NovelToon NovelToon
CREI AMAR A MI ESPOSA

CREI AMAR A MI ESPOSA

Status: En proceso
Genre:Sustituto/a / Novia sustituta / Traiciones y engaños
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Mel G.

Gabriela y Gonzalo apenas llevan poco de casados, pero su matrimonio se verá amenizado cuando Gabriela decide la tontería de intercambiarse con su hermana gemela, quien no es precisamente buena y que, además, está en prisión. ¿Podrá su matrimonio sobrevivir? ¿Podrá Gonzalo darse cuenta de quién está frente a él?

NovelToon tiene autorización de Mel G. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EXPECTATIVA

...GABRIELA:...

Aún me tenía tomada por la cintura.

—Disculpa —mis manos se posaron en sus brazos.

—Está bien —mostró una vez más esa sonrisa hermosa que le llegaba hasta los ojos—. No te preocupes.

Me incorporé.

—¿Estás bien? —me preguntó.

—Sí, descuida.

Me sudaban las manos; de pronto, los guantes me parecieron excesivos. No sabía qué me pasaba, estaba demasiado nerviosa.

—¿Entramos?

Asentí y él me abrió la puerta. Nos recibió un hombre.

—¿Mesa para dos?

—Sí, por favor —dijo, posando su mano suavemente en mi espalda.

Un escalofrío me recorrió. ¿Era muy tenton o simplemente yo estaba demasiado sensible? Giré un poco el rostro y me topé con sus ojos; sonreí nerviosa y él me devolvió el gesto.

El chico volvió.

—Su mesa ya está lista.

Camine hacia donde indicó el mesero y el me siguió. Cuando llegamos, me ayudó con la silla. Hasta el momento, sumaba puntos; me estaba empezando a gustar. Tomó asiento frente a mí.

El mesero nos dejó la carta y se retiró, dándonos unos minutos para decidir.

—El lugar es muy bonito, jamás había venido —dije.

—Me alegra que te guste. No sabía qué te apetecía cenar; aquí hay mucha variedad, por eso lo escogí.

Me limité a darle las gracias. La verdad era que yo era bastante sencilla: me gustaban las cosas simples y rápidas. Mi trabajo absorbía casi todo mi tiempo… o tal vez yo no me daba espacio para más.

La carta tenía de todo: cortes de carne, mariscos, sushi, hamburguesas, opciones veganas y vegetarianas. Pero en cuanto mis ojos se posaron en la sección de pizzas, supe que quería una de inmediato.

Está bien, pide algo más simple… ¿una hamburguesa? Algo que no implique comer con las manos, pensé, indecisa. Me quedé demasiado tiempo mirando esa sección. Podía pedir lo que quisiera, no tenía que impresionar a nadie.

Está bien, no importa. Después puedo comer lo que quiera.

El mesero volvió para tomar la orden.

—¿Se encuentran listos?

—Sí —cerró Gonzalo el menú—. Me gustaría ordenar una pizza, por favor.

Mis ojos se fijaron en él al instante.

—¿Y para la señorita…?

Me quedé en silencio un segundo.

—Gaby, ¿te gustaría ordenar algo más? Si quieres, podemos compartir.

—Una hamburguesa con papas, por favor —dije, ahora con más seguridad.

Ordenamos también bebidas, y poco después otro camarero nos ofreció vino. Aceptamos ambos.

Hubo un silencio breve, un poco incómodo. Nuestras miradas se cruzaron y suspiré.

—Lo siento, estoy un poco nerviosa —admití, dando un sorbo a mi copa.

—Mentiría si dijera que yo no lo estoy —respondió—. La verdad, me sorprendió que me llamaras hoy… después de tu casi negativa esta mañana.

Su comentario me hizo reír.

—No fue una negativa…

—¿Ah, no? —alzó las cejas.

—Solo me sorprendió que dijeras que querías verme otra vez.

—¿Por qué? —preguntó, genuinamente confundido.

Tal vez porque parecía un sonámbulo andante, llevaba un suéter enorme y yo tenía dos días sin bañarme, pensé.

Me encogí de hombros.

—No lo sé… simplemente no lo esperaba.

—Pues me alegra que haya sido hoy —dijo con sarcasmo—, porque no sé si habría podido dormir sin saber si me llamarías.

—Entonces, suerte que lo hiciera hoy… aunque no iba a hacerlo.

Se sorprendió.

—¿No ibas a llamarme?

—No… bueno, sí. Es que mi amiga marcó tu número cuando lo vio y…

—O sea que fue tu amiga —dijo, tratando de comprender —, no tú.

