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Perdona, yo no mendigo amor

Perdona, yo no mendigo amor

Status: Terminada
Genre:Romance / Fantasía / Mujer despreciada / Viaje a un juego / Completas
Popularitas:26k
Nilai: 5
nombre de autor: 𝕯𝖍𝖆𝖓𝖆𝖆𝟕𝟐𝟒

Belvina Laurent lo tenía todo: belleza, un apellido poderoso y un esposo que cualquiera envidiaría. Pero Alden Virel, el CEO más frío de la ciudad, jamás la vio como algo más que un contrato. Ella suplicaba su atención. Él la ignoraba. Y entre ambos, una mujer llamada Seraphina sonreía desde las sombras.

Hasta que un día, Belvina dejó de perseguirlo.

Sin lágrimas, sin escenas, sin súplicas. La mujer que despertó esa mañana ya no era la misma. Su mirada era distinta. Su voz, afilada. Y la frase que le dedicó a Alden le heló la sangre:

"No mendigo amor."

Ahora es él quien no puede dejar de observarla. Quien busca excusas para estar cerca. Quien siente que algo se le escapa entre los dedos cada vez que ella le da la espalda.

Pero Belvina ya tomó una decisión: no va a humillarse por nadie. Ni siquiera por el hombre que, sin saberlo, está empezando a amarla de verdad.

Mientras tanto, Seraphina no piensa rendirse. La mujer que se esconde detrás de una sonrisa perfecta guarda secretos que podrían destruir a toda la familia Astera. Y está dispuesta a llegar hasta las últimas consecuencias.

En esta guerra entre orgullo, obsesión y deseo, solo hay una regla: el amor no se mendiga.

NovelToon tiene autorización de 𝕯𝖍𝖆𝖓𝖆𝖆𝟕𝟐𝟒 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

29. Mi esposa secuestró mi auto

La moto vieja rugió abriéndose paso por las calles de la tarde.

Belvina soltó una risa breve cuando el viento le golpeó el rostro. Hacía una eternidad que no experimentaba algo así: libertad, velocidad, sin las reglas de nadie.

La motocicleta vibraba salvajemente bajo ella, pero precisamente eso hacía que la sangre le corriera con vida.

—¡Increíble!

Aceleró con más fuerza.

Varios metros atrás, el sedán negro de Alden rebasó dos autos de un solo golpe. Sus manos firmes sobre el volante. La mirada clavada al frente.

Esa mujer —su esposa— huía en una moto callejera confiscada. Y por alguna razón... le quedaba demasiado bien.

Alden exhaló un soplo breve.

—Me va a volver loco.

Belvina echó un vistazo al pequeño espejo retrovisor del manubrio para confirmar que el camino detrás seguía despejado.

Un sedán negro avanzaba a toda velocidad, adelantando varios autos a sus espaldas.

Al principio no le dio importancia.

Pero unos segundos después, el auto rebasó a otro vehículo de forma demasiado agresiva... y demasiado familiar.

Belvina entrecerró los ojos.

—No me digas que...

Giró la cabeza un instante.

Esa placa. La forma de los faros. La parrilla delantera que había visto casi todos los días.

Belvina chasqueó la lengua de inmediato.

—Qué dedicado.

Se cambió de carril a propósito, colándose entre dos camionetas de carga abierta. La moto delgada se escurrió sin problema.

El sedán detrás tuvo que frenar.

Belvina soltó una risita satisfecha.

—Adiós.

Pero segundos después, el rugido del motor del auto volvió a acercarse.

Belvina revisó el espejo.

—Por Dios. Qué terco.

El semáforo en la intersección principal cambió a rojo. El flujo de vehículos se detuvo en seco.

Belvina frunció el ceño.

—Diablos.

Orilló la moto entre los autos, con la intención de escabullirse hacia el frente.

Pero un sedán negro apareció de golpe por un costado y se atravesó delante de ella.

La puerta se abrió.

Alden bajó. La camisa aún impecable, el semblante oscuro, las zancadas largas.

Algunos conductores empezaron a observar, curiosos.

Belvina fingió estar ocupada mirando hacia otro lado. Alden se detuvo justo al lado de la moto.

—Bájate.

—No.

—Belvina.

—Mi nombre sigue funcionando, no necesitas probarlo.

—Te dije que te bajaras.

Belvina se sacudió el cabello.

—Estoy disfrutando el paseo.

Alden se inclinó ligeramente, la voz baja.

—Esa moto es del tipo que hace un rato intentó molestarte.

La cabeza de Belvina giró en seco. Sus ojos destellaron afilados.

—¿Me estabas siguiendo?

—Estaba vigilando lo que es mío.

—Excusa gastada. No soy un objeto.

—Como sea. —La mirada de Alden no se movió ni un milímetro—. Bájate.

—No. Por ahora es mía.

—Bájate.

—No.

El semáforo seguía en rojo. Varias personas empezaron a levantar sus celulares disimuladamente.

La comisura de los labios de Alden se tensó con impaciencia. Entonces alzó una mano e hizo una señal breve.

Dos hombres aparecieron desde la banqueta —nadie supo en qué momento habían llegado— y corrieron hacia el sedán negro. Uno se deslizó al asiento del conductor, el otro al del copiloto.

Belvina abrió los ojos de par en par.

—¿Trajiste repuesto de personas?

—Se llaman empleados.

Al segundo siguiente, Alden se montó sin más en el asiento trasero de la moto.

Belvina giró medio cuerpo de golpe.

—¡Alden! ¡Bájate!

—Arranca.

—¿Estás loco?

—Rápido. Luz verde.

