Estaré subiendo capítulos diario y es una historia corta sin muchas complicaciones y personajes
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CAPITULO 1
La última escena había sido perfecta.
El director gritó "¡Corten!" y Evelyn Vance supo, con la seguridad que solo dan quince años de carrera y tres premios de la Academia, que esa película sería su legado.
Mientras caminaba hacia su camerino, su vestido de satén negro se deslizaba por el suelo como una sombra líquida. Era fina, elegante y poseía esa coquetería natural que no necesitaba de palabras; un simple arqueo de cejas era capaz de poner a cualquier hombre de rodillas.
—Evelyn, el jet está listo para salir hacia Nueva York —anunció su asistente, extendiéndole una copa de cristal con agua mineral y una rodaja de limón.
—Excelente. Necesito salir de este set —respondió ella con voz aterciopelada—. El aire de los Alpes es encantador, pero extraño el olor a cuero de mi propio avión.
Horas después, a 30,000 pies de altura, la elegancia se encontró con el caos.
Una turbulencia violenta sacudió la cabina. Evelyn, que leía un guion para su próximo proyecto, ni siquiera soltó su pluma estilográfica de oro. Pero entonces, el sonido de una explosión en el motor derecho cambió el panorama.
El avión inició un descenso frenético. Mientras las máscaras de oxígeno caían, Evelyn solo pudo pensar en una cosa: "Qué desperdicio de maquillaje, me tomó dos horas quedar así de perfecta para la prensa al aterrizar". Un destello blanco cegador lo borró todo.
El silencio que siguió no fue el de la muerte, sino el de un dolor de cabeza punzante. Evelyn intentó abrir los ojos, pero la luz que entraba por la ventana era demasiado brillante.
—¡Oh, gracias a los cielos! ¡Mi pequeña Lottie ha despertado! —un grito agudo perforó sus oídos.
Evelyn parpadeó con dificultad. No estaba en un hospital. Estaba en una cama con dosel, rodeada de cortinas de terciopelo rosa chicle con bordes dorados tan gruesos que parecían cadenas.
Al enfocar la vista, vio a una mujer de mediana edad, vestida con un atuendo que solo podría describirse como un atentado contra la moda: un vestido de volantes amarillos con un sombrero de plumas azules.
—¿Lottie? —susurró Evelyn. Su voz sonaba diferente, más joven, pero igual de melodiosa.
—¡Sí, mi cielo! Te desmayaste después de que ese malnacido de Lord Julian te dijera que no quería bailar contigo en el picnic —la mujer comenzó a sollozar dramáticamente—. ¡Ese Marqués no sabe de lo que se pierde!
Evelyn se incorporó lentamente. El movimiento hizo que se viera en un espejo de cuerpo entero situado frente a la cama. Lo que vio la dejó sin aliento, y no por admiración.
El cuerpo era hermoso: una joven de unos dieciocho años, piel de porcelana y ojos grandes y expresivos. Pero el envoltorio era un desastre.
Lottie llevaba puesto un camisón de dormir lleno de lazos de colores discordantes, y su habitación... su habitación parecía el interior de una piñata que había explotado. Había vestidos por todas partes en tonos verde neón, rojos chillones y púrpuras que harían llorar a un diseñador de alta costura.
"He reencarnado", pensó Evelyn con la frialdad de quien ha leído demasiados guiones de ciencia ficción. "Y por lo visto, he caído en el cuerpo de una joven con el gusto estético de un payaso de circo".
—Madre... —aventuró Evelyn, asumiendo que la mujer de las plumas era su progenitora—. Necesito un espejo de mano y que llamen a las doncellas.
—¡Por supuesto, mi vida! ¡Traigan todo para Lady Charlotte! —gritó la Duquesa, saliendo de la habitación con el trote de alguien que está acostumbrado a consentir cada capricho.
Evelyn se quedó sola un momento. Se levantó de la cama y caminó hacia el ventanal. El paisaje era sacado de un cuadro del siglo XVIII: jardines perfectamente podados, carruajes a lo lejos y un aire puro que no olía a smog.
Recordó los fragmentos de memoria de la anterior dueña de este cuerpo. Charlotte era la hija del Duque de Belmont, el hombre más rico del reino gracias a sus minas de oro y esmeraldas. Una joven rica, pero desesperada por la atención de un hombre que la despreciaba: Julian, el hijo de un Marqués.
—Así que... —se dijo Evelyn a sí misma, observando sus manos finas—, soy inmensamente rica, tengo una familia que me adora y mi único problema es un hombre mediocre y un pésimo sentido de la moda.
Una sonrisa coqueta y astuta apareció en su rostro. La actriz que dominó las pantallas del mundo moderno acababa de encontrar su papel más desafiante: transformar a la "ridícula Charlotte" en la mujer más sofisticada del imperio.
—Primero —dijo en voz alta, señalando un vestido naranja con encajes negros que colgaba de una silla—, vamos a quemar esa atrocidad.
Esa tarde, el servicio del palacio del Duque de Belmont estaba en estado de shock. Lady Charlotte no había pedido sus usuales cintas de colores. En su lugar, había ordenado vaciar sus baúles.
—¡Pero Milady! —exclamó Marie, su doncella principal—. Este vestido verde con flores amarillas es su favorito para ver a Lord Julian.
Evelyn miró el vestido con una mezcla de horror y lástima.
—Marie, ese vestido hace que parezca un arbusto con ictericia. Tráeme el vestido de lino blanco más sencillo que tengas. Y quítale todos los lazos. Todos.
Bajo la dirección de Evelyn, el cambio fue radical. Se lavó el rostro eliminando el exceso de polvos blancos y carmín que solía usar Charlotte. Dejó su cabello suelto en ondas naturales, recogiendo solo dos mechones con un discreto broche de plata. Cuando terminó, se miró al espejo.
La transformación fue asombrosa. Sin el maquillaje pesado y los colores estridentes, la belleza de la joven resaltaba con una elegancia serena. Parecía una estatua de mármol cobrando vida.
—Ahora —dijo Evelyn, sintiendo el peso de la inteligencia y la experiencia de su vida pasada guiando cada uno de sus movimientos—, es hora de que el mundo conozca a la nueva dueña de las minas de oro.
Y de que ese Marqués aprenda que hay mujeres que no se mendigan, se conquistan.
Pero no solo se trataba de ropa. Evelyn sabía que para sobrevivir y prosperar en este mundo, necesitaba su propia base de poder. Recordó su amor por los dulces finos de las pastelerías parisinas y cómo en este reino la comida era abundante, pero poco creativa.
Una idea empezó a gestarse en su mente: azúcar, técnica y exclusividad.
Mientras planeaba su próxima movida, un mensajero entró al salón.
—Lady Charlotte, una invitación de la hija del Barón, la señorita Rose. Un té de "reconciliación" en los jardines reales. Lord Julian estará presente.
Evelyn tomó la nota con dos dedos, como si fuera algo sucio. Rose, la chica que se hacía la víctima mientras le robaba el novio a la antigua Charlotte.
—Dile al mensajero que asistiré —dijo Evelyn con una sonrisa que no llegó a sus ojos—. Será un espectáculo digno de un estreno.
que no tiene una obsesión por humillar más de lo debido.
y que el pelirrojo va hacer su piedra de tropiezo. 😂