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Dulce Secreto

Dulce Secreto

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Amor a primera vista / Malentendidos / Atracción entre enemigos / Reencarnación / Edad media / Completas
Popularitas:35.9k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Melany. v

Diodora vive en Hermich, un pueblo pobre y olvidado, donde a veces un pan al día es todo lo que hay para sobrevivir. Entre las artesanías que vende, guarda un secreto que nadie debe conocer; recuerda otra vida, con conocimientos imposibles para este mundo.

Un día, un comerciante le ofrece un saco de fertilizante. Pero lo que Diodora descubre es mucho más que eso; cacao, un tesoro desconocido capaz de cambiar el destino de su familia y abrir un futuro nuevo. Sin embargo, un solo error bastaría para que la acusen de bruja y la condenen al fuego.

Y mientras lucha por mantener su secreto, un hombre misterioso aparece dispuesto a protegerla... Siempre y cuando comparta con él lo que nunca nadie ha probado, el chocolate.

¿Hay un mundo donde no exita el chocolate?

Junto a Diodora, volverá a nacer el postre más aclamado de todos los tiempos.

NovelToon tiene autorización de Melany. v para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 4

El murmullo creció de golpe. Algunos retrocedieron, otros se petrificaron en su sitio, y Tabatha se escondió detrás de su hermana. Diodora, con el corazón latiendo a mil, apretó las manos en su delantal. No era brujería. Era el legado de su abuela. Y no dejaría que nadie la llamara bruja por traer algo nuevo al pueblo.

Ella era consciente de que cualquier novedad en Hermich podía ser mal vista. Aquí, lo diferente siempre se disfrazaba de miedo. Pero su familia tenía hambre, y no iba a dejar que un rumor apagara este pequeño camino hacia el éxito.

— ¡Eso no es comida! —exclamó Dave, el loco del pueblo, con los ojos lleno de rabia.— ¡Es un hechizo! ¡El aroma endulza el aire como una trampa! ¡Es brujería!

El gentío murmuraba. Unas mujeres susurraron como si le diera la razón. Un hombre apartó a su hijo con disimulo. Diodora sintió un nudo en la garganta.

— Dave, deja de molestar y aléjate.—gruñó uno de los compradores.

— Sí, anda con tus tonterías a otro lado.

— ¿No estaba muerto? —rió un joven del mercado.

Diodora pensó que se pondrían en su contra, pero le sorprendió lo contrario. Varias personas la miraban con apoyo. Sin embargo, Dave no se callaba.

— ¡Eso mismo! ¡Están embrujados! ¡Con solo respirar se sienten atrapados por la brujería de esa mujer!

Diodora iba a contestar, pero su padre se adelantó. Ferguson se interpuso entre Dave y su hija. Su figura era imponente, como un oso que protege su cueva, hombros anchos, brazos lleno de pelos y una mirada que helaba.

— En este pueblo se sabe una cosa.—gruñó su voz— Aquí no hay brujas, y mucho menos mi hija.

El loco retrocedió, aunque no cedía del todo.

— No me importa si no me creen. Yo sé lo que digo. ¡Ella es una pagana!

El ambiente se tensó. Hubo un silencio pesado, hasta que un par de hombres se acercaron a Dave y lo empujaron hacia atrás con palabras duras

— Ya cállate.

— Vete a gritarle al viento.

Otros lo ignoraron como si fuera parte del ruido del mercado. Diodora, inmóvil, observaba cómo su padre mantenía la frente en alto por ella. Esa protección la hizo contener el orgullo de tener un padre así. Al final, Dave fue arrastrado lejos, su voz apagándose entre la del mercado.

La tarde siguió. Los compradores se fueron satisfecho poco a poco, y el aroma del chocolate se acabó. Diodora terminó el día sin una gota en el caldero, pero con una ganancia que jamás había visto. Para ser un pueblo muerto, aquello era un milagro.

— Diora… —susurró Tabatha con emoción— Hay que buscar más cacao.

Diodora asintió.

— Creo reconocer al hombre que nos lo cambió por la artesanía. Toma, ve con padre a comprar para la cena. Yo me desviaré unos minutos.

Explicó su plan y dejó a Tabatha con Ferguson. Ella tomó el camino más allá del mercado, hacia el bosque. El aire se sentía distinto allí; más frío, más húmedo, como si el silencio tuviera vida propia y la observará. El rumor de lobos le daba escalofríos la piel, falta menos de una hora para

anochecer. Nunca había entrado tan lejos, pero tenía que hacerlo. Lleva dinero suficiente como para asegurar cacao por una buena temporada.

