NovelToon NovelToon
Sistema De Luz : La Elegida Del Cielo.

Sistema De Luz : La Elegida Del Cielo.

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Viaje a un mundo de fantasía / Aventura / Completas
Popularitas:287
Nilai: 5
nombre de autor: piscis 1

Elena Vásquez es una joven común con una vida gris hasta que un meteorito azul cae del cielo y la elige como usuaria de un misterioso sistema de evolución personal. A partir de entonces, desbloquea habilidades basadas en la empatía y la sanación, y descubre que no está sola: otros elegidos en distintos lugares del mundo comparten dones complementarios. Juntos deberán restaurar el equilibrio energético de la Tierra, enfrentar a una organización que busca controlar sus poderes y, sobre todo, despertar a la humanidad antes de que la energía vital del planeta se extinga. Es una historia de crecimiento, cooperación y pequeños actos de bondad capaces de cambiar el mundo.

NovelToon tiene autorización de piscis 1 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Precio de la Energía.

Capítulo 7: El Precio de la Energía

El descubrimiento del Núcleo cambió todo. Ya no eran solo un grupo de personas con habilidades extrañas ayudando a quien podían. Ahora tenían un objetivo claro, una meta concreta, un destino en el mapa. Pero también tenían un problema que ninguno había querido enfrentar hasta ese momento: el costo de usar sus habilidades.

Elena lo descubrió de la peor manera posible. Tres días después de la reunión con la doctora Iris, estaba caminando por el centro de la ciudad cuando vio a una mujer corriendo detrás de un autobús. La mujer llevaba un bebé en brazos y una bolsa de compras que se le escapaba de los dedos. Elena, sin pensarlo, corrió tras ella. No sabía qué iba a hacer, pero su cuerpo se movió antes que su mente. Alcanzó a la mujer justo cuando esta tropezaba. La sostuvo, evitando que cayera al suelo con el bebé.

—¡Cuidado! —exclamó Elena, sujetándola por el brazo.

La mujer la miró con gratitud, respirando agitada. —Gracias. Gracias. No sé qué habría hecho si...

Elena sonrió. Pero entonces sintió algo extraño. Un tirón en el pecho, como si alguien hubiera jalado una cuerda atada a su corazón. El sistema parpadeó en su visión.

"Habilidad: Toque Sanador activada involuntariamente. Energía consumida: 5 puntos. Energía restante: 20/25."

Elena parpadeó. No había querido usar el Toque Sanador. Solo había sostenido a la mujer. Pero su habilidad se había activado sola, como un reflejo, y ahora se sentía más cansada. No era un cansancio normal. Era un agotamiento profundo, como si hubiera corrido un maratón. Se apoyó en una pared, respirando hondo.

—¿Estás bien? —preguntó la mujer, preocupada.

—Sí, sí. Solo... solo necesito un momento.

La mujer se fue, y Elena se quedó allí, apoyada en la pared, sintiendo cómo su energía se recuperaba lentamente. Cinco puntos. No parecía mucho. Pero era la primera vez que sentía el costo real de sus habilidades. No era gratis. No era infinito. Cada vez que sanaba a alguien, se estaba sanando a sí misma menos. Cada vez que usaba su empatía, se agotaba un poco más.

Esa noche, convocó una reunión de emergencia. El grupo se reunió en el café, y Elena les contó lo que había pasado. No fue la única. Sofía admitió que había estado sintiéndose débil después de reforzar el suelo durante el terremoto. Valeria había tenido mareos después de purificar el agua de los refugios. Andrés había estado durmiendo doce horas al día desde que usó su resistencia para ayudar a evacuar a unas familias.

—El sistema no nos dijo que esto iba a pasar —dijo Andrés, con frustración—. Nos dio poderes, pero no nos advirtió del precio.

—Quizás lo hizo —dijo Mateo, consultando su interfaz—. El sistema dice que la energía es limitada. Que cada habilidad consume una parte de nuestra energía vital. Si llegamos a cero, podemos enfermar. O peor.

—¿Peor? —preguntó Valeria, con los ojos muy abiertos.

Mateo dudó. —El sistema no lo especifica. Pero dice que si agotamos toda nuestra energía, la conexión con el sistema se debilita. Y si la conexión se rompe... perdemos las habilidades.

El silencio se apoderó de la mesa. Todos habían aceptado sus habilidades con entusiasmo. Habían sentido el poder de ayudar, de sanar, de construir. Pero nunca habían pensado en lo que costaba.

—Entonces, ¿qué hacemos? —preguntó Carmen—. ¿Dejamos de usar nuestras habilidades?

—No —dijo Elena, con firmeza—. No podemos dejar de usarlas. La gente nos necesita. El planeta nos necesita. Pero tenemos que ser más inteligentes. Tenemos que aprender a administrar nuestra energía.

Mateo asintió. —He estado analizando los patrones. La energía se recupera con el descanso, pero también con actos de bondad. Cada vez que ayudamos a alguien sin usar habilidades, ganamos un poco de energía. Es como si el sistema recompensara la bondad pura, sin poder de por medio.

