—Te dije que necesitaba espacio—respondió ella con frialdad.

—¿Y qué pasa si no estoy dispuesto a dártelo? —preguntó Axel con insolencia.

Tras una discusión agria que se prolongó por varios minutos, Marisol finalmente accedió a reunirse para conversar esa misma tarde, y cuando se encontraron ella se veía distinta, tenía una mirada insolente y altanera.

Axel al acercarse a Marisol, su instinto de protección—pulido por años de milicia y seguridad— percibió un detalle muy preocupante, había un tenue aroma a colonia de hombre, conocía de sobra a los hermanos de Marisol y eran hombres rudos y de manos curtidas que jamás usarían una fragancia tan sofisticada y costosa.

—Marisol, quiero el divorcio—dijo Axel con un tono de voz muy frío.

El rostro de Marisol se transformó en una máscara de ira, porque sus planes estaban en riesgo, su interés actual no era el amor, sino un doctor casado con el que tenía un romance en secreto, y no tenía intención de soltar a Axel, el cual era su plan de respaldo, y su garantía de estabilidad mientras buscaba ascender.

—¡No me voy a divorciar! —gritó Marisol perdiendo la compostura.

—No me importa lo que quieras—replicó Axel manteniendo una calma aterradora— Podemos hacer esto de forma pacífica o podemos hacerlo por las malas. Tú eliges.

La reunión terminó en un punto muerto, dejando a Axel con un sabor amargo, porque aquel encuentro le confirmó sus peores temores, y es que el divorcio con Marisol no sería un trámite tan sencillo como supuso al principio.

—¡Axel, no me dejes hablando sola! —gritó ella con impaciencia.

Él no se volvió porque sabía que comenzaría una guerra de desgaste contra una mujer que no estaba dispuesta a perder sus privilegios, pero su decisión era irrevocable.

Marisol bebió un sorbo de su café, intentando calmar su ira, pero poco después de que Axel se marchara recibió una llamada y se dio cuenta de que se trataba de su hermano Isaías, ella sonrió, porque siempre se sintió muy protegida por sus hermanos.

—¿Marisol, qué demonios estás haciendo? —preguntó Isaías sin preámbulos—¿De verdad crees que ese doctor va a tratarte tan bien como lo hace Axel?

Isaías, un mecánico de treinta años, le debía todo a su cuñado, gracias a Axel no se perdió en las pandillas, por el contrario, terminó la secundaria y aprendió un oficio digno, por eso al enterarse de la traición de su hermana hervía de ira.

—Veo que ese pusilánime ya te fue con el chisme—respondió Marisol con desdén.

—Tu marido es un hombre discreto, algo que evidentemente tú no eres, el problema es que tu aventura es el chisme de moda en todo el barrio

—¿Qué hay de malo en querer mejorar de estatus? —reclamó Marisol—Axel se conformó con ser un simple chofer.

—Mírate en un espejo —espetó Isaías— Todo lo que tienes, desde tu ropa hasta tu educación es gracias a él, ¿Crees que ese doctor va a dejar a su esposa, una mujer de posición, por alguien como tú?

—Lo va a hacer, voy a salir de este barrio de clase baja, porque si espero por Axel, nunca llegaremos a nada.

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Fran Sánchez
Estoy así 🤯..... qué pasará en la fiesta..... me estoy comiendo las uñas, de esta intriga....
María Angelica Stessens
me gusta mucho la forma de ser de Axel
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