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Despreciada por su Hermana, Desposada por un Millonario

Despreciada por su Hermana, Desposada por un Millonario

Status: Terminada
Genre:CEO / Maltrato Emocional / Sustituto/a / Juego de roles / Amor eterno / Completas
Popularitas:143.5k
Nilai: 4.9
nombre de autor: uutami

Valentina nunca fue suficiente.

Coja desde un accidente que nadie quiere explicar, vive como sirvienta en la casa de su propio padre, humillada a diario por su media hermana Diana y su madrastra. Cuando un joven conductor de mototaxi llamado Mateo llega a pedir la mano de Diana y es rechazado con desprecio, la familia decide deshacerse de dos problemas a la vez: obligan a Vale a casarse con él.

Lo que nadie sabe —ni siquiera Vale— es que Mateo esconde un secreto que lo cambiará todo.

Detrás de la moto destartalada y la chaqueta de conductor se oculta el heredero de una de las fortunas más poderosas del país. Y detrás del matrimonio apresurado, una promesa que Mateo juró cumplir a cualquier precio.

A medida que Vale descubre que su marido no es quien dice ser, una red de mentiras comienza a derrumbarse: el hombre que la amaba en secreto pierde la memoria, su hermana finge un embarazo para atrapar al novio equivocado, y un padre biológico que Vale creía inexistente aparece con una prueba de ADN y una fortuna que le pertenece.
Pero la verdad más devastadora aún no ha salido a la luz. Porque la persona responsable de que Vale camine con muleta lleva años en coma... y acaba de despertar.

NovelToon tiene autorización de uutami para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 27 — Rostros del pasado

El cielo de esa tarde estaba pálido, como si se empeñara en retener el color. Vale caminaba despacio por la estrecha acera; su muleta golpeaba el asfalto con un ritmo regular.

Toc.

Toc.

Un compás que llevaba dos años acompañándola. El jilbab color crema le cubría el cabello con pulcritud, y el gamis largo azul claro le daba un aire sereno, casi frágil.

No esperaba que ese encuentro fuera a ocurrir.

—Disculpe... ¿señorita?

La voz hizo que Vale se detuviera de golpe. Se volvió despacio. Un hombre estaba de pie a dos pasos detrás de ella. Alto, bien arreglado, de rostro limpio y una mirada que... resultaba extraña y, al mismo tiempo, extrañamente cercana.

—¿Sí? —respondió Vale con brevedad; la voz se le moduló sola.

El hombre esbozó una sonrisa titubeante. —Me parece... que la conozco.

El corazón de Vale latió más rápido. No. No debía.

—Disculpe, se equivoca de persona —dijo con rapidez. La mano se le tensó sobre la muleta.

—No —replicó el hombre con suavidad—. Estoy seguro. O al menos... su cara se parece mucho a una mujer en una foto que encontré.

Vale tragó saliva. El mundo pareció encogerse. ¿Una foto?

Sí, aquel hombre era Ricardo. Desde que perdió la memoria, era la primera vez que veía a Vale en persona. No en la imagen de una fotografía hallada en el cajón de su escritorio.

El pecho se le oprimió.

—Disculpe —dijo ella con más firmeza—. No lo conozco. Tengo prisa.

Se dio la vuelta y aceleró el paso a pesar de que su pierna no se lo permitía. Toc... toc... el ritmo se volvió desparejo. El hombre, por reflejo, la siguió un paso.

—Espere... soy Ricardo —dijo—. Solo quiero preguntarle...

Vale no respondió. El miedo la guiaba. Diana. Marta. Todos esos nombres revolotearon como sombras largas bajo el sol del mediodía. No podían verla junto a Ricardo. Nadie debía enterarse.

Al final de la calle, una motocicleta se detuvo de golpe.

—¿Vale? —la llamó una voz con sorpresa.

Vale alzó el rostro, casi aliviada. —Mateo.

Mateo bajó deprisa; sus ojos captaron al instante la forma apresurada en que Vale caminaba, su respiración entrecortada. Luego vio a Ricardo: un desconocido de pie a unos pasos detrás.

—¿Qué te pasa? —preguntó Mateo en voz baja, con la mirada fija únicamente en la mujer que tenía enfrente.

—Nada —respondió Vale con rapidez—. Vámonos... tenemos que irnos.

Ricardo avanzó medio paso, queriendo retenerla, pero las palabras se le quedaron atrapadas en la punta de la lengua.

Mateo se volvió; su mirada era gélida.

—Vámonos, por favor. ¡Rápido! —susurró Vale, casi suplicante.

Vale ya estaba sobre la motocicleta. Mateo encendió el motor. En cuestión de segundos, se alejaron por aquella calle.

Ricardo se quedó solo. El pecho le dolía como un hueco, como si acabara de perder algo que ni siquiera había alcanzado a comprender.

«¿Por qué duele tanto? ¿Quién es esa mujer? ¿Por qué se parece a la de la foto que encontré? ¿Y quién es ese hombre? ¿Por qué está con ella?»

En el camino, el viento azotaba el jilbab de Vale. Le temblaban las manos a los costados del asiento.

—¿Quién era? —preguntó Mateo con tono despreocupado, como si no quisiera presionar.

Vale miraba la carretera. —Un desconocido que se confundió. Preguntaba por una dirección.

—Ah. —Mateo asintió—. Creí que era un conocido.

Vale negó con la cabeza. —No.

