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Atada A La Oscuridad Del Alfa

Atada A La Oscuridad Del Alfa

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo / Romance oscuro
Popularitas:4.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Fernanda G

Amelia entra a la mansión del temido Alfa Lian como niñera de su pequeño hijo, sin saber que el líder ha quedado ciego y amargado tras la traición de su propia manada. En un mundo donde la debilidad se paga con sangre, Lian oculta su ceguera con crueldad, rechazando a todos. Sin embargo, el aroma de Amelia calma a su bestia y despierta una obsesión peligrosa. Entre secretos oscuros, enemigos acechando en las sombras y una atracción prohibitiva que consume sus almas, Amelia descubrirá que sanar a la bestia puede costarle la vida... o convertirla en su Luna.

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capitulo 24

​Las primeras luces del alba se filtraban entre los pesados cortinajes de la torre, tiñendo el aire de la estancia con un tono azulado y frío.

En el exterior, el viento helado del norte apenas soplaba, dejando tras de sí un silencio denso, sepultado bajo la nieve fresca que cubría los tejados de la mansión Blackwood.

​Lian abrió los ojos en la penumbra.

​A pesar de que la penumbra de su ceguera seguía intacta, la percepción del entorno no era la misma. No había el dolor punzante detrás de las sienes que durante meses lo había arrastrado al borde del delirio.

La pesadez tóxica que le quemaba las venas cada mañana —el rastro persistente del acónito negro refinado

— se había disipado, reemplazada por un calor sordo y profundo que latía en el centro de su pecho.

​Sintió el peso liviano de Amelia descansando contra su costado. Su cabeza estaba apoyada sobre su hombro, y una de sus manos permanecía abierta sobre el torso desnudo del Alfa, justo encima del corazón.

​El lobo interior de Lian, que durante semanas había permanecido acurrucado y debilitado en un rincón oscuro de su mente, dejó escapar un gruñido bajo, no de furia, sino de poder recobrado.

​Lian contuvo el aliento, fascinado y desconcertado por la transformación. Alzó la mano lentamente y rozó con las yemas de sus dedos la piel tibia del hombro de la joven.

En el momento en que sus pieles se tocaron con la luz del día, un chispazo de energía recorrió la columna vertebral del Alfa. No era una simple reacción física; era una corriente viva, una resonancia mística que fluía entre ambos.

​La presencia de Amelia no solo lo reconfortaba: estaba purificando su sangre.

​El vínculo de la pareja elegida, aquel que las antiguas leyendas del clan describían como una fuerza capaz de sanar las heridas más profundas, se había sellado por completo durante la noche de pasión.

Amelia, con su humanidad pura y su entrega sin reservas, estaba actuando como un filtro vivo contra el veneno. Su sola cercanía avivaba la chispa vital del Alfa, devolviéndole la agudeza a sus sentidos atrofiados.

​Lian inclinó la cabeza hacia ella. Sus fosas nasales captaron con una claridad asombrosa los matices de la habitación:

la leña consumida en la chimenea, el frío de los cristales y, por encima de todo, el aroma inconfundible de la mujer en sus brazos. Pero ahora, también podía percibir el pulso de la casa entera a través de las paredes de piedra.

​Escuchó las pisadas lentas de las patrullas en los corredores inferiores, el choque sordo de las espadas de los guardias en el patio de armas y el latido acelerado de Marcos, quien rondaba por la galería del segundo piso con la impaciencia de un depredador acorralado.

​Su poder de Alfa no solo estaba regresando; se estaba multiplicando.

​Amelia se movió entre las sábanas, soltando un suave suspiro mientras abría los ojos. Al encontrarse con la figura del hombre observándola en el silencio de la mañana, una sonrisa tímida dibujó sus labios.

​—Buenos días... —murmuró ella, alzando la mano para acariciar la mandíbula marcada del Alfa.

​Lian tomó la muñeca de la joven y presionó su palma directamente sobre su mejilla, cerrando los ojos para saborear la sensación.

​—¿Sientes eso? —preguntó Lian, su voz más grave y llena de un matiz de autoridad que Amelia no le escuchaba desde antes del ataque a la frontera.

