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Lazos En Peligro

Lazos En Peligro

Status: Terminada
Genre:Acción / Romance / Mafia / Contratadas / Triángulo amoroso / Completas
Popularitas:345k
Nilai: 4.8
nombre de autor: Yesenia Stefany Bello González

Cristóbal, el segundo a cargo de una de las organizaciones criminales más importantes del país, ve truncada su vida cuando dos mujeres se cruzan en su camino, una morena, que podría pertenecer a su futuro, y una mujer de su pasado que lo hará enfrentarse a la verdad.

NovelToon tiene autorización de Yesenia Stefany Bello González para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Fer

Los ojos oscuros de la mamá de Cristóbal, me mantienen en mi sitio. Miro hacia Beatriz por ayuda, pero ésta duerme plácidamente.

–¿Eres amiga de mi hijo? –pregunta en un tono seco.

–Sí, señora.

–¿Te acostaste con él?

–No, señora.

–¿Lo amas?

–Sí, señora –contesto, incapaz de mentirle a la cara.

Sus ojos se amplían. –¿Él te ama?

–No, señora.

Chasquea su lengua y tensa su mandíbula, sonrío al notar que en este momento se parece a Woody. –No me gusta esto. No confío en ti, niña.

–Prometo cuidar a su hija, señora.

Camina por la habitación como una fiera encerrada. –Te daré una oportunidad, pero a la primera, te vas, y me importa una mierda lo que diga Cristóbal. Estamos hablando del bienestar de mi hija aquí.

Asiento. –Lo que usted diga, señora.

–¡Y deja de llamarme señora! –sisea.

–Sí, señora, digo… No me acuerdo de su nombre.

Eleva su ceja, y yo me tenso.

–Cristina –susurra, algo más tranquila–. ¿Conoces hace mucho a mi hijo?

–Hace algunas semanas.

Sus ojos se tornan vulnerables, al igual que Cristóbal. –¿Es feliz?

Su pregunta me hace dar un respingo, porque no sé realmente la respuesta. Guerrero es muy hermético, no puedo llegar a él como me gustaría. Sé que ama a su familia, pero en sus ojos veo mucho dolor, y miedo.

–No lo sé, Cristina, pero me gustaría creer que sí.

Sus ojos vuelven a apuñalarme y me apunta con su dedo. –Si le rompes el corazón a mi hijo, niña, sabrás de mí –amenaza.

Sonrío a mi pesar. –No se preocupe, eso no pasará. Él ya rompió el mío. No soy tan autodestructiva.

Lo que me iba a decir se ve interrumpido por Beatriz que se queja. –Mami deja de hacer tantas preguntas, por favor.

Cristina toma la mano de su hija y le sonríe. –Claro, mi amor, descansa.

Mientras Beatriz duerme, limpio el velador a su lado y me ofrezco para ir por un café, pero Cristina rechaza mi ofrecimiento. Luego, como no tengo nada que hacer, tomo la silla al lado de la puerta y me siento para ver el tiempo pasar.

Sí, muy divertido.

–¡¿Qué hace ella aquí?!

La pregunta de Cristina me hace alzar la vista y veo a Cristóbal con su hermano y sus padres en la puerta, todos con mascarillas, gorros y batas.

–Claudio quiere conocer a su hermana y mis padres también, ¿o hay un problema? –pregunta Woody en un siseo.

–No es necesario, cariño –empieza su mamá adoptiva, pero Claudio toma la mano de ésta y la arrastra al lado de la camilla de su hermana–. Oh, es igual a ti, mi amor –susurra.

Cristina se pone de pie y se cruza de brazos, molesta. Mira con cara de pocos amigos a la madre adoptiva de sus hijos y con miedo al padre de éstos.

–¿Tienes un problema con mi esposa, Cristina? –espeta el papá de Woody, viéndose amenazante, logrando que Cristina baje su mirada con terror.

Lo observo y es impresionante el parecido que tiene Cristóbal con su papá adoptivo. Sé que son primos, por la información que averigüé de ellos, pero aún así es impactante.

Cristina toma mi brazo. –Cuida a mi hija, por favor. Voy por un café.

–Claro, Cristina –me apresuro en contestar.

Ésta asiente agradecida y sale rápidamente, como si arrancara de los perros del infierno.

Me giro y tengo a Guerrero delante de mí, mirándome furioso. –Veo que ya se tutean –empieza, tomando mi brazo, alejándome de las miradas curiosas de su familia–. Aléjate de esa mujer, Fer, hablo en serio.

Me suelto de su agarre, en un movimiento. –A ti quién te entiende –devuelvo, furiosa también–. Si debo cuidar a tu hermana, debo relacionarme con su mamá, ¿no crees?

