Leticia fue traicionada y asesinada, pero el destino le dio una segunda oportunidad bajo un nuevo nombre... Isabela Torner, ahora tiene un esposo que la detesta, un pasado lleno de escándalos y una criatura que crece en su vientre.
Román Osorio cree conocer a su mujer, pero no tiene idea de que la verdadera Isabela murió y que en su lugar hay una mujer capaz de matar con la mirada... y de conquistar lo que se proponga.
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Capitulo:29
JHONATAN:
Siento que la temperatura de la habitación sube diez grados de golpe y mis dedos se tensan alrededor de la tableta.
Por un segundo olvido cómo respirar, pero los años de entrenamiento con los Osorio no han sido en vano, así que trago la sorpresa, aclaro mi garganta y tomo su mano estrechándola con una firmeza que contrasta por completo con el vuelco que acaba de dar mi estómago.
—El placer es mío, señorita García.
Respondo forzando a mi voz a sonar profunda, segura y profesional, aunque por dentro estoy recalculando cada maldito segundo de mi existencia.
—¿Se conocen?
Pregunta el señor García arqueando una ceja poblada mientras nos observa con curiosidad.
—Nos cruzamos... En un evento hace unos días padre.
Se adelanta Xiomara mientras se sienta a mi lado con una gracia felina y me lanza una mirada de reojo cargada de pura picardía.
—Digamos que el señor Jhonatan es un hombre de... Impecables credenciales y muy dedicado a su trabajo.
Un sutil calor me sube por el cuello y en estos momentos me siento un poco incómodo y completamente intranquilo bajo su escrutinio, pero no voy a permitir que me vea flaquear en mi propio terreno... No por nada soy el segundo hombre al mando de los Ossorio.
—Así es señor García.
Intervengo de inmediato acomodándome los puños de la camisa y fijando la vista en el magnate para evadir los ojos cafés de su hija.
—En nuestra organización nos tomamos muy en serio el análisis de nuestros aliados antes de concretar una firma, la reputación de su empresa la precede.
Xiomara suelta una risita suave que me eriza los vellos de la nuca, pero permanezco con la espalda recta e impecable.
—Bien, vayamos al grano entonces.
Dice el viejo García, desplegando unos planos digitales en el centro de la mesa.
—Mi hija diseñó el sistema de ignición de estos nuevos rifles de pulso térmico, Xiomara explícale a Jhonatan los detalles de la entrega.
Xiomara se inclina hacia adelante apoyando los codos en la mesa y su aroma a vainilla me golpea de frente devolviéndome de golpe a aquella habitación de hotel.
—Verás, Jhonatan...
Empieza ella recorriendo con la yema de su dedo el borde de mi tableta, un movimiento que nadie más nota, pero que a mí me pone a sudar un poco.
— El cargamento requiere una temperatura controlada y un transporte sumamente... Discreto, no queremos que se dañe antes de llegar a su destino final, yo misma supervisaré la entrega en sus almacenes y así podremos pasar más tiempo... Puliendo los detalles del contrato.
Siento como el sudor frío baja por mi espalda, pero mantengo la mirada fija en los planos respondiendo con una precisión milimétrica que me sorprende a mí mismo.
—El protocolo de seguridad de los Osorio garantiza esa discreción señorita García.
Digo sosteniéndole la mirada por primera vez con los ojos firmes pero las mejillas ligeramente encendidas.
—Nuestros hombres están capacitados para manejar material de alta sensibilidad, no habrá contratiempos eso se los aseguro.
—Eso espero grandulón.
Murmura ella con voz baja y aterciopelada.
—Porque soy una mujer muy exigente con mis socios.
El señor García asiente complacido con mi seguridad y sin tener la menor idea de que su ingeniera estrella acaba de poner al jefe de operaciones más estricto a sudar como un adolescente... Hay no qué vergüenza.
XIOMARA:
Observo a Jhonatan desde el otro lado de la mesa y no puedo evitar que una sonrisa interna me ensanche el pecho... Pobrecito, Está tan rígido que parece que se va a quebrar si respira demasiado fuerte.
Sus ojos se clavan en los planos digitales que he desplegado, pero sé que su mente está en otra parte; específicamente en la noche en que estuvimos juntos.
Me gusta, me gusta que sea serio, me gusta que sea el hombre de confianza, pero sobre todo, me gusta el poder que tengo sobre su compostura.
—El sistema de enfriamiento es fundamental para los rifles de largo alcance Jhonatan.
Le digo dejando que mi voz sea un susurro que solo él pueda apreciar bajo el hilo del piano.
—Si el cañón se calienta, el trato se enfría... Y yo odio que las cosas se enfríen.
Él asiente y su mandíbula está tan apretada que me pregunto si no le dolerán los dientes.
Él responde con tecnicismos impecables, demostrando por qué los Osorio lo tienen ahí... Es inteligente, es leal y es posiblemente, el hombre más guapo que he tenido el placer de analizar tan de cerca.
La cena transcurre entre cifras de millones y logística de contrabando.
Mi padre parece encantado con él y cuando Jhonatan se levanta un momento para atender una llamada urgente... seguramente de Román o de la tal Elisa que no ha dejado de escribirle en todo momento.
Mi padre deja la copa de vino sobre la mesa y me mira fijamente... Sus ojos grises, cansados, pero agudos, no se dejan engañar por mi máscara de coqueteo.
—Es un buen hombre, Xiomara.
Dice él rompiendo el silencio.
—Diferente a lo que estás acostumbrada.
—Es solo un socio, papá.
Respondo encogiéndome de hombros mientras juego con mi tenedor.
—No me mientas... Te conozco.
Suspira inclinándose hacia adelante.
—Sé que desde lo de José te has vuelto... defensiva... Has convertido tu alegría en un escudo y tu cuerpo en una moneda de cambio para mantener el control... Pero José era un parásito, un chico que no tenía nada y que vio en tu brillo una oportunidad para llenarse los bolsillos te utilizó, sí... Pero no todos los hombres son iguales, hija.
Siento un nudo amargo en la garganta al escuchar ese nombre... José, el chico de bajo mundo al que le entregué mi confianza y mis secretos, solo para descubrir que estaba vendiendo mis prototipos a la competencia.
Me costó años recuperar la empresa y el doble recuperar mi orgullo.
—Jhonatan no es José.
Continúa mi padre viendo mi silencio.
—Este hombre tiene honor... Se le nota en la forma en que cuida sus palabras y en cómo protege a los suyos, deja de jugar a la depredadora por un segundo y mira lo que tienes enfrente, supera ese fantasma Xiomara y no dejes que un muerto de hambre condene tu felicidad.
—Sí, Jhonatan tiene dinero.
Mi padre suspira y me mira con cariño mientras niega.
—Cariño, el dinero no define como es una persona, es su corazón.
Justo en ese momento Jhonatan regresa y se disculpa con esa timidez varonil que me vuelve loca y retoma su asiento.
Lo miro de nuevo, pero esta vez bajo un poco la guardia y veo el cansancio en sus hombros.
Él no busca mi dinero... Él tiene su propio imperio que cuidar.
—¿Todo bien grandulón?
Le pregunto, pero esta vez mi tono es un poco menos burlón y un poco más real.
Él me mira a los ojos por un segundo más de lo necesario y asiente.
—Todo bajo control señorita García.
Sonrío y creo que mi padre tiene razón... Es hora de dejar de jugar... Y empezar a ganar de verdad.