Una loba Nacida de la raza más fuerte, un Alfa la primera de cuatro hermanos, capas de heredar los más fuertes linajes toma una decisión... – Dejaré esta manada, No soy una máquina de carga –
El Un Gama, último hermano de un Alfa cruel quien lo desprecio por ser un hijo no deseado, en un arranque de guerra quedo solo y sus piernas mal heridas dejándolo en silla de ruedas con solo un aliado su cuidador – Un lobo invalido, es un lobo muerto, Es mejor que termines con tu vida, solo eres un estorbo para este reino–
Ambos de un padre de linaje real un licantropo, pero el no saco nada de eso
El destino los une un día.. ¿ Qué podría pasar ?
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¿ Un trato? Guapo
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La celebración iba en aumento: los sonidos de platos, risas y charlas rebosaban en el amplio salón, mientras los novios saludaban felices en cada mesa.
Asher estaba más que inquieto; sentía una presión constante en la nuca.
–Tomas… ¿Sigue mirándome?– susurró.
Tomás tomó su copa de vino y miró de reojo: Rice estaba fija en ellos como un búho.
–No…– mintió.
Asher suspiró y miró hacia atrás para comprobarlo, justo cuando sus ojos se cruzaron con unos iris rojos y una sonrisa ladina.
–¿No que no?…– dijo nervioso, tomando un trago de vino.
–Pensé que no se daría vuelta… No deja de mirarlo desde que empezó la cena. Debería hablar con ella; puede que sí lo acepte…–
–Eso seguro que no pasará… Pero tendré que hacerlo, es mejor terminar con esto de una vez.– suspiró, mirándola de reojo.
..
Rice estaba comiendo, cortando su carne mientras observaba atentamente ese ancho cuello, su vista privilegiada le ayudaba en su acecho. Atla gruñía en su interior; cuando notó que él la miraba, no dudó en sonreír.
–Deja de acechar, loba caliente.– susurró Nicol –Ve a hablarle… Su amigo es mi pareja y también me está evitando. Parece que es cosa de familia.–
–Claro que iré; solo jugaré un poco más con la mirada. Además, no pienso quedarme quieta sin bailar. Pobres de ellos, tendremos que educarlos.–
Ambas sonrieron. Los chicos comían a gusto: Francis ya había notado a unas jóvenes y no dudó en sonreírles pícaro, hasta que Nicol le dio un pellizco.
–Son primas tuyas, enfermo.–
–¡Ay! Ni siquiera son de sangre… Además, ellas no están negándose.– levantó la ceja. Nicol inclinó la cabeza: tenía razón.
Los novios bailaron el vals, dando inicio a la fiesta. Asher salió al exterior; no quería quedarse viendo cómo la pelirroja bailaba con otros. Rice sí que bailó, pero con Nicol, Francis y Teo –quien era el alma de la celebración.
–Hola…– saludó Rice a Tomás, quien estaba en la barra pidiendo tragos para él y Asher –¿Eres amigo del rubio que me evita?–
–Hola.– le tendió la mano, que ella apretó firme –Sí, soy su ayudante y primo por así decirlo. Perdone a mi señor: es un poco… tímido.–
No iba a decir que la rechazaría; notó que la joven no tenía intenciones de rendirse.
–¿Dónde está?–
–Por la colina, en el jardín de flores.–
Rice sonrió, tomando sus tragos. –Gracias, Tomás.– respondió antes de salir en busca de su tímido rubio.
“Oculta nuestro olor.”
Atla movió la cola, ocultando su aroma, mientras Rice se quitó los zapatos y se dirigió al jardín. Tomás la miró de lejos y sonrió ladino, hasta que Nicol lo tironeó con urgencia.
–Hola, guapo… ¿Por qué ocultas tu olor?…– gruñó, metiéndolo en una habitación.
–Espera…–
El golpe de la puerta fue el último sonido que se escuchó de Tomás.
....
Asher suspiró mirando la luna; Emon gruñía enojado.
