⚠️🚫🔞Gus se ve arrastrado al peligroso entorno de Arlo, un lugar donde el lujo se mezcla con la letalidad de la mafia. En esta atmósfera de alta tensión y misterio, la resistencia inicial de Gus se transforma en una fascinación oscura hacia su captor. Atrapado en una red de secretos y deseos intensos, Gus deberá decidir si luchar por su antigua vida o sucumbir a la magnética y peligrosa atracción de un hombre que no acepta un no por respuesta. Una historia de poder, entrega y los límites del alma.🔞🚫⚠️
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Dominación
El estadio principal de la metrópolis rugía con la fuerza de un animal salvaje. Miles de personas abarrotaban las gradas, agitando varitas de luz carmesí que transformaban el mar de gente en un océano de luces rojas. El pulso sordo de los bajos de la música vibraba en las paredes del recinto, anunciando el regreso más esperado y misterioso de la industria musical. Gus Fletcher, tras meses de una supuesta ausencia médica, estaba de vuelta en los escenarios. Pero ya no era el mismo artista independiente de antes. Ahora, cada una de sus notas le pertenecía a la mafia.
En el centro del inmenso escenario, bajo un potente reflector que proyectaba una luz blanca y fría, Gus se movía con una precisión y sensualidad que rozaban la perfección absoluta. Vestía un pantalón ajustado de cuero negro y una camisa de seda roja completamente abierta hasta el abdomen, dejando al descubierto su torso esculpido. Su voz, ahora más profunda, gruesa y cargada de un rastro de ronquera que enloquecía al público, llenaba el estadio.
Gus giraba y bailaba con una entrega feroz, pero cada vez que realizaba una transición en la coreografía, sus ojos se clavaban de forma fija en la zona VIP preferencial del segundo nivel.
Allí, oculto entre las sombras y protegido por una comitiva de hombres armados con trajes oscuros, permanecía de pie Arlo Baxter. El mafioso sostenía un cigarrillo encendido, observando el espectáculo con sus intensos ojos negros. En el aire invisible para los miles de espectadores, los dos hilos de energía carmesí cruzaban todo el estadio. El lazo doble nacía de los dedos largos y callosos de Arlo, viajaba por encima de la multitud y se enroscaba firmemente en la muñeca derecha y en el tobillo izquierdo de Gus, parpadeando con un brillo que transmitía el pulso del control directo a los músculos del cantante. Gus bailaba para el público, pero su cuerpo respondía únicamente al ritmo del barítono de su dueño.
Cuando la última nota de la canción principal resonó en los altavoces, el estadio explotó en un aplauso ensordecedor. Gus se despidió con una reverencia perfecta, sintiendo el sudor correr por su pecho y la adrenalina quemarle las venas. Se dio la vuelta y caminó a paso rápido hacia los pasillos traseros del backstage, arrastrando las dos líneas de energía carmesí que parpadeaban con fuerza con cada uno de sus pasos. El show inmenso e inolvidable había terminado, y el verdadero reclamo de la posesión estaba a punto de comenzar.
La puerta del camerino privado de lujo se cerró con un chasquido seco. Gus apenas tuvo tiempo de apoyarse contra la mesa del tocador cuando la inmensa silueta de Arlo Baxter entró a la habitación, cerrando el cerrojo detrás de él. El aire del camerino se volvió denso, apestando de inmediato a tabaco, perfume amaderado y peligro real.
Sin decir una sola palabra, Arlo cerró con fuerza los puños de ambas manos, tensando el doble lazo carmesí al máximo.
—¡Ah! —Gus soltó un gemido.
Sus brazos cayeron rígidos a los lados y su pierna izquierda quedó clavada al suelo. Con un movimiento de los dedos de Arlo, el cuerpo de Gus fue arrastrado y girado hasta quedar de pie, con el pecho aplastado contra el inmenso espejo del tocador. El cristal frío contrastó drásticamente con la piel ardiente del artista. Gus quedó inmovilizado en esa postura de sometimiento absoluto, obligado a mirar su propio rostro sudoroso y sus ojos empañados de sumisión reflejados en el vidrio.
Arlo acortó la distancia con pasos pesados, posicionando su cuerpo directamente detrás del cantante. El mafioso apoyó sus manos sobre los hombros anchos de Gus, aprisionándolo contra el espejo.
—Diste un espectáculo grandioso —susurró Arlo. Su voz retumbó contra la nuca del artista, erizándole cada vello del cuerpo—. Toda la ciudad vio cómo brilla mi propiedad bajo los reflectores. Pero ahora que las luces se apagaron, es momento de que pagues el precio de estar bajo mi yugo.
Con un movimiento, Arlo bajó los pantalones de cuero negro de Gus hasta las rodillas, dejando su cuerpo completamente expuesta ante el espejo. El miembro del cantante estaba endurecido al máximo, latiendo con una necesidad líquida y dolorosa debido a la descarga sensorial del concierto y la proximidad física del mafioso. Se veía tan vulnerable, con la pelvis fija contra el tocador.
Antes de la intromisión total de su cuerpo, Arlo sabía que el esfuerzo del baile requería una preparación rápida pero firme para no lastimarlo. Tomó un frasco de lubricante de la mesa del tocador y derramó el líquido transparente sobre sus dedos largos. El chasquido húmedo del aceite llenó el silencio del camerino.
Arlo separó los muslos de Gus y presionó dos de sus dedos lubricados dentro de su intimidad estrecha, la cual aún conservaba la elasticidad sedante de los encuentros previos. Gus soltó un sollozo ahogado contra el espejo, viendo en el reflejo cómo el mafioso se movían dentro de él con un ritmo rítmico y despiadado.