Ay, Gabriela…

—Sí iba a llamarte, solo que no hoy.

—Entiendo —su expresión se volvió seria, tal vez un poco desilusionada.

—Había trabajado muchísimo y estaba cansada —me apresuré a decir—. Iba a llamarte otro día.

Era verdad. Me había gustado desde ese primer encuentro.

—¿Y por qué aceptaste hoy, entonces?

—Porque no quería perder la oportunidad.

Y ahí estaba de nuevo esa sonrisa que me derretía.

—Pudiste haberte preparado mejor —bromeó—. Te di todo el poder.

—Y me gustó sentirme poderosa —sonreí.

—Eso me pone en una posición vulnerable.

—Tranquilo —dije—, cuidaré de ti.

Ambos reímos, y a partir de ahí la conversación fluyó con naturalidad. Supe que se apellida Tanori, que su color favorito es azul, que ama los cortes de carne como todo adulto responsable —lo que me hizo preguntarme por qué pidió pizza—. No tiene hijos, tiene dos hermanas menores. Su padre murió hace un par de años. Y entonces lo dijo:

—Soy psiquiatra.

—¿O sea que toda esta cita me has estado psicoanalizando? —pregunté.

—No —respondió—. Eso sería poco ético. Uno no va por la vida analizando a las personas.

—Menos mal.

—Pero…

Lo miré.

—No puedo evitar notar algunos gestos.

—¿Como cuáles? —reí, nerviosa.

Me miró directo a los ojos y sostuvo la mirada, con un dejo de descaro. Su expresión se volvió más intensa, más oscura, y su voz bajó de forma inquietante.

—Cómo cuando tus mejillas se enrojecen cuando digo algo que te sonroja —me quedé inmóvil—, cómo acomodas tu cabello detrás de la oreja cuando te incomodas ligeramente, o cómo muerdes tu labio inferior cuando no sabes si hablar o callar. Justo como ahora.

Me estaba mordiendo el labio.

Negué con la cabeza, completamente sofocada por lo que decía.

—¿Te parezco muy directo?— preguntó

—Tal vez un poco.

Seguimos conversando. Me hacía reír, me escuchaba, y no se sorprendió cuando notó que podía comer media pizza y todavía una hamburguesa con papas. Preguntó por mi trabajo, pero fui breve, tal como lo había acordado con Zoé.

Terminamos de cenar riendo demasiado… o tal vez era solo yo. El vino definitivamente se me había subido un poco.

Hasta que todo explotó.

—Te aviso que estoy a punto de volverme insoportable —le dije.— Sobre advertencia no hay engaño.

—Te recuerdo que soy psiquiatra —respondió—. Puedo con eso.

Tomé un tenedor como si fuera a pelear con él.

—Dijiste que no me analizabas —entrecerré los ojos, alzando una ceja.

—No lo hago —se encogió de hombros.

Bebió un sorbo de su bebida.

—Eso explica por qué sigues saliendo con gente mentalmente inestable como yo.

No sé qué fue exactamente lo que le provocó mi comentario, pero el vino salió disparado por su nariz, manchándolo todo.

Yo exploté en carcajadas.

—Estás… —no podía parar de reír.

—Ay, arde —dijo entre risas y quejas, limpiándose con una servilleta.

—Lo siento —jadeé, todavía riendo.

Un mesero se acercó.

—¿Se encuentra bien, señor?

—Sí, sí… todo bien.

Yo intentaba contener la risa. No sabía quién estaba más avergonzado, si él o yo.

Después de eso, decidimos retirarnos.

—Esta es, sin duda, una de las peores vergüenzas de mi vida —dijo.

—Lo siento, jamás imaginé que eso pudiera pasar.

—Descuida.

Sonreía. Dios, cómo sonreía.

—Creo que esto es todo por hoy —dije nerviosa, como si el vino se me hubiera bajado mágicamente.

—Me gustaría…

Unas personas nos interrumpieron.

—¿Arlet Valencia? ¿Eres tú? ¿Podemos tomarnos una foto contigo?

Gonzalo se quedó desconcertado.

—Lo siento, no soy Arlet —respondí—. Soy su hermana.

—Aun así, ¿podemos tomarnos una foto contigo?

Los vi, emocionados, con los teléfonos listos.

—Está bien.

Me quité las gafas y me tomé la foto con cuatro chicos.

—¿Me perdí de algo? —preguntó Gonzalo cuando se fueron.

—¿No te mencioné que tengo una hermana gemela?

