Cuando Lysandra Aster, la nieta olvidada de la Casa Aster, muere traicionada por sus propios familiares, cree que todo ha terminado. Sin embargo, despierta diez años en el pasado, cuando apenas tiene ocho años.
Con los recuerdos de su vida anterior, decide cambiar el destino de su familia. En lugar de buscar venganza, utilizará su inteligencia para fortalecer la casa Aster, proteger a quienes le fueron leales y descubrir el oscuro secreto que amenaza al imperio.
Mientras las demás familias nobles luchan por el poder, Lysandra teje alianzas, impulsa el comercio y se convierte en una estratega brillante. En el camino conocerá al reservado príncipe heredero Kael, un joven que también carga con un destino incierto.
Pero cambiar el pasado tiene un precio, y cada decisión acerca a Lysandra a una verdad que podría destruir el imperio... o convertirla en la mujer más poderosa de su época.
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Capítulo 24: El juramento de los herederos
La lluvia caía suavemente sobre los jardines de la Academia Imperial.
Desde la ventana de su habitación, Lysandra observaba la pequeña llave de plata que descansaba sobre su escritorio.
La luz de la luna hacía brillar los cuatro símbolos grabados en ella.
La espada.
El libro.
La balanza.
La estrella.
Todavía le costaba creer que ahora fuera su responsabilidad proteger un objeto tan importante.
A la mañana siguiente, Armand pidió que Lysandra, Kael, Selene y Lucien se reunieran en una sala privada de la Academia.
Los cuatro llegaron puntuales.
El Gran Mago los esperaba junto a Elara.
La Guardiana llevaba el brazo vendado por la herida recibida durante el ataque, pero mantenía la misma expresión serena.
Armand habló primero.
—Lo que escucharán hoy no puede salir de esta habitación.
Todos asintieron.
El anciano extendió un antiguo mapa del Imperio sobre la mesa.
En él aparecían cuatro emblemas distribuidos en distintos territorios.
—Hace más de quinientos años, cuatro familias fundaron Elarion.
Cada una recibió un legado distinto para mantener el equilibrio del Imperio.
Señaló el primer símbolo.
—La Casa Aster recibió la sabiduría.
Luego el segundo.
—La Casa Valerius, el valor.
El tercero.
—La Casa Drakov, la justicia.
Y el último.
—La Casa Veritas, el conocimiento.
Los cuatro jóvenes se miraron sorprendidos.
Cada uno pertenecía a una de aquellas familias.
No era una coincidencia.
—¿Entonces nosotros...? —preguntó Kael.
Elara respondió.
—Ustedes son los herederos elegidos de esta generación.
Un pesado silencio llenó la habitación.
Lucien rompió el silencio.
—¿Y qué ocurre cuando los cuatro despiertan?
Armand cerró lentamente el mapa.
—La Cámara del Origen puede abrirse.
Allí se conserva el mayor secreto de las familias fundadoras.
Selene cruzó los brazos.
—¿Y el Sol Negro busca entrar allí?
—Exactamente.
Lysandra recordó la batalla en la torre.
—¿Qué quieren realmente?
Armand respondió con una expresión grave.
—Nadie lo sabe con certeza.
Pero si consiguen reunir las cuatro llaves antes que ustedes...
El Imperio entero correrá peligro.
En ese momento llamaron a la puerta.
Uno de los profesores entró apresuradamente.
—Maestro Armand.
Ha ocurrido algo.
El anciano frunció el ceño.
—Habla.
—Anoche alguien robó varios documentos del archivo imperial de la Academia.
Elara intercambió una mirada con Armand.
—Buscan información sobre los legados.
Armand asintió lentamente.
—Se están moviendo más rápido de lo esperado.
Después de la reunión, los cuatro jóvenes caminaron por el jardín en silencio.
Fue Kael quien habló primero.
—Supongo que nuestras vidas ya no volverán a ser normales.
Lucien sonrió con resignación.
—Como si alguna vez lo hubieran sido.
Selene miró a Lysandra.
—¿Tienes miedo?
La heredera de los Aster permaneció unos segundos en silencio.
Pensó en su vida anterior.
En la caída de su familia.
En todo lo que había perdido.
Luego levantó la cabeza.
—Sí.
Tengo miedo.
Pero también tengo algo que antes no tenía.
—¿Qué cosa? —preguntó Kael.
Lysandra sonrió mientras miraba a sus tres compañeros.
—Personas en las que puedo confiar.
Los cuatro permanecieron en silencio.
Finalmente, Selene extendió su mano.
—Entonces hagamos una promesa.
Lucien colocó la suya encima.
—Ninguno luchará solo.
Kael hizo lo mismo.
—Nos protegeremos mutuamente.
Lysandra observó sus manos durante un instante.
Después apoyó la suya sobre las de ellos.
—Lo prometo.
En ese mismo momento, un tenue resplandor surgió de la llave plateada guardada en el bolsillo de Lysandra.
Los cuatro símbolos brillaron durante apenas unos segundos.
Elara, que observaba desde la ventana, sonrió.
—El juramento ha sido aceptado...
Armand asintió lentamente.
—El vínculo entre los cuatro herederos ya ha nacido.
Muy lejos de la Academia, en una fortaleza oculta entre montañas nevadas, el líder de la Orden del Sol Negro abrió lentamente los ojos.
Frente a él, un antiguo espejo mágico comenzó a emitir una luz dorada.
En su superficie aparecieron cuatro pequeños puntos brillantes.
El hombre sonrió.
—Ya se han encontrado...
Se levantó de su trono y tomó una espada negra apoyada junto a la pared.
—Entonces es hora de despertar a nuestro primer heredero.
En las profundidades de la fortaleza, una enorme puerta de piedra comenzó a abrirse lentamente.
Desde el interior emergió una poderosa energía oscura... y una silueta dio un paso hacia la luz.
La verdadera batalla entre los herederos de las familias fundadoras y la Orden del Sol Negro estaba a punto de comenzar.