Y era cierto: los cláxones comenzaron a sonar en cadena detrás de ellos.

Belvina entró en pánico.

—¡Agárrate bien!

Alden, con toda calma, posó ambas manos sobre la cintura de Belvina.

Todo el cuerpo de ella se tensó.

—¡Alden!

—Arranca.

La moto salió disparada otra vez. Esta vez con dos pasajeros.

Belvina no dejó de refunfuñar.

—Pesas mucho.

—Mentira.

—Arruinas el equilibrio.

—Aun así rebasaste tres autos hace un momento.

Belvina le lanzó una mirada fulminante.

El viento arrastraba el cabello de ella contra el rostro de Alden. Él lo apartó con suavidad del hombro de Belvina.

Ese gesto mínimo la desconcentró.

—¡No me toques como se te dé la gana!

—Solo evito que nos caigamos.

—Es más probable que me caiga por tu culpa.

Alden se acercó un poco a su oído.

—Si tú caes, yo caigo contigo.

El corazón de Belvina perdió el ritmo. Por un instante, fue consciente de que la respiración de él estaba demasiado cerca.

Y eso revolvió sus pensamientos más que toda la persecución anterior.

—Insoportable.

Unos minutos más tarde se detuvieron a un costado de la calle, frente a una tienda de conveniencia.

Belvina desmontó de un salto, el ceño fruncido.

—Te odio.

Alden bajó con más calma.

—No es cierto.

—¿Qué quieres decir con "no es cierto"?

—Estás enojada. Es diferente.

Belvina se señaló el pecho.

—Me perseguiste por media ciudad, te subiste a mi moto a la fuerza y ahora contradices lo que siento.

Alden la observó un largo momento.

—Tú huiste de tu esposo en una moto callejera confiscada. Los dos causamos problemas.

Belvina se quedó muda una fracción de segundo. Luego puso los ojos en blanco.

—Esa es la frase menos romántica que he escuchado en mi vida.

Alden acortó un paso la distancia.

—Todavía no intenté ser romántico.

Belvina retrocedió un paso por instinto.

—Ni lo intentes.

—¿Por qué?

—Porque tu cara sola ya es una molestia.

La comisura de Alden se elevó apenas.

—Entonces sí te gusta verme la cara.

Belvina se paralizó. Acababa de caer en la trampa de sus propias palabras.

—Yo... o sea... no me refería a eso...

Alden bajó la mirada hacia el rostro de ella, que comenzaba a enrojecer.

—En ese caso, mañana paso por ti.

—¡No es necesario!

—¿En auto o en moto?

—¡Vete de aquí!

Belvina empujó el pecho de Alden con toda su fuerza. Él apenas retrocedió un paso.

Belvina se quedó inmóvil.

—¿Eres una pared?

—Prefiero que me llames esposo.

Belvina dejó escapar un gruñido bajo. Entonces sus ojos captaron el sedán negro estacionado no muy lejos, detrás de ellos.

Sin pensarlo dos veces, giró sobre sus talones y caminó a paso rápido hacia él.

Alden entrecerró los ojos.

—¿Belvina?

Ella golpeó la ventanilla abierta del asiento del copiloto.

—¡Abre!

El hombre en el asiento delantero presionó por reflejo el botón del seguro.

En cuanto la puerta se desbloqueó, Belvina jaló la manija de par en par.

Sin aviso, su mano aferró el brazo del hombre.

—Afuera.

—¿Eh...?

Belvina tiró de un solo jalón.

El hombre, que estaba medio girado hacia donde venía Alden, perdió el equilibrio y salió arrastrado del asiento.

—¡Señora!

Casi cayó al pavimento.

Belvina ya se había acomodado tranquilamente en el asiento del copiloto.

La puerta se cerró de un portazo.

Alden, que se hallaba a pocos pasos, se detuvo en seco.

Dirigió la mirada a su empleado, recién arrancado del auto.

—Señor... me desalojaron.

—Ya vi.

Los ojos de Alden se desplazaron hacia Belvina dentro de la cabina. Durante varios segundos, ni siquiera articuló palabra.

—Arranca —ordenó Belvina.

El chofer se quedó petrificado; luego espió de reojo a Alden, que aún estaba a unos pasos del auto.

—Pero, señora...

Belvina agarró de pronto la solapa de su camisa.

—Arranca o tú también te bajas.

—¡D-Disculpe, señora!

Pisó el acelerador de inmediato.

El auto arrancó justo en el instante en que Alden casi tocaba la manija de la puerta.

—¡Belvina!

Desde el interior del auto, ella asomó la cabeza un poco. Sonrió con dulzura y agitó la mano.

—¡Usa la moto!

Alden permaneció al borde de la calle, los ojos fijos en su propio sedán negro que se alejaba cada vez más.

A través del parabrisas, difusa, aún alcanzó a ver a Belvina girar la cabeza una vez antes de acomodarse con toda naturalidad, como si ese auto hubiera sido suyo desde siempre.

A Alden no le importaba que se llevaran el auto. Lo que lo perturbaba era otra cosa.

Quería estar adentro con ella.

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Martha Mena Wong
Solo queda hablar como adultos que son
Martha Mena Wong
😭😭😭😭😭😭😭
Martha Mena Wong
Dios mío que pareja ya no se si reír o llorar jajajaja
Norma Angelica Saldaña Reyes
/Smile/
Laura
o un mosquito
Laura
😂😂😂
Sara Rojas Retamal
poco años le dieron, la justicia hasta en las novelas es pésima😡
Sara Rojas Retamal
que sean mellizos 🥰💪💪👏👏👏👏
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