Edelayn es una mujer que sirvió toda su vida al ejército de su país,al ser jubilada, ella se da cuenta que todo el tiempo vivió para una organización y no para si misma,con arrepentimiento pide un deseo en su cumpleaños,que por azares del destino se le concede y reencarna en el cuerpo de la Duquesa Edelayn Lierrer Paradise,en un mundo donde todavía manda el feudalismo,con esta nueva oportunidad ella decide que está vez vivirá,para si misma haciendo lo que le plazca,pero hay ciertos retos que surgen,teniendo los que enfrentar,pero ella los vence aplicando sus conocimientos modernos, utilizando cualquier cosa o persona a su favor para cumplir sus deseos.
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Capitulo 20:¡Señorita!
La noche los envolvía mientras galopaban a toda velocidad por el camino.
—Estamos cerca de la taberna —gritó Aron—. ¡Resistan!
Ricardo empezaba a relajarse, a creer que ya estaba a salvo cuando de repente Edelayn vio que una flecha se dirigía hacia el príncipe heredero, con un movimiento empujó a Ricardo tirando lo de su caballo... Pero ese movimiento le costó que la flecha impactara en su hombro izquierdo... el impacto sonó seco, pero no cayó, al contrario, sus ojos se ensombrecieron, y montando su caballo logro disparar al enemigo que había atacado primero. Mientras tanto Ricardo que estaba en el piso, se levantó de inmediato, los soldados lo rodearon y lo protegieron, pero él solo se dirigió hacia Edelayn.
—¿Estás bien?, ¿Por qué te interpusiste?.
—Estoy bien—dijo Edelayn aún con una sonrisa—afortunadamente, la flecha no tocó ninguna arteria, pero tenemos que llegar lo más pronto posible a la taberna, para que atienda mi herida.
—¡Entonces, vámonos ahora mismo!—expresó Ricardo.
Justo cuando él quería subir al caballo de Edelayn ella lo ignoró y giró su caballo para seguir su camino, entonces Ricardo se subió su caballo y la siguió, pero esta acción no le pudo evitar pensar:
«¡Está dama! Aun herida, no se deja ayudar, incluso por mí el príncipe heredero de este reino, cualquier otra mujer daría lo que fuera porque yo me quisiera subir a su caballo para ayudarla, pero a ella no le importó y simplemente me ignoro, definitivamente parece ser alguien muy interesante»
Todos ya habían llegado a la taberna, pero justo cuando Edelayn bajaba de su caballo, su cuerpo empezó a fallar, Ricardo que la observaba se percató, y se acercó a sujetarla.
—Algo no está bien—murmuro Edelayn, mientras un calor extraño empezaba a recorrer todo su cuerpo.
—¿Por qué lo dices? ¿Te sientes mal en alguna parte?—preguntaba con preocupación Ricardo.
—Solo ayúdame a entrar a la taberna, tengo que encontrar mis medicamentos.
Las puertas de la taberna se abrieron de golpe.
El grupo irrumpió entre respiraciones agitadas, olor a polvo, sangre y adrenalina aún en el aire.
—¡Señorita! —exclamó Matilda, corriendo hacia ella—. ¿Qué ha pasado?
—¡Estás herida! —añadió Emily, alarmada.
Edelayn se sostuvo apenas en pie, pero su mirada seguía firme, calculando.
—¿Pero qué te ha pasado señorita Susan?—preguntaba Gael mirando, el pedazo de flecha aún en el hombro de Edelayn.
—La herida no importa… —dijo con voz controlada—. No tocó hueso, ni arterias es superficial.
Gael frunció el ceño.
—Entonces, ¿qué ocurre?
La habitación se quedó en silencio esperando la respuesta de Edelayn.
—Veneno
El ambiente se tensó de inmediato.
—¿Veneno? —repitió Emily.
Edelayn cerró los ojos un instante, analizando sus propios síntomas, su respiración, la aceleración del pulso, y el calor bajo su piel y cuando los abrió… ya tenía la respuesta.