—Mírate en el vidrio, dócil —ordenó Arlo con su voz gruesa, frotándole la zona más sensible por dentro—. Mira cómo te dilatas. Estás temblando de excitación pura porque sabes lo que te voy a hacer.
Para intensificar el sometimiento antes del acto, Arlo inclinó la cabeza y atacó el cuerpo de Gus mordiendo con fuerza. Clavó sus dientes largos en la base del cuello del cantante, justo sobre un chupetón morado anterior, provocando que Gus soltara un grito ahogado. Luego, deslizó su boca húmeda hacia el hombro del artista, dejando una marca de dientes profunda que goteó una pequeña línea de sangre. No se detuvo allí: la mano libre de Arlo subió por el pecho de Gus, atrapando uno de sus pezones entre sus dedos callosos, apretándolo y tirando de él con una firmeza brutal que hizo ver estrellas al cantante en el espejo.
Cuando la preparación previa estuvo completa, Arlo retiró los dedos con un sonido espeso y se alineó detrás de él. Agarró las caderas de Gus con un agarre de hierro que grabó la marca de sus manos en su piel castaña.
—Escucha mis palabras exactas, Fletcher —sentenció Arlo, y su boz bajó, volviéndose un mandato oscuro que helaba la sangre—. No tienes permitido gozar por tu cuenta. Vas a retener cada fluido de tu sumisión dentro de tu cuerpo. No vas a eyacular hasta que yo te dé el permiso directo con mi boca. Si osas correrte antes, los hilos te dejarán sin aire en esta misma mesa. ¿Entendido?
—Entendido... Arlo... por favor... tómame ya —rogo Gus, llorando de placer puro ante el reflejo del cristal, rompiendo la barrera.
Arlo empujó hacia adelante con una fuerza descomunal, introduciendo toda su inmensa masculinidad robusta dentro del cuerpo de Gus en una sola embestida profunda, salvaje y reclamante.
—¡Aaaaah! —Gus soltó un grito desgarrado que empañó el espejo con el calor de su aliento.
El impacto sordo de sus pelvis chocando con violencia y el sonido húmedo de la fricción carnal llenaron el camerino insonorizado. Arlo comenzó a moverse con un ritmo pesado, rítmico y despiadado, usando los hilos para mantener las muñecas de Gus fijas contra el borde del tocador. El cantante se sacudía en espasmos continuos, viendo en el cristal cómo el inmenso líder de la mafia lo domaba sin piedad por la espalda, hundiéndose en su carne una y otra vez con una lujuria que parecía incendiar el aire.
El fuego de la pasión se prolongó durante minutos de pura tortura celestial. Gus sentía que el orgasmo le quemaba la entrepierna, pero los hilos de Arlo enviaban sutiles descargas eléctricas a sus tendones cada vez que estaba a punto de llegar al clímax, reteniendo el fluido caliente a la fuerza, obligándolo a acumular una agonía de placer insoportable. El chasquido húmedo de sus anatomías conectadas y los gemidos desvergonzados del artista crearon una sinfonía carnal frente al espejo.
Tras una eternidad de castigo y sometimiento de pie, Arlo consideró que la sumisión de su propiedad era perfecta. Incrementó la velocidad de sus embestidas, clavando sus dedos con una fuerza descomunal en las caderas de Gus.
—Córrete para mí, dócil. Ahora tienes mi permiso —ordenó Arlo con su voz gruesa y áspera cerca de su oído.
Gus soltó un sollozo largo y desgarrado. Sin la restricción de los hilos, su cuerpo se sacudió en un espasmo final tan violento que el cantante derramó todos sus fluidos calientes directamente sobre el cristal del espejo del tocador, manchando el reflejo de su propia rendición. Un segundo después, Arlo empujó por última vez, liberando su propio fuego líquido dentro del artista con un gemido ronco que retumbó en las paredes de la habitación. El doble lazo carmesí brilló con un resplandor rosa eterno en sus extremidades, sellando el control.
El camerino había recuperado una calma fría. Gus Fletcher dormía profundamente tumbado en el sofá de piel del camerino, completamente desmadejado, dócil y cubierto por la manta oscura. Su cuerpo lucía el mapa completo de las marcas de dientes, los chupetones morados y las huellas de los dedos de Arlo brillando bajo la penumbra.
Arlo Baxter permanecía de pie junto al gran ventanal que daba hacia el callejón trasero del teatro, vistiéndose con un pantalón negro limpio y una nueva camisa oscura. Se acomodó la funda de su pistola bajo el brazo con un movimiento experto e impecable, exhalando una densa nube de humo gris de su cigarrillo hacia el extractor de la habitación.
Bajó la vista hacia su mano izquierda. El hilo de energía carmesí continuaba allí, extendiéndose con flexibilidad por el aire del camerino, enroscado fuertemente alrededor de la muñeca del cantante, latiendo en perfecta sincronía y armonía con sus corazones acoplados.
Arlo sonrió de medio lado, una expresión de triunfo frío, letal y posesivo que demostraba que el juego de la dominación había terminado con una victoria absoluta. Gus Fletcher era la estrella más grande de la industria de la música, intocable para el mundo gracias a la masacre de los muelles y al respeto del viejo imperio Baxter, pero en la intimidad de las sombras, no era más que su sumiso más preciado. El lazo rojo los mantenía atados para siempre en una red de fuego, arte y sangre de la que ninguno de los dos hombres volvería a escapar jamás.
Fin.
*⚠️✨️**Mis preciosxs, esta historia llega a su fin. Dejen sus comentarios si les gusta este tipo de contenido y dejen sus estrellitas (que sean cinco, por fis🙈) ¿Alguna sugerencia para la próxima*?
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