Arde para mí 🔥
Obligada a casarse a los 18 años, Clara Sosa convirtió el dolor en su mayor fortaleza. Ahora, una traición la llevará a luchar por su libertad y enfrentará al brillante y reservado abogado Emanuel Fernández. Entre secretos, poder y una pasión imposible de ignorar, descubrirán que algunos fuegos están destinados a arder para siempre.
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Una noche demasiado divertida
Clara había aprendido algo durante los últimos años.
A veces necesitaba dejar de ser empresaria.
Dejar de ser esposa.
Dejar de pensar en contratos, reuniones, problemas y decisiones.
Simplemente necesitaba ser Clara.
Y, para eso, no existía mejor compañía que Camila.
—Te advierto algo —dijo Clara mientras bajaban del automóvil—. Si haces alguna de tus escenas esta noche, me voy.
Camila cerró la puerta y la miró con indignación.
—¿Mis escenas?
—Sí.
—Yo soy una mujer perfectamente educada.
Clara soltó una carcajada.
—La última vez que dijiste eso terminaste preguntándole al camarero si estaba soltero.
—¡Era información importante!
—Para ti.
—Exactamente.
Clara negó con la cabeza.
Aquella noche habían decidido asistir a la inauguración de un nuevo bar que estaba comenzando a convertirse en uno de los lugares más comentados de la ciudad.
No era una reunión de negocios.
No había empresarios esperando algo de ellas.
No había familias.
No había compromisos.
Solo música, copas y una noche para divertirse.
Clara llevaba un vestido negro elegante, ajustado sin resultar exagerado, con el cabello suelto cayendo sobre sus hombros.
Camila, en cambio, había elegido un vestido rojo que hacía imposible que alguien la ignorara.
—Te ves hermosa —dijo Clara.
—Tú también.
Camila la tomó del brazo.
—Y esta noche no quiero hablar de Federico.
Clara levantó una ceja.
—Yo tampoco.
—Ni de abogados.
—De acuerdo.
—Ni de empresas.
—Eso va a ser difícil.
—Entonces beberemos hasta olvidar que existen.
Clara comenzó a reír.
—No pienso terminar borracha.
—Nunca dices que vas a terminar borracha.
—Porque tengo autocontrol.
Camila abrió las puertas del lugar.
—Eso está por comprobarse.
---
El bar estaba lleno.
Música en vivo.
Luces tenues.
Personas conversando.
Copas que chocaban.
Risas.
Era exactamente lo que necesitaban.
Camila consiguió una mesa cerca de la barra.
—Dos copas.
—¿De qué? —preguntó Clara.
—De algo que tenga buen sabor.
El camarero sonrió.
—Eso no es muy específico.
—Sorpréndanos.
Clara negó con la cabeza.
—No deberías darle tanta libertad.
—La vida es corta.
—La vida es larga cuando Camila Sosa empieza a beber.
Las dos rieron.
Después de unos minutos, Clara comenzó a relajarse.
No pensaba en Tatiana.
No pensaba en Federico.
No pensaba en el detective.
Y tampoco pensaba en el divorcio.
Aquella noche solo quería disfrutar.
—Mira —dijo Camila de repente.
—¿Qué?
—No mires directamente.
Clara frunció el ceño.
—Eso significa que obviamente voy a mirar.
—El hombre de la camisa azul.
Clara miró discretamente.
—¿Cuál?
—El que está en la barra.
—¿El alto?
—Sí.
—Está con alguien.
—No importa.
Clara soltó una carcajada.
—Camila.
—Solo estoy observando.
—Claro.
—Es investigación.
—¿Investigación de qué?
—De mercado.
Clara se llevó una mano a la frente.
—Dios mío.
Camila sonrió.
—¿Qué? Estoy soltera. Tengo derecho.
—Eso sí.
—Entonces déjame disfrutar.
---
Cerca de las once, Clara se levantó para ir por otra bebida.
Camila la acompañó.
Y fue entonces cuando Clara vio un rostro conocido.
—¿Ramiro?
Él estaba a unos metros de distancia, hablando con un grupo de personas.
Llevaba el saco abierto y una copa en la mano.
Parecía mucho más relajado que en la oficina.
—¿Lo conoces? —preguntó Camila.
—Es mi abogado.
Camila giró inmediatamente.
—¿Ese?
—Sí.
—¿El guapo?
Clara soltó una carcajada.
—No empieces.
—¿Por qué nunca me presentaste a tus abogados?
—Porque no sabía que estabas buscando abogados.
