Amara es una mujer que durante su vida fue muy feliz, ya que tuvo una familia a la que amaba y que la amaban, por lo que, tras morir, se sorprende al encontrarse con Dios, quien le pide que lo ayude a salvar el alma de un hombre, así como las vidas de aquellos que lo rodean.
Amara, quien comprende la importancia de lo que le piden, acepta ayudar a aquel hombre y brindarle el amor que le han negado, y en el proceso la joven descubre una nueva faceta del amor que nunca había experimentado en su anterior vida al lado de Dargan, el hombre al que debe ayudar, a la vez que debe cuidarse de aquellos que desean destruir a Dargan o, peor aún, utilizarlo para sus nefastos propósitos.
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Capítulo 14
La visita de Amara no me la esperaba, mucho menos me esperaba que preparara algo para mí, pero ella lo hizo, la tarta que me preparó fue la mejor que he comido en mi vida, pero lo que la hizo tan especial fue la razón por la que Amara me la hizo.
Cuando abandoné la mansión Láska el día de ayer, no pensé que Amara se daría cuenta de mi malestar, pero me equivoqué; no solo lo notó, sino que quiso hacer algo para animarme, además de que se preocupó por mí.
Otra cosa que me alegro mucho fue el hecho de que Amara habla de nuestro matrimonio con ilusión; ella en verdad parece estar pensando en vivir una vida a mi lado, y no cualquier vida, sino una vida feliz. No suena desdichada por casarse con el “demonio de Varju”, sino todo lo contrario.
Estaba tan feliz comiendo la tarta que no noté que esta ya casi se terminaba, hasta que Amara me riñó por comer tanto, así que a regañadientes tuve que parar, y ambos salimos al jardín. Durante nuestro paseo hablamos de las cosas que nos gustan, pero cuando ella me pregunta por mis pinturas, yo no puedo responderle.
La pintura siempre fue algo que llamo mi atención, ver las pinturas que había en la mansión, sobre toda aquellas de paisajes, me hacían sentir que algún día podía ser libre, tras la muerte de mis padres y que yo heredada el título de Vizconde, tome todas esas pinturas y las lleve a la mansión que hay en el territorio Tamsa, el cual esta algo alejado de la capital, la razón por la que lo hice fue porque nunca considere la mansión de la capital un hogar, al contrario, está siempre fue mi prisión, y nunca me sentí muy cómodo en ella, a pesar de que me deshice de todo lo que había de mis padres, aun la sentía como una prisión, por eso casi nunca pasó tiempo aquí, pero debido al compromiso debí de asentarme en la capital por un tiempo.
Debido a mi aberración por esta mansión, cuando comencé a pintar mis propias obras, nunca las traje aquí; no me parecía adecuado.
Estoy perdido en mis pensamientos cuando Amara me abraza; al principio no sé qué hacer, pero después, sin dudarlo, correspondo su abrazo, y allí en sus brazos me siento en calma.
El abrazo fue más corto de lo que me hubiera gustado, y cuando nos separamos, Amara cambió de tema, como si intentara distraerme para que dejara de pensar en aquello que me ponía triste, y su gesto lleno de calidez mi corazón.
- Bueno, ya es tarde, y debo irme; seguramente Lorena ya llegó a la mansión, y conociéndola, debe de estar molesta porque salí de casa – dice Amara y se encamina de vuelta a la mansión, y yo hago una mueca al saber que se va.
- La mayor de la señorita Láska suele molestarte – le digo, molesto con Lorena por quitarme tiempo con Amara, además de que no me gusta que Amara sea intimidada por alguien, aun cuando esta persona sea su hermana.
- Por su puesto que no, solo es un poco sobreprotectora, y hasta hace menos de una semana estuve en cama, y Lorena espera que me quede en cama todo el día – me dice quitándole importancia al asunto, y allí caigo en cuenta de que ella tomó veneno para no casarse conmigo, y esa es la razón por la que estuvo enferma hasta hace poco.
- No pongas esa cara, no me digas que tú también me vas a mandar a la cama – me dice, seguramente malinterpretando mi expresión.
- No, para nada, pero si ya tienes que volver, no puedo detenerte – le digo, algo incómodo con su presencia, y es que recordar hasta qué punto llegó para no relacionarse conmigo me lleva a pensar que su cambio de actitud es algo sospechoso.
- Antes de irme, ¿podrías darme una camisa tuya? – me pregunta, a lo que yo la miro confundido.
- ¿para qué? – le preguntó.
- Es una sorpresa, pero te aseguro que te gustará, así que dámela – me ordena, y yo, aún sin entender del todo, invoco una sombra que la trae; ya averiguaré por la sombra que mandé a vigilarla, qué es lo que va a hacer con ella.
- Aquí esta – le digo mientras se la entrego.
- Gracias, ahora sí me voy. Como es muy probable que no me dejen salir hasta la boda, estaré esperando tu visita con ansias – me dice y sale de la mansión, en donde su chochero ya la espera.
Yo simplemente la veo partir, todavía preguntando ¿qué es lo que está tramando?