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La Prisionera Del Comandante Declan

La Prisionera Del Comandante Declan

Status: Terminada
Genre:Esclava / Sirvienta / Ascenso de clase social / Dominación / Amor tras matrimonio / Completas
Popularitas:8.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Gianna Viteri (gilover28)

En Vaelkoria, el aire huele a pólvora y traición. Declan es el puño de hierro del imperio, un hombre que no conoce la duda. Pero cuando captura a Navira en las fronteras de Sundergard, descubre que hay incendios que ni siquiera el acero más frío puede apagar. Ella es su prisionera, pero él es quien está perdiendo la libertad.

NovelToon tiene autorización de Gianna Viteri (gilover28) para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24

Declan

El despacho olía a cera fría y a la furia contenida que amenazaba con reventarme las costuras del uniforme. Frente a mí, los seis capitanes de mi guardia personal, la Legión de Hierro, permanecían firmes como estatuas de granito. Kael estaba a mi derecha, con la mano sobre el pomo de su espada, sabiendo perfectamente que el aire en la habitación estaba a un grado de convertirse en una tormenta de sangre.

Lancé la carta de Varek sobre la mesa. El trozo de pergamino, arrugado y manchado, parecía una burla obscena en medio de mis informes de guerra.

—Quiero que memoricéis esta caligrafía —dije, y mi voz salió tan baja y letal que vi a uno de los soldados tensar la mandíbula—. Ese hombre, ese tal Varek, cree que puede jugar con lo que es mío. Cree que puede enviar amenazas a mi futura esposa y salir impune.

Caminé hacia la ventana, mirando hacia el patio donde los rastreadores ya se preparaban bajo la nieve. El recuerdo de Navira en el suelo, pálida y sangrando por su propia mano a causa del pánico, me quemaba las entrañas. Nunca había sentido un odio tan puro, tan personal. He ejecutado a reyes y destruido linajes enteros sin pestañear, pero esto… esto era diferente.

—Escuchadme bien —me giré hacia ellos, clavando mi mirada en cada uno—. No quiero que ese imbécil sea capturado para un juicio. No quiero que pase por las celdas. En cuanto lo encontréis, lo quiero vivo solo el tiempo suficiente para que me vea llegar. Voy a asesinarlo yo mismo. Voy a arrancarle esa lengua con la que se atrevió a amenazarla y voy a clavar su cabeza en la puerta principal de Sundergard para que hasta los cuervos sepan lo que pasa cuando alguien toca a Navira.

—Señor —intervino Kael—, los rastreadores dicen que el sello de la carta es reciente. No puede estar a más de dos días de cabalgada. Si salió de la capital o de los bosques fronterizos, lo acorralaremos.

—Hacedlo —gruñí—. Pero hay algo más importante.

Me acerqué a la mesa y señalé los aposentos de Navira en el plano de la Ciudadela. Mi mayor miedo no era el acero de Varek; era el rastro de terror que dejaba en su mente.

—A partir de este segundo, la seguridad de Navira es la prioridad absoluta del imperio. No quiero que se sienta asfixiada, no quiero que crea que soy su carcelero de nuevo, pero quiero que estéis sobre ella como una segunda piel.

—¿Cómo sugiere que lo hagamos, señor? —preguntó uno de los capitanes—. La señorita Navira tiene un… oído muy fino para los guardias. Si nota que la seguimos, nos lanzará lo primero que tenga a mano.

—Ese es el punto —respondí, y una pequeña sonrisa amarga asomó a mis labios—. Disimulad. No quiero guardias en su puerta como si fuera una celda. Quiero que los sirvientes que limpian los pasillos sean soldados de élite disfrazados. Quiero que los jardineros bajo su balcón lleven dagas ocultas en las herramientas. Kael, selecciona a las doncellas que tengan entrenamiento en combate. Si Navira sale a caminar, quiero que haya "coincidencias" constantes: un soldado entrenando cerca, un oficial revisando las antorchas. Que esté protegida por un muro invisible, pero inquebrantable.