—Afrodisíaco.
El silencio fue absoluto.
Ricardo sintió cómo algo en su pecho se hundía, porque entendió que esa flecha efectivamente hiba dirigida hacia el,y un pensamiento surgía desde su interior.
«Ella está pagando el precio por mi culpa, mis enemigos saben mi secreto, aquel que tanto me avergüenza, y todo porque a mis 20 años nunca e logrado tener ninguna erección, no importa el método ni tampoco la mujer, solamente no puedo lograrlo, supongo que ellos al saberlo sabían que si no lograban matarme al menos podrían envenenarme y yo al no poder desahogarme sin el antídoto natural moriría por un ataque al corazón, a consecuencia del veneno.»—De repente volvió a la realidad cuando Edelayn empezó a gritar.
—Traigan mi bolsa—ordenó Edelayn sin perder el control—. Rápido.
Matilda y Emily corrieron sin dudar.
—Necesito el frasco que dice acetamidofenol.—ordenó a Emily.
—¡Señorita, pero no hay ningún frasco con ese nombre!.
—¡Lo siento!, busca con el nombre de paracetamol.
—¡Aquí está! —dijo Emily con alegría.
«Siento que mi pulso está aumentando, este afrodisíaco no es normal, si sigue así podría causarme una arritmia o un paro cardíaco, aunque el paracetamol me ayudaría no tendría el mismo efecto...¡Ya sé!, cuando veníamos para acá vi que a unos cuantos kilómetros estaba una planta de valeriana, si tomo el paracetamol con té de valeriana este podría potenciar su efecto,además me ayudaría a calmar la exitacion del sistema nervioso»
—Matilda recuerdas las flores que corté ,antes de llegar a la taberna—preguntó mientras le enseñaba un pequeño ramo con flores pequeñas rosa pálido.
—¡Si señorita las que usted nombró valeriana!
—¡Necesito que, acompañes a Aron, para que de esas flores me traigan la raíz y el tallo!, una vez que las traigan necesito que las pongan a hervir hasta que el agua cambie su color.—Matilda asintió y con ayuda de Aron, partieron a cumplir su orden
Mientras tanto, Edelayn apoyó una mano en la mesa, su cuerpo comenzaba a traicionarla, y el calor aumentaba, su piel la sentía más sensible... Y su mente menos clara. Justo cuando Gael iba a acercarse, Ricardo con voz preocupada, dijo:
—Esto es por mi culpa…
Edelayn lo miró de reojo.
—No pierdas el tiempo culpándote… mejor ayúdame a no desmayarme—mientras un leve temblor recorrió su cuerpo, su respiración se volvió más pesada.
—No voy a aguantar… —murmuró, mientras alzaba la vista.
—¡Necesito frío! ¡Ahora!.
Emily reaccionó de inmediato, preparó una bañera, con agua fría.
—¡Señorita!, suba a la habitación, a esperar, Ya está listo lo que pidió.
Edelayn intentó subir por sí sola, pero sus piernas le temblaban, Ricardo al verla no dudó.
—Yo la llevo.
La habitación estaba en penumbra, acompañado de silencio y tensión. Ricardo la ayudó a entrar, pero justo cuando la iba a soltar Edelayn lo sujetó fuertemente y lo empujó contra la pared, mirándolo fijamente.
—¡Señorita!.—alcanzó a decir.
Pero no terminó la frase, porque Edelayn lo besó, sin aviso, sin contención. Un beso cargado de urgencia... De necesidad de algo que no era del todo suyo.
Ricardo se quedó inmóvil un segundo... Solo uno, porque entonces algo cambió... Algo que nunca había logrado ni sentido, con Khaterine, ni con ninguna otra mujer, ese problema que tanto le avergonzaba, con ella con un simple beso, su cuerpo reaccionó. Y entonces correspondió, sus manos dudaron, pero terminaron sosteniéndola, atrayéndola aún más.
