He visto a los ojos del diablo, su nombre es Alessandro Russo y ha vuelto dispuesto a arrastrarme al infierno. El no se ira sin saldar las cuentas pendientes, y el y yo tenemos una que me ha atormentado por años. El legado de mi familia esta en juego, todo por lo que he sacrificado cada parte de mi vida. El esta dispuesto a salvarnos, pero quiere algo a cambio. Yo.
Al contrario de lo que pensaba el no quiere que muera para pagar por mi pecado, el quiere que viva, por el, para el, convertirme en su esposa, su posesion, el quiere castigarme, y talvez quiero lo mismo, talvez creo que me lo merezco.
No se supone que deba caer de nuevo en este espiral de deseo sin control, que deba mostrarle mis mas oscuros confines a mi captor. Mi esposo es mi mayor enemigo me repito todos los dias, pero no termino de creerlo. No cuando me mira como lo hace, no cuando me toca como si no pudiera tener suficiente, estoy atrapada en su red y no creo que me deje ir nunca.
Talvez no quiero que lo haga
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Capitulo 3: La Sustituta
Salimos del lugar en un silencio tenso, Alessandro me lleva de la cintura, no me suelta, me obliga a sentarme en sus piernas en la limosina, hablan entre ellos, pero no estoy incluida en la conversacion, no soy mas que un objeto, algo a lo que siempre odie, una esposa trofeo, el tesoro que robo de las manos de su enemigo.
Vamos directo a la pista de aterrizaje, a volar lejos de todo lo que conozco, de todo lo que amo, me aleja como una estrategia para derrumbarme, me lleva lejos de donde encuentro consuelo para que el sea todo lo que tenga.
Nos abrochamos los cinturones y el jet despega, viajamos en silencio, su mano no ha soltado la mia, no es porque quiera calmarme, porque desee tocarme, es posesion, es el recuerdo de que soy suya para usar, deberia odiarlo, aborrecerlo, sentirme como una mierda por todo esto, pero soy incapaz.
Nunca he podido odiarlo, no lo hice hace cinco años y no lo hago ahora.
El cansancio me golpea como una ola en un mar furioso y sin siquiera darme cuenta caigo dormida y al igual que todas las noches solo puedo ver su rostro, sus ojos abiertos de par en par me miran fijamente y como siempre me repito que no es mi culpa, que lo siento, lo siento tanto, pero ella no puede escucharme, ella no esta ahi, es un cuerpo sin alma, esta muerta y sus inmensos ojos vacios lo gritan.
Yo soy la culpable.
—Violet
El llamado de mi nombre me hace abrir los ojos, lo primero que veo es su rostro, ilegible.
—Llegamos —dice, desabrocha su cinturon y se levanta, dándome la espalda.
Limpio las lagrimas que mojan mi rostro y desabrocho mi cinturon, Leonardo ya no esta cerca, y cuando bajamos lo veo delante de un auto, abrazando a alguien, cuando se aleja del abrazo puedo verlo mejor, el ultimo del trio Russo, Kiran, el hermano pequeño de Alessandro. La ultima vez que lo vi era solo un adolescente de 16 años, ya debe tener quizas 21 o 22, el es mas parecido a Alessandro, con su mismo cabello azabache y ojos almendrados, lleva un traje de tres piezas, una postura de principe de la realeza, una mirada calmada y analitica que se clava en la mia apenas nos detenemos delante de ellos.
—Violet Bianchi —dice, como un saludo.
—Russo.
Sus ojos se abren y levanta una ceja confundido.
—Violet Russo, asi me llamo ahora, Kiran.
Alessandro sonrie a mi lado, apretándome de la cintura, esto es lo que quiere, gritarle al mundo que ahora me tiene, el tesoro, la princesa de la mafia, el lo tiene todo, la persona a la que deje sin nada, ahora lo tiene todo, incluso a mi.
Nos subimos en la limusina, la mano de Alessandro descansa sobre mi estomago y intento no estremecerme con su tacto, fingir que no me afecta su cercania, su mano siempre sobre mi.
—¿Que paso con lo que te encargue? —le pregunta a Kiran y se embarcan en una conversacion de la que no soy parte.
Miro por lo ventana, es de noche en Chicago, el frio cala en mis huesos y me estremezco abrazándome a mi misma por instinto.
—¿Tienes frio?
La pregunta me toma por sorpresa, Alessandro tiene toda su atencion puesta en mi. Asiento con la cabeza y entonces para mi sorpresa el me abraza, me arropa en sus brazos y me pega contra el, su mano izquierda baja por mi cintura y acaricia mi muslo por encima de las medias, su mano es grande y esta caliente, todo el lo esta, es calido, acogedor y tranquilizante como no deberia de serlo, pero lo es.
No esperaba esto de el, que quisiera cuidarme o tan siquiera aliviarme, pero la verdad es que no se que esperar de el, el Alessandro que algun dia conoci ya no existe, es solo un recuerdo en mi mente, el hombre que me abraza es otro, es calido y frio a partes iguales.
El viaje a nuestro destino pasa como un borron ante mis ojos, el auto se detiene delante de una inmensa mansion decorada con hermosos jardines, esta custodiada como si fuera la casa del presidente, bajamos del auto y siento que ya no tengo energia, quiero arrastrarme al primer lugar que encuentre y solo dejarme caer en el vacio hasta que no pueda sentir mi cuerpo.
Ellos no han parado de hablar y es solo ruido de fondo, no quiero saber de que hablan, no quiero saber nada ahora mismo. Alessandro me arrastra por un pasillo y abre una puerta, entramos a una despacho, todo esta decorado en negro y gris, tan oscuro, me suelta la mano y sin siquiera verme me señala el asiento acolchado detras del escritorio.
—Siéntate, en un momento iremos a dormir.
Los tres se alejan al otro lado de la habitacion, no me queda mas que seguir su orden, me acerco detrás del escritorio y tomo asiento, delante de mi hay tres pantallas, estan apagadas, un teclado negro, y en la esquina algo que no armoniza con el lugar, un portarretratos con flores de celofan, parece una manualidad hecha por un niño, y yo se quien la hizo, la misma persona que me devuelve la mirada en la foto. Su cabello azabache cae en capaz por su hombros y pecho, sus mejillas enrojecidas, la sonrisa en sus labios tan llena de vida, ojos verde oliva, brillantes, redondos, es como la princesa de un cuento, una joven que exuda dulzura.
Viviane Bianchi. Mi hermana menor.
Soy su sustituta, la sustituta del amor de su vida, el amor que yo arranque.