Descripción
La historia comienza con una joven de 20 años que decide independizarse y vivir sola en un apartamento. Lo que no imagina es que allí conocerá a un hombre que carga con un dolor profundo. Su esposa y su pequeño bebé murieron, dejándolo completamente destrozado. Desde aquella tragedia, él cambió por completo: comenzó a beber demasiado, salir de fiesta constantemente y vivir como si nada le importara. La joven pronto descubrirá que detrás de ese hombre fiestero, borracho y aparentemente despreocupado existe alguien que todavía sufre por su pasado. Sin quererlo, ella terminará entrando en su vida y descubriendo su historia.
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Capítulo 24 — Demasiado preocupada
Eran las tres de la mañana y Eithan todavía no aparecía.
Llevaba horas esperando.
Al principio intenté convencerme de que seguramente estaba con algún amigo y que en cualquier momento iba a regresar.
Pero conforme pasaban los minutos, la preocupación comenzó a apretarme el pecho.
Estaba sentada en el sofá, con las piernas recogidas y el teléfono entre las manos.
Miré la hora nuevamente.
3:07 a. m.
—¿Dónde se metió este hombre? —murmuré.
Me levanté y caminé hasta la ventana.
La calle estaba prácticamente vacía.
Volví a mirar el teléfono.
Nada.
Ningún mensaje.
Ninguna llamada.
Nada.
—Ay, Dios mío...
Me senté otra vez.
Intenté llamarlo.
Puse el teléfono en mi oído.
Sonó una vez.
Después escuché la grabación.
“El número que usted marcó no se encuentra disponible.”
Bajé lentamente el teléfono.
—No...
Volví a intentarlo.
La misma respuesta.
Lo llamé una tercera vez.
Nada.
—¿Por qué tienes el teléfono apagado?
Sentí que se me llenaban los ojos de lágrimas.
No quería pensar en lo peor.
Pero mi cabeza empezó a imaginar toda clase de cosas.
¿Había tenido un accidente?
¿Había seguido tomando?
¿Se había peleado con alguien?
¿Estaría tirado en algún lugar?
Me levanté nuevamente.
—Maidy, cálmese —me dije—. No piense bobadas.
Pero era imposible.
Después de todo lo que había ocurrido aquella noche, sabía que Eithan estaba emocionalmente alterado.
Había salido furioso.
Y yo lo había visto irse así.
Eso era lo que más me preocupaba.
Me sentía culpable.
Quizás no debí haberle contado la noticia de esa manera.
Quizás debí esperar.
Quizás debí abrazarlo.
Aunque también sabía que no podía controlar cómo reaccionaba él.
Miré mi vientre.
Todavía no se notaba nada.
Apoyé una mano sobre él.
—Tu papá está bien —susurré—. Tiene que estar bien.
Las lágrimas comenzaron a caer.
—Tiene que volver.
Me senté en el sofá nuevamente.
Intenté llamarlo una vez más.
Nada.
El teléfono seguía apagado.
—Eithan, contéstame...
Me quedé mirando la pantalla.
Nada.
Pasaron otros veinte minutos.
3:30 a. m.
Me levanté y comencé a caminar de un lado para otro.
—Esto no me gusta.
Agarré una chaqueta.
Pensé en salir a buscarlo.
Pero no sabía dónde.
No sabía qué bar podía estar frecuentando.
No sabía con quién estaba.
Volví a sentarme.
Entonces recordé que Eithan tenía amigos.
Busqué algunos números que había visto anteriormente en su teléfono.
Llamé a uno.
No contestó.
Llamé a otro.
Tampoco.
—Qué susto tan horrible...
Me abracé a mí misma.
En ese momento escuché un ruido en el pasillo.
Me levanté inmediatamente.
El corazón me comenzó a latir con fuerza.
Miré hacia la puerta.
Esperé.
Nada.
Probablemente había sido algún vecino.
Me senté otra vez.
—Ya me estoy volviendo loca.
Intenté distraerme poniendo la televisión, pero no conseguía concentrarme.
Cada sonido del edificio hacía que levantara la cabeza.
Cada carro que pasaba por la calle me hacía pensar que podía ser él.
Pero Eithan no llegaba.
A las cuatro de la mañana seguía despierta.
Tenía los ojos cansados y la cabeza me dolía.
Volví a mirar el teléfono.
Seguía sin haber noticias.
—¿Dónde estás?
Sentí un nudo en la garganta.
—Yo sé que estás enojado, pero por favor dime que estás bien.
Me quedé en silencio.
Después marqué nuevamente su número.
Esta vez la respuesta fue exactamente la misma.
“El número que usted marcó no se encuentra disponible.”
Apagué la pantalla.
No podía seguir esperando sin hacer nada.
Me puse los zapatos.
—Si en un rato no aparece, voy a buscarlo.
Pero antes de salir, miré la puerta.
Una parte de mí tenía miedo.
Otra solo quería verlo entrar por ella.
Porque, aunque estaba dolida por sus palabras, seguía amándolo.
Y ahora había algo más que me unía a él.
Nuestro bebé.
Me senté nuevamente y abracé un cojín contra mi pecho.
—Por favor, Eithan...
Cerré los ojos.
—Vuelve a casa.