Victoria Pérez descubre un secreto íntimo y peligroso de su jefa, Christina Jonas. Una verdad capaz de destruir la imagen impecable de una mujer con un matrimonio perfecto… y de abrirle a una simple empleada la puerta a un sueño que siempre le fue negado.
Convencida de tener el control, Victoria decide usar ese secreto para avanzar. Pero la extorsión se vuelve contra ella cuando el poder cambia de manos y el precio deja de pagarse con silencio o ambición, para exigirse en obediencia y entrega.
¿Qué sucede cuando los límites morales se quiebran y el cuerpo se convierte en moneda de cambio? A veces, la verdadera trampa no es la obligación… sino el deseo que despierta.
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SIN INVITACIÓN
NARRADOR
Christina leyó el nombre que su amigo le había entregado y recordó a Victoria.
--¿Fue esa? Tan santita y respetuosa que parecía-- Dijo con desdén
--¿Quién es?-- Su amigo preguntó con interés
--La recepcionista. No tiene ni treinta años y ¿me extorsionó por una novela? Es de no creer-- Sonrió con molestia e ironía
--Podemos demandarla. Me imagino que ya está despedida-- Christina negó
--No. Necesito pensar. Si la demandamos o la denuncio todo saldrá a la luz. No es algo que me conviene. De alguna manera le sacaré provecho a su atrevimiento-- Respondió pensativa
Christina investigaría, claro que lo haría. Cómo la mujer brillante que era en los negocios, también lo sería en su vida personal. Tenía que saber con quién estaba tratando y la mejor forma de tomar el poder sobre la situación que a ella no le favorecía.
Durante días la observó en silencio en los momentos en los que iba de camino a su oficina y también cuando ella debía preparar la sala de juntas llevando copias. Le pidió café, evaluando sus reacciones. Quería saber si esa mujer tenía la valentía de mirarla a los ojos, pero era evidente que no la tenía. Sonrió en silencio.
--Vaya, que interesante-- Dijo al leer el informe detallado sobre el pasado oculto de Victoria
No había más que dos escasas hojas. Eso reducía toda su vida por dieciocho años.
--Buena educación, buena familia. Estuvo comprometida y terminó abruptamente...-- Leyó lo más llamativo en voz alta en la soledad de su oficina
Después del compromiso finalizado no había nada que la vinculara a su familia, ni amigos de aquel momento. Su prometido, en cambio, iba por su segundo matrimonio. El primero había acabado en divorcio y su esposa, ex amiga de Victoria, lo odiaba.
--De algo me tienes que servir...-- Recordó la apariencia de Victoria, intentando sacarle provecho
Una llamada de su esposo la sacó de sus pensamientos y le dió una nueva perspectiva de la situación.
Respondió animada, no con su frialdad habitual para tratarlo. Trevor no dijo nada particularmente interesante: un problema en la empresa, una reunión de negocios en que la invitaba a participar debido a que sería en la tranquilidad de un lujoso restaurante.
--Me duele la cabeza. Quiero descansar-- Su respuesta contrastaba con su estado de ánimo y aún más con su respuesta inicial
--Está bien. Descansa. Nos vemos más tarde-- Él colgó. No hubo ningún te amo ni palabra cariñosa
Christina llamó a su amigo. Necesitaba un acuerdo de apariencia legal. Era más que obvio que en un tribunal no tendría validez, pero Victoria no lo sabría.
En su casa, cenó con los gemelos Clark mientras pedía lo que diría dicho acuerdo. Ellos se miraron entre sí y no opinaron.
--¿La usarás para eso? Por lo que veo aquí no sé si lo acepte-- Opinó Mario manifestando sus dudas
--Lo hará. ¿Cómo podría negarse? Sabe que hizo algo incorrecto-- Afirmó Christina convencida
Ella sirvió champaña para tres y levantó su copa.
--Por el éxito-- Fue el motivo del brindis compartido
Victoria, con el correr de los días, estuvo convencida de que todo había salido bien. Ella creía que su plan no tuvo fallas y que jamás su identidad sería descubierta. Había escogido la portada y ya tenía una fecha inamovible en la que su obra en físico estaría lista así como también cuando podría ser vendida.
Ella sonrió en la tranquilidad de su apartamento. Finalmente, había tenido un motivo para estar feliz. Había logrado su sueño, el único que había tenido en mucho tiempo.
Los días transcurrieron aumentando su ilusión, inmersa en su rutina. Iba al trabajo, limpiaba su apartamento inmaculado haciéndola sentir que estaba en control total de su vida. Ese era su espacio y ella aunque rentaba se sentía a salvo allí. Lo sentía propio.
El día viernes, en la empresa, Christina se fue más temprano. Había trabajado más y adelantado reuniones. Ella tenía un propósito que no esperaría más tiempo.
Christina vestía un traje negro y usaba una camisa blanca. Llevaba su costoso bolso y una carpeta color vino en su mano.
Ella llegó a la dirección de Victoria. Allí su amigo abogado la esperaba con una botella de vino y una copa de cristal tal como le había pedido que hiciera.
Él abrió la puerta del apartamento para ella, usando una copia de la llave obtenida con una suma de dinero y una excusa.
Christina entró observando el lugar. Lo recorrió en escasos minutos. Contempló el orden, la cama prolijamente tendida sin siquiera una arruga. Los muebles no tenían ni rastros de polvo. Cada cosa estaba en su sitio.
Ella se sentó en un sofá individual y se sirvió una copa observando la hora en su costoso reloj. Su amigo la esperó afuera y le envió un mensaje cuando vio a Victoria en la distancia.
Victoria metió su llave en la cerradura. Antes de entrar notó una presencia en las sombras y sintió el inconfundible perfume costoso de su jefa.
--Señora Christina, ¿Qué hace aquí?-- Preguntó con su voz temblorosa, plenamente consciente de que había sido descubierta
--Creo que sabes el motivo de mi visita. Siéntate. Tenemos que hablar-- Su voz transmitía poder, exigencia
Victoria se sentó y entrelazó sus dedos sobre su regazo para evitar que sus manos temblaran. Eso no sirvió de mucho. Su postura y su mirada baja demostraban culpabilidad.
Christina le entregó la carpeta mirándola fijamente y llevó la copa a sus labios.
--¿Qué es esto, señora?-- Su voz tembló y al abrirla palideció
--¿Creíste que podrías chantajearme y no afrontar las consecuencias?-- Christina sonrió de manera fría, calculadora. La tenía en sus manos, a su merced
--Yo le devolveré el dinero. Cuando mi novela...-- Propuso Victoria en un hilo de voz, pero fue detenida
--No. ¿Crees que necesito ese dinero? Puedes quedártelo. No me interesa-- La empresaria volvió a sonreír
--Señora, pero...-- Tuvo la intención de negarse
--¿Pero? Si no quieres cumplir mi condición puedes ir a prisión. Mi abogado está esperando por mi, ¿Qué es lo que prefieres? Tal vez tu novela puedas leerla en la cárcel con algunas reclusas-- Indagó aumentando el temor de Victoria
--Lo haré-- Aceptó temerosa, aunque eso desafiara por completo su moralidad
--Firma-- Christina le entregó su bolígrafo y en cuanto obtuvo lo que quería, recuperó la carpeta-- Tomaste la decisión correcta. Estaremos en contacto
Christina se puso de pie y salió del apartamento caminando con seguridad. Victoria se sintió temerosa. Su lugar seguro había dejado de serlo y su vida había dejado de pertenecerle por tiempo indefinido.
ahora se va hacer la ardida 😡😡 ojalá no se dejen al chantaje de esta