Sus ojos se oscurecen y toma mi brazo nuevamente, furioso. –Mira…

–Hijo. –Se gira al escuchar a su mamá–. ¡Suelta a esa muchacha ahora mismo! –lo regaña. Se acerca a mi lado, y sus ojos dorados me estudian, buscando algo, pero no sé qué–. ¿Estás bien?

–Sí, señora –contesto.

–Llámame Jess –pide y le lanza una mirada de reproche a su hijo–. Lo siento, debes perdonar a mi hijo, ha estado muy nervioso.

–No estoy…–empieza éste, pero su madre lo calla con otra mirada.

–No te educamos así, Cristóbal.

Su papá se acerca también. –Estoy de acuerdo con tu mamá, hijo.

–Fer. –Me acerco a la camilla al escuchar a Beatriz–. ¿Mamá? –pregunta asustada mirando a tantas personas en su habitación.

Acaricio su mejilla. –Fue por un café.

–Hola, hermana, soy Claudio.

La niña mira a su hermano y jadea, sorprendida. –Gracias –susurra después de unos segundos antes de llorar–. Gracias –vuelve a repetir.

Claudio acaricia la mejilla de su hermana y sonríe. –Para eso estamos los hermanos, enana.

Los dejo conversando y conociéndose. Es una linda imagen, además, se parecen mucho entre ellos. De hecho, Claudio se parece mucho más a Beatriz que a Cristóbal.

Cuando vuelvo donde Woody, todavía sigue escuchando el regaño de sus padres, y puedo ver lo mucho que lo aman, ya que a pesar de estar corrigiéndolo, no pierden la oportunidad para acariciar su cabello, su mejilla, golpear su hombro con cariño o una palmada amistosa en su espalda.

Hacen una hermosa familia.

–Hijo –lo acucia su papá.

Woody se gira y me mira entre enfadado y divertido. –Lo siento, Rapunzel.

–¿Y? –exige su mamá.

–No volverá a ocurrir –masculla molesto.

Intento estar a la altura de la situación, pero rompo a reír. Guerrero también lo hace, seguido de sus padres.

Cristina entra a la sala. –Creo que hay muchas personas en la habitación.

Cristóbal se crispa, pero antes de que diga algo, interfiero. –Sí, quizá deberíamos dejar solos a Beatriz y a su hermano para que se conozcan –ofrezco, caminando hacia el pasillo. Cristóbal y sus padres me siguen.

Antes de salir veo lo que parece ser un gesto de gratitud en el rostro de Cristina.

–Jess, ¿podemos hablar? –le pregunta el papá de Cristóbal a su mujer.

–No. Tengo que hacer una llamada –se excusa y sale disparada, sin despedirse de ninguno de nosotros.

El papá de Cristóbal mira el suelo y maldice.

–Dale tiempo, papá –empieza Cristóbal y como están hablando de algo personal, camino por el pasillo hasta llegar a una máquina de café.

Busco en el bolsillo trasero de mi jeans y saco un billete de mil pesos. Miro al condenado un buen rato, es uno de los pocos que me quedan, pero tengo hambre y hoy no he comido nada.

–Vamos, Fer. –Me giro al escuchar a Woody–. Vamos a almorzar, estoy muerto de hambre.

Niego con mi cabeza, no puedo aceptar, no tengo dinero para pagar, y además, me duele estar a su lado. –Lo siento, amigo, pero estoy trabajando.

Sin escucharme, toma de mi brazo y comienza a caminar, arrastrándome.

–Tienes derecho a una hora de colación.

–¡Suéltame! ¿Es que no escuchaste a tus padres?

Guiña un ojo en mi dirección y me da su sexy media sonrisa. –Ellos no están aquí, ¿o sí?

Resoplo y me dejo arrastrar. Pediré un café o algo que pueda pagar. Tengo mucha hambre.

Cuando llegamos al ascensor me suelta por fin. En cuánto estamos solos y encerrados en una caja de metal, siento incomodidad y agitación a la vez. Soy muy consciente de la presencia de Cristóbal y una parte de mí ruega porque Woody me empuje contra la pared y me bese, pero la otra parte sólo desea que esto termine pronto para no seguir sufriendo.

Lo miro de reojo, pero se ve tranquilo. Está mirando al suelo y silbando al mismo tiempo. No me desea como yo lo hago, eso duele.

Bajo la mirada también y me doy cuenta de inmediato que estoy equivocada al ver el acusador bulto empujando su pantalón. Sonrío, satisfecha.

La puerta se abre y entra un enfermero muy atractivo que nos saluda amablemente.

–¿Te ayudo? –pregunto al verlo complicado con una caja de muestras médicas y varias carpetas.

Sonríe agradecido y me pasa algunas carpetas. –Además de hermosa, amable –dice y sus ojos verdes suaves, brillan con diversión–. Soy Agustín, por cierto. Me puedes decir Agus.