—¿Y si ella pregunta? —quiso saber Kael.

—Si ella pregunta, decidle que es parte del protocolo de la boda —mentí sin parpadear—. Pero si ese bastardo logra acercarse a menos de cien metros de ella sin que yo lo sepa, vuestras cabezas rodarán antes que la suya.

Los capitanes se cuadraron al unísono, el sonido de sus botas contra el mármol resonando como un trueno.

—¡Sí, señor!

Salieron del despacho con la urgencia que solo el miedo a mi ira podía provocar. Me quedé solo con Kael. El silencio regresó, pero mi mente seguía en guerra.

—Señor, ¿está seguro de dejarla en la Ciudadela mientras vamos a la capital? —preguntó Kael con cautela.

—No voy a dejarla, Kael. Viene conmigo. Estará más segura a mi lado, donde yo pueda verla respirar. Pero el viaje es peligroso. Varek es una rata, y las ratas conocen los túneles y los bosques. Por eso necesito que esa protección invisible sea perfecta. Navira ha empezado a confiar en mí… ha empezado a reírse de mis poemas de mierda. No voy a permitir que un fantasma del pasado destruya lo que me ha costado sangre construir.

Kael asintió y se retiró para coordinar el despliegue. Me senté en mi escritorio y tomé la carta de nuevo. La apreté en mi puño hasta que el papel se clavó en mi palma.

Varek no sabía contra qué se estaba enfrentando. No era solo contra el General de Vaelkoria. Era contra un hombre que había encontrado, por primera vez, algo por lo que valía la pena ser un monstruo protector en lugar de solo un verdugo.

—Ven a por ella, imbécil —susurré hacia las sombras del despacho—. Ven y descubre por qué me llaman el General de Hierro. Te prometo que tu muerte será el poema más largo y doloroso que jamás haya escrito.

Me levanté y me dirigí hacia sus aposentos. Necesitaba verla. Necesitaba asegurarme de que el miedo no había vuelto a sus ojos. Al pasar por el pasillo, vi a dos soldados "revisando las armaduras" decorativas con una diligencia sospechosa. Mis hombres eran buenos, pero Navira era más inteligente que todos ellos juntos.

Tendría que ser muy convincente. Tendría que seguir siendo el animal arrogante y encantador que la hacía rabiar, para que ella no se diera cuenta de que, por dentro, yo estaba tan aterrado como ella de perder la luz que ella había traído a mi oscuridad.

Abrí la puerta de su alcoba con suavidad. Ella estaba dormida, envuelta en las pieles, con el poema que yo le había escrito apretado entre sus dedos. Me acerqué y le besé la sien, prometiéndole en silencio que el mundo ardería antes de que una sola gota de su sangre volviera a derramarse.

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Silvana Beatriz Velazquez
maravillosa historia 😍. Solo me hubiera gustado un extra con el nacimiento del bebé y unos años después mostrando su carácter.
Elsa Martinez Gonzalez
MAGNÍFICA
Paola Cordero
Jajajjaja y jajajjajajajjaja como todo hombre super exagerado jajajajajajsjajsjjs
karla yustiz garcia
🤣🤣🤣🤣 la vitamina N
Olinda Bernales Bertolotto
Siempre lindo... nunca decepciona leer tus libros.
Gracias por compartir tu talento... 🙂😊🤗😄
Sharon Mendoza
precioso
Sharon Mendoza
precioso
karla yustiz garcia
se lee tan buena 👏👏
karla yustiz garcia
será que hay fotos de ellos 🤔
karla yustiz garcia
a mi también 🤭
karla yustiz garcia
me encanta 😍😍
karla yustiz garcia
😍😍 que bello
Viviana Lopez
Espléndido
Irene Covarrubias
creo que fue muy sutil 🤣🤣
Rosa Villena
Bellísima historia, me encantó, gracias, gracias ❤️🥰
Elilu 🇲🇽
jajaja no pues viéndolo por ese lado Declan tiene razón es un gran avance en la relación de peros y gatos que se traen ustedes dos.
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