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El capitán que perdió el control por mí

El capitán que perdió el control por mí

Status: Terminada
Genre:Amor de la infancia / Aventura de una noche / Amor-odio / Completas
Popularitas:77.9k
Nilai: 5
nombre de autor: VivianMansano

Valentina Mendoza está acostumbrada a mantener todo bajo control. Como controladora aérea, sabe que un solo error puede convertir el cielo en un desastre. Pero su vida se sale de rumbo cuando Sebastián del Fuego reaparece frente a ella.
Él fue su rival en el bachillerato. Ahora es un capitán arrogante, irresistible y heredero de una de las aerolíneas más poderosas del país. Sebastián siempre ha vivido siguiendo reglas estrictas, hasta que una noche con Valentina destruye todos sus límites.
Cuando un embarazo inesperado vuelve a unirlos, Valentina se niega a convertirse en una carga o en una pieza más dentro de los negocios de dos familias enfrentadas. Tiene problemas más urgentes: un padre que solo piensa en sus intereses, una media hermana dispuesta a destruirla y el secreto detrás del accidente que dejó a su madre sin despertar durante diez años.
Valentina quiere justicia. Sebastián solo quiere permanecer a su lado, aunque para hacerlo tenga que enfrentarse a su familia, renunciar a la vida que habían planeado para él y demostrarle que esta vez no piensa abandonarla.
Entre amenazas, secretos y traiciones, ambos descubrirán que incluso el piloto más disciplinado puede perder el control cuando se enamora de la única mujer que nunca pudo olvidar.

NovelToon tiene autorización de VivianMansano para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 26

...Val....

Seb me estaba esperando cuando salí de la torre.

Recargado contra su camioneta, con los brazos cruzados y una bolsa de plástico roja colgando de la mano izquierda. Todavía con el uniforme de piloto pero con la corbata guardada en el bolsillo. Me vio salir y no sonrió. Simplemente me miró, como si hubiera estado contando los minutos.

—Vámonos —dijo.

—¿A dónde?

—A mi casa. Voy a cocinar.

—No tengo hambre.

—No te pregunté si tienes hambre.

Me abrió la puerta del copiloto. Me subí porque estaba demasiado cansada para pelear. El incidente del radar había sido ayer pero sentía como si hubieran pasado tres años. Cada músculo de mi cuerpo dolía de una tensión que no se soltaba.

En el camino, Seb me dio la bolsa roja. Adentro había una bolsa de Takis Fuego, un paquete de cacahuates japoneses enchilados y un jugo de mango con chile.

—¿Esto qué es? —pregunté.

—Lo que te gusta.

—¿Cómo sabes que me gustan los Takis?

—Porque cada vez que Paty lleva Takis a la torre, tú te comes la mitad de la bolsa. Y los cacahuates japoneses los vi en tu escritorio. Y el jugo de mango con chile me lo dijo Nati.

Lo miré. Él miraba la carretera.

—¿Le preguntaste a Nati qué me gusta comer?

—Le pregunté muchas cosas.

No supe qué responder. Abrí los Takis y me comí cinco seguidos, con los dedos rojos del polvo y el sabor ardiente quemándome la lengua. Me supieron a gloria.

Seb pasó frente a un supermercado grande y puso la direccional.

—Necesito comprar cosas para la cena. ¿Vienes?

—No.

—¿Segura?

—Espero aquí.

Estacionó. Me miró.

—Val, algún día vas a dejar de tratarme como si ir al supermercado conmigo fuera un compromiso de por vida.

—No es eso.

—¿Entonces?

Era eso. Exactamente eso. Porque ir al supermercado juntos, escoger verduras, comparar precios, discutir si el pollo fresco era mejor que el congelado — eso era de parejas. De gente que planea cenas y comparte refrigeradores y tiene una vida juntos. Y yo no estaba lista para eso. No sabía si algún día lo estaría.

—Espero aquí —repetí.

Seb abrió la puerta. Bajó. Me miró por la ventana.

—Cuando decidas que puedes caminar por el pasillo de las verduras conmigo sin que eso signifique matrimonio, me avisas.

Sonreí. No quise, pero sonreí.

Lo vi entrar al supermercado desde el auto. Me recliné en el asiento. Y con la boca llena de Takis y el jugo de mango en la mano, miré por la ventana el estacionamiento medio vacío y recordé algo que llevaba años tratando de olvidar.

—————

Tenía siete años. Un sábado. Mi madre me llevó al centro comercial a comprar zapatos para la escuela. Yo iba agarrada de su mano, brincando entre las baldosas blancas y negras del piso como si fuera un tablero de ajedrez.

