⚠️✅️Sam y Norman comienzan a saciar su sed de aventura, lejos de su amada familia. El camino comienza a dificultarse, pero cuatro almas sellan sus destinos.✅️⚠️
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El secreto del Sumo Sacerdote
El carruaje de Quirno avanzaba con una pesadez que no era solo física. Dentro de la cabina, rodeado de alfombras rojas y olor a cera bendecida, el Sumo Sacerdote se encontraba solo. Sus dedos, largos y amarillentos como garras, estaban hundidos bajo su túnica blanca, apretando un objeto que colgaba de su cuello.
Era un relicario de hierro oscuro, antiguo y grabado con símbolos que la Orden de la Luz prohibía a cualquier otro hombre siquiera mirar. Al contacto con la piel de Quirno, el metal emitía un calor pulsante que parecía latir al ritmo de su propio corazón. Pero dentro de ese relicario no había una reliquia santa, sino el motor de todo su odio.
Quirno cerró los ojos y, por un momento, el carruaje desapareció. Ya no era el hombre más poderoso de la Orden; era de nuevo un joven llamado Quirno, el hijo de un barón menor, caminando por los jardines de una propiedad en los límites del Reino de los Blackshield.
A su lado caminaba ella: Elara.
En sus recuerdos, Elara era luz pura. Era la hija de un marqués, una joven de risa fácil que siempre llevaba flores en el cabello. Quirno la había amado desde que eran niños. Él pensaba, con una arrogancia que el tiempo no había curado, que ella le pertenecía. Se veía a sí mismo prometiéndole que algún día construiría un palacio solo para ella. Pero Elara nunca lo miró de esa forma. Para ella, Quirno era el amigo de la infancia, el compañero de juegos, nada más.
El día que cambió la historia del mundo fue cuando el Rey anunció el compromiso del príncipe heredero, Aethelgard, con la joven Elara. Fue una unión por amor, pero también por poder, pues el linaje de Elara portaba la magia de la tierra que los Blackshield necesitaban para mantener el equilibrio del reino.
Quirno recordó el momento en que vio a Elara mirar a Aethelgard. Fue una mirada de devoción absoluta, una mirada que nunca le dedicó a él. En ese instante, algo se rompió en el pecho de Quirno. El amor que sentía se pudrió, convirtiéndose en un fango negro de envidia.
-Si no eres mía...- Susurró el joven Quirno aquel día -...no serás de nadie. Y este reino que te arrebata de mis brazos, dejará de existir.-
Lleno de un rencor ciego, Quirno se unió a la Orden de la Luz. No lo hizo por fe, sino para buscar un arma. En el monasterio, descubrió que podía usar el miedo a lo desconocido para manipular a los demás. Empezó a predicar que la magia de los Blackshield era una "enfermedad", una mancha que corrompía el alma del mundo. Poco a poco, con una paciencia de araña, fue escalando posiciones, envenenando las mentes de los reyes vecinos y de los otros sacerdotes.
Él fue quien susurró al oído del Rey del Este que los Blackshield planeaban usar su magia para esclavizarlos. Él fue quien coordinó el ataque de hace dieciocho años. Pero durante su ascenso al poder, Quirno encontró algo más. En las bibliotecas prohibidas de la Orden, halló el relicario.
Al abrirlo por primera vez, una entidad oscura, un demonio de las sombras antiguas que se alimenta del odio, se instaló en su interior. El relicario no era una joya, era una prisión que Quirno aceptó llevar voluntariamente. El demonio le daba el poder de controlar voluntades y de resistir el paso del tiempo, pero a cambio, lo consumía por dentro, secando su humanidad hasta dejar solo una cáscara blanca llena de veneno.
-Ya falta poco, Elara.- Murmuró Quirno dentro del carruaje, abriendo el relicario -Tu hijo tiene tus mismos ojos. Me mira con la misma altanería con la que tú me rechazaste. Pero esta vez, yo tengo el cuchillo.-
Dentro del relicario, una neblina negra empezó a salir, envolviendo los dedos de Quirno. El demonio estaba hambriento. Sentía la cercanía de Lucien y de Alaric, y sabía que la sangre de un Blackshield era el banquete final que necesitaba para liberarse por completo de su prisión de hierro.
Mientras tanto, a pocos kilómetros de allí, el campamento de la Orden bullía de actividad. En el centro, Alma, la madre de Norman, estaba encadenada al poste de hierro frío. Su rostro estaba pálido y sus labios agrietados por la sed, pero sus ojos seguían manteniendo una chispa de rebeldía.
Varek, el comandante, se acercó a ella con una red de plata en la mano.
