Me vendieron para pagar una deuda. Damián Grey dice que ahora soy suya. Tiene tres reglas: no escapar, no mentir, no dejar que otro me toque. Rompí las tres el primer día.
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CAPITULO 3: NO LA TOQUES
A las ocho en punto, la puerta se desbloqueó.
Anastasia no había dormido. Tenía el mismo vestido de ayer, arrugado, y los ojos hinchados. El libro de _Cumbres Borrascosas_ seguía apretado contra su pecho como un escudo.
Bajó las escaleras descalza. La mansión de día era aún más intimidante. El sol entraba por los ventanales y hacía que el mármol negro brillara.
En el comedor, Damián ya estaba desayunando. Impecable. Traje negro, cabello peinado, leyendo el periódico como si no hubiera pasado nada anoche. Como si no la hubiera encerrado.
A su lado, Killian comía tostadas con los pies sobre la mesa. Y frente a ellos, Rafael Vonn, con su traje gris y sus gafas, la miró y sonrió con frialdad.
—Buenos días, princesa Sterling. Qué puntual.
Anastasia no respondió. Se quedó parada en la puerta.
Damián ni la miró.
—Siéntate. Come.
—No tengo hambre.
—Siéntate —repitió, esta vez mirándola—. O te siento yo.
Ella se sentó, lo más lejos posible de él. Killian le empujó un plato con pan.
—Come, que te vas a desmayar y Grey se va a poner dramático.
Antes de que pudiera responder, sonó el timbre. Un timbre enorme, de mansión vieja.
Damián se tensó. Miró a Killian.
—Llegaron temprano.
—¿Quién? —preguntó Anastasia.
—Tus niñeras.
La puerta principal se abrió y entraron dos voces que Anastasia reconoció al instante.
—¡ANA!
Luna Vargas entró corriendo, con su pelo de colores y sus tatuajes a la vista, y Sofía Reyes detrás, con su cara de niña buena y su suéter grande.
Anastasia se levantó de golpe. Por primera vez en 24 horas, sintió que podía respirar.
—¡Luna! ¡Sofi!
Corrió a abrazarlas. Luna la abrazó tan fuerte que casi la tira.
—Estábamos súper preocupadas, ¿qué te pasó? Ese tipo, tu novio, dijo que estabas enferma, que te habías mudado...
Sofía se quedó pálida cuando vio a Damián de pie detrás de Anastasia. Lo reconoció. Todos en la ciudad conocían a Damián Grey.
—Anas... ¿él es...?
Damián caminó hacia ellas. Puso una mano posesiva en la cintura de Anastasia. Una mano que decía _es mía_.
—Damián Grey —se presentó, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos—. El esposo de Anastasia. Bueno, prometido. Casi esposo. Depende de cómo se porte.
Luna se soltó del abrazo. Miró la mano de Damián en la cintura de su amiga y luego miró a Anastasia a los ojos. Luna no era tonta. Era la más lista de las tres.
—¿Prometido? Ana, tú no tenías novio hace dos días.
—Es complicado —susurró Anastasia, con lágrimas otra vez.
Rafael Vonn intervino, levantándose con su taza de café.
—Señoritas, qué bueno que vinieron. Soy Rafael Vonn, abogado de la familia. Anastasia y Damián están comprometidos desde hace meses, fue un compromiso en secreto por la empresa de su padre. Ella no les contó porque quería que fuera sorpresa. ¿Verdad, Anastasia?
Anastasia miró a Damián. Él le apretó la cintura, recordándole la regla número dos: _No me mientes_.
—Sí —mintió ella, odiándose—. Es... es sorpresa.
Luna no le creyó. Se acercó más a Damián, sin miedo.
—Suéltala.
Todo el comedor se quedó en silencio. Killian bajó los pies de la mesa. Rafael dejó de sonreír.
Damián miró a Luna como si fuera un insecto interesante. Luego sonrió, oscuro.
—¿Cómo te llamas, con tatuajes?
—Luna. Y no me gustan los tipos que agarran a mis amigas como si fueran cosas.
—Luna —repitió Damián—. Bien. Escúchame, Luna. Anastasia no es una cosa. Es mi cosa. Y hay una diferencia muy grande.
Soltó a Anastasia y dio un paso hacia Luna. Luna no retrocedió.
—Tercera regla de mi casa, Luna. Nadie toca lo mío. Ni tú. Si eres su amiga de verdad, vas a sonreír, vas a desayunar con nosotros y vas a decirle a todo el mundo que Anastasia está feliz y enamorada. Porque si no, tu tiendita de tatuajes va a tener un accidente con fuego. ¿Entendiste?
Luna palideció. Sofía agarró la mano de Anastasia, temblando.
—Estás loco —le dijo Luna, pero su voz temblaba.
—Sí —dijo Damián, orgulloso—. Y ella ya lo sabe.
Anastasia se puso en medio.
—¡Basta! ¡No las amenaces! ¡Ellas no tienen nada que ver!
Damián la miró. Su furia se calmó al verla defender a sus amigas.
—Tienen todo que ver. Son lo único que te importa después de tu madre. Y todo lo que te importa, ahora me importa a mí.
Se giró hacia Rafael.
—Vonn, llévalas a la sala. Que desayunen. Yo voy a hablar a solas con mi prometida.
Rafael guió a Luna y Sofía, que no querían irse, mirando a Anastasia con miedo.
Cuando se quedaron solos, Damián agarró a Anastasia de los hombros.
—¿Ves por qué te puse reglas? —le dijo, casi susurrando, con rabia contenida—. ¿Ves por qué no puedes tener amigas aquí? Porque tengo que amenazarlas para que no te alejen de mí.
—Eres un monstruo.
—Soy tu monstruo. —La besó en la frente, un beso rápido y posesivo—. Y hoy vas a aprender la regla número seis.
—¿Cuál es?
—Cuando digo que eres mía, no es una metáfora. —Le mostró su celular. En la pantalla había una foto de la operación de su madre, en un hospital privado, con el mejor médico—. Tu madre entra a quirófano en una hora. Si bajas y sonríes con tus amigas y actúas como mi prometida feliz, la operación sale bien. Si no...
Anastasia le quitó el celular de las manos.
—Voy a sonreír —dijo, con odio y lágrimas—. Voy a ser la mejor actriz que has visto en tu vida.
—Lo sé. —Damián la soltó—. Por eso te elegí.
La dejó sola en el comedor, con el desayuno frío y el sonido de sus amigas llorando en la sala de al lado.
Afuera, Luna le susurraba a Sofía:
—Tenemos que sacarla de aquí.
Y desde la puerta, Killian, que las escuchaba todo, le mandó un mensaje a Damián:
_Jefe, las amigas quieren jugar a rescatar a la princesa._
Damián respondió con dos palabras:
_Que intenten._
*[FIN DEL CAPÍTULO 3]*
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