Charlotte Ricci, huérfana criada en un orfanato de monjas, sale al mundo a los 18 años para trabajar 6 meses —si no encuentra su lugar, se convertirá en monja. Sin saberlo, se hace asistente de Marcelo Romano, CEO cuyo imperio es fachada de la mafia.
Marcelo siente una obsesión por la inocente Charlotte, pero su interés despierta enemigos que buscan destruirlo usando ella como arma. Cuando comienzan las amenazas, descubren que su orfanato guarda secretos antiguos ligados a la mafia y que Charlotte es heredera de un legado peligroso.
Ahora deberán enfrentar traiciones y el peso de un destino escrito en sangre, mientras ella decide entre su antiguo hogar y el hombre que ha robado su corazón.
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¿Todo bien aquí?
—A que hora está citada la nueva —preguntaba Marcelo a Lorenzo
—A las 9, ya debe de estar por llegar —respondia el con la esperanza de que si llegara puntual, ya que conocia a su amigo y no tolera nada de nadie
—Ok, en la noche debemos ir a la bodega, llega cargamento y hay que revisarlo —le recordaba mientras empezaba a ver algo en su celular
—Si, bueno dejo reviso si ya llegó la chica —decia el, mientras Marcelo solo asentia sin mirarlo, Lorenzo se iba para preguntar en recepción si ya habían llegado a la cita, al avisarle que si, que ya iba en el elevador el espero cerca del elevador de presidencia a qué se abriera.
Al abrirse una joven de Cabello negro y mirada inocente se presentó frente a sus ojos, el sonrió al ver que ella se veía en persona más inocente que en las fotos de su información
—Buenos días señorita Ricci —le decía Lorenzo a ella con una sonrisa amable
—Buen día, hablé con usted por teléfono —preguntaba, y el asentía
—Si, venga conmigo para que conozca al Ceo su jefe —ella sentía nervios al saber que trabajaría directamente con él Ceo de la empresa, ella asintió siguiéndolo con las piernas temblando, Lorenzo está vez y por primera vez tocó la puerta de la oficina de Marcelo.... Marcelo extrañado solo grito «Pase» el abrió la puerta despacio y entró
—Ya está ella aquí —dijo y Marcelo veía que aún faltaban 20 minutos para las 9, eso le agrado saber que era responsable con él horario, el asintió y con una mano hizo el gesto para que la dejara pasar, Lorenzo se hizo a un lado para que Charlotte pasará, Marcelo levantó la vista un segundo y la devolvió a sus papeles dispuesto a ignorarla como hace con todos, pero algo lo hizo voltear nuevamente, miraba a la mujer frente a él, joven de cabello negro, ojos celestes, el se perdió en aquella mirada inocente y rostro angelical, ella camino hasta quedar frente a él, Lorenzo con una sonrisa los dejo solos, cerrando la puerta para irse a su oficina
—Buenos días —decia ella con la voz temblorosa, el sonreía al notarlo
—Buen día señorita, tome asiento —decia sin poder dejar de verla, Charlotte sentía nervios e incomodidad ya que no está acostumbrada a que la miren por tanto tiempo en especial los hombres —soy Marcelo Romano el Ceo de tecnología Romano, eres Charlotte Ricci —agregaba el y ella solo asentía
—Si, un gusto señor Romano —le respondía con educación
—Aqui en tu informe aparece que estuviste en un convento, ahí tuviste tus estudios o fue por fuera —preguntaba curioso, ya que lo que el deseaba saber era si tenía novio
—Estudie dentro del convento, ahí aprendí todo lo que se —decia ella... Después de tener la entrevista con ella, y no poder dejar de ver esos celestes que lo llamaban como imán, Charlotte veía a Marcelo simplemente como su jefe, en su mente no había ningun pensamiento malicioso, solo que quería demostrar que podía con él trabajo, por otro lado Marcelo ya la había hasta desvestido varías veces y eso provocaba que su amigo reaccionara como nunca antes lo había echó, después de intentar calmarse y poder darle bien la orden sobre lo que debía hacer y mostrarle su lugar de trabajo, el salió de su oficina en busca de alguien para que lo ayudara con su problema, mientras ella revisaba lo que la antigua asistente había dejado en la agenda y sobre todo lo importante se le fue el tiempo a ella
—Dicen que cuando el estómago está lleno, uno trabaja mejor —le decía Lorenzo sacándola de sus pensamientos
—Hay hola, estaba muy concentrada —le dijo viendo la hora en su celular, ya pasaba de la 1 de la tarde —ya es tarde, se me fue el tiempo —dijo ella apenada
—Tranquila, mira pedí comida y como te vi tan metida en todo esto, te pedí algo de comida Italiana, ¿Si te gusta? —decia dejando la bolsa sobre el escritorio, ella sonreía agradecida
—Gracias? —lo miraba ya que no sabía su nombre
—Soy Lorenzo Mancini —dijo estrechando su mano, ella sonreía y el igual, en eso llegaba Marcelo y los veía, no le gusto ver como su amigo le sonreía a Charlotte
—¿Todo bien aquí? —pregunto y Lorenzo noto la molestia de su amigo, mientras Charlotte ajena a eso, sintió que había echo algo mal, agacho la cabeza
—Hey Charlotte no agaches la cabeza, está hombre a si es, no te asustes —le decía Lorenzo —y no, no pasa nada, solo le entregué está comida ya que no a comido nada y es tarde —Marcelo al darse cuenta de lo que hizo, solo asintió y camino hasta su oficina
—Ve a comer Señorita Ricci, tiene una hora —decia desde la puerta —Lorenzo cuando acabes de comer vienes —agregaba y Lorenzo solo asentía, después llevaba a Charlotte al comedor, aunque el solía comer en su oficina, ese día decidió hacerle compañía a ella, ya que para él ella parecía buena persona, y esperaba que ella lograra sacarle una sonrisa a su amigo, una de verdad.
—El es a si siempre —preguntaba curiosa, y Lorenzo negaba
—No, no siempre está de mal humor, pero tranquila creeme que te acostumbras, cuando le hayas el modo, el no es malo, solo que tiene mal genio —Respondia Lorenzo al ver que la cámara se movía, sabía que Marcelo los estaba viendo y oyendo, el sonreía a la cámara... Mientras Marcelo estaba atento a cada movimiento de Charlotte y sabía que Lorenzo se había dado cuenta de que los miraba
—Maldito Lorenzo por qué haces eso —decia en voz alta, mientras su amigo reaccionaba nuevamente con solo ver a Charlotte —joder que te sucede a ti, no puedes reaccionar sin permiso —decia mirando su pantalon, dejaba de espiarlos y se concentraba en su trabajo... No podía seguir imaginando cosas a si con Charlotte...