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Destino Póstumo

Destino Póstumo

Status: En proceso
Genre:Yaoi / Traiciones y engaños / Omegaverse
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Marcela Salazar S.

Carlos sortea con re descubrir el amor, luego de haber sido casi desmoronando al ser repudiado por su pareja. el destino toca a su puerta nuevamente, lo dejará entrar ?

NovelToon tiene autorización de Marcela Salazar S. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

ataque de pánico

Carlos caminaba de un lado a otro en su oficina. Sus pasos eran cortos, rápidos, como los de un animal enjaulado.

¿Había hecho bien?

Se detuvo frente a la ventana. Afuera, la noche caía sobre la ciudad. Las luces de los faroles se encendían una a una, indiferentes.

¿Y si ahora se habían dado cuenta de que no había muerto?

Sus dedos subieron al cuello. Tocaron la piel donde una vez estuvo la marca. La mordida. La unión forzada.

¿Y si ahora venían por él?

El pensamiento fue como un puñetazo en el pecho. Su respiración comenzó a acelerarse. Inhalaba y exhalaba, pero el aire no llegaba. Era como si alguien hubiera cerrado un puño alrededor de sus pulmones.

Las palpitaciones llegaron después. El corazón le golpeaba las costillas como un pájaro atrapado en una jaula. Ta-ta-ta-ta-ta. Demasiado rápido. Demasiado fuerte.

Las manos le comenzaron a temblar. Las miró como si no fueran suyas. Abrió los dedos. Los cerró. No los controlaba.

—No —susurró—. No otra vez.

Se apoyó en el escritorio. La madera fría bajo sus palmas. Pero el mareo llegó igual. El mundo comenzó a girar. Las paredes se acercaban. El techo bajaba. Todo era demasiado pequeño, demasiado apretado.

Voy a morir, pensó. Ahora mismo. Aquí.

El hormigueo le subió por los brazos. Le llegó a las manos. A los dedos. Como si miles de agujas le pincharan la piel.

Intentó gritar. Intentó llamar a Gabriel. Pero su garganta estaba cerrada. Solo salió un gemido ahogado.

Sus piernas flaquearon.

Cayó al suelo.

El golpe fue sordo. La alfombra amortiguó la caída, pero su cuerpo temblaba sin control. Se encogió sobre sí mismo, abrazándose las rodillas, meciéndose hacia adelante y atrás como un niño asustado.

No quiero morir. No quiero morir. No quiero.

El pensamiento se repetía una y otra vez, como un disco rayado.

---

Gabriel escuchó el estrépito desde la recepción. Un golpe seco. Algo que cayó al suelo.

—¿Jefe? —llamó, sin respuesta.

Corrió por el pasillo. Empujó la puerta de la oficina.

Carlos estaba en el piso. Encogido. Temblando. Su respiración era un jadeo entrecortado, como si estuviera respirando a través de una pajilla.

—¡Jefe!

Gabriel se arrodilló a su lado. No lo tocó. Sabía que en esos momentos el contacto podía empeorar las cosas. En lugar de eso, se sentó frente a él y comenzó a hablar en voz baja.

—Jefe, soy Gabriel. Está en su oficina. En la funeraria. Está a salvo. Nadie va a hacerle daño. Respire conmigo. ¿Sí? Inspire... expire... despacio...

Carlos no respondía. Sus ojos estaban abiertos pero no veían. Estaban fijos en algún punto del vacío, en algún lugar que solo él podía ver.

Gabriel esperó. Minutos. Una eternidad.

Poco a poco, los temblores comenzaron a cesar. La respiración se hizo menos agitada. Los ojos de Carlos empezaron a enfocarse.

—Gabriel... —susurró, con la voz rota.

—Estoy aquí, jefe. No voy a dejarlo solo.

Gabriel lo ayudó a levantarse. Carlos pesaba más de lo que aparentaba, o quizás era que sus piernas aún no respondían. Caminaron juntos por el pasillo. Subieron las escaleras. Llegaron a la habitación de Carlos.

Gabriel lo acomodó en la cama. Le quitó los zapatos. Le subió las mantas hasta el pecho.

