Antes de que todo ardiera…
hubo un amor que nunca debió existir.
Un ser dividido entre la luz y la oscuridad.
Un alma incapaz de elegir entre lo que era… y lo que sentía.
Y en medio de todo… Nyra.
Ella no pertenecía a ese mundo.
Pero fue el error que lo cambió todo.
Lo que comenzó como una conexión imposible…
se convirtió en obsesión.
En traición.
En una herida que nunca dejó de sangrar.
Porque cuando llegó el momento de elegir…
alguien lo perdió todo.
Y años después…
el pasado no volvió para sanar.
Volvió para destruir.
Esta no es una historia de amor.
Es el origen de una guerra.
Del enemigo que nació del dolor…
y de la única persona capaz de detenerlo.
O de terminar de romperlo todo.
NovelToon tiene autorización de cristy182021 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 10
Hay momentos…
en los que ya no puedes ocultar nada.
Porque la verdad…
termina alcanzándote.
El camino a mi casa fue silencioso.
No incómodo.
Pero sí… cargado.
Demasiadas cosas sin decir.
Demasiadas cosas que sabíamos…
que ya no podían evitarse.
Nyra caminaba a mi lado.
Tranquila.
Pero no relajada.
Podía sentirlo.
—¿Siempre se siente así?
—¿Así cómo?
—Como si algo nos estuviera observando todo
el tiempo.
Silencio.
—No.
—Genial…
—Pero últimamente sí.
Eso no ayudó.
Nada.
—¿Tu casa… es segura?
—Lo más cercano a eso.
—No suena muy convincente.
—Es lo mejor que tengo.
Pequeña pausa.
—Entonces confío en eso.
Otra vez.
Siempre eso.
Confianza.
Y cada vez…
pesaba más.
Cuando llegamos…
Nyra se detuvo.
No por miedo.
Por impresión.
La casa no era normal.
Nunca lo había sido.
Pero ahora…
ella podía verlo.
Sentirlo.
—Esto…
—Sí.
—No es una casa común.
—No.
—Se siente diferente.
—Porque lo es.
Silencio.
—¿Tu familia está aquí?
—Siempre.
Eso la hizo mirarme.
—Eso no suena normal.
—No lo es.
Respiré hondo.
—Antes de entrar…
—¿Sí?
—No te asustes.
Nyra levantó una ceja.
—Eso es lo peor que podías decir.
—Lo sé.
—Pero gracias por el aviso.
Pequeña sonrisa.
Valiente.
Demasiado.
—¿Lista?
—No.
—Bien.
Y abrí la puerta.
El cambio fue inmediato.
El aire dentro…
no era como afuera.
Más cálido.
Más… vivo.
Pero también…
más pesado.
Como si cada rincón tuviera historia.
Poder.
Presencia.
Nyra dio un paso dentro.
Lento.
Observando todo.
—Wow…
—Sí.
—Esto es…
—Mucho.
—Demasiado.
Pequeña pausa.
—Y eso que apenas entras.
—Genial…
Pero no retrocedió.
Nunca lo hacía.
—Llegaste.
La voz de mi madre apareció desde el fondo.
Suave.
Pero firme.
Siempre así.
Nyra se tensó apenas.
—Tranquila.
—Lo intento.
Mi madre apareció.
Y como siempre…
su presencia llenó el espacio.
No miedo.
Pero sí… respeto.
—Gabriel.
—Mamá.
Su mirada pasó a mí…
y luego a Nyra.
Evaluando.
Sintiendo.
—Así que tú eres ella.
Silencio.
Directo.
Sin rodeos.
Nyra dio un pequeño paso al frente.
—Nyra.
Mi madre inclinó ligeramente la cabeza.
—Lo sé.
Eso…
no era normal.
—¿Cómo…?
—Lo siento.
Silencio.
—Claro que sí…
Nyra me miró apenas.
—Esto se vuelve cada vez más raro.
—Bienvenida a mi mundo.
—Gracias… creo.
—Pasa —dijo mi madre finalmente.
Y eso…
ya era algo.
Caminamos más dentro.
Pero no pasaron ni unos segundos…
cuando otra presencia apareció.
Más fuerte.
Más densa.
—Así que esta es la humana.
Mi padre.
Claro.
—Papá.
—Hijo.
Su mirada se posó directamente en Nyra.
Sin disimular.
Sin suavizar.
—Interesante.
Nyra se mantuvo firme.
Aunque podía sentir su tensión.
—Buenas tardes.
Mi padre no respondió de inmediato.
Solo la observó.