—Mamá, quiero los de estrellitas.

—Vamos a ver cuáles hay, mi amor.

Mi madre olía a gardenias. Siempre olía a gardenias. Tenía el pelo suelto y un vestido azul claro y la sonrisa más bonita que yo había visto en mi vida. Yo pensaba que mi mamá era la mujer más guapa del mundo. Todavía lo pienso.

Pasamos frente a una cafetería y mi madre se detuvo. Se le borró la sonrisa de golpe. Yo seguí su mirada y vi a mi padre sentado en una mesa junto a la ventana. Frente a él, una mujer joven con pelo teñido de rubio se reía de algo que él había dicho. Mi padre tenía la mano encima de la mano de ella.

Mi madre me soltó los dedos.

—Espérame aquí, Valentina.

—Mamá—

—Aquí. No te muevas.

Caminó hacia la cafetería. Entró. Vi a mi padre levantar la vista y verla. Vi cómo cambió su expresión — de risa a algo duro, cerrado, como una puerta que se cierra de golpe. La mujer rubia se soltó de su mano y se levantó. Mi madre dijo algo que no pude escuchar desde afuera. Mi padre dijo algo. La mujer rubia agarró su bolsa y se fue caminando rápido hacia la salida.

Mi madre salió de la cafetería tres minutos después. Tenía los ojos rojos pero no lloraba. Me agarró la mano otra vez.

—¿Vamos por los zapatos? —dijo, y su voz era normal pero algo le temblaba debajo.

—Mamá, ¿quién era esa señora?

—Nadie, mi amor. Nadie.

No compramos zapatos ese día. Mi madre me llevó a casa, me puso una película, se encerró en su cuarto y no salió hasta la noche. Escuché algo a través de la puerta que podía ser llanto o podía ser la televisión.

La mujer rubia se llamaba Susana Mora. Un año después se mudó a nuestra casa. Dos años después tuvo una hija. La llamaron Camila.

Y el vestido azul claro de mi madre desapareció del clóset, como si nunca hubiera existido.

—————

Seb volvió del supermercado con tres bolsas. Las puso en el asiento de atrás. Me vio los ojos.

—¿Pasó algo?

—No.

—Valentina.

—Estaba recordando algo. Ya pasó.

No insistió. Manejó hacia su departamento. Subimos en silencio. Entré, me quité los zapatos, me senté en el sillón y lo vi caminar hacia la cocina como si fuera la cosa más natural del mundo que yo estuviera en su casa.

Cocinó. El departamento se llenó de olor a ajo, chile guajillo, cebolla frita. Lo vi moverse por la cocina con la misma seguridad con que se movía en la cabina de un avión, cortando, sazonando, probando.

—¿Qué estás haciendo?

—Pollo en salsa de chipotle. Arroz rojo. Y unos chiles toreados que te van a hacer llorar.

—¿Desde cuándo cocinas picante?

—Desde que tú comes picante.

Aprendió a cocinar lo que a mí me gustaba. Este hombre aprendió a cocinar enchilado porque yo comía enchilado. Y eso me golpeó más fuerte que cualquier declaración de amor.

Comí. Comí todo. El pollo estaba perfecto — el chipotle le daba un sabor ahumado que me calentó por dentro. Los chiles toreados me hicieron lagrimear pero no paré. El arroz rojo estaba bien sazonado, con un toque de comino que mi madre le ponía al suyo.

—Está bueno —dije.

Seb sonrió. La primera sonrisa del día.

Después de cenar lavamos los platos juntos. O más bien yo lavé y él secó, y nuestros codos se rozaban cada vez que le pasaba un plato y ninguno de los dos se movió para evitar el contacto.

Empezó a llover. Primero un golpeteo suave contra las ventanas. Después un aguacero que convirtió la ciudad en un borrón gris detrás del cristal. Los truenos retumbaron en las paredes del departamento.

—No vas a manejar con esta lluvia —dijo Seb.

—Me he ido con peores.

—No esta noche.

No discutí. Estaba cansada. Me dio una camiseta y un pantalón de pijama que me quedaba enorme. Me cambié en el baño. Me acosté en su sofá, con la cobija que ya conocía y la almohada que ya olía a mí.

Seb se fue a su cuarto. Apagó la luz. La lluvia golpeaba las ventanas como puños.

Me dormí.

Y soñé.