Se sorprendió.

—No. Omitiste ese pequeño detalle.

—Arlet es actriz y cantante. Su carrera está empezando a despegar, por eso últimamente pasa esto más seguido de lo que me gustaría.

Busqué una foto en mi teléfono y se la mostré.

—Es ella. Acaba de protagonizar una película que se vendió muy bien.

—Ah, claro. La reconozco —asintió—. Solo que se ven tan distintas.

Me sorprendió. Normalmente nos decían idénticas.

—Debe ser el maquillaje… y que ella es rubia —resté importancia.

Me miró de nuevo.

—Me gustaría que me acompañaras a un lugar. Algo más íntimo.

Ay, Dios.

¿Más íntimo?

¿Qué tan íntimo?

¿El quiere tener sexo tan pronto?

¿Y yo?

¿Estoy lista? ¿Me peiné bien? ¿Por qué acepté vino? ¿Por qué pedí hamburguesa?

—Está bien —respondí, intentando sonar calmada.

Trajeron su auto y me abrió la puerta.

Relájate, Gabriela.

Respira.

Tal vez solo es un café…

¿O no?

Me subí.

...****************...

...GONZALO:...

Íbamos en el auto y todo lo que había logrado para que se sintiera cómoda se fue por la borda de un momento a otro. Pero esta vez no supe por qué.

Pasaba las palmas de las manos por lo largo de sus muslos, una y otra vez, quizá sin darse cuenta de que ese gesto la delataba.

Suspiré, frustrado. No quería que eso arruinara el lugar al que íbamos.

¿Qué estará pasando por su cabeza?

—Entonces… ¿tu hermana y tú pueden comunicarse telepáticamente o algo así? —dije.

Sabía que eso era imposible.

—¿Qué? —me miró por fin. Sonrió—. Sabes que eso no es posible.

—Tal vez tienen algún tipo de conexión —insistí—. Nunca he estudiado cerebros de gemelos, podría ser mi oportunidad.

Me arrepentí en cuanto lo dije.

—Y aunque no fue eso lo que quise decir… ya es demasiado tarde.

Ella soltó una carcajada.

—Es lo más estúpido que has dicho en toda la noche —dijo—. Y eso es bueno.

—¿Por qué?

—Porque así veo que no eres perfecto.

Después de eso se relajó.

Y justo eso era lo que quería lograr.

Ella me había cautivado en todos los sentidos desde el momento en que la sostuve al chocar en la puerta. Desde la conversación y la sinceridad con que se movía. Estaba vestida hermosa, impecable… aunque algo dentro de mí esperaba verla como esta mañana: tan ella, tan desprevenida.

Entendía que no era el atuendo apropiado para una primera cita, pero había algo en cómo se veía entonces que se me había quedado grabado. Cómoda, segura y hermosa.

Llevaba unas botas largas, por debajo de la rodilla, y una falda que dejaba al descubierto sus piernas. Me tensé apenas mi vista se posó ahí. Un suéter pequeño, a juego con la falda, y un abrigo gris que contrastaba con el blanco de su ropa.

Esta mañana se veia cómoda y segura.

Muy diferente hoy, estuvo nerviosa y anticipaba las posibles desastres que pudieran ocurrir.

Aun así, no mermaba su belleza.

Como lo pensé desde el principio:

hermosa.

Continuamos por el camino y se me estaba complicando. Ni siquiera debería estarlo pensando.

La vi acomodarse en el asiento, cruzar las piernas con un movimiento casi distraído, al efecto efecto que me estaba provocando.

No es el momento, me dije.

Ni el lugar.

Y aun así, la imagen se quedó ahí, insistente.

Ella se llevó una mano al cuello del abrigo, tiró suavemente de la tela, como si le incomodara, y se acomodó el cabello dejando por un momento su cuello descubierto.

Ella no tenía la intención, Y justo por eso era peor.

Apreté el volante con más fuerza de la necesaria y desvié la mirada hacia el frente. No podía permitir que esa tensión se filtrara en el ambiente que tanto me había costado devolver a la calma.

—¿Falta mucho? —preguntó de pronto.

Su voz sonó tranquila.

Negué con la cabeza.

—No —respondí—. Ya casi llegamos.

Ella asintió, pero no dejó de mover las manos. Las apoyó de nuevo sobre sus muslos, esta vez inmóviles, como si de pronto hubiera notado lo que hacía.

Y ahí lo entendí.

No era nerviosismo.

Era anticipación.

¿Ella pensaba que íbamos a….?

¿Y aún así aceptó?

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play