—¿Estás… segura de esto? —preguntó entre susurros, aun intentando aferrarse a la razón.
Ella lo miró, con la respiración agitada.
—Fue por tu culpa… lo mínimo que puedes hacer es ayudarme.
Pero sus palabras… no eran del todo ella y ambos lo sabían, pero aun así la atención creció, la cercanía y el calor. Ricardo la sujetó de la cintura, y la cargó, Edelayn se aferraba con sus piernas a su cintura, y con sus manos se sujetaba de su cuello, sin dejarlo de besar... Ricardo la apoyó suavemente sobre la cama, y Edelayn con sus manos abrió su camisa con desesperación, arrancando todos los botones, y Ricardo en respuesta comenzó a besar desde el lóbulo de su oreja bajando por su cuello hasta llegar a su pecho, justo cuando se disponía a quitar el vestido de Edelayn se abrió la puerta de golpe.
—¡Ya está listo el antídoto!—Gael se detuvo en seco, la escena frente a él, Edelayn recostada en la cama y Ricardo sobre ella, demasiado cerca... Y entonces algo oscuro cruzó su mirada.
—¿Qué está pasando aquí?—preguntó Gael con tono serio mientras Ricardo retrocedió apenas.
—Ella… el veneno—intento explicar.
Pero Gael no esperó explicación, cruzó la habitación en dos pasos y la tomó en sus brazos.
—Esto no esta bien—dijo con voz firme pero tensa.—Ella no está en condiciones de decidir.
Miró a Ricardo directamente.
—¡Es una señorita! ¡Una comerciante! Y si no mal recuerdo, tú estás comprometido. Si haces esto… la arruinarás.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire, pesadas e incómodas. Y antes de que Ricardo pudiera responder, Gael la levantó en brazos.
—Yo me encargo.—expresó con voz sería mientras salía de la habitación.
El pasillo estaba en silencio, solo se escuchaban sus pasos… y la respiración de Edelayn.
Cuando de repente ella se movió sus labios besaron su oído, luego su cuello, de una manera lenta pero peligrosa.
Gael se tensó.
—¡Señorita Susan!—murmuró—. Esto no está bien.
Pero ella no se detuvo.
—¿Qué…? —susurró contra su piel—¿Acaso no te gusta?—dijo con voz juguetona Edelayn.
Y entonces, se aferró a su cuello, tomo un ligero impulso y lo besó, directo, intenso y sin escape, Gael intentó resistir, un segundo... Dos, pero falló, la sostuvo con más fuerza, la bajó de sus brazos pegándola contra la pared, el control que él siempre intentaba mantener se desvanecía, el deseo no era solo de ella.
Gael con su mano izquierda agarraba el cuello de Edelayn apoyando sus labios contra los de ella, mientras su mano derecha se metía por la abertura de su vestido, acariciando su pierna, Edelayn no se quedaba atrás metió su mano debajo de la camisa de Gael, acariciando al principio, pero después, sus uñas se enterraron en su piel... Gael soltó un gemido de placer provocando que mordiera el labio de Edelayn, pero a ella no le importó al contrario aumentó más su deseo en ese instante todo dejó de importar, ya no era solo la necesidad de Edelayn, que crecía, él quería... Necesitaba reclamar su piel pero entonces.
—¡Señorita!—La voz de Matilda que se acercaba rompió el momento.
Ambos se separaron bruscamente.
—El antídoto está listo.
Gael respiraba agitado, pero reaccionó y la compostura volvía lentamente a su cuerpo.
—Dámelo.—Tomó el vaso sin dudar, y se lo dio a beber a Edelayn junto con el frasco que ella había preparado, entonces volvió a cargarla.
Esta vez… con más cuidado, más control y más distancia.
—Vamos a terminar esto —murmuró, mientras, la recostaba en una habitación vacía, dejándole al cuidado de Matilda.
Cerró la puerta y el caos… por fin tuvo una pausa,pero lo que había comenzado esa noche…apenas estaba despertando.