Como si intentara leer algo más profundo.
—No es normal.
Silencio.
—Gracias… —murmuró Nyra.
—No era un cumplido.
—Lo imaginé.
Eso…
casi me hace sonreír.
Casi.
—Basta —intervino mi madre—. No es momento.
—Siempre es momento de entender lo que
entra en esta casa.
—No es una amenaza.
—Aún.
El aire se tensó.
Otra vez.
—Papá.
—¿Qué?
—No.
Silencio.
Mi padre me sostuvo la mirada.
Y por un segundo…
todo se detuvo.
—Está bien.
Pero no sonaba convencido.
Para nada.
—Ven —dijo mi madre a Nyra—.
Eso la sorprendió.
—¿A dónde?
—A entender.
—Eso suena importante.
—Lo es.
Nyra me miró.
Dudando apenas.
—Ve.
—¿Seguro?
—Sí.
—No la dejes sola —añadió mi padre.
Eso…
no me gustó.
Nada.
Pero no dije nada.
—Voy a estar aquí.
Nyra asintió.
Y siguió a mi madre.
El silencio quedó.
Pesado.
Incómodo.
—¿Qué haces? —preguntó mi padre.
—¿A qué te refieres?
—A traerla aquí.
—No tenía opción.
—Siempre hay opciones.
—No esta vez.
Silencio.
—Está en el centro de todo.
—Lo sé.
—Y tú la acercas más.
—Ya está dentro.
—Entonces la expones.
—Ya lo está.
—Gabriel—
—No voy a alejarla.
—Deberías.
—No.
Silencio.
Otra vez.
—Esto no va a terminar bien.
—Lo sé.
—Entonces—
—Pero no voy a huir.
Eso lo hizo quedarse en silencio.
Evaluando.
Otra vez.
—Eres igual a ella.
—Lo sé.
—Eso no es bueno.
—Para ti tal vez.
Pequeña pausa.
—Para mí tampoco.
Pero aun así…
no iba a cambiarlo.
Mientras tanto…
arriba…
algo estaba ocurriendo.
Algo importante.
Algo que iba a cambiar todo.
Porque Nyra…
estaba a punto de descubrir…
que su vida…
nunca fue normal.
Nyra no sabía exactamente por qué…
pero en cuanto siguió a la madre de
Gabriel…
algo dentro de ella cambió.
No era miedo.
No del todo.
Era… reconocimiento.
Como si ese lugar…
esa energía…
le resultara extrañamente familiar.
Y eso…
no tenía sentido.
Subieron las escaleras en silencio.
Cada paso…
más pesado que el anterior.
—¿A dónde vamos? —preguntó finalmente.
—A un lugar donde no tengamos
interrupciones.
—Eso no suena tranquilizador.
—No lo es.
Honesta.
Directa.
Sin suavizar nada.
Eso…
le recordó a Gabriel.
Y de alguna forma…
eso la calmó un poco.
Entraron a una habitación.
No era un cuarto común.
No había decoración normal.
No había distracciones.
Solo símbolos.
Antiguos.
Delicados.
Brillando suavemente en las paredes.
—Wow…
—No toques nada.
—No pensaba hacerlo.
Mentira.
Sí lo había pensado.
Pero ahora…
no.
La madre de Gabriel cerró la puerta.
Y el sonido…
no fue normal.
Fue más profundo.
Más… sellado.
—¿Qué es este lugar?
—Protección.
—¿Contra qué?
—Contra todo lo que ya empezó a buscarte.
Silencio.
Esa frase…
no le gustó.
Nada.
—Entonces sí es verdad…
—¿Qué cosa?
—Que soy parte de esto.
—Sí.
Sin rodeos.
Sin duda.
Eso…
hizo que el aire se sintiera más pesado.
—Pero yo soy humana.
—Sí.
—Entonces no entiendo.
—Porque no es lo que eres…
—¿Entonces qué?
—Es lo que representas.
Silencio.
—Eso no ayuda.
—Lo hará.
Pausa.
—Con el tiempo.
—No quiero tiempo.
—Lo necesitas.
—Quiero respuestas.
—No todas pueden darse ahora.
—¿Por qué?
La madre de Gabriel la miró directamente.
Y esta vez…
no había suavidad.
—Porque si entiendes todo demasiado pronto…
te conviertes en objetivo.
Silencio.
—Más de lo que ya eres.
Eso…
la dejó completamente quieta.
—Entonces ya me están buscando.
—Sí.
—¿Cuántos?
Pausa.
—Más de los que imaginas.