A lo lejos observó humo. Una chimenea encendida la guió hasta una cabaña de piedra y madera. Ajustó la tela blanca sobre su cabeza para protegerse del frío y respiró hondo. El olor a chocolate aún impregnaba su ropa. Tocó dos veces la puerta. A la tercera casi choca con un hombre que abría desde dentro.

— Oh, disculpa… —balbuceó.

— Eres la muchacha del mercado...—dijo el hombre, con voz áspera pero cordial— ¿Qué buscas? —Una voz infantil gritó desde dentro, “¡Abuelo!”

— Es rápido. ¿Aún tiene sacos de… Fertilizante en grano?

El hombre arqueó una ceja, sorprendido.

— Sí, sí. Pasa, afuera hace frío.

Al entrar, Diodora se encontró con un interior modesto, piso de madera, paredes de piedra, una chimenea central. Una mesa con tres sillas junto a la ventana. En el suelo, una niña de unos ocho años leía en silencio un cuento de la oveja y el lobo. En su lado había una figura de lobo tallada en madera, la artesanía que Diodora cambió esa vez.

— ¿Cuánto quieres? —preguntó el hombre de pronto.

— Todos los sacos que tenga.

Él la miró con incredulidad.

— Tengo veinte en el almacén. ¿Quieres todos?

— Sí. Traigo el dinero ahora mismo.—sacó la bolsa de monedas.

El hombre abrió los ojos, sorprendido de que una joven tuviera semejante cantidad. Pero necesitaba ese dinero para cuidar a su nieta.

— Son tuyos.—dijo, aunque añadió con cautela— Pero hay un problema. Ya anochece, y son demasiados sacos para que una joven los cargue. Además… Los lobos salen en cuanto cae el sol y más en el bosque.

Diodora miró por la ventana, el cielo ya se teñía de violeta oscuro. La idea de volver sola la asustaba. El hombre le ofreció quedarse hasta la mañana. Incluso mencionó que Valtor, su nieto mayor, podría ayudarla a transportar los sacos al pueblo.

— Abuelo, la señorita huele muy dulce.—rió la niña, acercándose— ¡Me gusta! Seguro le agradarás a mi hermano.

Diodora sonrió con timidez.

— De acuerdo. No quiero abusar de su hospitalidad.

— No hay problema. Siéntete en casa. Iré a guardar las monedas y luego te traeré un té con miel. Por cierto, mi nombre es Thomas. Ella es Daya y ¿El tuyo?

— Diodora.—respondió, luego preguntas a Daya.— ¿Sabes leer?

— Más o menos. Mi hermano me enseña cuando puede.

Eso la sorprendió. En esos tiempos, no era común que se enseñara a las niñas. Pero ver la ilusión en los ojos de Daya le recordó a Tabatha. Para pasar el tiempo, Diodora se ofreció a ayudarla con el cuento.

— ¡Sí! Así sabré qué le pasa a la oveja y el lobo.

A los minutos, Thomas volvió con el té de jengibre y miel. Antes de que pudieran hablar, Daya insistió.

— ¿Puedes contarme el final? Mi hermano nunca me lo dice. Dice que así me ánimo para aprender rápido.

Diodora rió suavemente.

— Lo siento, pero si él te puso la condición, debes respetarla.

— Anda, solo una pista…

La joven suspiró. Aquella niña se parecía tanto a su hermanita que cedió.

— Está bien. El lobo se encariña tanto con la oveja que desearía no haber sido un salvaje y engañar a las ovejas, solo para quedarse con ella... Pero ese no es el final realmente.

Daya sonrió como si acabara de descubrir un tesoro. De pronto, se escucharon golpes en la puerta, distintos, con ritmo, como una señal. Daya gritó emocionada.

— ¡Es él! ¡Mi hermano! ¡Vas a ver al hombre más guapo de todos!

Diodora vaciló, creía que Daya exageraba. La niña abrió y entró un joven cargando conejos tomados de las orejas. Su voz fue lo primero que llamó la atención, suave, grave, con un tono hechizante.

— Daya, mira lo que traje para la cena.

— ¡Conejo! ¡Mi favorito!

Diodora lo miró con cautela. Alto, de botas y pantalón oscuros, una camisa blanca, cabello rubio atado en una coleta baja, mandíbula firme, pómulo en forma y ojos azules que parecían observar demasiado. Al verla, sonrió con una reverencia elegante, pero en sus mejillas aún quedaban rastros de sangre de la cacería.

— ¿Quién es la señorita? —preguntó.

— Es Diodora. —contestó Thomas.— La artesana del mercado. Se quedará esta noche.

