Logan MacGyver guardó resentimiento durante 15 años. Abandonado por su propia familia y separado de su hermano, a quien amaba, construyó su propio mundo de poder: gobierna un hospital de élite y un cartel implacable. Pensaba que no necesitaba nada más… hasta que Maya Summer cruzó su camino.
Inteligente, audaz y con una lengua afilada, Maya despierta en Logan una obsesión posesiva que nunca antes sintió. Pero el peligro acecha: la poderosa familia MacGyver cree que Maya es el punto débil de Logan. La quieren para obligarlo a regresar, para retomar el control.
Solo olvidaron un detalle: Logan MacGyver ya no sigue sus reglas, y está dispuesto a manchar su bata de médico con sangre para proteger lo que es suyo.
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Capítulo 24
📌 AVISO IMPORTANTE
Esta obra es totalmente ficticia y forma parte de una historia de ficción con personajes, situaciones y temas dramáticos inventados por la autora. La narrativa puede incluir violencia y comportamientos extremos que no reflejan la opinión de la autora ni endosan o promueven cualquier forma de violencia real contra mujeres o cualquier persona. Si usted o alguien que usted conoce está enfrentando violencia o abuso, existen servicios reales y canales de denuncia y apoyo disponibles en varios países.
📞 Canales de denuncia y apoyo (violencia contra mujeres)
🇧🇷 Brasil
• Ligue 180 – Central de Atendimento à Mulher (denuncias de violencia contra mujeres; atención 24 h, gratuito y confidencial).
Teléfono: 180
WhatsApp: (61) 9610-0180 (también atención vía mensaje)
En caso de emergencia policial, marque 190.
🇵🇹 Portugal
• Serviço de Informação às Vítimas de Violência Doméstica – atención gratuita.
Teléfono: 800 202 148 (gratuito)
Otros recursos útiles en Portugal incluyen:
• APAV – Associação Portuguesa de Apoio à Vítima – 116 006
• Emergencia general (incluyendo violencia) – 112
🇺🇸 Estados Unidos
• National Domestic Violence Hotline – línea nacional de apoyo a víctimas de violencia doméstica y de género (24 h, confidencial, gratuito).
Teléfono: 1-800-799-7233 (1-800-799-SAFE)
En caso de emergencia, marque 911.
Departamento de Justicia
🇮🇹 Italia
• Numero Antiviolenza e Stalking (línea nacional anti-violencia y stalking) – atención gratuita 24 h y confidencial.
Teléfono: 1522
Esta línea presta apoyo, informaciones y derivaciones para servicios especializados y centros de acogida.
El hangar clandestino en las afueras de Chicago ardía no en fuego, sino en euforia. Camiones cargados con la mercancía robada en Alaska estaban siendo descargados y redirigidos. Logan y Hunter no eran solo líderes; eran los proveedores. Mientras la carga era dividida entre los Lobos en América y las divisiones de México, el clima era de victoria absoluta.
La fiesta comenzó incluso antes de que el último camión partiera. El sonido del hip-hop pesado golpeaba las paredes de zinc, mezclándose con el estallido de botellas de whisky caro siendo abiertas. Decenas de soldados de la Manada celebraban con risas altas, exhibiendo los fajos de dinero y las armas nuevas. Mujeres de lujo circulaban entre los hombres, contratadas para garantizar que aquella noche fuera inolvidable.
Logan observaba todo desde arriba, en un entrepiso de metal, con un vaso de bourbon en la mano. Hunter estaba a su lado, riendo mientras uno de sus soldados contaba cómo los rusos temblaron en el hielo.
—Se lo merecen —dijo Hunter, apuntando a los hombres allá abajo—. Ellos hacen el trabajo sucio.
Logan asintió, pero su mirada estaba distante. Quería estar en la mansión, con Maya. Fue entonces cuando sintió un perfume familiar, un rastro de sándalo y humo que no sentía hacía mucho tiempo.
Sabrina.
Ella era una mujer del pasado de Logan, de la época en que él era solo el médico rebelde que huía de la sombra de su padre en noches de fiesta regadas con excesos. Hacía unos nueve meses que no la veía, desde antes de toda la confusión con los Summer comenzar.