—No estoy buscando abogados.
Camila se acomodó el cabello.
—Estoy buscando un hombre.
—Camila...
—¿Qué?
—Compórtate.
Camila miró nuevamente hacia Ramiro.
—Voy a hablar con él.
—¡No!
Demasiado tarde.
Camila caminó hacia la barra.
Clara se quedó observándola con incredulidad.
—No puede ser...
Ramiro estaba conversando tranquilamente cuando escuchó una voz a su lado.
—Hola.
Giró.
Camila le sonrió.
—¿Tú eres Ramiro?
Él levantó una ceja.
—Sí.
—Perfecto.
—¿Perfecto?
—Soy Camila.
—Ah.
Ramiro sonrió.
—La hermana de Clara.
—Exactamente.
Camila levantó su copa.
—Por fin te conozco.
Ramiro soltó una risa.
—¿Por fin?
—Clara habla de ti.
Desde la distancia, Clara abrió los ojos.
Mentira.
Ramiro también lo sabía.
—¿Ah, sí?
—Bueno...
Camila hizo una pausa.
—Habla de tu trabajo.
Ramiro sonrió.
—Eso suena más creíble.
—Pero yo quería comprobar algo.
—¿Qué cosa?
Camila lo miró de arriba abajo descaradamente.
—Que realmente fueras tan guapo como imaginaba.
Ramiro se quedó callado.
Y luego soltó una carcajada.
—Vaya.
—¿Te incomoda?
—No.
—Perfecto.
Camila sonrió.
—Entonces estamos progresando.
Ramiro tomó un sorbo de su bebida.
—¿Siempre eres así?
—¿Así cómo?
—Directa.
—Solo cuando me interesa algo.
Ramiro sonrió.
—Eso es peligroso.
—¿Para quién?
—Todavía no lo sé.
Camila soltó una carcajada.
Clara, desde unos metros, se llevó una mano a la cara.
—No puedo creerlo.
Pero no había notado algo.
Un hombre estaba apoyado cerca de una columna, observando la escena.
Emanuel.
Había terminado una reunión con unos socios hacía unos minutos.
Ramiro le había pedido que se quedara a tomar algo antes de marcharse.
Emanuel había aceptado.
Y ahora estaba disfrutando de una escena que jamás habría imaginado presenciar.
Ramiro Pérez.
El hombre que siempre mantenía la compostura.
Siendo prácticamente interrogado por una mujer que claramente no tenía ningún problema en coquetearle.
Emanuel soltó una risa.
Ramiro lo vio.
Sus ojos se estrecharon.
—No puede ser...
Camila siguió la dirección de su mirada.
—¿Qué?
—Nada.
—¿Quién es?
Ramiro señaló discretamente.
—Ese.
Camila miró.
Emanuel estaba allí.
Con una copa en la mano.
Una sonrisa apenas visible en el rostro.
—¿Y él?
—Emanuel Fernández.
Clara, que se había acercado al escuchar el nombre, se quedó inmóvil.
—¿Emanuel?
Ramiro la miró.
—Sí.
Camila giró hacia Clara.
—¿Ese es el dueño del famoso bufete?
—Sí.
—¿Y está aquí?
—Parece.
Camila observó a Emanuel.
Luego miró a Clara.
Después volvió a observarlo.
—Es guapo.
Clara soltó una carcajada.
—Por favor.
—¿Qué? Estoy siendo objetiva.
Ramiro se acercó a ellas.
—¿Ya terminaron de analizar a mis compañeros?
Camila sonrió.
—Todavía no.
—Me preocupa.
—No debería.
Ramiro miró hacia Emanuel.
—Ven.
Emanuel se acercó.
Su expresión divertida no había desaparecido.
—Buenas noches.
—Buenas noches —respondió Clara.
Emanuel miró a Camila.
—Supongo que tú eres Camila.
—La misma.
—He escuchado hablar de ti.
Camila abrió los ojos.
—¿Clara habla de mí?
—Ramiro.
Camila miró a Ramiro.
—¿Tú hablas de mí?
—Solo cosas buenas.
—Excelente.
Clara comenzó a reír.
Emanuel miró a Clara.
—No sabía que eras así.
—¿Así cómo?
—Divertida.
Clara levantó una ceja.
—¿Y cómo pensabas que era?
Emanuel sonrió.
—Seria.
—Lo soy.
Camila intervino.
—No le creas.
Clara la miró.
—Gracias por defenderme.
—Siempre.
Ramiro se rio.
—Ahora entiendo muchas cosas.