—Tome esto —dijo, alcanzándole el frasco de pastillas que estaba en la mesita de noche—. Le va a ayudar a dormir.

Carlos tomó el medicamento con manos temblorosas. Tragó la pastilla con un poco de agua.

—No te vayas —pidió, con una voz que no era la suya. Una voz pequeña. Asustada.

—No me voy —respondió Gabriel—. Me quedo aquí, en la silla. Si me necesita, solo tiene que llamarme.

Carlos asintió. Cerró los ojos.

El sueño llegó rápido. El medicamento hizo efecto en minutos. Su respiración se volvió profunda, regular. Pero su rostro, incluso dormido, conservaba una mueca de dolor.

---

En ese sueño profundo provocado por el medicamento, Carlos comenzó a revivir su horrible pasado. El que había tratado de olvidar durante tanto tiempo.

—Chicos, les pido que hagan grupos de 3 para este proyecto —dijo la profesora, mirando por encima de sus gafas—. Y alguien integre a Carlos, ya que llegó hace poco y no está familiarizado.

Carlos bajó la cabeza. Odiaba estos momentos. Los trabajos en grupo. Las presentaciones orales. Tener que hablar con personas que no conocía. Su timidez era una losa que arrastraba desde niño.

Se acercó a él un chico de sonrisa amplia. Piel color trigo. Ojos azules. Pelo negro, ligeramente ondulado, cayendo sobre la frente. Era alto. Más alto que Carlos. Y su presencia llenaba el espacio como si le perteneciera.

Esteban.

—Hola —dijo, con una voz que sonaba segura, acostumbrada a ser escuchada—. ¿Te quieres unir a nuestro grupo?

Carlos lo miró. Sus mejillas se calentaron al instante. Este chico era muy guapo. Demasiado guapo. Tenía ese tipo de belleza que intimidaba, que hacía sentir pequeño a los demás.

Quiso decir que sí. Abrió la boca. Pero ninguna salió. Sus nervios y su pena no lo dejaron hablar.

—¿Oye? —insistió Esteban, inclinando la cabeza—. ¿Estás bien?

Carlos asintió. Pero no dijo nada. Solo bajó la vista y se quedó en silencio, deseando que el suelo se lo tragara.

Otras chicas se acercaron. Vieron a Carlos sonrojado y mudo, y sonrieron con complicidad.

—Ven con nosotras, Carlos —dijo una de ellas, tomándolo del brazo—. Nos falta una persona.

Carlos asintió agradecido. Se fue con ellas, sin mirar atrás. No vio la expresión de Esteban. No vio cómo su sonrisa se torció ligeramente. Cómo sus ojos azules se oscurecieron con algo que no era enojo, sino curiosidad.

Nadie le decía que no.

---

Los días siguientes fueron un calvario.

Esteban comenzó a seguirlo. No de forma amenazante. Al principio, casi parecía casualidad. Lo interceptaba en la cafetería, justo cuando Carlos iba a sentarse solo.

—¿Este asiento está ocupado? —preguntaba, con esa sonrisa amplia.

Carlos negaba con la cabeza, recogía sus cosas y se iba a otro lado.

Lo interceptaba en los descansos, apoyado en la pared junto a la puerta del salón.

—Oye, Carlos. ¿Viste el partido de ayer?

Carlos murmuraba algo ininteligible y se escabullía entre la gente.

Lo interceptaba a la salida, justo cuando Carlos creía que había logrado escapar.

—¿Te llevo a tu casa? Mi auto está estacionado afuera.

Carlos negaba con la cabeza y caminaba más rápido. Casi corría.

Siempre terminaba huyendo.

No era que no le gustara Esteban. Todo lo contrario. El chico era guapo, carismático, popular. Todos querían estar cerca de él. Y Carlos... Carlos era tímido, callado, invisible. No entendía por qué alguien como Esteban se fijaba en alguien como él.

Sus nervios y su pena no lo dejaban dirigirle una palabra. Aunque por las noches, en la cama, daba vueltas pensando en sus ojos azules. En su sonrisa. En la forma en que decía su nombre.

