El amor más profundo a menudo nace de la ceniza de la traición más amarga.
Para evitar su ejecución como la villana de la historia, Anya deberá abandonar al príncipe que la odia y forjar un pacto con el verdadero antagonista, reescribiendo su trágico final con magia y pasión.
¿Podrá cambiar su destino?
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Capítulo 23
El sol de la mañana en la capital no calentaba; simplemente cegaba. La Plaza de los Héroes, un anfiteatro natural rodeado de columnas corintias y estatuas de reyes olvidados, estaba abarrotada. Lo que originalmente se había anunciado como el "Juicio de Pureza" para evaluar el alma de la "villana" Anya O'Higgins, se había transformado, por decreto de emergencia del Príncipe Erick, en un evento mucho más sangriento: un Juicio por Combate.
Anya permanecía de pie en el palco lateral, vestida con un jubón de seda negro y plata que recordaba más a una armadura que a un vestido de corte. A su lado, Gustav y Sagan mantenían las manos sobre los pomos de sus espadas, vigilando a la Guardia Real que rodeaba el perímetro.
En el centro de la arena, Liam Gallagher se despojaba de su capa de piel de oso. Llevaba una camisa de lino negro abierta en el cuello y pantalones de cuero reforzado. Su espada, una hoja de acero oscuro forjada en las entrañas de las montañas del Norte, descansaba clavada en la arena.
—Esto es una locura, Liam —susurró Anya, aunque sabía que sus palabras no llegarían a él a esa distancia—. Erick no busca justicia. Busca silenciarte antes de que el Códice sea leído.
Desde el palco real, Erick Cromwell se puso en pie. Su armadura dorada emitía destellos que obligaban a los plebeyos a apartar la vista. A su lado, Mía Roster sostenía un rosario de cristales de luz, sus ojos grandes y llorosos fijos en la arena, proyectando la imagen perfecta de la doncella preocupada por la violencia.
—¡Pueblo de Cromwell! —la voz de Erick, amplificada por magia, resonó en cada rincón de la plaza—. Se nos ha dicho que el Duque de las Sombras ha secuestrado la voluntad de Lady Anya. Se nos ha dicho que la oscuridad del Norte intenta empañar la pureza de nuestra corona. Como vuestro Príncipe, y como hombre que una vez amó a la mujer que este monstruo ha corrompido, ¡reclamo el derecho divino de limpiar este honor con sangre!
Un rugido de aprobación surgió de la multitud, alimentado por siglos de prejuicios contra el Norte.
Liam Gallagher soltó una carcajada seca que cortó el clamor popular. Se adelantó, arrancando su espada de la arena con una mano.
—Hablas mucho de honor, Erick, para ser un hombre que se esconde detrás de una armadura encantada y una profecía de papel. Si quieres mi cabeza, ven a buscarla. Pero advierto a todos los presentes: el honor que se pierde por la mentira no se recupera con la espada.
Erick saltó a la arena, aterrizando con una gracia sobrehumana gracias a las gemas de levitación en sus botas. Desenvainó su espada ceremonial, una hoja que brillaba con una luz blanca tan intensa que parecía hecha de sol puro.
—¡Por la Luz y por el Reino! —gritó el Príncipe, lanzándose al ataque.
El choque de los metales produjo una onda expansiva que hizo retroceder a los guardias más cercanos. Liam bloqueó el primer golpe con una fuerza bruta que obligó a Erick a retroceder, pero el Príncipe era rápido. La luz de su espada no solo cortaba; quemaba. Cada vez que las hojas se cruzaban, el aire se llenaba del olor a ozono y metal chamuscado.
Anya observaba desde el palco, con el Códice de las Sombras oculto bajo su capa. Sus ojos rojos escaneaban cada movimiento. Algo no iba bien. Erick era un espadachín competente, pero Liam era un veterano de las guerras fronterizas. En condiciones normales, el duelo ya habría terminado. Sin embargo, Erick parecía volverse más fuerte con cada segundo que pasaba.
—Sagan —dijo Anya en voz baja—. Mira el suelo de la arena.
Sagan entrecerró los ojos.
—¿Qué es eso, mi Lady? ¿Son... grietas?
No eran grietas. Eran líneas de luz que se extendían desde los pies de Mía Roster en el palco real hacia el centro de la arena, alimentando directamente la armadura de Erick. El Relicario de la Luz que Mía llevaba al cuello estaba brillando con una intensidad febril, drenando la energía no del aire, sino de la tierra misma. Las flores decorativas en los bordes de la plaza comenzaron a marchitarse y ponerse grises en cuestión de segundos.
—Están usando el parásito —siseó Anya—. Ella está actuando como una batería, robando la esencia de la capital para que Erick sea invencible. Si esto sigue así, Liam se agotará y Erick le dará el golpe de gracia con una descarga que no podrá bloquear.
