Tras la muerte de Salvatore Vindicta, el imperio criminal queda en el aire. Contra todo pronóstico, Chiara debe asumir el control del negocio familiar. Muchos capos no aceptan que una mujer lidere la organización, y las traiciones comienzan a surgir desde dentro.
Mientras intenta mantener unido el imperio de su padre, la guerra con las familias rivales se intensifica. Markus Becker permanece a su lado, pero su relación también se ve puesta a prueba por el poder, los secretos y las decisiones que Chiara debe tomar para sobrevivir.
En este libro, Chiara pasa de ser la hija del capo a convertirse en una líder temida, mientras su mundo literalmente arde entre violencia, alianzas rotas y sacrificios que podrán en juego su nuevo imperio.
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Capitolo 20
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Chiara quedó pensativa. Sus manos estaban frías… ¿cómo era posible que ese hombre aún provocara ese efecto en ella? No sabía cómo iba a volver a mirarlo a la cara después de su último encuentro. Sin pensarlo demasiado, llamó a mónica, la única persona en la que confiaba en ese momento, mientras grace conversaba con Klara cerca de la oficina.
Mónica entró con un limoncello en la mano. Se lo entregó a chiara antes de sentarse frente a ella, observando su expresión con atención. No tardó en notar que algo iba mal.
—¿Metida en más problemas, siempre te veo en esas prima?
—Los problemas siempre están presentes… unos más visibles que otros. Pero te llamé porque necesito una opinión.
—Es sobre Markus becker, ¿verdad?
—Exacto.
—Bene…Tuviste comunicación con él por lo que veo que tienes el sistema de silencio activo.
—¿Cómo identificas todo tan rápido?
—Soy hacker, una de las mejores acuérdate. ¿Qué paso con él?
—Me llamó.
El rostro de Mónica cambió de inmediato, incrédula.
—¿Te llamó desde aquí?
—Sí.
—¿Y no lo pudiste rastrear?
—Vamos Monica… ¿Cómo iba a rastrear una llamada antes de que colgara? Apenas duró 3 minutos. Él no es un novato.
—¿Qué quería ese hombre?
—Que nos viéramos…
—Y tú, encantada, dijiste que sí.
—Quiero acabar con esto de una vez por todas.
—¿por fin lo matarás?
—Eso es lo que estoy pensando… pero esta reunión tendrá que ser secreto. Nadie puede saberlo.
—Haremos todo lo posible para que nadie de la familia se dé cuenta.
—Diré que voy a un negocio aparte. Aquí hay códigos… no sospecharán. Pero me llevaré dos anillos de seguridad de plena confianza, armados hasta los dientes. No confío en Markus.
—Como digas. Organizaré todo.
Mónica salió en busca de los hombres. En el camino, Grace se acercó para saludarla, algo que no le agradó en lo más mínimo.
—¿Pasa algo, signorina Mónica?
—Nada. Busco a Bianchi y a Ferraro.
—Puedo ayudarle. ¿Se puede saber para qué?
—Necesito dos anillos de seguridad para un favor a mi prima Chiara.
—Si quiere, puedo formar parte. Puedo proteger a la signorina Vindicta.
Mónica la recorrió con la mirada, recordando lo que la familia había comentado en la fiesta.
—No. Eres nueva. Esto lo dejamos a personas con años en la familia.
Sin decir más, se marchó, dejando a Grace sola.
Mientras tanto, Chiara se cambiaba. Eligió un conjunto negro de cuero, elegante y audaz. El abrigo entallado marcaba su silueta, y las botas altas reforzaban su presencia imponente. Las gafas oscuras y el bolso de cadena añadían un aire misterioso… perfecto para esa cita nocturna.
Salió escoltada por cuatro camionetas blindadas detrás y dos delante. No estaba nerviosa. Iba a lo que iba. Pero la idea de volver a ver a Markus le resultaba insoportablemente incómoda.
Tras un largo trayecto, llegaron al muelle.
Seis camionetas blindadas ya estaban allí.
Chiara ordenó a uno de sus hombres que bajara primero. Solo cuando recibió la señal, descendió del vehículo.
Y entonces lo vio.
Markus.
Vestía camisa negra, abierta en el pecho, con cadenas doradas brillando bajo la tenue luz. Pantalón oscuro. Gafas… que se quitó lentamente al verla, recorriéndola de arriba abajo con una mirada aprobatoria.
—Ser capo di tutti definitivamente la hizo más hermosa. Su presencia es única… Vindicta.
—Al punto, Becker. Quiero acabar esto rápido. La DEA me pisa los talones.
—No pensé que vendría con tanta seguridad… ¿acaso muerdo?
—¿Creyó que vendría sola, cuando usted vino con sus hombres? Nunca estoy en desventaja.
—Creí que podríamos revivir viejos tiempos… nada más.
—Iluso. Lo escucho.
Markus dio un paso hacia ella. De inmediato, los hombres de Chiara levantaron sus armas.
Él sonrió.
—Dígales que bajen las armas. No le haré daño.
Chiara dudó… pero con un leve gesto, sus hombres obedecieron, sin bajar la guardia.
—Así me gusta —dijo él—Una conversación pacífica.
Se acercó aún más, hasta quedar a centímetros de su rostro. Sus respiraciones se mezclaban. Sus miradas descendieron por un instante hacia los labios del otro…
Chiara se apartó.
—Aún usa ese perfume… pensé que lo habría cambiado.
—Siempre fijándose en detalles, Becker. Muy formal.
—Cuando se trata de negocios… o de temas personales, es mejor ser cordial.
—Bene. Entonces hablemos. ¿Qué quiere?
Markus suspiró, serio por primera vez.
—Últimamente han pasado demasiadas cosas. Ataque tras ataque… esta guerra me está hartando. Yo no he hecho nada, pero mi padre sí.
Chiara soltó una risa fría.
—¿No ha hecho nada? ¿Olvidó que le disparó a mi padre? Esa herida lo llevó al coma… y a la muerte.
—Las cosas no fueron así. Ya te lo dije.
—No le creo ni una palabra. Y además… no entiendo por qué se acerca tanto, estando casado.
—Es solo un papel. Adelaide y yo no tenemos una relación real.
—Las fotografías dicen lo contrario. Y no quiero que nadie vea esto… no sé cómo reaccionarían mis socios.
—¿Habla de Leonid Ivanov? Tenga cuidado…
ese hombre no es de fiar.
Chiara lo miró con frialdad.
—A mí nadie me dice en quién confiar.
Markus esbozó una sonrisa leve.
—Veo que esto tomará tiempo… es difícil hablar con usted en estos términos.
Chiara apretó la mandíbula, conteniendo las ganas de abofetearlo. No podía creer cuánto había cambiado… o quizá siempre fue así.
Esa conversación apenas comenzaba.
Y prometía ser larga.
...CONTINUARÁ…...