una mujer llamada Sara, trabaja todos los días para que el dios Zeus no destruya la tierra, Ares y Afrodita se enamoran de ella (LGBTQI+)
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Capítulo 14: El juicio del Olimpo
Un destello cegador envolvió a Ares y Afrodita.
Antes de desaparecer, ambos dirigieron una última mirada a Sara.
En los ojos de Ares había preocupación.
En los de Afrodita, una silenciosa promesa de que volverían a verse.
Al instante siguiente, los dos dioses desaparecieron.
La plaza quedó sumida en un profundo silencio.
Sara seguía inmóvil, intentando comprender lo que acababa de ocurrir.
Daniel fue el primero en romper el silencio.
—Hermana... ¿de verdad eran dioses?
Sara tardó unos segundos en responder.
—Sí... creo que sí.
Los vecinos comenzaron a hablar entre ellos.
—¡La conocían!
—¡Bailó con ellos!
—¿Por qué unos dioses vendrían a nuestro pueblo?
Sara no tenía respuestas.
Solo sentía un enorme vacío.
Había confiado en Ario y Afro... y ahora descubría que le habían ocultado quiénes eran realmente.
Mientras tanto, en el monte Olimpo, Ares y Afrodita aparecieron frente al gran trono de Zeus.
Todos los dioses estaban reunidos.
El ambiente era tan tenso que nadie se atrevía a hablar.
Zeus descendió lentamente los escalones de su trono.
Su voz era firme.
—¿Tienen algo que decir en su defensa?
Ares dio un paso al frente.
—Fui yo quien reveló mi identidad.
Afrodita negó con la cabeza.
—No. Yo también acepté hacerlo.
—No importa quién empezó —interrumpió Zeus—. Los dos desobedecieron mis órdenes.
Atenea observó a su padre.
—Padre, Eris fue quien apareció primero ante los mortales. Ellos solo protegieron a una inocente.
Hermes asintió.
—Si no hubieran intervenido, Sara habría muerto.
Zeus permaneció en silencio unos instantes.
Después dirigió su mirada hacia Eris, que permanecía apoyada contra una columna con una sonrisa burlona.
—¿Es cierto?
Eris hizo una exagerada reverencia.
—Jamás tuve intención de matarla.
—¿Entonces por qué apareciste?
—Porque quería conocer a la famosa mortal capaz de llamar la atención de dos dioses.
Zeus frunció el ceño.
—Tus juegos siempre traen problemas.
Eris sonrió.
—Y siempre son entretenidos.
El rey del Olimpo volvió a mirar a Ares y Afrodita.
—Aunque Eris provocó esta situación, ustedes rompieron una ley divina.
Ares bajó la cabeza.
—Aceptaré cualquier castigo.
Afrodita hizo lo mismo.
—Yo también.
Los demás dioses guardaron silencio.
Finalmente, Zeus levantó su cetro.
—A partir de este momento...
Todo el Olimpo contuvo la respiración.
—...les prohíbo descender al mundo mortal durante treinta días.
Afrodita abrió los ojos con sorpresa.
Ares apretó los puños, pero no protestó.
Treinta días.
Un mes entero sin poder ver a Sara.
—Si vuelven a desobedecerme —continuó Zeus—, el castigo será el destierro.
—Entendido, padre —respondió Ares.
—Lo entendemos —añadió Afrodita.
Esa misma noche, Sara caminó sola hasta el puente donde había conocido a Ario y Afro.
La ciudad estaba en calma.
Se apoyó sobre la baranda y contempló el reflejo de la luna en el río.
—Así que todo era verdad...
Recordó el primer baile con Ares.
Las conversaciones con Afrodita.
Las risas.
Las promesas.
Una lágrima resbaló por su mejilla.
—¿Por qué no me dijeron quiénes eran?
No estaba enfadada.
Estaba herida.
Sentía que dos personas en las que había empezado a confiar le habían ocultado una parte muy importante de sus vidas.
Sin embargo, también recordaba cómo Ares se había interpuesto entre ella y Eris sin dudarlo.
Y cómo Afrodita había permanecido a su lado.
—Quizá... tenían sus razones.
Desde el Olimpo, Afrodita observaba el Espejo del Mundo.
Veía a Sara sola en el puente.
No podía escuchar sus palabras.
Pero sí veía sus lágrimas.
La diosa bajó la mirada.
—Lo siento...
Ares llegó en silencio y se colocó junto a ella.
Los dos permanecieron observando el espejo.
—Está llorando —murmuró él.
—Sí.
Ares cerró los ojos.
—La lastimamos.
Afrodita asintió.
—Sin querer... pero lo hicimos.
Durante varios minutos ninguno habló.
Entonces Ares rompió el silencio.
—Cuando termine el castigo...
Miró nuevamente el reflejo de Sara.
—Quiero decirle toda la verdad.
Afrodita sonrió con tristeza.
—Yo también.
No importaba cuál fuera la decisión de Sara después.
Lo único que deseaban era recuperar su confianza.
Muy lejos de allí, Eris contemplaba la escena desde las sombras del Olimpo.
Su sonrisa era cada vez más amplia.
—Perfecto...
La confianza se ha roto.
Ahora solo necesito decidir cómo convertir esa grieta... en un abismo.
La diosa de la discordia desapareció entre las sombras mientras una nueva etapa comenzaba para los tres.
El destino los había separado.
Pero los sentimientos que estaban naciendo en sus corazones serían mucho más difíciles de romper.
Fin del Capítulo 14.