“Deja de gruñir… No podemos hacer nada.”
“Eso piensas tú. Ni siquiera le diste oportunidad a la joven… Quizás sí nos quiere.”
“Sería una carga para ella…”
“No lo sabes.”
Asher suspiró pesadamente. –“Una maldita carga.”– soltó entre dientes, recostando su cabeza en el respaldo de la silla de madera mientras observaba las estrellas.
–Hola, guapo.–
Una cara apareció frente a él, mirándolo desde arriba. Asher abrió los ojos: esos ojos rojos, el cabello rojo y esa sonrisa perfecta… “No la escuché llegar…” pensó.
–Ah… Yo…– tartamudeó.
–Ah… Tú.–
Rice repitió sus palabras sonriendo, mientras se sentaba a su lado.
–¿Acaso te estás ocultando de mí? Eso es cruel.–
Asher aclaró su garganta, más que nervioso.
–Yo… Tienes razón, me disculpo. Pero dado… el caso en el que estoy, supuse que…–
–¿Supusiste qué?– levantó la ceja, con sus ojos fijos en los suyos.
“Qué mirada…” gruñó Emon.
–Supuse que era lo mejor.–
–¿Para ti o para mí?– seguía igual de seria.
–Para ambos…–
Tragó con esfuerzo; no podía entender cómo sus ojos eran tan intensos, haciéndolo tensar como nunca antes.
–¿Eres dios o qué?–
–Disculpa…–
–Digo… Estás tomando una decisión por mí y ni siquiera me preguntas.–
“Qué carácter, me agrada.” gruñó Emon de nuevo.
“Cállate, tonto.”
–Tienes razón. Pero no creo que esto– se señaló a sí mismo completo –te lleve a una vida…–
Rice lo besó de golpe. Asher sintió todo su cuerpo estremecer; la alejó con precipitación, agitado por el vínculo que era demasiado fuerte y lo ponía más tenso que nunca.
–¿Por qué hiciste eso?… ¿Cómo…–
–¿Qué? No es lindo que alguien haga algo sin tu consentimiento, ¿no?– puso sus brazos en su cuello. Asher ya estaba rojo como un tomate.
–Tienes… un punto.–
tartamudeaba, mirando hacia arriba: los senos de Rice estaban cerca de su pecho y no podía creer lo que estaba pasando. Incluso pensó que era un sueño provocado por la bebida que le había dado Tomás.
–¿Me rechazarás… gamma?–
Lo sostuvo del rostro y acarició su nuca. Asher quería responder, pero su cuerpo y voz se negaban; solo movía la boca tratando de articular palabras.
–¿Por qué no lo haría? No ganaría nada con tener a alguien inválido en su vida.–
–Sabes… Es molesto que te hables de ese modo.–
–¿Modo?–
–Sí, como si fueras algo desechable…–
Asher la miró; sus ojos no mentían y sus palabras eran sinceras. La observó atentamente; aún la tenía agarrado y no notaba ningún rastro de falsedad, pero igual no podía creérselo.
–¿Qué te parece un trato?–
–¿Cómo qué trato?–
Mordía su mandíbula al sentir sus caricias en la nuca; percibía su olor más fuerte y eso no ayudaba a su entrepierna.
–Conozcámonos. Si tienes razón, realizamos el rechazo…–
–Me parece justo, aunque no me haré cargo si surgen sentimientos.–
Rice sonrió ladina –era todo un donjuán. –Está bien… Será inevitable que te enamores de mí.– dijo burlona. Asher apretó los dientes. –Pero si yo gano…– se colocó sobre sus piernas –serás todo mío.– lo miró fijo.
–No te emociones tanto… Durará poco.–
Dijo nervioso al verla encima suyo; ya estaba perdiendo la compostura. Sus ojos rojos como el carmesí lo hacían estremecer, casi sin aliento.
