En un mundo de magia, deseo y secretos, una chica en la era moderna despierta en el cuerpo de la villana de su juego de harem inverso +19 favorito. Piel blanca como la nieve, cabello y ojos tan oscuros como la noche: su belleza era tan temida como deseada. Pero ahora, conociendo su trágico final, Arien está decidida a evitar la trama original. Desde su niñez, planea cambiar su destino y alejarse del caos que traerá la heroína original.
Sin embargo, todo da un giro cuando tres de los protagonistas masculinos—un salvaje hombre lobo con un deseo incontrolable, un elegante y perverso vampiro que susurra promesas en la oscuridad, y un cazador tan peligroso como seductor—quedan irremediablemente cautivados por ella. No solo quieren su amor… quieren su cuerpo, su alma, su rendición.
Y cuando la dulce heroína original aparece, algo inesperado sucede: no la odia, la adora.
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Arien en peligro de muerte
El amanecer apenas coloreaba el gran valle cuando Arien y los tres chicos comenzaron a descender hacia la llanura oscura. El aire estaba tan quieto que parecía que los árboles estaban conteniendo la respiración. A cada paso, el viento arrastraba un susurro que no pertenecía al bosque, un murmullo que hacía que incluso Kael levantara las orejas en alerta.
Pero Arien, aunque inquieta, caminaba con determinación.
Ya no podía permitirse detenerse.
La reliquia Espina de Liria era la clave para acabar con el Señor Oscuro, y ella no abandonaría esa oportunidad.
Detrás de un grupo de árboles marchitos, una silueta oscura los observaba.
Vrael.
Sus ojos, invisibles bajo la máscara de hueso, seguían cada movimiento de Arien con precisión asesina.
Ellos no podían verlo.
Pero él ya había decidido dónde y cómo atacaría.
El grupo llegó finalmente a las ruinas del antiguo ducado Valemira.
Los muros, altos e imponentes incluso en su decadencia, seguían en pie gracias a la magia ancestral que los había protegido durante siglos. Habían columnas caídas que estaban cubiertas de raíces negras y musgo oscuro, pero la arquitectura conservaba su esencia noble.
—Así que aquí vivían tus ancestros… —murmuró Elric, pasando una mano por una pared agrietada.
Arien asintió.
Sentía una presión en el pecho.
Una mezcla de nostalgia… y miedo.
Nyr avanzó con cautela, con su espada en la mano.
Kael olfateaba el aire, frunciendo el ceño.
—Hay un olor extraño —susurró—. No es humano… ni animal.
Arien tragó saliva.
—Dividámonos —dijo finalmente—. Revisen cada sección. La reliquia debe estar escondida entre estas ruinas.
Nyr frunció el ceño.
—Arien, no me gusta la idea de separarnos.
—No hay otra forma —respondió ella—. Si encontramos una pista sobre la Espina de Liria, será aquí.
Elric tocó su barbilla.
—Bien. Pero si algo ocurre, llámanos. Estaremos cerca.
Arien sonrió con suavidad.
—Lo haré.
Los tres se alejaron en distintas direcciones, dejando a Arien avanzar sola, hasta que ella llegó a una antigua biblioteca.
La antigua biblioteca del ducado Valemira era un salón silencioso cubierto por gruesas capas de polvo. Estantes enormes se extendían a los costados, algunos derrumbados, otros sorprendentemente intactos. El aire tenía un olor a papel viejo, magia antigua… y algo más.
Arien caminó con cautela, rozando con los dedos los lomos de los libros olvidados.
Cada paso levantaba pequeñas nubes de polvo que flotaban como cenizas.
—Debe haber algo aquí… —susurró.
Se inclinó para revisar unos libros tirados en el suelo cuando sintió un escalofrío recorrer su columna.
Algo… la estaba mirando.
Se giró rápidamente.
No había nadie.
—Elric… Nyr… Kael… —susurró, pero su voz se quebró.
Arien retrocedió, con el corazón latiéndole con fuerza.
Pero ya era tarde.
Una sombra cayó sobre ella.
Antes de que pudiera gritar, una mano fría como el metal le cubrió la boca.
Un peso brutal la arrojó al suelo con tanta fuerza que la madera vieja crujió bajo su cuerpo.
