Morí atragantándome con unos tacos al pastor mientras leía una novela de reencarnación.
Renací como la villana.
Y ahora… voy a conquistar a mi prometido, a mi papucho villano.
—ACTUALIZACIÓN DIARIA—
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CAPÍTULO 7
Al llegar a la mansión, el carruaje se detuvo con suavidad.
Lisa ya había guardado la capa y la máscara en una bolsa, como si nada hubiera pasado. Como si aquella salida… hubiera sido completamente normal.
Pero no lo era.
Nada lo era.
Tomé la bolsa donde tenía el libro y bajé sin perder tiempo.
La luz del sol tocó mi rostro con una calidez casi ajena, como si perteneciera a otro mundo… a otra vida.
Subí las escaleras con rapidez, levantando ligeramente mi vestido para no tropezar. Aun así, cuidando cada paso.
No podía darme el lujo de caer.
No ahora.
No cuando mi mente estaba… ardiendo.
Imágenes, preguntas, posibilidades… todo se agolpaba en mi cabeza sin orden.
El libro.
Ese hombre.
Y, sobre todo… lo que significaba todo aquello.
......................
Al llegar a mi habitación, cerré la puerta tras de mí.
El sonido seco del cierre resonó más de lo normal.
Poco después.
—Lisa.
Mi voz fue firme.
Cuando entró, no dudé.
—Tráeme pluma, tinta… y papel. Mucho papel.
Ella asintió de inmediato.
No preguntó.
Nunca preguntaba.
Y, de alguna forma… lo agradecía.
El silencio era, en ese momento, un lujo.
......................
Minutos después regresó con todo lo que pedí.
Lo dejó sobre la mesa… y se retiró en silencio.
Apenas la puerta se cerró, me senté.
Abrí el libro solo un instante…
y lo cerré.
No.
Aún no.
Primero… lo más urgente.
Tomé la pluma.
Y comencé a escribir.
El sonido de la tinta deslizándose sobre el papel llenó la habitación.
Rápido.
Constante.
Preciso.
No era improvisación.
Eran decisiones.
Cambios.
Prevención.
Control.
Después de un rato, volví a llamar a Lisa.
Cuando entró, le entregué varios documentos con instrucciones de fabricación aún frescos de tinta.
—Necesito que mandes a hacer esto.
Lisa bajó la mirada hacia los papeles.
Vajillas.
Tazas.
Cacerolas.
Utensilios completos.
—El material es gres —añadí con calma—. Es resistente, casi no es poroso… y mucho más seguro.
Recordé fugazmente aquel plato.
El plomo.
La toxicidad.
El descuido.
Una leve sombra cruzó mi expresión.
—Esa vez lo dejé pasar… —murmuré apenas, más para mí que para ella—. Pero no volverá a ocurrir.
Alcé la mirada, firme.
—Busca al mejor artesano ceramista. No escatimes.
Lisa asintió sin cuestionar.
Como siempre.
Leal.
Eficiente.
Silenciosa.
Y antes de marcharse, me ayudó a quitarme el vestido, desatando cada lazo con cuidado.
La tela cayó con suavidad.
Pesada.
Restrictiva.
Quedé solo con una camisa interior ligera.
Lo había decidido así.
Necesitaba libertad.
Espacio.
Aire.
Lisa hizo una leve reverencia… y se retiró.
Cuando se fue, el silencio regresó.
Esta vez… más pesado.
Más profundo.
Caminé lentamente hacia la ventana.
Y entonces lo noté.
La luz había cambiado.
El cielo… oscuro.
La noche ya había caído.
Velas encendidas.
Parpadeé, sorprendida.
—…¿tanto tiempo?
Con razón…
Lisa había entrado varias veces sin interrumpirme, dejando pequeños aperitivos a un lado.
Ni siquiera lo había notado.
Había estado completamente absorta.
Cuando la puerta se cerró, solté un suspiro contenido.
Caminé hacia el armario y tomé una bata de dormir, ropa interior y una toalla —o algo que cumplía su función—.
Quería bañarme.
Lo necesitaba.
Mi cuerpo lo pedía.
Mi mente… aún más.
Era descarado usar un baño que no era mío.
