Diez años de lealtad, elegancia y entrega absoluta borrados por una mentira del pasado. Cuando Izaura Vance decide abandonar a Zayn Eichenwald tras la humillación pública y la indiferencia hacia su hija menor, no sabe que está cruzando el umbral hacia su destino. Del otro lado se encuentra Thaddeus Sterling, un titán empresarial tan frío como dominante, marcado por la traición y prisionero de sus propios celos. En un mundo donde las fortunas pesan más que los sentimientos y los hijos arrastran las heridas de sus padres, Izaura y Thaddeus deberán negociar no solo contratos millonarios, sino también los demonios, las inseguridades y los fantasmas que amenazan con destruirlos antes de darse una oportunidad.
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EL ANIVERSARIO DE LA HUMILLACIÓN
Los días siguientes a la explosiva confrontación en el vestíbulo transcurrieron como un campo minado. Izaura se había mudado al ala independiente de la mansión junto a su pequeña Alana, reduciendo la interacción con Zayn a cero y enfocándose por completo en sus responsabilidades financieras en la corporación y en su hija. Sin embargo, en el mundo de los negocios y de las apariencias sociales, las treguas nunca duran demasiado.
Era una noche calurosa de gala. La empresa de ferretería de Zayn celebraba su décimo aniversario a nivel nacional e internacional con un banquete fastuoso en los salones del hotel más exclusivo de la capital. Las luces de los cristales brillaban, las cámaras de los medios de comunicación parpadeaban sin descanso y los empresarios más influyentes del país desfilaban con sus mejores galas.
Izaura había decidido asistir por estricto compromiso corporativo y por mantener la fachada institucional que su familia exigía, luciendo un vestido de alta costura que esculpía su esbelta figura, con su cabello castaño claro perfectamente ondulado y la mirada miel altiva y distante. Zayn, por su parte, la interceptó cerca de la entrada principal con una sonrisa tensa y forzada, intentando fingir normalidad ante los socios.
—Izaura, compórtate esta noche ante la prensa —le susurró Zayn entre dientes, ajustándose la solapa del traje con falsa elegancia—. Hay inversionistas internacionales importantes. No quiero que hagas ninguna escena ni que muestres esa actitud fría que te gastas últimamente.
Izaura lo miró con desdén absoluto, tomando una copa de champaña de la bandeja de un mesero que pasaba por allí.
—Guárdate tus consejos para ti, Zayn —le respondió Izaura con una voz gélida y cortante—. Vine porque mi puesto y mi apellido lo exigen, no por ti. Así que respeta tu propio espacio y no me provoques, porque esta noche podría terminar de destruir lo poco que queda de tu reputación.
Antes de que Zayn pudiera replicar, las luces del escenario principal destellaron y un fotógrafo oficial de la revista de negocios más prestigiosa del país se acercó rápidamente con su cámara en alto.
—¡Señor Eichenwald, por favor! Una foto oficial de la familia para la portada de la edición especial de aniversario —pidió el reportero con una sonrisa entusiasta, apuntando con el lente—. El CEO de las ferreterías con su esposa y su madre. ¡Acérquense, por favor!
Zayn asintió con rapidez, viendo la oportunidad perfecta para proyectar una imagen de solidez y éxito familiar ante la alta sociedad. Izaura se quedó inmóvil, evaluando la situación con frialdad, sabiendo el circo mediático que se avecinaba.
En ese preciso instante, Avelina, la madre de Zayn, se abrió paso entre los invitados con paso firme y una sonrisa triunfal en los labios. Sin importarle las cámaras ni la presencia de Izaura, Avelina estiró el brazo y empujó sutilmente a su nuera hacia un lado, exclamando en voz alta para que todos los presentes escucharan:
—Tú no salgas en esta foto, Izaura. Quédate a un lado —ordenó Avelina con un tono despectivo y cortante frente a la prensa—. Esta es una foto familiar de verdad.
Y sin perder un segundo, Avelina giró el rostro hacia la entrada lateral del salón y llamó con la mano:
—¡Selene, querida, ven aquí! Acércate, mi niña. El puesto de la verdadera madre y de la mujer que ha estado en el corazón de esta familia está aquí, al lado de mi hijo para la posteridad.
Los asistentes contuvieron la respiración. De entre las columnas del salón apareció Selene, luciendo un vestido pálido, fingiendo una fragilidad calculada y una sonrisa de falsa modestia, acercándose directamente hacia Zayn y Avelina para posar frente a los camarógrafos como si fuesen la familia perfecta.
Los flashes estallaron en ráfagas ensordecedoras. Izaura sintió cómo la sangre le hervía en las venas, no por celos —porque el amor por Zayn hacía mucho tiempo que se había convertido en cenizas—, sino por el nivel supremo de bajeza, humillación y falta de respeto orquestado por su propia suegra y permitido por su esposo.
Zayn, al notar la mirada furiosa e inconforme de Izaura, se giró hacia ella con total indiferencia y le dijo en un susurro cínico:
—No hagas un escándalo aquí, Izaura. Es solo una foto para calmar la situación de Selene y complacer a mi madre. Deja el drama de una vez por todas.
Izaura no gritó. No lloró. No hizo ninguna escena pública. Simplemente miró a Zayn con una lástima infinita, observó la patética escena de su familia política y soltó una carcajada suave, llena de desprecio.
—Tienes razón, Zayn... es solo una foto —dijo Izaura con una voz clara y penetrante que hizo que los más cercanos se giraran a verla—. Disfrútala bien, porque es lo último que vas a tener de mí.
Dando media vuelta con una elegancia impecable, Izaura levantó la barbilla, ignoró los llamados del fotógrafo y abandonó el salón de gala de inmediato, subiendo a su coche rumbo a la mansión.
Al cruzar las puertas de la casa, su rostro se tornó de un acero gélido. Llamó de inmediato a la ama de llaves principal, quien acudió corriendo ante el tono de autoridad de su verdadera patrona.
—Sra. Izaura, ¿ocurre algo? ¿Ya regresó de la gala? —preguntó la empleada con nerviosismo al ver la mirada implacable de la jefa de finanzas.
—Sí, he regresado antes —respondió Izaura con voz firme y cortante, sin titubear un solo segundo—. Quiero que en este preciso instante subas a la habitación principal, recojas absolutamente todas las pertenencias de Zayn, cada prenda, cada objeto personal, y las coloques en varias maletas directamente en la entrada principal, afuera de la puerta.
La ama de llaves abrió los ojos con terror, conteniendo el aliento.
—¿Las maletas del señor en la puerta, señora Izaura? ¿Está segura? ¡El señor se va a enojar muchísimo! —balbuceó la empleada.
—No solo las de él —interrumpió Izaura con una frialdad absoluta, sus ojos miel brillando con destellos de decisión implacable—. Quiero que recojas también todas las pertenencias de mi suegra Avelina y las maletas de Lysander. Que empaqueten absolutamente todo lo que trajeron a esta casa y lo saquen a la entrada junto con las de él. Si tanto adoran a Selene y tanto defienden las mentiras de esa mujer, que se vayan a vivir con ella o que Zayn les pague un lugar con sus ganancias de ferretería. ¡En mi casa no se queda ni un solo parásito más! ¡Muévete y hazlo ahora mismo!