—¿Qué cosas? —preguntó Clara.
—Por qué eres tan difícil de sorprender.
Clara cruzó los brazos.
—¿Yo soy difícil?
—Muchísimo.
Camila levantó su copa.
—Eso es verdad.
Emanuel observó la interacción.
Había visto a Clara en reuniones.
Seria.
Concentrada.
Directa.
Había escuchado su historia.
Había visto la mujer que había sobrevivido a un matrimonio impuesto.
Pero aquella noche estaba descubriendo otra Clara.
Una que reía.
Que bromeaba.
Que podía olvidarse del mundo durante unas horas.
Y, sin saber por qué, le gustó verla así.
---
—Bueno —dijo Camila—, ahora que estamos todos aquí, propongo un brindis.
Ramiro levantó su copa.
—¿Por qué?
Camila miró a Clara.
—Por las mujeres que finalmente hacen lo que quieren.
Clara se quedó en silencio un segundo.
Después levantó su copa.
—Por eso.
Emanuel también levantó la suya.
—Por eso.
Las copas chocaron.
Clara sonrió.
Y durante unos segundos se olvidó completamente de Federico.
Pero Camila no.
—Aunque hablando de hacer lo que uno quiere...
Clara la miró.
—No.
—Ni siquiera he dicho nada.
—Te conozco.
Ramiro soltó una carcajada.
—¿Qué iba a decir?
Camila sonrió inocentemente.
—Nada importante.
—Camila.
—Solo iba a decir que deberías salir más.
Clara la miró.
—¿Por qué?
—Porque estás demasiado ocupada construyendo empresas, divorciándote...
Clara abrió los ojos.
—¡Todavía no me estoy divorciando!
Ramiro casi se atragantó con su bebida.
Emanuel la miró sorprendido.
Camila se quedó quieta.
—Bueno...
Clara la fulminó con la mirada.
—¡Camila!
—Perdón.
Ramiro se echó a reír.
Emanuel también.
Clara terminó riéndose.
—Perfecto. Ya que estamos haciendo confesiones públicas...
Camila levantó las manos.
—Yo no dije nada.
—Acabas de decirlo delante de dos abogados.
Ramiro sonrió.
—Tranquila. La información está protegida.
—Más les vale.
Emanuel la miró.
—Aunque, técnicamente, yo no estoy llevando tu caso.
Clara sostuvo su mirada.
—Todavía.
Emanuel arqueó una ceja.
—¿Eso fue una amenaza?
—Una advertencia.
Él sonrió.
—Lo tendré en cuenta.
Camila miró a Ramiro.
—Me cae bien.
Ramiro sonrió.
—¿Yo?
—No. Él.
Señaló a Emanuel.
Ramiro abrió la boca, ofendido.
—¿Después de todo lo que hablamos?
Camila se echó a reír.
—Tú también me caes bien.
—Qué alivio.
---
La noche continuó entre bromas.
Camila consiguió que Ramiro le prometiera bailar una canción.
Ramiro aceptó.
Emanuel observaba divertido.
Clara, por su parte, se quedó conversando con él.
Hablaron de negocios.
De su empresa.
De los nuevos proyectos.
Pero también de cosas mucho más simples.
Películas.
Viajes.
Comida.
Emanuel descubrió que Clara tenía un sentido del humor mucho más sarcástico de lo que imaginaba.
Y Clara descubrió que aquel hombre que parecía incapaz de relajarse sabía reír.
En algún momento, Emanuel la miró.
—Deberías hacer esto más seguido.
—¿Qué?
—Reír.
Clara se quedó callada.
—Lo hago.
—No demasiado.
Ella sonrió.
—Quizá porque no suelo estar rodeada de personas tan insoportables.
Emanuel soltó una carcajada.
—Eso incluye a Ramiro.
—Especialmente a Ramiro.
Desde la pista, Ramiro gritó:
—¡Los estoy escuchando!
Clara y Emanuel comenzaron a reír.
Y por una noche, ninguno pensó demasiado en el pasado.
Ni en divorcios.
Ni en traiciones.
Ni en secretos.
Solo fueron cuatro personas compartiendo una noche inesperadamente divertida.
Sin saber que aquella noche, aparentemente insignificante, comenzaría a cambiar la manera en que Emanuel veía a Clara.
Porque hasta entonces había admirado a la empresaria.
Esa noche empezó a conocer a la mujer.
Y había una diferencia enorme entre ambas.
no tardes en actualizar xfavor que esta interesante todo 🥰
gracias autora excelente novela me tiene enganchada