En la arena, Liam jadeaba. Su brazo izquierdo presentaba quemaduras graves y su camisa estaba empapada en sangre. Erick, por el contrario, no tenía ni una gota de sudor.
—¿Dónde está tu oscuridad ahora, Gallagher? —se burló Erick, levantando su espada para un golpe descendente—. ¡Arrodíllate y quizás perdone la vida de Anya!
Liam escupió sangre y sonrió, una expresión de puro desafío.
—Anya no necesita que nadie la perdone, idiota. Ella es la que va a juzgarte a ti.
Erick lanzó un tajo vertical envuelto en fuego blanco. Liam levantó su espada para bloquearlo, pero la presión era demasiada. El suelo bajo sus pies comenzó a hundirse.
—¡BASTA! —el grito de Anya no fue humano. Fue una orden cargada de una vibración que rompió los vidrios de las linternas cercanas.
Anya saltó desde el palco. No usó magia de levitación; usó la magia de "Ceniza" que había estado practicando en la Fortaleza Sombría. Una nube de partículas oscuras amortiguó su caída, y en un parpadeo, estaba en el centro de la arena, interponiéndose entre el Príncipe y el Duque.
—¡Anya, quítate! —rugió Erick, deteniendo su espada a centímetros de su cuello—. ¡Esto es un duelo sagrado!
—No hay nada sagrado en un engaño, Erick —respondió ella, su voz gélida y autoritaria—. Has desafiado a Liam por un honor que vendiste hace mucho tiempo. Pero si quieres hablar de honor, hablemos del honor de los O'Higgins.
Anya extendió su mano izquierda hacia el palco donde estaba Mía.
—¡Revelación de la Sombra!
Un estallido de energía negra salió de los dedos de Anya. No atacó a Mía, sino que golpeó los hilos de luz invisibles que conectaban a la protagonista con el Príncipe. Al romperse el vínculo, el brillo de la armadura de Erick se apagó instantáneamente. El Príncipe tambaleó, sintiendo el peso real de su acero por primera vez en el duelo.
Mía soltó un grito de horror, llevándose las manos al pecho mientras el relicario se volvía negro.
—¡Anya! ¿Qué has hecho? ¡Esa magia es prohibida! ¡Guardias, prendedla! ¡Es una bruja!
Rodrigo y una decena de caballeros se lanzaron hacia la arena, pero Anya no se movió. Simplemente levantó el Códice de las Sombras por encima de su cabeza.
—¡Cualquiera que dé un paso más será testigo de cómo el linaje Cromwell se desmorona hoy mismo! —proclamó Anya—. Este libro contiene la prueba de que vuestro "Príncipe de la Luz" está drenando la vida de vuestras propias tierras para mantener este teatro. ¡Miren a su alrededor! Miren las flores, miren el cielo gris. ¡Esta es la "pureza" que les ofrecen!
La multitud, que hasta hace un momento pedía sangre, guardó un silencio sepulcral. Los ciudadanos comenzaron a notar que, efectivamente, la vitalidad parecía escaparse de la plaza.
Erick, desesperado y humillado, se lanzó hacia Anya con la daga de misericordia.
—¡Muere, maldita villana!
Liam fue más rápido. Se interpuso y, con un movimiento fluido de su espada, desarmó a Erick y lo pateó en el estómago, dejándolo de rodillas en la arena, justo a los pies de Anya.
Anya miró hacia abajo al hombre que, en la historia original, la había enviado a la horca sin pestañear. Sintió una punzada de satisfacción, pero no por venganza, sino por justicia.
—En el libro que el destino escribió, yo moría aquí —susurró Anya para que solo Erick pudiera oírla—. Pero yo no soy un personaje de tu cuento, Erick. Soy la autora de mi propia realidad. Y tu historia acaba hoy.
Se giró hacia Liam, quien la miraba con una mezcla de orgullo y asombro. Él extendió su mano ensangrentada y ella la tomó sin dudarlo.
—El duelo ha terminado —declaró Liam hacia la multitud—. Pero el juicio... el verdadero juicio para los traidores del reino, acaba de empezar.
Mía Roster, desde el palco, vio cómo la mirada de los nobles empezaba a cambiar. La sospecha era un veneno que corría más rápido que cualquier magia. La "protagonista" se hundió en su asiento, dándose cuenta de que la villana que ella misma había intentado crear, se había convertido en la libertadora que el pueblo no sabía que necesitaba.
Anya apretó la mano de Liam. El capítulo 23 de su nueva vida no terminaba con una muerte, sino con una declaración de guerra total contra el sistema que intentó destruirlos.
qué paso con el papá, el rey y quienes son ceniza y rosa?
🫥 (joder soy gata)