Soñé con el vestido azul de mi madre. Con el pasillo del centro comercial. Con la mano de mi padre sobre la mano de Susana. Pero en el sueño, la mujer no era Susana. Era yo. Y el hombre no era mi padre. Era Luciano. Y yo estaba sentada en la cafetería mirando cómo alguien entraba por la puerta a descubrirme, y esa persona tenía los ojos de Seb.

Me desperté gritando.

No un grito grande. Un sonido corto, ahogado, como si alguien me hubiera tapado la boca. Estaba empapada de sudor, temblando, con el corazón en la garganta y las manos agarrando la cobija tan fuerte que me dolían los dedos.

La lluvia seguía cayendo. Un relámpago iluminó la sala.

Desde la puerta de su cuarto, Seb me miraba. Estaba de pie, en la oscuridad, y no sé cuánto tiempo llevaba ahí.

—Val —dijo, en voz baja—. Dijiste un nombre.

Me limpié la cara con el dorso de la mano.

—No importa.

—Dijiste "mamá".

Cerré los ojos. La lluvia golpeaba. Y la oscuridad se sentía tan grande que por un segundo quise que Seb cruzara la sala y se sentara junto a mí y me abrazara hasta que dejara de temblar.

Pero no se lo pedí.

Y él no cruzó.

Se quedó en la puerta, mirándome, hasta que me acosté de nuevo y cerré los ojos fingiendo que dormía.

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1
Magdalena Petrazzini
Excelente novela,!! Que buen capítulo, ahora van a empezar a descubrir todo y ser castigados como corresponde. Felicitaciones autora que placer es leer novelas tan entretenidas.🇦🇷🇦🇷 ⭐⭐⭐⭐⭐👏👏👏👏👏🤗🥀🌍
Magdalena Petrazzini
Excelente novela, felicitaciones escritora, muy buena la trama. Una historia distinta y muy entretenida👏👏👏👏⭐⭐⭐⭐⭐🥀🤗🌍🇦🇷🇦🇷
Magdalena Petrazzini
Sebastián es. un divino, como la ama, pueda ser que descubra el accidente de la mamá de Vale
Fresia Queupil
tengo una duda sobre las edades dé Valentina y camila en un relató Val tiene 27 años y camila cuándo empujó a Elena tenía 18 años y an pasado 10 años🤭🤭🤭
Fresia Queupil
pero cuando terminan los misterios.
Fresia Queupil
mucha espera no otro hombre no soportaría ya tendría otra relación 😭😭
Mirta
me encantó un relato revelador y profundo
Equipo Motorola
felicitaciones escritora 👏👏👏
Linsol
ya quisiera un Seb para miiii☺️☺️☺️☺️☺️☺️
Maris Benitez
Excelente 👏👏👏 me encantó, tienes un hermoso Don Autora, continúa escribiendo 💪💜💜 y gracias por compartir, muchas bendiciones para ti y tu familia,(*Dios te bendiga,te proteja y defienda siempre 🙏*)❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️
Maris Benitez
Hermoso capítulo ❤️❤️😍😍 Doña Carmen encontrándose con su hija Elena, después de 10 años 🥲🥲🥲💪💪💪💪
Maris Benitez
Imaginé esa acción desesperada con el arma, apuntándole, por más que realmente estaba descargada pero Valentina no lo sabía y los abogados tampoco, creo que se le pueden agregar años de preso
Maris Benitez
Humm 🤔🤔 será capaz de querer matarla Fernando,con lo s abogados presentes, Humm, todo es posible
Maris Benitez
Hermoso encuentro entre padre e hija 😍😍😍😍😍❤️❤️❤️
Maris Benitez
Que nervios 😲, que emoción 🥲 yendo a conocer a su padre biológico 😬😬la reconocerá? si es tan parecida a su mamá creo que si
Maris Benitez
Hermoso capítulo ❤️😍 el dije de un avión 🛬y la propuesta de matrimonio 💍🧎💘 con un anillo 😃😃
Maris Benitez
Hermoso y milagroso Elena volviendo y diciendo sus primeras palabras 💪💪💪🙃🙃🙃😍😍😍😍😍
Maris Benitez
Jajaja jajajaja 😂😂😂 ya el perro 🐕 tiene nombre, ahora falta el perro 💪💪💪
Maris Benitez
Camila loca psicópata asesina 😤😡🤬 esperando que ahora quede presa y pague por todo el daño, desde que tiró por las escaleras a Elena 💪💪💪💪
Maris Benitez
💞💞💞😍😍😍😍😍😍 hermoso capítulo 🙂🙂🫠🫠🙃🙃Paz, armonía y proyectos a futuro
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