—Genial…
Su voz fue apenas un susurro.
Pero no se rompió.
No aún.
—Escúchame bien, Nyra.
Levantó la mirada.
—No eres especial por poder.
—Entonces ¿por qué?
—Porque eres el punto de unión.
Silencio.
—No entiendo.
—Y no debes entenderlo todo aún.
—Eso no es justo.
—Esto nunca fue justo.
Pausa.
—Pero es real.
La madre se acercó un poco más.
—Tú no tienes poderes.
—Lo sé.
—Y eso no va a cambiar.
Eso…
la sorprendió.
—¿No?
—No.
Silencio.
—Entonces no soy como ustedes.
—No.
—Entonces ¿por qué…?
—Porque tú decides el equilibrio.
El mundo se detuvo.
—¿Qué?
—Sin saberlo…
sin quererlo…
tú eres el punto donde todo converge.
—Eso no tiene sentido.
—Lo tendrá.
—No quiero eso.
—Nadie lo quiere.
—Entonces quítamelo.
Silencio.
Esa petición…
no era posible.
—No se puede.
—¿Por qué?
—Porque no es algo que te dieron.
Pausa.
—Es algo que eres.
Silencio.
Pesado.
Profundo.
Irreversible.
Nyra dio un paso atrás.
Intentando procesar todo.
—Entonces…
—Sí.
—¿Todo esto… es por mí?
—En parte.
—¿Y Gabriel?
—También.
—¿Y Federico?
—Sí.
—¿Y el otro…?
Pausa.
—Especialmente él.
Eso…
la heló.
—No…
—Sí.
—Esto es demasiado…
—Lo sé.
—No estoy preparada para esto.
—Nadie lo está.
—Entonces ¿qué hago?
Silencio.
Y finalmente…
la respuesta.
—Sobrevivir.
Abajo…
yo lo sentí.
De golpe.
Un cambio.
Fuerte.
Directo.
—¿Qué está pasando?
—Ella está entendiendo.
—¿Eso es bueno?
—Nunca lo es al principio.
Silencio.
—¿Y después?
—Depende de si sobrevive.
Eso…
no me gustó.
Nada.
—No va a pasarle nada.
—Eso no depende solo de ti.
—Entonces lo haré depender de mí.
—No puedes controlar todo.
—No necesito todo.
—Solo lo suficiente.
Arriba…
Nyra respiraba más rápido.
Pero no corría.
No huía.
Se quedaba.
—¿Y Gabriel…?
—Es clave para protegerte.
—¿Solo eso?
Pausa.
—No.
—¿Entonces?
—Es el único que puede mantenerse entre lo
que eres… y lo que viene.
Silencio.
Eso…
lo cambió todo.
—Entonces si él falla…
—Todo falla.
Nyra cerró los ojos.
Solo un segundo.
Pero suficiente.
—No puedo dejar que eso pase.
—No puedes controlarlo todo.
—Pero puedo quedarme.
—Eso ya es mucho.
—No es suficiente.
—Para empezar, sí.
Abrió los ojos.
Y esta vez…
ya no había solo miedo.
Había decisión.
—¿Qué tengo que hacer?
La madre la observó.
Y por primera vez…
sonrió apenas.
—Aprender a no romperte.
El silencio en la casa…
no era normal.
Nunca lo era.
Pero ahora…
pesaba más.
Como si las paredes mismas supieran…
que algo acababa de cambiar.
Para siempre.
Cuando Nyra bajó las escaleras…
ya no era la misma.
No porque hubiera cambiado por fuera.
Sino por dentro.
En su mirada…
ya no había solo dudas.
Había comprensión.
Y eso…
era mucho más peligroso.
—Nyra.
Me levanté de inmediato.
Sin pensar.
Sin medir.
Solo… reaccioné.
Ella caminó hacia mí.
Más rápido de lo normal.
Y cuando llegó…
no dudó.
Se aferró a mí.
Fuerte.
Como si necesitara comprobar…
que seguía ahí.
Que nada se había roto.
Mis brazos la rodearon automáticamente.
Instinto.
Protección.
Necesidad.
—Estoy aquí —murmuré.
—Lo sé…
Pero su voz…
no era la misma.
—¿Qué pasó?
Silencio.
Sentí cómo respiraba más lento.
Intentando controlarse.
—Todo.
Eso…
no me gustó.
Nada.
—¿Qué te dijo?
Se separó apenas.
Lo suficiente para mirarme.
Y lo que vi…
confirmó todo.
—Que esto no es una coincidencia.
—Lo sé.
