SIN ESPOILER
NovelToon tiene autorización de Paula Mariana Jurado Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
EL TITÁN ES UN MOCOSO
Rusia…
Mateo seguía de pie en el vestíbulo.
Kiran todavía no se había marchado.
La conversación parecía haber terminado.
Pero Mateo no estaba dispuesto a dejar las cosas así.
Había permanecido demasiado tiempo creyendo que su posición lo protegía.
Y ahora que Kiran estaba frente a él…
Necesitaba recuperar algo de aquella seguridad.
—Espera.
Kiran se detuvo.
Giró lentamente la cabeza.
—¿Qué?
Mateo respiró profundamente.
—Creo que estás cometiendo un error.
Kiran levantó una ceja.
—¿Yo?
—Sí.
Mateo intentó recuperar su tono de superioridad.
—Quizá has olvidado que no estoy solo.
Kiran permaneció en silencio.
—Tengo contactos importantes —continuó Mateo.
—Lo sé.
—Personas con mucho poder.
—También lo sé.
Mateo sonrió ligeramente.
—Incluso tengo el respaldo de alguien que está por encima de todos nosotros.
Kiran lo observó.
—¿Ah, sí?
—Sí.
Mateo cruzó los brazos.
—El Titán de Rusia.
Kiran se quedó completamente quieto.
Por unos segundos no dijo absolutamente nada.
Entonces…
Se rio.
No fue una carcajada.
Fue una risa corta.
Casi incrédula.
Mateo frunció el ceño.
—¿Qué es tan gracioso?
Kiran negó lentamente con la cabeza.
—Tú.
—¿Yo?
—Sí.
Mateo endureció la expresión.
—No veo qué tiene de gracioso.
Kiran caminó nuevamente hacia él.
—¿De verdad estás intentando presumir del Titán de Rusia conmigo?
Mateo sonrió con cierta seguridad.
—¿Por qué no?
Kiran volvió a reír.
Pero esta vez Mateo notó algo diferente.
Kiran no parecía impresionado.
Parecía saber exactamente lo que estaba haciendo.
Y eso comenzó a incomodarlo.
—Porque sé perfectamente cuánto le temes —dijo Kiran.
La sonrisa de Mateo desapareció.
—Yo no le temo.
Kiran arqueó una ceja.
—Claro.
Mateo apretó la mandíbula.
—Tengo su respaldo.
—¿Eso te dijo?
—Tengo una alianza con él.
Kiran lo observó durante unos segundos.
—¿Una alianza?
—Sí.
—Interesante.
Mateo recuperó un poco de confianza.
—Él sabe quién soy.
—Eso no significa que esté de tu lado.
—No necesito que me expliques mis alianzas.
Kiran soltó un pequeño suspiro.
—Entonces explícame algo.
—¿Qué?
—¿Qué tiene que ver el Titán con Lia?
Mateo respondió inmediatamente:
—Mucho.
Kiran permaneció atento.
—Si él está de mi lado, entonces puedo conseguir lo que quiera.
Kiran frunció ligeramente el ceño.
—¿Lo que quieras?
—Sí.
Mateo dio un paso hacia adelante.
—Incluso puedo recuperar a Lia.
Kiran lo miró fijamente.
—Lia no va a volver contigo.
—Eso no lo decides tú.
—Tampoco tú.
Mateo apretó los dientes.
—Es mi sobrina.
—Y ella ya tomó su decisión.
—Ella me pertenece.
La expresión de Kiran cambió.
—No.
Mateo intentó sostenerle la mirada.
—Todo tiene un precio.
Kiran lo observó durante unos segundos.
Después negó lentamente con la cabeza.
—Sigues sin entender nada.
Mateo volvió a mencionar el nombre que creía que podía protegerlo.
—El Titán podría obligarte a entregármela.
Kiran se quedó en silencio.
Entonces…
Sonrió.
—¿De verdad?
Mateo asintió.
—Sí.
Kiran bajó ligeramente la mirada.
Y comenzó a reírse.
Mateo frunció el ceño.
—¿Otra vez?
Kiran levantó la mirada.
—Es que no puedo creerlo.
—¿Qué?
Kiran se acercó un poco.
—Estás usando el nombre de Zyran para intentar asustarme.
Mateo se quedó inmóvil.
Kiran continuó:
—Y lo haces sabiendo perfectamente quién es.
Mateo tragó saliva.
—El Titán de Rusia.
—Sí.
