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Seis Meses Demasiado Tarde

Seis Meses Demasiado Tarde

Status: Terminada
Genre:Romance / Aventura de una noche / Embarazo no planeado / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:107
Nilai: 5
nombre de autor: Juuh melo

Helena Duarte siempre creyó que el amor verdadero era ese que acelera el corazón y hace que la vida se vea un poco más hermosa.
Hasta que conoció a Gabriel Ferraz.
Intenso, arrogante, increíblemente guapo de una forma casi molesta… y completamente fuera de su alcance.

Lo que empezó como una noche impulsiva se convirtió en meses de pasión descontrolada. Se hicieron promesas, construyeron sueños… y luego todo se desmoronó.
Cuando Helena descubre que está embarazada, Gabriel desaparece de la peor manera posible: creyendo en una mentira que destruye todo entre ellos.

Abandonada, con el corazón roto y una vida creciendo en su interior, Helena decide empezar de nuevo lejos de él.
Pero el destino tiene un sentido del humor cruel.

Años después, Gabriel conoce la verdad.
Y también descubre que tiene un hijo.
Ahora está dispuesto a hacer lo que sea para recuperar a Helena… aunque ella esté decidida a no dejarlo acercarse nunca más.
Porque algunas heridas no sanan fácilmente.
Y algunas promesas… llegan demasiado tarde.

NovelToon tiene autorización de Juuh melo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7

El silencio en la recepción se hizo pesado.

Demasiado pesado.

Helena todavía estaba parada en medio de la escalera, sosteniendo a Miguel en brazos, mientras Gabriel la miraba como si hubiera visto un fantasma.

Lucas, a su lado, miraba de uno a otro completamente confundido.

—Me estoy volviendo loco… —murmuró Gabriel, pasándose la mano por el rostro—. ¿O realmente eres Helena?

Su voz parecía incrédula.

Helena respiró hondo.

El corazón latía tan fuerte que podía sentirlo en el pecho y en la garganta al mismo tiempo.

—Soy yo.

Gabriel soltó una pequeña risa sin humor.

—Joder…

Lucas lo miró.

—¿Ustedes se conocen?

Gabriel ni siquiera respondió.

Sus ojos seguían fijos en ella.

Más específicamente…

En el bebé.

Miguel se movió en brazos de su madre, curioso por las voces desconocidas.

Y cuando levantó el rostro…

Sus ojos castaños se encontraron con los de Gabriel.

Por un segundo.

Un segundo muy largo.

Helena se dio cuenta en el mismo instante.

Aquel pequeño cambio en su mirada.

La atención enfocándose en el bebé.

Su mente comenzando a trabajar.

Rápido.

Muy rápido.

Gabriel frunció levemente el ceño.

—Tienes… un bebé.

Lucas abrió los ojos como platos.

—No me digas.

Helena sintió el estómago apretarse.

—Sí.

La respuesta salió corta.

Directa.

Gabriel seguía mirando a Miguel.

Observando.

Analizando.

—¿Cuántos meses tiene?

La pregunta vino demasiado calmada.

Helena apretó al bebé un poco más contra su pecho.

—Seis.

Lucas miró a Gabriel.

Y entonces cayó en cuenta.

—Espera…

Señaló despacio.

—Ese bebé…

Gabriel levantó la mano, interrumpiéndolo.

Sus ojos seguían fijos en el niño.

Haciendo cuentas.

Tres meses después de aquella noche.

Más seis meses de embarazo.

Más seis meses, después de que nació.

Su pecho se sintió extraño.

La mandíbula se contrajo.

—¿Cuál es su nombre?

Helena vaciló por un segundo.

Pero respondió.

—Miguel.

Miguel esbozó una pequeña sonrisa en ese momento, como si estuviera participando en la conversación.

Lucas soltó un pequeño “puta mierda” casi inaudible.

Gabriel tragó saliva.

El corazón latía más fuerte ahora.

—Helena…

Su voz se hizo más baja.

Más tensa.

—Este bebé…

Se detuvo a mitad de la frase.

Porque no sabía cómo terminar.

Pero Helena sabía exactamente lo que quería preguntar.

Y aquello trajo de vuelta un dolor antiguo.

El mismo dolor de aquella conversación en el café.

Enderezó los hombros.

—Este bebé es mi hijo.

Gabriel apretó la mandíbula.

—Lo sé.

Sus ojos volvieron a Miguel.

El bebé estaba agarrado a la blusa de su madre, mirando curioso a los dos hombres.

Y entonces…

Miguel soltó un pequeño ruidito alegre.

Y extendió la manita.

En dirección a Gabriel.