-Tu hijo es un hechicero, mujer. Deberías estar agradecida de que el Sumo Sacerdote quiera purificar tu linaje a través del dolor.-
Alma lo miró con un desprecio que hizo que el soldado retrocediera.
-Mi hijo es la luz de este mundo, asesino. Y tú y tu amo no son más que sombras que se desvanecen cuando sale el sol. Pueden encadenar mi cuerpo, pero nunca podrán tocar lo que somos.-
Varek, furioso, levantó la mano para golpearla, pero una voz gélida lo detuvo.
-No la toques todavía, Varek.-
Quirno había bajado del carruaje. Caminaba con una elegancia que no parecía humana; sus pies apenas hacían ruido sobre la tierra seca. Se acercó a Alma y le tomó la cara con sus dedos fríos.
-Hueles a ella.- Susurró Quirno, refiriéndose a Elara -Hueles a esa magia de la tierra que tanto odio. Mañana, cuando tu hijo y el pequeño Lucien lleguen, verán cómo esta luz que tanto defiendes se apaga entre gritos.-
Quirno se giró hacia el norte, donde las ruinas de los Blackshield brillaban con una luz violeta que desafiaba a la noche. Podía sentir la presencia de Lucien, sentía cómo el rubí carmesí latía con fuerza. Pero sobre todo, sentía a Alaric. El odio de Quirno hacia el vampiro era personal; Alaric era el testigo de todo lo que Quirno nunca pudo tener.
En el palacio, Lucien terminó de afilar la Espada de la Penumbra. Se sentía distinto. El rubí en su pecho ya no quemaba, ahora emitía un calor constante y seguro. Alaric entró en la habitación, con su armadura de sombras lista.
-El carruaje se ha detenido en el Valle.- Dijo Alaric -Están esperándonos. Quirno ha desplegado su guardia personal y ha colocado las lanzas de la verdad alrededor de Alma. Es una fortaleza de odio, Lucien.-
Lucien se puso en pie, su capa negra ondeando tras él.
-No es una fortaleza, Alaric. Es una tumba. Quirno cree que me conoce porque conoció a mis padres, pero no sabe que yo no soy solo el hijo de Elara y Aethelgard.- Una anciana del pueblo, le contó lo que conocía de la historia. -Soy el resultado de su amor y de tu sacrificio.-
Norman entró en la estancia, con Lin a su lado. El hechicero ya no tenía miedo. Su mirada estaba fija y sus manos brillaban con una luz dorada que el hierro frío de Quirno ya no podía apagar por completo. La determinación de rescatar a su madre le había dado una fuerza nueva.
-Estamos listos- Dijo Norman -Lin y sus hombres atacarán por los flancos para distraer a la guardia. Tú y Alaric irán directamente a por el carruaje.-
Lin asintió, mirando a Norman con una mezcla de orgullo y preocupación.
-Nuestras espadas están afiladas. Esta vez, la Orden de la Luz verá lo que sucede cuando se traiciona a la verdadera justicia.-
El grupo salió al balcón del palacio. Abajo, los sobrevivientes del pueblo del olvido los observaban en silencio, sosteniendo antorchas. No eran soldados, pero estaban listos para defender su tierra. Sam miró a su madre, Iris, que estaba junto al anciano del bastón. Ella le dedicó un pequeño asentimiento, una bendición silenciosa de la mujer que lo crió entre el trigo.
-Por mi padre.- Dijo Lucien, alzando su espada hacia la luna -Por Alma. Y por el Reino de los Blackshield.-
El grito de guerra de Lucien resonó en todo el valle, despertando ecos que habían estado dormidos durante siglos. Alaric se transformó en una ráfaga de sombras y se colocó a la vanguardia. Lin espoleó a su caballo y Norman, montando detrás de él, levantó sus manos para crear la primera chispa de luz que guiaría su camino.
La marcha hacia el Valle había comenzado. Quirno, con su relicario latiendo con el hambre de un demonio, los esperaba con una sonrisa. No sabía que el pasado que tanto intentó enterrar estaba regresando no para pedir perdón, sino para reclamar la cabeza de aquel que convirtió el amor en una maldición.
El secreto del Sumo Sacerdote estaba a punto de ser revelado, y el precio por llevar ese relicario sería más alto de lo que su alma podrida podía pagar.
⚠️🚫¡Holis Chikis!
Puerto Gris ha cambiado, pero el peligro solo se ha refinado. En El Fantasma Vol. 2, Ben Connors (Ren Masson) enfrenta su mayor pesadilla: el pasado ha cruzado de mundo para terminar el trabajo. Y hay más enemigos. Ya disponible los primeros capítulos. 🚫⚠️