Verónica se casó enamorada. No imaginaba la pesadilla qué sería ese matrimonio. Después de años de maltratos toma una decisión qué cambiará su destino.
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Capítulo 12
A mi habitación en el hospital, llegsn dos detectives. Ambas mujeres. Hago la denuncia por violencia doméstica. Me toman nuevas fotografías. Me dicen qué al llegar al hospital ya habían levantado un registro de mis lesiones.
Tengo miedo, sí y mucho, pero entender qué he sido capaz de atentar contra mi vida ha puesto todo en perspectiva. No puedo volver con Rodrigo, si no me mata él, me voy a matar yo.
Sofía ha sido un gran apoyo. Pamela ha venido para explicarme cómo vamos a proceder.
- Rodrigo va a usar el tema del suicidio en tu contra, intentará desacreditar tu capacidad como madre y para luchar contra eso necesito qué te tomes en serio la terapia. Ha llegado el momento de demostrar lo fuerte y valiosa qué eres.
- Haré todo lo qué me digas, lo prometo.
Afuera de la habitación se escuchan voces qué van aumentando de intensidad. Reconozco la voz de Rodrigo.
- ¡Es él!- aseguro asustada.
- Tranquila, no estás sola y seguro no lo van a dejar entrar.
Inhalo la mayor cantidad de aire posible y de mi boca salen palabras qué no estoy segura de haber querido decir.
- Diles qué lo dejen entrar.
- ¿Segura?- pregunta Sofía, el rostro de Pamela muestra la sorpresa qué mi frase le produce.
- Sí, habrá un juicio y tarde o temprano deberé verlo a la cara.
Pamela asiente y Sofía camina hacia la puerta. Rodrigo ingresa de inmediato. La furia se refleja en su semblante.
- Vaya, veo qué aquí están tus "amiguitas".
- ¿Qué quieres, Rodrigo?
- Solo advertirte sobre las consecuencias de tu estupidez. De mi cuenta corre qué no vuelvas a ver a "mis hijas", olvídate de obtener cualquier beneficio económico de mi parte y prepárate para perderlo todo.
- Nunca tuve nada y cuando me casé contigo perdí lo más importante: a mí, mi autoestima. Lo de las niñas, ya lo veremos, no voy a renunciar a ellas.
- Jajaja, esa ridícula fortaleza qué muestras ahora es una simple fachada. Soy el mejor abogado del país, no vas a destruirme. Y tú, Pamela, recuerda esto, jamás debiste enfrentarte a mí, si en el pasado no acabé contigo y tu familia, ahora lo voy a hacer.
Me lanza una mirada de desprecio antes de marcharse. En cuanto la puerta se cierra, mi cuerpo tiembla sin control.
- Tranquila, Vero. No temas, ya no estás sola- me dice Sofía.
Las palabras qué Rodrigo le dedicó a Pamela hacen eco en mi cabeza. ¿Desde cuándo se conocen? ¿Qué pasó entre ellos? Son preguntas qué vienen a mi mente, pero no me atrevo a decirlas en voz alta.
Por la tarde, me visita la psiquiatra. Sofía se marcha para darnos privacidad. Más qué hacer preguntas, me pide qué le cuente sobre mi vida.
Me explica por qué llegué a ese punto de quiebre y me asegura qué siguiendo un tratamiento voy a estar mejor, ya qué debido a la violencia vivida, he caído en depresión.
Por alguna razón, hablar, me ha dado tranquilidad. El doctor Ocampo llega justo cuando la psiquiatra estaba a punto de marcharse. Intercambian unas palabras y ella se despide.
- ¿Cómo se siente, señora Verónica?
- Mejor, doctor, gracias.
- ¿Los analgésicos le ayudan con el dolor?
- Sí, lo reducen bastante.
- En un par de días voy a darle el alta. ¿Tiene a dónde ir?
- Sí, Sofía me ha ofrecido vivir en su departamento mientras encuentro un trabajo y puedo pagar un lugar.
- Se ve qué es una buena amiga.
- Lo es.
- Sí necesita algo, no dude en llamarme.
- Ya me ha ayudado suficiente, doctor, gracias.
- Créame qué me gustaría poder hacer más.
- Se lo agradezco.
- En una semana debo verla para dar seguimiento a sus heridas y a su tratamiento.
- Aquí estaré.
- Muy bien, la dejo descansar. La veo mañana.
- Gracias, doctor.
Sofía regresa, ha estado conmigo desde qué me ingresaron y puedo notar en cansancio.
- Ve a dormir, voy a estar bien.
- No y no insistas. Me voy a quedar aquí hasta qué te den el alta.
- Eso será en un par de días y tú tienes vida propia.
- En eso te equivocas, he vivido para mi trabajo los últimos años y en consecuencia, tengo muchas vacaciones acumuladas.
Se queda conmigo esa noche y hasta qué el médico me da el alta. Llegamos a su apartamento. No tengo nada, supuse qué Rodrigo me haría llegar algo de mis pertenencias personales, me equivoqué.
- No te preocupes, seguro algo de mi ropa te queda- dice Sofía, quién parece leer mi mente- Sí te sientes bien, mañana vamos de compras.
- Olvídalo, ya estás haciendo mucho por mí. Compraré lo necesario cuando consiga un empleo.
- Vamos a ir de compras. Yo lo hago con mucho gusto, te quiero y voy a ayudarte a salir de esta mala experiencia.
Sus palabras tocan mi lado sensible y un par de lágrimas resbalan por mi mejilla.
- Todo va a estar bien. Tú vas a sanar y esto quedará en el pasado.
Me toma unos minutos componerme. Después, ella me muestra el lugar y al final, mi habitación.
- Descansa, prepararé algo rico para comer.
- Estoy cansada de descansar, preferiría ayudarte.
- Sin problema, haremos lo qué te haga sentir mejor.
Mientras corto algunas verduras, Sofía se encarga de la salsa para la pasta. Comenzamos a recordar viejos tiempos y al poco rato reímos a carcajadas. Por unos minutos, logro olvidar lo qué he vivido.
Ella dice q no sabe hacer nada, claro q sabe, llevar una casa, calarse las malcriadeces, los desplantes de un enfermo, claro q sabes y puedes