​—¿El qué?

​—Mi sangre —dijo él, colocando la mano de Amelia sobre su pecho—. El fuego dentro de mí ha vuelto. Las sombras en mi mente se están disipando. Durante semanas, el acónito me quemaba por dentro cada vez que intentaba recurrir a la fuerza del lobo... pero hoy no hay dolor.

​Amelia se incorporó despacio sobre el lecho, dejando que las sábanas cayeran a su cintura. Observó el rostro de Lian con detenimiento.

Las cicatrices violáceas que recorrían sus sienes y su mejilla izquierda habían perdido la hinchazón oscura y tenebrosa; ahora lucían como marcas cicatrizadas, de un tono pálido y limpio.

​—Tus heridas... están sanando —susurró Amelia, rozando con delicadeza la piel alrededor de la venda del Alfa

—. La noche que te atendí por primera vez, sentí que tu energía estaba atrapada en un nudo ciego. Pero anoche... anoche sentí cómo ese nudo se rompía.

​—Tú lo rompiste —corrigió Lian con firmeza, rodeándole la cintura con el brazo y atrayéndola de nuevo hacia su pecho

—. Tu presencia, tu lealtad... el vínculo que aceptaste al entregarte a mí. Mi lobo te ha reconocido como la Luna de esta manada, Amelia. No importa lo que digan las leyes de los ancianos o los documentos falsificados de Marcos.

​El tono de Lian no dejaba espacio para la duda. Era la voz del líder absoluto de los Blackwood, un hombre que había recuperado la claridad para gobernar y defender lo que era suyo.

​Amelia apoyó la frente contra el hombro del hombre, sintiendo una mezcla de alivio y temor ante la magnitud de lo que estaba ocurriendo.

​—Si el consejo descubre que tu poder está regresando gracias a mí, no lo entenderán —advirtió ella en un murmullo

—. Dirán que es brujería o que utilicé alguna poción para manipularte. Marcos no se quedará con las manos cruzadas cuando se dé cuenta de que su veneno ya no tiene efecto.

​Lian dejó escapar una risa fría, un sonido cargado de una confianza peligrosa que infundió un escalofrío en la joven.

​—Que lo intenten —siseó el Alfa, apretando la mano en un puño de hierro—. Marcos cometió el error de asumir que una humana era mi punto débil. No entendió que eras la única fuerza capaz de despertarme.

​Lian se deslizó fuera de la cama con movimientos fluidos y potentes, desprovistos de la vacilación que solía mostrar al desplazarse a ciegas. Caminó con paso firme hacia el armario de roble, se vistió con sus ropajes de cuero oscuro y se abrochó el cinturón con la empuñadura de su espada de combate.

​Al volverse hacia Amelia, que lo observaba desde el lecho cubierta con las sábanas, el Alfa extendió la mano hacia ella.

​—El juego de Marcos termina hoy —declaró Lian, su presencia llenando cada rincón de la recámara con una autoridad aplastante

—. Voy a convocar al consejo completo en el gran salón. Te presentarás a mi lado, no como una prisionera acusada de traición, sino como la mujer que está bajo la protección personal del Alfa.

​Amelia extendió la mano y entrelazó sus dedos con los de él, sintiendo el calor abrasador de la sangre del lobo fluyendo con fuerza renovada.

Sabía que la batalla que se avecinaba en el salón de la mansión sería feroz, pero al mirar la postura erguida del hombre que amaba, supo que el traidor había perdido la iniciativa. La bestia ya no estaba ciega ni encadenada; había despertado, y la caza estaba a punto de comenzar.

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Lobelia
muy buenas el capitulo 💯
Lobelia
está muy buena
Miriam Josefina Vander Spoeltel
esta demasiado buena escritora no tardes mucho en actualizar xfaaaaaaaa gracias
Celina
💯💯👏👏me gusta
Celina
excelente gracias por compartir
Celina
super buena está historia
Lobelia
esto se está poniendo bueno 💯💯
Lobelia
💯💯💯💯
Lobelia
me gusta
Fernanda
💯💯💯💯💯👍
Fernanda
💯💯💯💯
celimar
muy buena l historia 💯
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