Lucas soltó una risa nerviosa.

—Ah, eso no ayuda en nada…

Gabriel no se rió.

Estaba mirando aquella manita extendida.

Pequeña.

Gordita.

Casi implorando atención.

Algo extraño se apretó dentro de su pecho.

Una sensación que no conseguía explicar.

Helena se dio cuenta.

E inmediatamente giró un poco el cuerpo, alejando a Miguel.

Instinto puro.

Protección.

Gabriel levantó los ojos.

—¿Crees que voy a hacer qué?

La pregunta vino más dura de lo que pretendía.

—No lo sé —respondió ella.

—No voy a lastimarlo.

Helena soltó una pequeña risa amarga.

—Ya has lastimado lo suficiente.

La frase quedó en el aire.

Pesada.

Lucas se pasó la mano por la nuca.

—Ok… claramente me perdí algún capítulo importante de esta historia.

Nadie respondió.

Gabriel respiró hondo.

—¿Es mío?

Silencio.

Helena sintió el pecho apretarse.

La misma pregunta.

Otra vez.

Pero esta vez… había algo diferente.

No era desconfianza fría.

Era tensión.

Miedo.

Casi esperanza.

Aun así…

No olvidó.

No olvidó cómo había dudado.

Cómo se había ido.

Cómo la había dejado enfrentar todo sola.

Las consultas.

Las noches de miedo.

El parto.

Todo.

Helena lo miró directo a los ojos.

—¿De verdad quieres saber?

Gabriel respondió sin dudar.

—Quiero.

—Entonces, ¿por qué no quisiste saber cuando te busqué?

Aquello lo golpeó de lleno.

Lucas miró de uno a otro nuevamente.

—Ok… esto se está poniendo pesado.

Gabriel ignoró.

—Helena…

Dio un paso adelante.

Ella inmediatamente dio uno hacia atrás.

—Quédate ahí.

Su voz salió firme.

Miguel comenzó a refunfuñar con la tensión en el aire.

Helena lo meció suavemente.

—Calma, mi amor… está todo bien.

Gabriel observó la escena.

Y algo dentro de él se apretó de una forma extraña.

Era una buena madre.

Se notaba.

En la forma en que sostenía al bebé.

En la forma en que hablaba con él.

En la forma automática en que protegía.

Gabriel respiró hondo.

—Solo quiero entender.

—Demasiado tarde.

—No es demasiado tarde si él es mi hijo.

La frase salió firme.

Helena entrecerró los ojos.

—¿Ahora lo crees?

No respondió inmediatamente.

Y aquello lo dijo todo.

Ella negó con la cabeza despacio.

—Increíble.

Lucas suspiró.

—Tío… definitivamente arruinaste algo en el pasado.

Gabriel ignoró de nuevo.

Sus ojos volvieron a Miguel.

El bebé lo estaba mirando otra vez.

Curioso.

Y entonces Miguel sonrió.

Una sonrisa abierta.

Chimuela.

Inocente.

Gabriel sintió algo romperse dentro de su pecho.

Porque aquella sonrisa…

Parecía extrañamente familiar.

Volvió a mirar a Helena.

—Quiero hacerme una prueba de ADN.

La recepción quedó en silencio absoluto.

Helena cerró los ojos por un segundo.

Respiró hondo.

Cuando volvió a abrirlos, había una mezcla de dolor e irritación allí.

—Claro que quieres.

—No es por maldad.

Ella se rio.

—Fue exactamente eso lo que dijiste la última vez.

Gabriel se pasó la mano por el cabello.

—Helena…

—¿Sabes cuál es la peor parte?

Él se quedó en silencio.

—Lo habría aceptado.

Él frunció el ceño.

—¿Qué?

—La prueba.

Se encogió de hombros.

—Si lo hubieras pedido con respeto allá atrás.

Miguel comenzó a refunfuñar más alto ahora.

Helena lo acomodó en su hombro.

—Pero ahora… —continuó— las cosas ya no son tan simples.

Gabriel sintió el estómago apretarse.

—¿Qué significa eso?

Ella lo miró durante algunos segundos.

Y respondió despacio.

—Significa que no tienes ningún derecho sobre él.

La frase cayó como una bomba.

Gabriel se quedó completamente inmóvil.

Lucas murmuró bajito:

—Jodido.

Y Miguel…

Comenzó a llorar.

Alto.

Como si sintiera que algo muy complicado estaba sucediendo entre aquellos adultos.

Y tal vez lo estuviera.

Porque aquel reencuentro…

Apenas estaba comenzando.

Y la tormenta entre ellos aún estaba lejos de terminar.

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