Ella subió las escaleras del entrepiso con una sonrisa depredadora.
—Has cambiado, Logan, la mirada está más fría... y el imperio es más grande.
Ella intentó deslizar la mano por su brazo, pero Logan se esquivó con una rapidez cortante.
—¿Qué estás haciendo aquí, Sabrina? Este lugar es peligroso para civiles, vete.
—Te he echado de menos en estas noches heladas —susurró ella, ignorando la advertencia, intentando pegarse a su cuerpo—. Pensé que, después de esta victoria en Alaska, ibas a querer celebrar con quien te conoce de verdad.
Logan la sujetó por los hombros, manteniéndola a una distancia segura. Sus ojos brillaban con una advertencia mortal.
—Te dije que no, tengo una mujer, una vida nueva, lo que tuvimos quedó enterrado hace casi un año, se acabó.
Sabrina soltó una risa seca, desprendiéndose de él y cruzando los brazos. Su mirada cambió de deseo a un veneno puro.
—¿Una mujer? ¿Crees que puedes simplemente borrar el pasado porque encontraste una muñequita nueva?
Ella dio un paso adelante, hablando bajo, pero con una fuerza que hizo que la sangre de Logan se congelara en las venas.
—¿De verdad me vas a decir que no, Logan? Después de todo este tiempo desaparecido... ¿de verdad le vas a decir que no a la madre de tu hijo?
Logan sintió que el mundo giraba, el ruido de la fiesta allá abajo se convirtió en un zumbido distante. Calculó los meses en segundos; la cuenta coincidía, el tiempo que estuvieron alejados era exactamente el tiempo de una gestación y el primer mes de vida.
—¿De qué estás hablando? —gruñó Logan, la voz fallando por primera vez en años.
—Ya lo he tenido, se parece a ti —dijo ella, con una sonrisa cruel—. ¿Aún vas a mandarme que me vaya?
—¿Dónde está él? —la voz de Logan era un gruñido bajo, casi inaudible bajo el ruido de la fiesta allá abajo.
Sabrina apuntó hacia afuera del hangar, indicando un coche sedán que estaba estacionado un poco apartado.
—En mi coche, pero no te lo voy a entregar gratis, Logan, tu padre y tu abuelo van a amar saber que tienen un nuevo heredero... este bebé vale mucho dinero, es un MacGyver.
Esas palabras golpearon a Logan como un golpe en la cabeza. La idea de Connor o Dylan poniendo las manos en un niño inocente, su propio hijo, para usarlo como peón, encendió una furia primordial en sus ojos.
—Hunter, toma a algunos hombres, rodeen su coche —ordenó Logan, sin quitar los ojos de Sabrina—. Nadie entra, nadie sale.
Con la Manada en posición, Logan y Hunter fueron hasta el sedán. Allí dentro, la escena oprimió el corazón de Logan de una forma que años de medicina de guerra nunca consiguieron. En el asiento trasero, en un portabebés sucio, estaba un niño, el rostro idénticos a los de Logan, pero su carita estaba manchada de lágrimas secas, el llanto era débil, casi un gemido.
El pañal estaba completamente saturado, exhalando un olor fuerte de orina y heces. La piel del bebé estaba roja e irritada, con sarpullidos visibles. Claramente, había sido descuidado por horas, tal vez días.
Logan tomó al bebé con un cuidado que contrastaba con la violencia que él acaba de comandar en Alaska. El pequeño cuerpo estaba frío y hambriento. Él era la imagen escupida de Logan cuando bebé, una prueba irrefutable de su paternidad.
Sabrina se acercó, la sonrisa aún en su rostro, ajena a la profundidad de la desesperación de Logan.
—¿Ves? Es tu copia, piensa en lo que Connor y Dylan pagarían por él, Logan, este bebé es la llave para tu herencia, si eres inteligente.
En aquel momento, algo dentro de Logan estalló, la imagen de Maya, de Chloe, de Madison, de todos a quienes él juró proteger, se mezcló con la visión de su propio hijo indefenso, siendo usado como moneda de cambio por los monstruos de su familia. Sabrina no veía una vida; ella veía un activo.
Logan entregó al bebé a Hunter, quien lo sujetó con un cuidado sorprendente, envolviéndolo en su propio abrigo.