Pero no había opción.
Era eso…
o permanecer sucia, incómoda… atrapada.
Y no pensaba permitírmelo.
Cerré los ojos.
Pensé en el baño.
En la tina.
En el agua.
En la habitación.
Me concentré.
......................
Y entonces—
abrí los ojos.
Ya no estaba en mi habitación.
El aire era distinto.
Más húmedo.
Más cálido.
Frente a mí…
la tina.
Mi respiración se detuvo por un segundo.
Luego sonreí levemente.
—…ya entiendo.
No era casualidad.
No era suerte.
Era control.
Mi habilidad mágica…
respondía a mi intención.
Al lugar que imaginaba.
Al deseo de estar ahí.
Y por primera vez desde que llegué a este mundo…
sentí algo parecido a ventaja.
Miré a mi alrededor.
El baño… Era igual que ese dia, nada común.
Era imponente.
El mármol oscuro brillaba bajo la luz cálida de las velas. Las columnas elevaban el espacio, haciéndolo parecer más un santuario que un lugar cotidiano.
El agua en la tina se movía suavemente, emitiendo un murmullo constante… relajante.
Suspiré.
Largo.
Profundo.
—…esto es otro nivel —murmuré para mí.
Me acerqué con calma y comencé a preparar el baño.
Ajusté el flujo del agua, comprobé la temperatura con la punta de mis dedos…
Tibia.
Perfecta.
El vapor comenzó a elevarse lentamente, envolviendo el ambiente en una ligera neblina que suavizaba los contornos del lugar.
Cuando todo estuvo listo…
no dudé más.
Me desvestí, dejando la ropa a un lado con cuidado, y me sumergí en la tina.
El contacto fue inmediato.
El calor me rodeó por completo, deslizándose por mi piel como un abrazo silencioso.
Cerré los ojos.
Mi cuerpo, tenso desde hacía horas… por fin comenzó a ceder.
Los pensamientos, el ruido, la presión…
todo se disolvía poco a poco en el agua.
—…ah…
Un suspiro escapó de mis labios sin que pudiera evitarlo.
Me sentía… en paz.
El tiempo pasó sin que lo notara.
El sonido del agua.
El leve eco del espacio.
La calidez envolvente.
Todo conspiraba para arrastrarme a una calma peligrosa…
pero necesaria.
......................
Cuando finalmente salí, el aire fresco acarició mi piel húmeda.
Tomé la toalla y me sequé con tranquilidad, sin prisa.
Como si ese pequeño momento… fuera un lujo que debía saborear.
Me vestí de nuevo, primero la ropa interior… luego la ropa de dormir.
Ligera.
Cómoda.
Muy distinta a los vestidos pesados de antes.
Entonces lo noté.
Una palanca.
Curiosa.
La observé un segundo… y la jalé.
El sonido del agua descendiendo rompió el silencio.
La tina comenzó a vaciarse con rapidez.
Mis ojos se abrieron ligeramente, sorprendidos.
—…¿en serio?
Una sonrisa pequeña apareció en mis labios.
—Esto es demasiado moderno…
Casi como… un baño de mi antiguo mundo.
Miré una última vez el lugar.
—Gracias… —murmuré en voz baja, sin saber realmente a quién iba dirigido.
Quizá al lugar.
Quizá a la suerte.
O quizá… a este extraño mundo que, poco a poco, comenzaba a comprender.
Cerré los ojos.
Pensé en mi habitación.
En mi cama.
En la suavidad de las sábanas.
Y entonces—
desaparecí.
......................
Cuando abrí los ojos nuevamente…
ya estaba ahí.
Mi habitación.
Silenciosa.
Ordenada.
La cama impecable, con sábanas limpias que parecían invitarme.
Esta vez…
sí.
Podía descansar en ella.
Caminé hasta ella y me dejé caer con suavidad.
El colchón cedió bajo mi peso, acogedor.
Cálido.
Seguro.
Cerré los ojos lentamente.
Mi cuerpo, por fin relajado.
Mi mente… apenas comenzando a calmarse.
Pero, en el fondo…
sabía algo.
Esto…
apenas estaba comenzando.
y el general está lindo y la busca hayyyy 😭