–Hola, Agus. Soy Fer y me puedes decir Fer –bromeo.

Sonríe. –¿Trabajas aquí?

Rio. –Algo así –respondo mirando a Woody, que parece que acaba de lamer un limón por el gesto que tiene–. Este es Cristóbal, quien vendría siendo algo así como mi jefe.

Agus le tiende la mano, pero Guerrero sólo hace un asentimiento con la cabeza, así que no le queda otra que devolverle el movimiento de cabeza.

Se gira hacia mí y se acerca a mi oído. –No me gustaría tenerlo como jefe –cuchichea.

Rio. –Es la suerte que me toca.

–Fer, aquí nos bajamos –espeta Cristóbal, tomando mi brazo.

–Acompañaré a Agus primero, luego te encuentro en la cafetería –le explico.

Agus sonríe. –Te lo agradezco, voy al piso menos dos.

Marco el número en el panel y me despido de Cristóbal con la mano.

–Te espero en cinco minutos –espeta.

Cuando sale me giro a Agus. –¿Es mi idea o eso sonó como una amenaza?

Sonríe. –Como te dije, me alegro de que no sea mi jefe. ¿Eres enfermera?

–No, de hecho soy periodista, pero ahora estoy cuidando a un familiar de Cristóbal.

–¡Vaya, una periodista! –exclama impresionado–. Nunca he conocido a una hasta ahora. ¿Trabajas en algún noticiero?

Me rio. –No. Mírame. A la televisión únicamente llegan las más hermosas.

Sus ojos brillan. –Por eso te lo digo. –Guiña un ojo y yo sonrío. Me hace sentir bien tener la atención de un hombre atractivo, sobre todo ahora, que me siento tan mal después del rechazo de Cristóbal.

El ascensor se abre y entramos a un largo pasillo blanco, donde predominan las puertas y la ausencia de personas.

–Aquí es –dice, deteniéndose frente a una puerta que dice Archivo–. Gracias, Fer, eres muy amable. Espero verte pronto.

Sonrío y le entrego las carpetas. –Nos veremos, Agus, estaré por aquí por las siguientes semanas.

–¿En qué piso?

–Oncología infantil.

Me guiña un ojo. –Te pasaré a ver, Fer. Gracias. –Besa mi mejilla y me regala una sonrisa antes de entrar a Archivo.

Creo que hice un nuevo amigo, así no me sentiré tan sola en esta Clínica. Sonrío y camino hacia el ascensor.

1
valeria fuentes
excelente novela me encantó la super recomiendo 💐💐💐💐🌹🌹🌹🌹
Graciela Saiz
tarde piaste Cristina , podrás llegar a estar en sus vidas si así lo quieren ellos , pero el tiempo no lo recuperas más , son unos hombres ya
Graciela Saiz
lo que sea , si no se hubiera enredado con otro teniendo marido , hubiera pedido ayuda para escapar con Cristóbal , no ay excusa para abandonar un hijo , ella no siquiera de lejos los miraba ,
Graciela Saiz
No entiendo porque no puede tener una relación con ella , 🤷
Graciela Saiz
que clase de mujer es ! no merece el perdón de los hijos ,
Graciela Saiz
no me agrada que ella invada su intimidad,sobrepasó el límite 😡
Graciela Saiz
me agrada, parece interesante 😉
jeannine savignac
allí todos son bipolares 😂
🌺 Diglass 🇵🇦🤗🌺
y se quedo con el nombre Don 🐱
🌺 Diglass 🇵🇦🤗🌺
estos dos son un terremoto
🌺 Diglass 🇵🇦🤗🌺
ese nombre ha trascendido por muchos años .
🌺 Diglass 🇵🇦🤗🌺
siiiii tan bello Cristobal . esta mas enamorado 😍 😍 de Fer
🌺 Diglass 🇵🇦🤗🌺
es que tu mamá ve lo q tu no quieres ver
🌺 Diglass 🇵🇦🤗🌺
una nieta que le de dolor de cabeza a ella misma
🌺 Diglass 🇵🇦🤗🌺
ya quisiera ver a Peluson jaja 🤣 debe ser enorme
🌺 Diglass 🇵🇦🤗🌺
eres periodista, debería investigar quien es ese hombre al que le dices ex jefe
🌺 Diglass 🇵🇦🤗🌺
oh! Cristina,creo q esta de mas es actitud
🌺 Diglass 🇵🇦🤗🌺
que manera de solucionar las cosas 🤦
🌺 Diglass 🇵🇦🤗🌺
es enserió ! asea hay q aplaudir lo que hizo. no era la manera ,uno lucha por lo que quiere pero de la forma que lo hizo no
🌺 Diglass 🇵🇦🤗🌺
seguro y es un enemigo de los Guerrero
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