Arien jadeó, intentando zafarse, pero la figura que la sujetaba era demasiado fuerte.
Vrael.
Sus rodillas presionaban sus caderas, inmovilizándola completamente.
Una mano la sujetaba del cuello mientras la otra apretaba su muñeca contra el piso.
—Arien Valemira —susurró con voz distorsionada—. Tu viaje termina aquí.
Arien sintió el terror apretarle el alma.
Intentó patearlo, rasguñarlo, liberar su brazo, pero el asesino era como una sombra sólida, imposible de mover.
—¿Quién… eres? —logró decir con dificultad.
—El fin de tu vida.
Los dedos de Vrael apretaron su cuello lentamente, aumentando la presión.
Arien sintió el aire escaparse.
Sus pulmones ardían.
Su garganta comenzaba a cerrarse.
—No… —jadeó—. No voy… a morir…
Sus dedos rozaron un libro tirado a su lado.
Lo agarró y lo lanzó con todas sus fuerzas hacia la cabeza de Vrael.
El golpe fue leve, pero suficiente para que él aflojara la mano por un segundo.
Arien respiró con brusquedad, tosiendo.
Pero su visión tembló.
—No te esfuerces —susurró Vrael, inclinando la máscara hacia ella—. Tu destino ha sido decidido.
Arien gritó.
—¡NYR! ¡KAEL! ¡ELRIC!
Su voz retumbó por las ruinas.
Y entonces, todo ocurrió al mismo tiempo.
La puerta vieja se partió.
Un rugido bestial resonó en la sala.
Elric apareció en un destello negro.
Kael saltó con garras extendidas.
Nyr fue el primero en alcanzarlos.
—¡SUÉLTALA! —gritó, lanzándose hacia Vrael con una fuerza salvaje.
Vrael saltó hacia atrás, moviéndose como humo sólido, evitando el ataque, soltando a Arien en el proceso.
Ella tosió con desesperación, agarrándose el cuello.
Nyr se arrodilló junto a ella, temblando de ira.
—Arien… ¿estás bien? Respira… mírame, mírame —dijo con la voz quebrada.
Kael se colocó frente a ella, enseñando sus colmillos.
—Tócala y te destrozo. Te lo juro.
Elric apareció a su lado, levantándola con delicadeza.
—Arien, tranquila. Estamos aquí.
Pero Vrael ya se erguía nuevamente.
Alto.
Frío.
Imponente.
—Interferencias inútiles —dijo, con su voz resonando como un pozo vacío—. Ella morirá, y ustedes con ella.
Nyr apretó su espada.
Kael gruñó.
Elric mostró sus colmillos afilados.
Arien, aún recuperándose, logró ponerse de pie. Su voz salió temblorosa pero firme.
—No soy tan fácil de matar… Y no estás luchando contra cualquiera. Ellos… son mis guardianes.
Vrael inclinó la cabeza, analizando la situación.
—Eso no cambia nada.
Dio un paso hacia adelante.
Pero esta vez, los tres hombres se interpusieron, formando una barrera viva entre él y Arien.
—Inténtalo —dijo Elric con una sonrisa oscura.
—Te mataré —gruñó Kael.
—Tócala y mueres —sentenció Nyr.
Vrael se quedó inmóvil un instante.
Su máscara parecía sonreír.
—Será interesante.
Y en un parpadeo, desapareció en un torbellino de humo negro.
Arien, aún temblando, cayó en los brazos de Elric.
Nyr la sostuvo del otro lado.
Kael acarició su cabello negro, intentando calmarla.
El frío de la biblioteca parecía haberse intensificado.
—Arien… —susurró Nyr, abrazándola con fuerza—. Estuvo tan cerca…
Ella apretó los ojos, sintiendo lágrimas calientes caer.
—Creí… que iba a morir…
Elric le tocó la mejilla suavemente.
—Mientras estemos contigo, eso jamás sucederá.
Kael apoyó su frente contra la de ella.
—No dejaremos que nadie te ponga una mano encima. Nunca.
Arien respiró hondo.
Dolía.
Pero estaba viva.
Y ahora sabía una cosa:
El enemigo ya estaba demasiado cerca.