En un mundo donde la justicia se vende al mejor postor, un héroe se forja en el dolor y la integridad.
Leonardo solo buscaba aliviar la pobreza de su hogar al ingresar a la Academia de Policía. Sus padres, guiados por una honestidad inquebrantable, le enseñaron que la dignidad no tiene precio, mientras su hermana menor, Mia, soñaba con vestir al mundo con sus propios diseños. Pero cuando un sistema misterioso de recompensas despierta en él para guiar su camino, la tragedia golpea sin piedad: una red de trata le arrebata a Mia, dejando una herida imposible de cerrar. Entre conspiraciones de poder, un amor sanador y una cacería sin tregua, luchará por aplastar la corrupción desde la raíz y convertir los sueños de su hermana en un legado inmortal.
¿Podrá un solo hombre derribar a todo un imperio criminal sin perder su propia alma?
NovelToon tiene autorización de Isa Yguaro para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 4: La primera guardia y el primer atributo
La pantalla de un azul neón casi hipnótico continuaba flotando en la periferia de su visión, un holograma intangible e inaudible que parecía proyectarse directamente sobre su retina y que permanecía absolutamente invisible para todos los demás. Tras completar la extenuante carrera matutina de diez kilómetros por el circuito de gravilla, Leo esperó a que la marea de compañeros se dispersara hacia el comedor antes de retirarse al baño posterior del pabellón. Allí, frente al espejo manchado de cal y con el grifo goteando, aprovechó la soledad para examinar la interfaz con minucioso detenimiento.
Al concentrar su atención mental sobre el panel flotante, descubrió que el sistema no era un mero adorno visual, sino que operaba bajo una lógica militar estricta y matemática. La interfaz evaluaba constantemente sus decisiones en tiempo real, catalogando acciones de disciplina estricta, actos de protección de la justicia y esfuerzos de superación personal. Cada logro le otorgaba valiosos puntos de mérito, desbloqueaba atributos físicos mejorados e incrementaba su catálogo de habilidades especiales. Aquello convertía la dura rutina de la academia en una especie de entrenamiento guiado con precisión quirúrgica.
Esa misma noche, las órdenes del instructor de turno le asignaron su primera guardia nocturna en el almacén de suministros del sector este. Era un depósito monumental de chapa ondulada y vigas de hierro, ubicado en una zona oscura, helada y sumamente aislada dentro del mapa del complejo militar. El frío punzante de la medianoche hacía tiritar de rabia a los demás cadetes, quienes buscaban cualquier rincón apartado para resguardarse del viento. Sin embargo, Leo, cuya anatomía había sido sigilosamente fortalecida por el reciente atributo de resistencia otorgado por la interfaz, permanecía erguido y completamente alerta. Sentía una vitalidad renovada y percibía las sombras del entorno con una nitidez insólita, casi sobrenatural.
A las dos en punto de la mañana, cuando la niebla comenzaba a adensarse entre los edificios, un leve y seco chasquido metálico rompió la monotonía del silencio cerca de las ventanas traseras del depósito. El sonido habría pasado desapercibido para cualquier oído común, pero resonó como un trueno en la mente de Leo. Sin perder un solo segundo, apagó el haz amarillento de su linterna y se deslizó en completo silencio entre la penumbra de los contenedores, aplicando intuitivamente los instintos de sigilo y posicionamiento táctico que el sistema comenzaba a moldear en su cerebro.
Al asomarse con precaución tras un cargamento de suministros, observó la silueta de dos cadetes de cursos superiores. Apoyados contra la pared exterior, forzaban con una palanca el pesado candado de un contenedor estratégico que albergaba botas de combate, chalecos y equipos tácticos de alta gama, destinados al parecer para ser revendidos en el próspero mercado negro que operaba fuera del recinto.
En ese preciso instante, la interfaz azul emitió un destello silencioso frente a sus ojos, desplegando un cuadro de texto parpadeante:
[MISIÓN EN TIEMPO REAL: Proteger la Integridad de la Institución]
Objetivo: Neutralizar el robo de suministros y contener la amenaza sin causar bajas fatales.
Recompensa: Habilidad Pasiva "Oído Absoluto (Nivel 1)" + 50 Puntos de Mérito.
Leo no dudó ni un instante. Ajustó el agarre sobre su bastón táctico de policarbonato y emergió bruscamente de la densidad de la penumbra con el rostro impasible. Al verse sorprendidos con las manos en la masa, los dos veteranos reaccionaron con violencia instintiva. Uno de ellos, el más robusto, se abalanzó sobre Leo empuñando un destornillador industrial a modo de daga improvised.
Sin embargo, para la percepción acelerada de Leo, el ataque parecía ejecutarse en cámara lenta. Anticipó la trayectoria exacta del golpe mucho antes de que el brazo del agresor completara la parábola. Con dos movimientos secos, elegantes y de una precisión milimétrica, desvió el impacto con el cuerpo de su bastón, asestó un golpe de contención en el codo del atacante para desarmarlo y proyectó al segundo individuo contra el suelo húmedo, inmovilizándolo en el acto mediante una palanca de brazo limpia e indolora.
Minutos después, los guardias oficiales de ronda llegaron apresuradamente al lugar tras escuchar el escándalo del forcejeo retumbando en la estructura de chapa. Leo no se jactó del hecho en ningún momento, ni exigió medallas o reconocimientos ante los oficiales superiores. Se limitó a entregar fríamente a los dos responsables junto con la evidencia del delito, ajustó su equipo táctico y volvió a su puesto de guardia en absoluto silencio, mientras la pantalla azul flotante en su visión confirmaba con un parpadeo dorado la asignación de su recompensa.