Sabrina intentó protestar, pero la mano de Logan ya estaba en su cuello. Sus ojos, antes verdes, ahora eran tan oscuros como el infierno. Él la arrastró lejos de los oídos curiosos de los soldados.
—Me usaste, está bien, intentaste chantajearme, yo lidio con eso —susurró Logan, la voz controlada, pero vibrando con una furia mortal—. Pero descuidaste a mi hijo, lo dejaste sucio, con hambre. Y intentaste venderlo a las mismas personas que intentaron destruirnos, eso... no lo perdono.
Sabrina intentó gritar, pero Logan apretó su cuello. El miedo finalmente se instaló en sus ojos, pero era demasiado tarde. Él ya no era el médico que intentaba salvar vidas; él era el Lobo que eliminaba amenazas. Con un estallido seco, el cuerpo de Sabrina se ablandó en sus brazos.
Él la soltó y el cuerpo cayó inerte en la nieve, mezclándose con las sombras del hangar. Logan miró a su propio hijo en los brazos de Hunter, el pequeño Logan que acababa de perder a su madre por las manos de su padre, la guerra acababa de volverse infinitamente más complicada.
Logan soltó el cuerpo sin vida de Sabrina como si fuera una carga incómoda. No sentía remordimiento; solo un alivio frío. Se volteó hacia los soldados de la Manada que observaban la escena con respeto y pavor.
—Prendanle fuego —ordenó Logan, la voz cortante—. Quiero el vídeo en mi celular como prueba de que ella quemó hasta volverse polvo.
Él caminó hasta Hunter y tomó a su hijo de vuelta, el pequeño cuerpo aún temblaba bajo el abrigo táctico, pero el llanto había dado lugar a un sollozo exhausto. Logan miró a su hermano, que mantenía la guardia alta, observando el perímetro.
—Hermano, vamos a casa —dijo Logan, acomodando al bebé en sus brazos—. Esta fiesta no es ambiente para hombres comprometidos.
Hunter asintió prontamente, un esbozo de sonrisa surgiendo en la comisura de su boca al ver a Logan con el niño.
—Estoy de acuerdo, vamos a sacar a este niño de aquí.
Ellos entraron en el SUV y salieron a alta velocidad, dejando atrás el brillo de las llamas que consumían el pasado de Logan. En el camino, la urgencia habló más alto, el bebé comenzó a llorar de nuevo, un sonido agudo de quien estaba en el límite del hambre.
—Para en aquella farmacia 24 horas —comandó Logan.
Hunter saltó del coche antes incluso de que él parara totalmente. El guerrero que minutos antes estaba listo para matar, ahora corría por los pasillos buscando fórmulas infantiles, biberones, pañales y pomadas. Él no pensó en calentar el agua o esterilizar nada; el instinto de supervivencia hablaba más alto: el niño necesitaba comer ahora.
De vuelta al coche, Hunter preparó el biberón con agua mineral. Incluso el pequeño, que ya tenía la fuerza de su padre, agarró la tetina del biberón con una desesperación que partió el corazón de los dos hombres. Él mamaba con tanta voluntad que llegó a atragantarse.
—Calma, campeón —susurró Logan, golpeando levemente la espalda de su hijo mientras Hunter limpiaba la leche que escurría por el mentón del bebé—. Calma... papá está aquí, nunca más te faltará nada, te lo prometo.
El coche seguía en dirección a la mansión de los Salazar. Logan miraba a su hijo y después a Hunter. Ellos habían robado millones, matado decenas y ahora cargaban el futuro del linaje en el asiento trasero.
—¿Cómo vamos a explicarle esto a Maya, Logan? —preguntó Hunter, manteniendo los ojos en la carretera.
Logan suspiró, sintiendo el peso de la responsabilidad.
—Con la verdad, ella sabe quién yo era y ella va a saber quién soy ahora: un padre que va a quemar el mundo si es preciso para mantener esta cuna segura.
El bebé finalmente se relajó, el estómago lleno permitiendo que el cansancio venciera. Él se durmió sujetando el dedo enguantado de Logan. La guerra contra su padre y su abuelo aún no había acabado, pero ahora, Logan MacGyver tenía un motivo mucho mayor para ganar.