—Que todos vienen por lo mismo.
—Lo sé.
—Y que yo…
se detuvo un segundo.
—…soy el centro.
Silencio.
Pesado.
—No me gusta cómo suena eso.
—A mí tampoco.
—Pero es verdad.
Eso…
era lo peor.
—No tienes que cargar con eso sola.
—No lo estoy haciendo.
Pequeña pausa.
—Te tengo a ti.
Eso…
golpeó diferente.
—Siempre.
—Lo sé.
Y esa vez…
no hubo duda.
—¿Te dijo algo más? —pregunté.
—Sí.
—¿Qué?
Silencio.
Y luego…
la verdad.
—Que si tú fallas…
todo falla.
El aire se volvió más pesado.
—Eso no va a pasar.
—No puedes prometer eso.
—Puedo intentarlo.
—Eso no es suficiente.
—Para mí sí.
Silencio.
Pero ella negó suavemente.
—Para esto no.
—Entonces lo haré suficiente.
—Gabriel—
—No voy a fallar.
Esa vez…
no fue solo una frase.
Fue una decisión.
—No puedo perderte.
Eso salió sin filtro.
Sin control.
Y el silencio que siguió…
fue distinto.
Más profundo.
Más… real.
Nyra me miró.
Directo.
—No lo harás.
—No lo sabes.
—Sí lo sé.
—¿Cómo?
Pequeña pausa.
Y entonces…
—Porque no te voy a dejar hacerlo.
Silencio.
Eso…
lo cambió todo otra vez.
—Esto es más grande de lo que pensé
—añadió.
—Lo sé.
—Y no va a detenerse.
—No.
—Entonces tenemos que adelantarnos.
Eso me hizo fruncir el ceño.
—¿Qué?
—No podemos seguir reaccionando.
—Nyra—
—No.
Su voz fue firme.
Más de lo habitual.
—Si todos vienen por mí…
entonces tenemos que entender por qué.
—Ya lo estamos haciendo.
—No lo suficiente.
—Esto toma tiempo.
—No tenemos tiempo.
Silencio.
Esa parte…
dolía.
Porque tenía razón.
—Entonces lo creamos.
—Eso no es tan simple.
—Nada lo es.
—Esto es peligroso.
—Ya lo es.
Pausa.
—Pero prefiero saber…
que esperar a que algo peor pase.
Eso…
era ella.
Siempre.
—Está bien.
—¿En serio?
—Sí.
—¿Entonces qué hacemos?
Silencio.
Porque ahora…
la decisión ya no era solo mía.
Era de los dos.
—Aprendemos.
—¿Qué?
—Todo lo que podamos.
—Rápido.
—Juntos.
Pequeña sonrisa.
—Eso suena mejor.
—Lo es.
—No es suficiente.
La voz de mi padre interrumpió.
Otra vez.
Siempre.
—Nunca lo es.
—Entonces no pierdan tiempo.
Silencio.
—¿Qué sabes? —pregunté.
—Lo suficiente para decir que esto ya
empezó.
—Eso ya lo sabemos.
—No.
Pausa.
—Ustedes apenas lo están viendo.
Eso…
no me gustó.
Nada.
—¿Qué significa eso?
—Que no son los únicos moviéndose.
—¿Cuántos más?
Silencio.
—Demasiados.
Nyra tensó la mano en la mía.
—¿Y qué quieren?
—A ella.
Directo.
Sin rodeos.
—¿Todos?
—Por diferentes razones.
—¿Y cuál es la peor?
Pausa.
Y entonces…
—El que no necesita tocarla para destruir
todo.
El aire se congeló.
—Eso no suena bien.
—No lo es.
—Entonces tenemos que prepararnos.
—Sí.
—¿Cómo?
Mi padre me miró.
Y luego a Nyra.
—Entrenando.
Silencio.
—¿A los dos?
—A los dos.
Eso…
no estaba en el plan.
—Ella es humana.
—Y aún así es el centro.
—No puede—
—Tiene que.
Silencio.
Eso…
lo cambió todo otra vez.
—Está bien.
Dijo Nyra.
Sin dudar.
—Nyra—
—No.
—Esto es—
—Necesario.
Pausa.
—Si esto es por mí…
entonces voy a estar lista.
Silencio.
Esa decisión…
no tenía vuelta atrás.
—Entonces empezamos mañana.
—No.
Mi padre negó.
—Empiezan hoy.
El mundo no espera.
El peligro no avisa.
Y cuando eres el centro de todo…
no tienes opción.
Solo avanzar.
O caer.