"Carlos."

---

Pero esta persecución tenía a Esteban muy confundido.

Se notaba que le gustaba a Carlos. Las mejillas sonrosadas. La mirada esquiva. La forma en que sus manos temblaban cuando se acercaba. Todo indicaba que el chico tímido sentía algo.

Pero nunca aceptaba nada. Nunca se quedaba. Nunca hablaba.

Y eso... eso irritaba a Esteban.

Porque Esteban estaba acostumbrado a ganar. Tenía tácticas de conquista. Dedicaba canciones. Regalaba flores. Susurraba palabras bonitas al oído. Y no importaba si era alfa, beta u omega. Todos caían. Todos.

Así de grande era su ego.

Nadie nunca lo había rechazado.

Y por eso, más que el interés genuino, lo que movía a Esteban era la curiosidad. El desafío. La necesidad de demostrarse a sí mismo que podía tener a cualquiera. Incluso al chico tímido que se sonrojaba y huía.

---

Al final, decidió acorralar a Carlos.

No directamente. Eso sería demasiado obvio. En lugar de eso, fue a buscar a una de las amigas de Carlos. Una chica que sabía que estaba enamorada de él. La había visto mirándolo en los pasillos, sonrojándose cuando él pasaba, riendo demasiado fuerte cuando él hacía un chiste.

Fue fácil. Solo bastó una sonrisa y una mirada para que ella accediera a todo.

—Invita a Carlos a tu casa —le dijo Esteban, con esa voz que usaba cuando quería conseguir algo—. No importa la excusa que uses para llevarlo. Dile que necesitas ayuda con una tarea. Que tu familia no está. Lo que sea.

—¿Y qué gano yo? —preguntó la chica, aunque ya se notaba en sus ojos que iba a aceptar.

—Salgo contigo —respondió Esteban, sabiendo que esa era la moneda que ella quería—. Una cita. A donde quieras.

La chica aceptó al instante.

Esteban sonrió. Utilizó el hecho de que ella estaba enamorada de él para lograr su objetivo. No le importaba. Al final, todos eran piezas en su tablero.

Pronto, Carlos estaría solo con él.

Y entonces, por fin, tendría lo que quería.

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Maru Sevilla
Espero que tengan una buena vida pronto 🥰
Maru Sevilla
Que buenos personajes 🥰🥰🥰🥰
Maru19 Sevilla
Bravo!!!! Así se hace, arriba el Omega!!!👏👏👏👏
Maru19 Sevilla
Hay no!!!!😭
Maru19 Sevilla
Que terror 😱
Maru19 Sevilla
Madres!!! de dónde salió este loco?
la potaxia 63
🥰🥰🥰
Maru19 Sevilla
Me quedo con el Jesús en la boca!!!!! Por favor que lo encuentren rápido 😭
Maru19 Sevilla
Que giro de la historia /Panic/
Maru19 Sevilla
Que mala noticia, de tu percance😭😭😭 cuídate mucho autora, lo primero siempre serás tú, gracias por tu información, esperaré tu pronta recuperación 🥰🥰🥰🥰 Mejórate pronto ❤️❤️❤️❤️
Maru19 Sevilla
Muy bonita novela , ojalá ya atrapen al maldito Esteban/Left Bah!/
Maru19 Sevilla
Pero Gabriel no cerró la puerta /Facepalm/
Maru Sevilla
Bravo por Gabriel 👏👏👏👏
Maru Sevilla
Que bueno!!! ya era hora una mano amiga
Maru Sevilla
Que buena historia!!! Más capítulos autora por favor 👏👏👏👏
Maru Sevilla
Maldito enfermo!! Que ganas de horcarlo
Maru Sevilla
Que mala suerte que ahí estuviera el maldito 😭
Maru Sevilla
Que bueno que Carlos se defiende, porque no hay quien lo ayude 😭
Maru19 Sevilla
La abuela actuó por egoísmo, por no quedarse sola, mensa era más fácil castrarlo y matarlo
Maru19 Sevilla
Yo mataba a Esteban, muriendo El se corta el vínculo y lo desangraria
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