Valtor la miró fijamente, como analizándola. Luego inclinó la cabeza.

— Un honor tenerte aquí. Soy Valtor.

Diodora se presentó con cortesía, agradeciendo la hospitalidad. Valtor se inclinó de nuevo, sonriendo con un brillo en los ojos que la incomodó y fascinó al mismo tiempo.

— Espero que nos acompañes en la cena. Por suerte, traje un conejo de más.— dijo él, con esa voz baja que parecía llevar secretos con ese encantador rostro.

Diodora apenas logró responder, aunque sus palabras le sonaron torpes en la boca al intentar decir gracias. Él no apartaba la mirada. Así que solo asintió para terminar con esta pena que la ahogaba. Solo cuando Valtor se apartó, pudo volver a respirar.

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Nery Meléndez
Excelente historia la trama muy apegada a una realidad de cualquier época, personajes únicos como su creadora, ofreciendo una lectura amena y muy fluida, gracias Autora por tu bello trabajo 😊👏👏👏👏💐
Nery Meléndez
Muy bella historia, muchas gracias Autora, eres algo fuera de lo común, pues tus personajes aunque son de fantasía, tienen tintes de realidad👏👏👏👏💐
Nery Meléndez
🤔🤔🤔 no sé si habrá sido buena idea, solo exiliar a Elena pues tal vez intente algo, pero si fue exiliada en calidad de plebeya, dadas las circunstancias de los plebeyos en ese lugar, su castigo fue peor que la muerte😏😏😏
Celery Mmev
Me gustó la historia 🙂
Celery Mmev
Gracias por compartir la novela 😍ahora a esperar los extras 😁/Kiss//Rose/
Nery Meléndez
Pues ese error del soldado, tendrá que pagarlo Elena🤔😏😏
Celery Mmev
Necesitan derrocar a ese rey malvado quien sabe cuanta gente inocente mando a matar por sus ambiciones /Determined//Panic/
juana maria meneses bautista
muy interesante el. inicio y sobre todo la hermanita dice cada cosa que da risa☺️☺️☺️☺️☺️☺️☺️
Nery Meléndez
Afortunadamente el Malvalerius no es como una prima que detesta el chocolate, no le gusta simplemente, pero este rey sucumbió ante el "hechizo" del chocolate😅😅😅
Nery Meléndez
Bueno como está en calidad de rehén, creo que tendrán que abrirle el hocico al Malvalerius, pa'que se trague el chocolate o lo hará por las buenas, nel pastel es muy rejego el tipo ese😏😏😏
Nery Meléndez
Ya sabía yo que Malvalerius no se quedaría tan tranquilo y utilizaría a una zorra sin escrúpulos para hacer el trabajo sucio 🤔🤔🤔
Nery Meléndez
A ver qué gestos hace Malvalerius cuando se dé cuenta que también su hermanita es amiga de la hermanita de Diodora 🤔🤔🤔
Nery Meléndez
Uy pues quién se iba a imaginar que Tabatha se escondiera entre los costales, lo más extraño es que supuestamente William había "revisado" y todo estaba en órden, ahora a ver qué sucede con la chica que envío el Malvalerius, porque tal vez ya le calentó la cabeza con la idea de que Valtor la salvó porque tiene sentimientos por ella 🤔🤔🤔
Nery Meléndez
Diodora tendrá éxito en su empresa, espero que ella y Valtor puedan hacer su parte, para poder estar juntos, pero mientras el rey no tenga a su propia novia, concubina o esposa, no veo que pueda dejar en paz a ninguno de los 2🤔😰😰
Nery Meléndez
Creo que hará chocolates envinados🤔🤔🤔
Nery Meléndez
Tal vez si deseas irte, deberías de llevar a Dasha, pues cuando regreses tal vez tú hermanita ya no esté en el castillo🤔🤔🤔
Nery Meléndez
Ésta prota es paisana, pues por acá se dice la expresión "traer en salsa" , significa que uno lo tiene entre ojos por una cuenta pendiente😅😏
Nery Meléndez
Ferguson tiene sus razones y por lo que pude entender, la familia real está conformada por tiranos que matan para tener poder absoluto, aún cuando son personas inocentes, pero la última palabra la tendrá Diodora 🤔🤔
Nery Meléndez
Es una buena desición de Diodora alejarse, pues así Valtor tomará conciencia del tipo de gobernante que es su hermano y quizás el "rey" se enamore de una plebeya, así entenderá a Valtor 🤔🤔🤔
Nery Meléndez
Pues mientras el pueblo vea un cuerpo amarrado al madero con la capucha en la cabeza, será suficiente para que quede todo en paz🤔😏😏
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