–¿Tenemos un trato?– levantó la ceja. Asher asintió, cerrando los ojos. Rice sintió algo en medio de sus piernas y soltó una risita. –Vaya, parece que alguien está más que feliz.–
Asher estaba encendido; se mordió la lengua mientras la bajaba de encima suyo.
–Yo… Lo lamento…–
–Está bien.– Le dejó un beso en la mejilla. –¿Cómo te llamas?–
–Asher Treidwolf…– aclaró su garganta; su lobo se había calmado. –¿Y usted?–
–Rice.–
–¿Solo Rice?– preguntó.
–Por ahora… Sí. ¿Quieres saber más?– Le ofreció su copa mientras se acomodaba a su lado. –No creo que una hora a mi lado te haga daño. Tu amigo está con mi pobre hermana y no la dejará ir pronto.–
–¿Tomás… acaso?–
–¡Sep!– sonrió –Parece que hoy te llevaré a casa, guapo.–
....
~~ Tres horas después ~~
Rice hablaba con Asher mientras bebían; él le contó sobre sus días como gamma, ella le contó cómo llegó a Boston. Ambos evitaron el tema familiar por ahora. Hasta que un nervioso y tembloroso Tomás llegó junto a Nicol, quien sonreía radiante.
–Mi señor… Me disculpo.– dijo Tomás, colorado y con marcas en la nuca.
–No hay problema, Tomás… También tienes vida propia. Un gusto.– miró a Nicol.
–Soy Nicol, prima lejana de la novia. Así que seremos primos aún más lejanos… Bueno…– miró a Rice y Tomás –No tanto.–
Rice se rió; el pobre Tomás estaba más que rojo y marcado como un pollito desplumado.
–Pobre Tomás… ¿Le preguntaste por lo menos su edad?– dijo burlona.
–¡Ay, cállate! Hice más que eso.–
Tomás la empujó de vergüenza. Los demás rieron: Nicol era un año menor que él.
–Ah, viene tu cita.– dice Nicol.
Asher gruñó, apretando los dientes. Rice rio.
–Otro gruñido más… A ver qué tal.– dijo burlona, moviendo las cejas.
–No te emociones, fue mi lobo.– miró de reojo a Francis, que venía con Teo.
–Mi cita es el pequeñín, gamma. El otro es hermano de Nicol.–
–No me importa…–
Susurró, aunque sintió un alivio. Ella solo sonrió ladina al ver que evitaba su mirada de nuevo –sí que era tímido; lo tendría que pelar capa por capa.
Estuvieron un rato más hasta que terminó la fiesta. Tomás se despidió de Nicol, mientras Teo dormía en el auto y Francis estaba más que borracho, con besos en el cuello.
–Toma… Mañana te hablaré; estoy libre a las seis, podemos hacer algo.–
Anotó su número en su celular. Asher la miraba atentamente; con la claridad de la madrugada, era aún más hermosa que antes, pero su personalidad sí que era fuerte.
–No lo prometo, solo te diré si puedo.–
Contestó serio, aunque sus mejillas estaban levemente rosadas. Ella sonrió al ver que Tomás volvía, y le dejó un beso suave y lento en la mejilla.
–Eres pésimo mintiendo.–
Susurró en su oído antes de subir al auto. Asher sonrió ladino: “¿Cómo supo que estaba mintiendo?” pensó. Según sabía, solo los alfas o gammas entrenados podían detectarlo, pero… ella era una ómega.
“Parece que nuestra hermosa pelirroja está llena de sorpresas.”
Emon estaba más que feliz.
“No te emociones, amigo… Aún no sabremos si nos aguantará.”
Asher subió al auto con ayuda de Tomás, mientras sonreía ladino viéndola irse. Ella le saludó desde dentro del vehículo; él solo levantó los dedos en respuesta.
–¿La pasó bien, señor?–
Asher lo miró con la ceja levantada. Tomás sonrió: su cara decía todo. Solo condujo hacia casa –sería una mañana para descansar y luego ir a buscar a la loca de su pareja, que ya le había mandado su dirección y les había invitado a almorzar.
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