—Entonces, ¿podemos recargarnos siendo buenos? —preguntó Sofía.

—Exacto. Y también podemos compartir energía entre nosotros. El sistema desbloqueó la habilidad Vínculo Energético. Elena la tiene. Si ella comparte su energía con nosotros, podemos seguir usando nuestras habilidades sin agotarnos.

Elena miró su interfaz. La habilidad Vínculo Energético estaba allí, esperando. La había desbloqueado después del terremoto, pero nunca la había usado. No sabía cómo funcionaba. No sabía si era segura.

—Podemos probarla —dijo—. Pero con cuidado. No quiero lastimar a nadie.

Don Ramón, que había estado escuchando en silencio, habló. —El sistema nos dio estas habilidades por una razón. No para que las usemos sin pensar, sino para que aprendamos a usarlas con sabiduría. La energía no es infinita. Ni la del planeta, ni la nuestra. Pero si la compartimos, si la cuidamos, puede durar mucho más.

Elena sonrió. —Entonces aprendamos a cuidarla.

Los días siguientes fueron de experimentación. Elena practicó el Vínculo Energético con cada miembro del grupo. El proceso era simple: extendía su mano, tocaba el hombro de la otra persona, y sentía cómo una parte de su energía fluía hacia ella. No era doloroso, pero sí agotador. Después de compartir energía con tres personas, Elena tenía que sentarse y descansar durante horas.

—Es como donar sangre —dijo Mateo, después de una sesión—. Tu cuerpo lo reemplaza, pero necesita tiempo.

—Entonces tendremos que turnarnos —dijo Elena—. No todos pueden usar sus habilidades al mismo tiempo. Tenemos que priorizar. Turnarnos. Cuidarnos.

El grupo aceptó. Establecieron un sistema de turnos. Cada día, dos o tres de ellos estarían activos, usando sus habilidades para ayudar a quien lo necesitara. Los demás descansarían, se recuperarían, y estarían listos para el día siguiente. No era perfecto. No podían salvar a todos. Pero podían hacer más de lo que hacían solos.

Una noche, después de una sesión particularmente agotadora, Elena se sentó en un banco del parque. Mateo se sentó a su lado, en silencio. Durante un rato, ninguno habló. Solo miraron las estrellas.

—¿Tienes miedo? —preguntó Mateo finalmente.

—Sí —admitió Elena—. Mucho. No sé si podremos hacer esto. No sé si encontraremos el Núcleo. No sé si salvaremos el planeta. A veces siento que es demasiado para nosotros.

Mateo asintió. —Yo también tengo miedo. Pero luego pienso en todo lo que hemos logrado. El terremoto. Las personas que hemos ayudado. El grupo. Tú.

Elena lo miró. —¿Yo?

—Tú eres la razón por la que esto funciona. No el sistema. No las habilidades. Tú. Nos uniste. Nos diste un propósito. Nos enseñaste a cuidarnos.

Elena sintió un calor en el pecho, pero esta vez no era el sistema. Era algo más humano. Algo más profundo.

—No lo hice sola —dijo—. Tú estás aquí. Todos están aquí. Esto es un equipo.

Mateo sonrió. —Un equipo con un problema de energía limitada.

—Podemos manejarlo. Juntos.

Se quedaron en silencio un rato más. Luego, Mateo habló de nuevo.

—¿Sabes qué es lo que más me gusta de ti?

Elena levantó una ceja. —¿Qué?

—Que no te rendiste. Cuando te llegó el sistema, podrías haberlo ignorado. Podrías haber seguido con tu vida gris. Pero no lo hiciste. Elegiste ayudar. Elegiste crecer. Elegiste ser mejor.

Elena sonrió. —Elegí no estar sola.

Mateo le tomó la mano. No fue un gesto romántico, no exactamente. Fue un gesto de apoyo. De amistad. De algo más que aún no tenían palabras para describir.

—No estás sola —dijo—. Nunca más.

Esa noche, cuando Elena llegó a su apartamento, el sistema parpadeó.

"Nueva misión: Encontrar el Núcleo. Ubicación: Cordillera de los Andes, América del Sur. Tiempo estimado de viaje: 7 días. Recompensa: Acceso a la Fuente de Energía Vital. Advertencia: El camino no será fácil. Pero no estarán solos."

Elena miró la interfaz. Miró a Kafka, que dormía en el sofá. Miró por la ventana, hacia las estrellas. El viaje estaba por comenzar. Y por primera vez, se sintió lista.

—Aceptado —dijo.

Y esa noche, soñó con montañas, con ríos, con un árbol de luz que palpitaba en el corazón del mundo. Soñó con su grupo, con Mateo, con un futuro que brillaba como el amanecer. Soñó que el sistema había caído del cielo, pero que la verdadera magia estaba en la tierra. En las personas. En ella.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play