Mateo no preguntó más. Aceptó la respuesta, como siempre.

Al día siguiente, Vale salió de una tienda de accesorios con una sonrisa que rara vez se le veía tan amplia. Acababa de comprar material de cosméticos para su trabajo de maquillaje.

A lo lejos divisó una figura que conocía muy bien. De pronto, la nostalgia la embargó. Aceleró el paso a pesar de la muleta.

—¡Papá!

El hombre de mediana edad se volvió y el rostro se le iluminó al instante. —¿Vale?

Se acercaron el uno al otro. Don Ernesto observó a su hija de la punta del jilbab a la punta de los zapatos. —Te ves... saludable.

Vale sonrió; los ojos se le humedecieron. —Usted también, papá.

Don Ernesto soltó una risita. —Qué bonita ropa traes. Te queda muy bien.

Vale se sonrojó. —Me la compró Mateo, papá.

Las palabras salieron quedas, pero sinceras.

—Alhamdulillah —don Ernesto exhaló con alivio—. Me alegra escuchar eso. Seguro te trata bien.

—Sí, papá. Alhamdulillah. Y usted... ¿cómo está?

—Soy feliz con verte feliz así.

Vale se ruborizó. —Hace poco me encontré a la señora y a Diana en el mercado.

Don Ernesto rio. —Ahora sí van al mercado. Ahora sí quieren cocinar —dijo, meneando la cabeza—. La casa se volvió un desastre desde que tú no estás, Vale.

—¿De verdad, papá?

—Sí. Pero no vuelvas. Estás bien con Mateo.

—Vivimos en una casa alquilada, papá.

—Pues muy bien, Vale. Alhamdulillah, ¿no?

—Papá... —Vale titubeó un momento y luego se armó de valor—. Vaya a visitarnos. Quiero que la conozca.

Don Ernesto se disculpó. —Hoy no puedo. Todavía tengo trabajo. Pero te lo prometo: iré.

Vale asintió. —Lo espero. Ah, papá: ya tengo celular. Guarde mi número.

—Mira nada más, ya tienes celular.

Vale volvió a sonrojarse. —Es que... me lo gané en una rifa.

—Pues qué suerte la tuya desde que saliste de la casa.

Vale solo sonrió, apenada.

Se despidieron después de intercambiar números.

Unos días más tarde, en una casa que bullía con ruidos matutinos, don Ernesto acomodaba su bolso.

—Vale, voy a tu casa, ¿sí? —dijo por teléfono.

Ricardo, que en ese momento bebía café, se quedó inmóvil.

—¿Vale? —repitió en un murmullo.

Giró la cabeza despacio, tratando de escuchar a hurtadillas. Seguía viviendo en casa de don Ernesto.

—A ver, compárteme tu ubicación.

Algo vibró dentro de la cabeza de Ricardo. Un rostro cubierto por un jilbab. Una muleta. Una sonrisa contenida. La foto en el cajón.

Poco después de que don Ernesto se marchó, Ricardo lo siguió. Su auto guardaba distancia. No sabía qué buscaba... si respuestas o simplemente la certeza de que aquella sensación extraña no era una alucinación.

Cuando don Ernesto se detuvo frente a una casa sencilla pero pulcra, Ricardo también aminoró la marcha. Desde detrás de la cerca, vio salir a Vale.

Con un jilbab suave. Con la muleta en la mano.

Con el mismo rostro que en la foto.

—¡Aaargh!

Ricardo gimió; la cabeza le palpitaba de dolor...

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Hilda Estrada
esa señora! no sé le puede decir: madre? no sabe serlo
Hilda Estrada
odio esas arpias😡
Julia Camacho Cordoba
Bueno
Maritza Elizabeth Campos Rebolledo
sigo sin entender el porque tiene que alejarse de su esposa y ocultar así hermano el matrimonio, me podrías explicar autora plis
Silvina Claudia Rodrigo
y no se que esperaba Renato ,si Vale está muy enamorada de su esposo y mateo también la ama profundamente
Maritza Elizabeth Campos Rebolledo
me perdí de algo, mientras leía porque no entiendo porque no le dicen que es la esposa de Mateo?
💙💫Géminis 💫💙
va a tener otras historias
💙💫Géminis 💫💙
va a tener otras historias
Patty Zenemij
yo trate de ver las imágenes y nada jajajjaa ni modos a seguir con la simulación del personaje
Natalia Solis
🥰😍 Hermosa novela
Alicia Sira
falto el final de diana y martha
Alicia Sira
no me gusta como gloria a pesar de querer a vale la utiliza por bien de renato.
Lourdes Mendez
👌👌👌👌👌👌👌👌👌👌👌👌👌
Lourdes Mendez
EXCELENTE TRABAJO FELICIDADES ESCRITORA ÉXITO ÉXITO ÉXITO ÉXITO ÉXITO 🙌 ✨️ 💪 👍 👏 💕
Alicia Sira
😭 vale es muy buena.
Elianeth Pacheco
Buy bonita la novela pero siento que faltó y que paso con diana y la mamá
Graciela Maris Galarza
hermosa novela 👏
Tere Jimenez
muy bonito capitulo 😂
Tere Jimenez
muchas felicidades gracias por compartir tu novela hermosa de principio a fin espero sigas escribiendo con sabiduría y entendimiento para compartir con nosotros todos tus éxitos un abrazo
Tere Jimenez
que hermoso capitulo muchas quisiéramos tener a nuestros padres un segundo
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