—El hombre más poderoso de Rusia.
Kiran sonrió.
—Para muchos.
Mateo lo miró confundido.
Kiran hizo una pequeña pausa.
Y entonces, con una naturalidad absoluta, dijo:
—Para mí sigue siendo ese mocoso.
Mateo dejó de respirar durante un instante.
—¿Qué?
Kiran se encogió de hombros.
—Ese mocoso.
—¿Acabas de llamar…?
Mateo tragó saliva.
—¿Al Titán de Rusia… mocoso?
Kiran lo miró como si la pregunta fuera completamente normal.
—Sí.
Mateo palideció.
Porque Kiran no lo había dicho para insultar a Zyran.
No.
Lo había dicho con la familiaridad de alguien que conocía a ese hombre desde hacía muchísimo tiempo.
Como si hablaran constantemente.
Como si hubieran compartido años de historia.
Como si Zyran no fuera para él una figura intocable.
Como si fuera simplemente…
Zyran.
Su conocido.
Su amigo.
Ese mocoso.
Mateo retrocedió un paso.
—Tú…
Kiran inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Qué?
—¿Conoces personalmente a Zyran Torres?
Kiran sonrió.
—Desde hace muchos años.
Mateo sintió que el miedo comenzaba a recorrerle el cuerpo.
—¿Y él sabe quién soy?
Kiran respondió con tranquilidad.
—Sabe suficiente.
Mateo tragó saliva.
—¿Sabe de Lia?
—Ahora sí
El rostro de Mateo perdió todavía más color.
—¿Qué… qué le dijiste?
—La verdad.
—¿Qué verdad?
Kiran lo miró directamente.
—Que utilizaste tu posición para controlar a una joven indefensa.
Mateo guardó silencio.
—Que la m@ltr@t@st3.
Silencio.
—Y que ahora estás intentando recuperarla.
Mateo comenzó a ponerse nervioso.
—No…
Kiran levantó una mano.
—Tranquilo.
Pero aquella tranquilidad no ayudó.
—No necesitas preocuparte por lo que yo pueda hacer.
Mateo respiró profundamente.
Kiran continuó:
—Deberías preocuparte por lo que ocurriría si Zyran descubre que estás utilizando su nombre para intentar intimidarme.
Mateo se quedó completamente inmóvil.
Porque conocía a Zyran.
No personalmente.
Pero conocía su reputación.
Y sabía que jugar con el nombre del Titán no era algo que pudiera tomarse a la ligera.
Si Zyran descubría que Mateo estaba utilizando su nombre como una supuesta protección…
Mateo no sabía qué podría ocurrir.
Pero una cosa sí tenía clara.
Podía desaparecer de aquel mundo.
Y quizá nadie volvería a encontrarlo.
Kiran observó cómo el miedo aparecía finalmente en los ojos de Mateo.
Entonces sonrió.
—Ahora entiendo por qué mencionaste su nombre.
Mateo no respondió.
—Pensaste que yo también le tendría miedo.
Kiran soltó una pequeña risa.
—Pero cometiste un error.
—¿Cuál?
Kiran se acercó a la puerta.
—Confundiste respeto con miedo.
Mateo lo miró.
Kiran abrió la puerta.
Antes de salir, se giró.
—Y deja de utilizar el nombre de Zyran para tus juegos.
Mateo permaneció en silencio.
Kiran añadió:
—Porque si él llega a enterarse de que estás jugando con su nombre…
Hizo una pausa.
Su mirada se volvió completamente seria.
—No vas a tener que preocuparte por mí.
Mateo tragó saliva.
Kiran terminó:
—Vas a tener que preocuparte por él.
Y salió.
La puerta se cerró.
Mateo permaneció inmóvil.
Ya no quedaba nada de la seguridad que había intentado mostrar.
Había cometido un error.
Uno muy grande.
Había utilizado el nombre del Titán de Rusia como escudo…
Sin imaginar que Kiran conocía a Zyran personalmente.
Y lo peor de todo…
Kiran había hablado de él con una familiaridad que Mateo jamás había visto en nadie.
“Ese mocoso”.
Dos palabras.
Pero suficientes para demostrar que entre Kiran y Zyran existía una historia mucho más profunda de la que Mateo podía imaginar.
Mateo se sentó lentamente.
Por primera vez aquella noche…
No pensó en Lia.
No pensó en su organización.
No pensó en recuperar el poder.
Solo pensó en una cosa:
No debí haber usado el nombre del Titán.