A los quince años, Ian, un omega con sueños de grandeza, descubrió que su destinado era Eliah, el imperturbable delta y mejor amigo de su hermano. Tras años de rechazo, Eliah finalmente cede al cumplir Ian la mayoría de edad, iniciando un romance entre la estrella en ascenso y el arquitecto.
Sin embargo, a los diecinueve, una traición desgarradora empuja a Ian a huir sin mirar atrás. Cuatro años después, convertido en un ídolo musical de fama mundial, Ian regresa a casa. Eliah, atrapado entre el remordimiento y una obsesión que llama "destino", intentará recuperar lo que el tiempo y el dolor rompieron.
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Capitulo 14 el refugio de los disidentes
El amanecer se filtró por las rendijas de las persianas, Eliah, que apenas había pegado ojo, lo observaba fuera de las ventanas. El peso de lo ocurrido el día anterior —la huida, el cansancio acumulado y la confesión silenciosa de sus miedos— flotaba en el aire como partículas de polvo bajo el sol. Sabía que no podían quedarse en ese limbo para siempre. Su destino, aquel que le habían arrebatado entre traiciones y susurros a sus espaldas, seguía ahí fuera, esperando ser reclamado o destruido definitivamente.
Se levantó de la cama necesitaba movimiento, necesitaba estructura. El caos era un lujo que no podía permitirse si quería volver a la cima. Mientras se vestía, su mente trazaba un mapa de posibilidades. No era solo cuestión de fuerza; era cuestión de legitimidad. Y para recuperar su posición, debía volver al único lugar donde la jerarquía no se dictaba por el miedo, sino por un lazo que la sociedad tachaba de imposible.
Eliah sabía que su regreso al centro del poder debía ser quirúrgico. No podía aparecer simplemente y exigir su lugar; sus enemigos ya habrían sembrado suficientes dudas sobre su estabilidad. Su plan se dividía en tres fases críticas:
Consolidación de Alianzas: Debía contactar a los pocos leales que no se habían vendido al mejor postor.
Desinformación Controlada: Filtrar rumores sobre su paradero que alejaran a los rastreadores de Ian, protegiendo al chico mientras él se exponía.
El Aval del Origen: Obtener el respaldo público y logístico de su familia, la prueba viviente de que las estructuras tradicionales podían ser desafiadas sin romperse.
El trayecto hacia la finca de sus padres fue un ejercicio de nostalgia y tensión. La propiedad estaba oculta tras una cortina de robles antiguos, un bastión de piedra y cristal que desafiaba el paso del tiempo. Al cruzar el umbral, el ambiente cambió. No había la competitividad eléctrica que solía rodear los edificios gubernamentales o las sedes de las grandes castas. Aquí, el aire era denso, tranquilo y extrañamente equilibrado.
Sus padres eran, para muchos, un mito o un escándalo olvidado. Su madre era un Alfa de linaje puro, un hombre cuya mera presencia solía silenciar habitaciones enteras, pero que había elegido una vida fuera de las intrigas políticas. Su padre era un Delta, alguien que, según los manuales de la sociedad, debería haber sido un subordinado, pero que caminaba con una dignidad que desarmaba a cualquier crítico.
Al entrar al salón principal, los encontró compartiendo un té. No había una mesa de mando entre ellos, solo una pequeña mesa de madera donde sus manos se rozaban con una naturalidad.
—Has tardado más de lo que esperaba, Eliah —dijo su madre. Su voz, una mezcla de terciopelo y acero, no contenía reproche, solo una observación clínica. Se puso en pie, y su aura de Alfa llenó la estancia de inmediato. No era una presión opresiva, sino un refugio sólido.
Su padre, el Delta, le dedicó una sonrisa cansada pero cálida.
—Mira qué aspecto traes, hijo. Parece que has estado peleando con sombras —comentó su padre, acercándose para ponerle una mano en el hombro.
A pesar de las leyes no escritas que decían que un Delta jamás podría sostenerle la mirada a un Alfa sin sumisión, su padre lo hacía con la frente en alto, apoyado por el amor incondicional de su esposo. Eran un matrimonio sólido, una anomalía que demostraba que el orden natural era, a menudo, una construcción humana para justificar el control.
—Necesito vuestra ayuda —admitió Eliah, su voz quebrándose ligeramente por primera vez—. No solo para volver. Necesito los recursos para limpiar mi nombre y... para proteger a alguien.
Su madre se acercó a él, rodeándolo con ese aroma a cedro y tormenta propio de su rango.
—Ese "alguien" es la razón por la que tus ojos han perdido el brillo, ¿verdad? —preguntó el, clavando su mirada en la de su hijo—. Eliah, recuperar tu destino no significa volver a ser el títere de una jerarquía que desprecia lo que nosotros somos. Si quieres nuestro apoyo, debes estar dispuesto a quemar el trono si es necesario para construir algo nuevo.
Su padre asintió, colocándose al lado de su esposo. La imagen era poderosa: el Alfa y el Delta, mano a mano, sin prejuicios que los separaran.
—Toda la logística de la finca, los contactos externos y mi red de información están a tu disposición —dijo su padre con firmeza—. Pero no lo hagas por orgullo. Hazlo por el futuro que quieres tener con ese chico.
Eliah sintió cómo el plan en su cabeza cobraba una dimensión diferente. Ya no era solo una reconquista; era una revolución personal.Eliah comprendió que su mayor arma no era su rango, sino la capacidad de amar y ser amado contra todo pronóstico, tal como lo hacían los dos pilares que tenía enfrente.