Florecía Lopez descubre el cruel engaño de su esposo Armando Paredes y es asesinada de una forma macabra, ella pide con todas sus fuerzas otra oportunidad para vengar a su familia y sus ruegos son escuchados. ¿Lograra vengarse de Armando y su familia? ¿Encontrara el verdadero amor y la felicidad para su madre?
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Capitulo 4
#Conociendo a la tia Isabel
Desperte agitada, soñe con mi vida de mi realidad mas moderna, donde mi esposo me engañaba, me entere por una llamada de su amante que era mi mejor amiga de la universidad y no veia hace años, tenia miedo de que dormir con mis abuelos y este en el cuerpo de mi madre, todo fuera un sueño, estaba sola en esa cama grande. Recorde que la amante de mi esposo me aventó contra el mueble cuando los descubri en pleno acto, el golpe me hizo sangrar y casi perder a mi bebe, que mi esposo al enterarse la dejaba a ella y por eso ella cayo en el hospital para deshacerse de mi y quedar con mi esposo, pero yo ya no lo queria, me habia engañado.
Me levante despacio, con miedo de encontrarme con mi esposo, pero al salir veo a mi tío Angel, mas joven, elegante de traje.
-Hola hermanita... Esta nota te envia Rodrigo. Me dijo nervioso, como si esa tarea le disgustara.
-¿Quién es? Le pregunte.
Fruncio el ceño y sonrio de manera seca.
-Es mi amigo... Por él que me persigues a diario enviandole recados...
-No quiero nada de él...
-¿Qué? Indago perplejo.
No pude aguantar y lo abrace, le di un dulce beso en la mejilla.
-¿Qué haces?...
-Te quiero... Gracias por ser bueno conmigo. Le dije.
Recordé que mamá Trinidad, me dijo que solo su hermano Angel, la supo comprender y por mucho tiempo la apoyo, hasta mintio que yo era hija de él, para que a mamá no la menosprecien.
Ahora tenia la oportunidad de redimir a mi madre que fue injustamente engañada y tachada de facil, avergonzada ante todos, por lo que tuvo que huir e ir a vivir al lugar donde vivian mis bis abuelos, trabajando de sol a sol, sin poder dar la cara por años hasta que se caso, obligada, para dejar de ser una vergüenza.
-¿Qué?...
Indago con sorpresa.
-No dejes de estudiar... Ten siempre buenas notas... Asi te daran una beca para estudiar informatica... Ademas estudia ingles... Para cuando viajes al extranjero... Asi seras un excelente profesional...
-¿De qué hablas? Indago sin entender.
-Trinidad... Vamos. Escucho la voz de una mujer.
Me gire a mirar, no tenia idea de quien era.
-Tia Isabel. Dijo el ahora mi hermano, que en el futuro es mi tio.
-Angel... Ve a estudiar... Ahora solo con Trinidad voy a hablar. Le dijo seria.
Era una mujer, de semblante serio, tenia cierto parecido a mi abuelo, tan solo que era muy mayor, segun recuerdo mi abuelo tenia 14 hermanos, mi abuelo fue el primer varon despues de cinco mujeres.
-Hermana que te trae por aqui. Escuche que aparecio mi abuelo, Celestino, a quien debo recordar decir papá.
-Deja las formalidades para despues. Le respondio.
Me miro seria.
-Que esperas para venir. Me pregunto impaciente.
Asentí siguiendola. Ingresamos en lo que parecia una biblioteca, vi un escritorio y sobre el una maquina de escribir, me apresure a mirarla, era idéntica a la que mi abuelo, Celestino, tenia guardado en el deposito como reliquia.
-Guau, que antiguedad. Dije sin querer y me sente a escribir y sonreir.
-Ja, ja, asi que desde siempre se trancaba la A. Exprese al no poder hundirla.
La tia me miro con los ojos abiertos, al notar su expresión trato de disimular.
-Bebamos un te. Me dijo, la mire sin entender la razón.
-¿De qué sabor?... El de frutos rojos me gusta. Le dije.
Ella suspiro como si le recorriera un escalofrío y la segui a la cocina.
-Bien, prepara el te. Me dijo.
-Entonces no era una invitación, si querias solo debias decirlo, y no invitarme para que al final lo haga. Le dije molesta.
Ella se quedo con la boca abierta, por mi respuesta. Carraspeo nerviosa.
-Si te pido solo obedece. Refuto gruñona.
-Si me pides amable lo hago, no necesitas ser gruñona.
-Por dios criatura, solo hazlo. Me señalo.
Me gire a mirar esa cocina de hierro.
-Esta tenia mi abuela, recuerdo que siempre se quejaba de que se llenaba de ollin, pero con solo ventilar la casa, aunque tardaba mucho en prender, pero me enseño un secreto. Dije poniendome en marcha a preparar todo, sonrei al ver la pava enorme, me traia gratos recuerdos de mi abuela, Hilda.
Mi abuelo Celestino, ingreso a la cocina.
-¿Qué haces mi hija? Indago.
-Prepara te. Le respondio mi tia.
-Te preparare el mate que tanto te gusta, se que siempre te quejabas que no sabian como hacerlo. Le respondi.
Al girar note que me miraban con sorpresa.
-¿Dije algo incorrecto? Indague.
-No, sobrina, sigue. Me señalo la tia por lo que procedí en mí preparación.
Encontre unas mentas y las inhale alegre, ese aroma tan singular que era de mi abuela, unas cascaras de naranja secas, no habia en saquitos como acostumbraba, pero sabia como debia dejar reposar y luego filtrar, lo aprendi observando a mi abuela, Hilda, antes la criticaba, pero extrañe despues cuando ella ya no estaba presente.
A mi abuelo, Celestino, le hice su mate espumoso con diferentes remedios como le solia gustar, le servi primero, siguiendo todo el proceso como él se lo hacia, no podia creer que esos recuerdos me invadan.
Se lo pase, él lo agarro con las manos temblando, le dio el primer sorbo.
-¿Qué tal? Le pregunte con una sonrisa.
Él carraspeo nervioso.
-Es... Es perfecto. Me dijo y note una emoción en su voz.
La tia, Isabel, sirve el te, apenas cubria el fondo y me señalo que tome.
-Falto colarlo, tiene las hojas al fondo. Le observe.
-Solo bebe. Me dijo impaciente.
-No confias que lo hice bien, pues te demostrare que es rico, me recuerda a una tia que me contó mamá que era quisquillosa por todo y todos decian que era asi por ser soltera, pero la verdad era que su verdadero amor se fue para ser policia, pero tiempo despues supo que su padre fue quien lo mando lejos a proposito porque habia rumores de que ella era un tipo de bruja, aunque ese era de algo que no podían hablar.
Dije como si se me soltara la lengua, al mirarlos ellos estaban atónitos, por lo que tome el te y deje la taza con una sonrisa, sin decir nada mas. Debia pensar antes de hablar o meteria la pata.
La tia agarro la taza de donde bebí té, con las manos temblorosas, su rostro palidece, no entendia que pasaba.