Premisa: Él es un hombre de negocios muy exitoso pero solitario, que necesita una pareja para cumplir con las expectativas familiares y cerrar un trato importante. Le propone a ella, una chica creativa y libre, fingir que sean esposos por un año a cambio de resolverle todos sus problemas económicos.
El problema: Las reglas eran claras: "prohibido enamorarse". Pero cuanto más fingen, más real se siente.
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Capítulo 7: Despedidas y nuevos caminos
Salimos de la oficina y todavía sentía que todo daba vueltas. Caminé a su lado sin saber bien qué decir, con ese papel firmado en la mente, con el “sí” todavía sonando en mis oídos.
—¿Está bien? —me preguntó Benjamín mientras llegábamos al carro.
—Sí… creo —respondí—. Todo fue muy rápido.
Él asintió.
—Lo sé. Pero así tenía que ser.
Nos subimos. Esta vez no dudé y me senté de una en el copiloto. Cerré la puerta y me quedé mirando al frente.
—Oiga… —dijo él mientras encendía el carro—. ¿Quiere ir donde sus papás?
Lo miré.
—¿Cómo así?
—A despedirse —respondió—. Porque desde hoy las cosas cambian.
Sentí un nudo en la garganta.
—¿Tanto así?
—Sí —dijo—. Voy a estar en reuniones, viajes, negocios… y usted va conmigo. No va a poder estar viniendo todos los días.
Me quedé callada unos segundos.
—Sí… quiero verlos.
—Listo.
Arrancó y manejamos hacia la casa. El camino se me hizo corto, como si el tiempo se estuviera corriendo.
—¿Siempre es así su vida? —le pregunté.
—Sí —respondió—. Reuniones con socios, firmas de contratos, viajes a otras ciudades… a veces a otros países.
—¿Y qué hace exactamente?
—Mi familia tiene una empresa grande —dijo—. Exportamos productos, hacemos negocios con varias compañías… manejo inversiones, acuerdos, todo eso.
—Ah… —murmuré, tratando de entender.
—Hay reuniones con inversionistas, juntas directivas, negociaciones importantes —continuó—. A veces toca viajar de un día para otro.
—O sea… no hay descanso.
—Casi no.
Miré por la ventana.
—Y ahora yo tengo que ir a todo eso…
—Sí —dijo—. Va a ser mi esposa frente a todos. Tiene que acompañarme.
Sentí nervios.
—Yo no sé nada de eso…
—Va a aprender —respondió—. Yo la voy a guiar.
Llegamos a mi casa. Bajé del carro con el corazón apretado.
—Voy a hablar con ellos —le dije.
—Claro. Tómese su tiempo.
Entré.
—Ma… pa… —dije.
Ellos salieron de una.
—¿Qué pasó, mija? —preguntó mi mamá.
Los miré… y no aguanté.
—Me casé.
Se quedaron en silencio.
—¿Qué? —dijo mi papá.
—Sí… hoy.
Mi mamá se llevó la mano a la boca.
—¿Cómo así tan rápido?
—Es… complicado —les dije—. Pero es una oportunidad.
Les conté todo. El contrato, el acuerdo, el año… todo.
El silencio fue pesado.
—¿Usted está segura de eso? —preguntó mi papá.
—Sí… —respondí—. No es fácil, pero nos puede ayudar a todos.
Mi mamá se acercó.
—Mija… solo no se olvide de quién es usted.
Sentí los ojos aguarse.
—No, ma… nunca.
Mi papá suspiró.
—Si eso es lo que decidió… nosotros la apoyamos.
Los abracé fuerte.
—Los voy a extrañar…
—Nosotros también —dijo mi mamá.
—Pero esto es por algo mejor —añadí.
Valentina salió y me abrazó de una.
—Cuídese, ¿sí? —me dijo.
—Siempre.
Mi hermano también se acercó.
—Hágale con toda, Kate —dijo—. pero no se deje cambiar.
Asentí.
—Nunca.
Salí de la casa con el corazón apretado.
Benjamín estaba esperándome recostado del carro.
—¿Todo bien? —preguntó.
—Sí… —respondí—. ya me despedí.
Asintió.
—Entonces vámonos.
Me subí.
—¿Y ahora qué sigue? —pregunté.
—Primero, ir a la empresa —dijo—. Tiene que conocer cómo funciona todo.
—¿Hoy mismo?
—Sí. No hay tiempo que perder.
Arrancó.
—Tenemos una reunión con inversionistas esta tarde —continuó—. Mañana hay junta directiva, luego viaje a Bogotá… después probablemente a Medellín.
Abrí los ojos.
—¿Así de una?
—Así es este mundo.
Respiré hondo.
—Bueno… tocó aprender rápido.
Él sonrió leve.
—Eso me gusta.
Miré al frente.
—Mi vida sí cambió…
—Apenas está empezando —respondió.
Y en ese momento lo entendí.
Ya no era la misma.
Ya no era solo Katherine, la que buscaba un trabajito.
Ahora era la esposa de un hombre de negocios.
Y sin darme cuenta…
Había entrado a un mundo completamente diferente.